lunes, 18 de mayo de 2009

EL VOCEADOR


Mi abuelo Sento tenía cierta tendencia a buscarse oficios extraños. Trabajó en el circo con un número de focas amaestradas y antes fue voceador en un cine de Valencia. Entonces las películas eran mudas y la trama se narraba mediante unos letreros pero aún bastante gente no sabía leer; así que el llamado voceador describía al público lo que ocurría en la pantalla. Eso me dio una idea para uno de esos relatos que nunca veo el momento de escribir o dibujar. Lo cuento:
Sento lleva ya un año trabajando como voceador en el cine Alhambra. El negocio va bien y recientemente se ha incorporado un pianista. Una tarde, durante una sesión, Sento vocea que el sheriff se ha cargado a cuatro bandidos cuando este justo acaba de entrar en el salón. El pianista le mira desconcertado y el público murmura mientras, en la pantalla, el sheriff se prepara para desenfundar. Sento carraspea y prosigue pero cuando anuncia que el sheriff se ha casado con la maestra de escuela y fueron muy felices al menos quince minutos antes de que eso ocurra el público estalla en abucheos y Sento huye bajo una lluvia de caramelos y peladillas.
-Tendría que verte el médico -.le dice Márquez, el propietario del cine.
A la mañana siguiente acuerdan una proyección privada con Márquez, Sento y el doctor como únicos espectadores.
-¡Proyector! –grita Márquez.
Aparecen en pantalla los créditos de Intolerancia. Sento empieza a vocear los acontecimientos de la película. Al mencionar Sento la caída del rey de Babilonia cuando falta aún bastante metraje para que se vea ese episodio el doctor se sitúa a su espalda y le propina un fuerte coscorrón en la cabeza.
-Prosiga -.dice el doctor.
Sento describe ahora la película de forma impecable. El doctor ordena encender las luces y mientras garabatea en un papel le dice:
-Nada preocupante, un ligero caso de desincronización. Tome esas pastillas tres veces al día y nada de café, alcohol ni tabaco mientras dure el tratamiento.
Sento se dirige a la farmacia. A medio camino se fija en unos obreros que están colocando un gran cartel donde se anuncia el estreno de El cantor de jazz; el primer largometraje sonoro.
Sento arroja el prospecto a una papelera y decide irse a tomar un carajillo mientras mira las ofertas de trabajo del periódico.

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