viernes, 20 de noviembre de 2020

PISO EN ALQUILER

 

Tras dos años buscando piso se le quedó el cuello torcido hacia atrás. 

Eso era una ventaja a la hora de saber qué tiempo haría, sin embargo no paraba de tropezar con obstáculos. Ella se alegraba porque había aprendido mucho de los pájaros: sus migraciones, sus sistemas de organización... cuando llovía no era tan agradable pues se le llenaban los orificios nasales de agua y tenía que parpadear constantemente para no quedar cegada por las gotas.

Ella se buscó un novio muy alto que la besaba desde arriba. 

Y finalmente encontró piso, un ático, con claraboyas en lugar de ventanas.

FIN

MELMOTH: EL AMIGO IMAGINARIO

Ahora ya soy mayor y no sé si todo lo que me rodea es real o fruto de mi imaginación.  Lo que hoy te quiero contar versa sobre el amigo imaginario en la etapa adulta. Sí, has leído bien, “etapa adulta”. Una vez tuve un amigo que se hacía llamar Buster. Tenía más de cincuenta años, estaba divorciado y vivía solo. Su vida era un desastre. Me hablaba constantemente de su otro amigo llamado Bob.  A veces, cuando iba a su casa me decía que Bob acababa de irse y otras, que no podía quedar conmigo porque había quedado con Bob. Me lo estuve creyendo durante mucho tiempo hasta que empecé a sospechar que Bob podría ser fruto de su imaginación. Entonces empecé a verlo con otros ojos. Me daba un poco de miedo pensar que tenía un amigo imaginario a su edad. Empecé a reflexionar sobre el asunto. No me atrevía a decirle a mi amigo que Bob era fruto de su imaginación por temor a ocasionar un shock,  como si despertáramos bruscamente a un sonámbulo. Quise cerciorarme de la existencia de Bob. Empecé a vigilar su puerta, oculto detrás de unos contenedores. Lo perseguía día y noche y le hacía fotos con mi móvil. Descubrí que era divertido y emocionante ante mi ambigua y aburrida vida y mi triste soledad. 


 Lo pillé. Mi amigo se encontró con Bob en la puerta de un café. Entraron. Me senté lo más cerca que pude escudado tras un periódico para escuchar sus conversaciones. Me quedé asombrado al comprobar que mi amigo no paraba de hablar de Jorge, es decir, de mí. Mencionaba mi nombre constantemente. Decía que yo era su mejor amigo. Bob le dijo que tenía ganas de conocerme. Estuve a punto de hacerme visible pero no me pareció oportuno. Mi amigo se despidió de él y me quedé allí para escuchar lo que decía Bob por el móvil después de que Buster abandonara el café. Habló con alguien y le dijo que mi amigo estaba como una chota y que le inquietaba saber que con la edad de Buster todavía andaba con aquel rollo del amigo imaginario. ¡Bob creía que yo era el amigo imaginario de Buster!

Nuestra relación llegó a su fin como llegan todas las cosas de la vida. Buster encontró a otro amigo más acorde a sus nuevas necesidades, y yo también. O quizá fuimos encontrados por ellos, quién sabe. Desde hace un tiempo tengo la sospecha de que la mitad de este mundo extraño es fruto de la imaginación de la otra mitad real que lo necesita. Tengo la extraña sensación de que pertenezco a la primera, que de niño fueron mis padres, mis amigos, mis profesores, incluido el psiquiatra, quiénes me imaginaron por necesidad psicológica. Descubrir que he sido y soy imaginado y deseado por los demás me causa una sensación mucho más placentera que si hubiese sido un ser triste, ignorado y real.

FIN

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO. Esta vez he puesto actores. Dos argentinos discuten a las puertas del cielo y un tercer argentino les dice:

Un microrrelato, aunque me temo que me ha salido muy parecido a otro.
RECETA: PASTA A LA PUTANESCA. 
Una historia dice que los marineros sicilianos, al llegar a puerto, se dirigían directamente hacia los burdeles. Una vez allí pagaban los servicios prestados con aceite de oliva y anchoas. Las prostitutas crearon así esta deliciosa salsa. 

En una sartén con aceite de oliva bien caliente poner unos filetes de anchoa removiendo con una cuchara de madera hasta que se disuelvan. Añadir 4 dientes de ajo picado, aceitunas negras cortadas a rodajas, alcaparras y una guindilla (o pimentón picante)

Saltear y agregar 2 tomates de lata enteros con su jugo y una pizca de sal. Cocer a fuego mediano hasta que se haya disuelto el jugo.

Cocer la pasta en abundante agua salada y escurrir. Mezclar inmediatamente con la salsa. 

Hay otra versión: la puttanesca alla bianca, con crema de leche en lugar de tomate.




martes, 10 de noviembre de 2020

¿SÍ O NO?

 

-¿Sí o no?

Udo –que aguardaba el autobús que lo llevaría a su casa- estudió brevemente con la mirada a la persona que acababa de hacerle esta pregunta. Aspecto agradable, ni muy joven ni muy mayor, lo único que desentonaba era su chaqueta marrón demasiado holgada, como si no fuera suya.

-¿Sí o no? –repitió el desconocido.

-¿Pero sí o no, qué? – Udo empezaba a inquietarse.

-Sólo diga sí o no –dijo sin severidad pero de manera inapelable.

-Pues, eeer… No.

El desconocido se encogió de hombros y mostró las palmas de las manos.

-¿No quiere mil euros? Bien, como desee, caballero.

 El desconocido se dirigió entonces hacia una anciana de aspecto afable que llevaba un carrito de la compra. Estaban demasiado lejos para que Udo pudiera oírles pero vio que la señora asentía con la cabeza, entonces el desconocido introdujo una mano en el bolsillo interior de su chaqueta y le entregó un fajo de billetes; en ese instante llegó el autobús.

Udo agradecía dejar atrás aquella tarde desconcertante y lluviosa cuando llegó a su casa. Allí se sentía seguro, como rodeado de un líquido ambarino que lo protegía y a la vez lo dejaba visible como fruta en gelatina. Al entrar percibió un agradable olor a pollo al horno que llegaba desde la cocina. Eva, su pareja, estaba en el recibidor y parecía ansiosa por comunicarle algo importante pero Udo fue el primero en hablar:

-Me ha sucedido algo de lo más curioso –dijo mientras colgaba su chaqueta en el perchero-, estaba esperando el autob…

-¿Sí o no? –le interrumpió Eva.

-¿Sí o no, qué?

-Tú di sí o no.

-Sí.

-¡Pues toma hostión! –dijo Eva y le descargó un puñetazo en la mandíbula.

Udo quedó recostado de espaldas sobre la pared y se dejó deslizar hasta que quedó sentado en el suelo formando un ángulo de 45 grados. Aún aturdido por el golpe murmuró:

-Decididamente, hoy no es mi día.

FIN

Vuelve a Borgo un amigo y colaborador: Marcos Callau.

EL ZUMO DE UN CLOCHARD

La absenta terminó con cuarenta años de malos versos escritos en servilletas de bar robadas por los cafés de París. El policía que encontró el cuerpo del poeta muerto rescató un viejo bloc de sus bolsillos. El policía dejó el cuerpo y triunfó como escritor.

FIN

FRODO NOS REGALA SU HUMOR ARGENTINO

Y ya que se ha mencionado el pollo por aquí...
RECETA: POLLO A LA PEPITORIA. Foto: Silvina.
Mientras las piezas de pollo se sofríen en la cazuela con 2 dientes de ajo, cocer 2 huevos en agua hasta que queden duros.
Separar la clara de las yemas. En un mortero o plato hondo machacar 1 puñado de almendras con los dientes de ajo pelados y las 2 yemas de huevo.
Diluir la masa de huevo y almendras con vino blanco.
Cuando el pollo se vea bien dorado añadir la mezcla de huevo, ajo y vino. Tapar la cazuela y dejar cocer todo a fuego mínimo 20 m. Añadir más vino o caldo si se reduce demasiado el líquido.
Antes de servir rallar la clara de huevo y espolvorear sobre el pollo. Ese es el "pollo nevado" como yo lo llamaba de niño.
¿Puede ser el mate un antídoto para el Covid? Voy a comprobarlo.









jueves, 29 de octubre de 2020

UNA HISTORIA DE HALLOWEEN... y más cosas

 Venga, un relato con vampira seductora.

EL MÁS DÉBIL DE LA MANADA

Julius Nerd salió del after estrechando la cintura de Selene y sintiéndose más afortunado de lo que había sido nunca hasta ahora.

Por supuesto que había reparado en ella cuando entró: cabellos negro alazán, proporciones perfectas de estatua y labios tan rojos como los de una herida recién abierta. La vio recorrer el local con una mirada fugaz, como si buscara a un conocido hasta que clavó sus ojos en Julius que no daba crédito al ver aquella belleza sonriente acercarse hacia él. Julius, con sus gafas de pasta, acné persistente y camiseta negra demasiado ajustada que ponía en evidencia su sobrepeso.

Se presentaron. “Selene, Julius” y compartieron trivialidades durante unos minutos hasta que ella, abanicándose con una mano, dijo:

-Aquí hace demasiado calor ¿Salimos a tomar el aire?

Julius se bajó –más bien saltó- del taburete y su alborozo subió unos enteros cuando Selene le rodeó un hombro con su brazo. Mientras se dirigían hacia la puerta Julius buscó con el rabillo del ojo a sus amigos para saber si le observaban. Y sí, ahí estaban, inmóviles en la pista de baile con una expresión atónita en sus caras. Julius sintió en su interior un cálido cosquilleo.

 Una tibia noche de verano. El cielo aún estaba oscuro pero las estrellas ya se difuminaban y una tenue luz amarillenta asomaba detrás de los edificios más altos. Se oyeron seis campanadas desde una iglesia cercana.

 El pálido y serpenteante brazo de Selene se volvió nervudo y fuerte al guiar a Julius hacia el interior de un oscuro callejón. Julius se estaba preguntando qué clase de juego exótico querría practicar Selene justo antes de descubrir sus grandes colmillos hasta ahora ocultos tras el anillo rojo de sus labios. Cuando ella le sumergió en la negrura del final del callejón centellearon sus rojizos ojos, menos humanos que los ojos de un lobo. Imposible escapar. Ni Houdini hubiera logrado zafarse de aquel brazo gélido. Entonces Julius comprendió.

Era como aquellos documentales sobre la vida salvaje. Un león acecha una manada de antílopes, éstos corren pero siempre queda uno rezagado, el más débil de la manada, destinado a ser el alimento del león. Faltaba poco para el amanecer, Selene tenía prisa y cuando reparó en Julius supo que había encontrado a alguien que no se lo pensaría dos veces cuando le propusiera salir juntos a la calle. El más débil de la manada.

Las gafas de Julius resbalaron y se estrellaron contra el suelo cuando Selene se abalanzó sobre su garganta. Luego, un aguijonazo extrañamente agradable. Justo antes de que la oscuridad engullera definitivamente a Julius éste murmuró:

-No ha sido una mala experiencia después de todo.

 FIN

FRODO SE TOMA EL EGO ARGENTINO CON HUMOR.


SIBELIUS DESCUBRE UN ESCÁNDALO POLÍTICO


MELMOTH COMPARTE SUS RECUERDOS DEL FESTIVAL DE TERROR EN SITGES

 Nací y crecí a diez minutos de Sitges.  Me he pasado toda mi vida yendo a ese pequeño pueblo para emborracharme en sus bares y discotecas, pero también para asistir al Festival de Cine Fantástico que se inauguró en 1968. No obstante, jamás llegué a entrar en una sala de cine. Me explico. Siempre con intenciones buenas y cinéfilas, iba a ese pueblecito, que antaño, fue de pescadores y brisas de olas mediterráneas, para ver películas de género fantástico, pero las noches locas, los amigos y las turistas sedientas de alcohol y sexo, los chapuzones en la playa hacia la medianoche completamente desnudo , acababan imponiéndose siempre.Sin embargo, he podido ver por las calles de Sitges cosas más fantásticas que en el cine fantástico. He visto por sus entrañables callejuelas a Spock (Leonard Nimoy), agobiado por la demanda de las masas a realizar el difícil saludo abriendo los dedos corazón y anular. He visto a los actores Warwick Davis (Willow, Ewoks en El retorno del Jedi, y algún capítulo de Doctor Who) y Peter Dinklage (Tyrion Lannister en Juego de tronos), huyendo, con sus patitas abiertas, de sus fans. Yo creía que no eran enanos, sino que hacían tan bien sus papeles de enanos que se veían como enanos en la pantalla. Recuerdo cuando vi a Warwick Davis. No podía creérmelo: Willow introduciéndose en un portal, huyendo de sus fans acompañado de su esposa e hijos, también enanos, en mi alucinación alcohólica. He visto a Schawarzenegger con un bebé en brazos. Sentí envidia por ese bebé porque estaba protegido por un Terminator. He visto a David Cronenberg con una chica 
 Bond zampándose una paella en una terraza. He visto a Freddy Krueger bebiendo litronas de cervezas junto a unas guiris . He visto a Peter Mayhew (Chewbacca) firmando autógrafos a un grupo de subsaharianos muy bajitos. He visto a John Carpenter cuando todavía tenía pelo. A Wes Craven después de muerto. He visto a George A. Romero con su larga coleta blanca y sus gafas de culo de botella caminar sin inmutarse a través de los zombis que atrae el Festival. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión… es decir, a Rutger Hauer en sus buenos tiempos tirando palomas al cielo de una playa de nudistas. He visto a Dario Argento. Como buen italiano andaba dando abrazos a todo el mundo. No olvidaré el que me dio a mí. He visto a Sam Neill y todos creímos ver dinosaurios detrás de él. He visto a Nicolas Cage y se veía peor que en sus películas. He visto a William Friedkin, el tipo que filmó a aquella niña endemoniada que vomitaba puré de guisantes y se le giraba la cabeza. He visto a Sigourney Weaver que es más impresionante que Alien, es más, incluso es más alta que el bicho. He visto al canoso Tom 

 Holland en una noche de miedo junto al gran Roddy McDowall, el cazavampiros más cobarde de la historia del cine; Noche de miedo. También he visto a Richard Donner, el tipo que triunfó con Superman, Los Goonies y todas las armas letales. He visto a Joe Dante y parecía que tenía toda la cabeza llena de gremlins. He visto a John Landis y todos esperaban ver a Michael Jackson con él, pero no pudo ser y nos quedamos con sus películas tan guays como Un hombre lobo americano en Londres, The Blues Brothers o Superdetective en Hollywood, que era la canción que más sonaba en las discotecas de Sitges en aquella época dorada sin coronavirus. Ay, qué recuerdos. Ahora me preguntan si sigo intentando entrar en los estrenos del Festival de Sitges y respondo que no, que ya no es posible ver todas las cosas que vi fuera de la pantalla porque ya no está toda esa gente maravillosa, y, que mi edad ya no me permite según qué farras. Además, las películas ya no son tan buenas. Pero ahora que recuerdo, sí entré unas cuantas veces a ver películas, pero si lo hubiese admitido al principio de este texto, no habría escrito lo que acabas de leer. 

RECETA: CONEJO CON SALSA DE VINO TINTO, ALMENDRAS Y CHOCOLATE AMARGO

Foto: Silvina. Si no eres amante del conejo este plato queda bien con pollo o solomillo de cerdo.
Necesitaremos: conejo cortado a trozos pequeños. 1 puñado de almendras tostadas, 1 vaso de vino tinto, 1 pastilla de chocolate negro (70% cacao) 
Sofreír el conejo en una cazuela y reservar cuando está dorado. Rociar con sal y pimienta.
En el mismo aceite pasar las almendras para que tomen sabor, dejarlas en un cuenco para batidora y triturar con el vaso de vino tinto.
Dejar el conejo en la cazuela, añadir el vino con las almendras y 1 pastilla de chocolate.
Tapar la cazuela y dejar cocer todo junto durante 20 m. 
El chocolate amargo le da un sabor intenso y especiado.



 


lunes, 19 de octubre de 2020

LA COCTELERA DEL TITANIC

 ¡Por fin Melmoth y yo nos hemos puesto a hacer un relato a cuatro manos!!!

 En el interior de la lujosa casa de subastas Christie’s de Londres, un tipo con expresión avinagrada dio un fuerte martillazo sobre la mesa de caoba al grito de: ¡Adjudicada! Don Agustino Peyote había conseguido, por fin, realizar el sueño de su vida: tener una coctelera procedente del mismísimo RMS Titanic.

Volvió felizmente a su solitaria mansión de la Avenida del Tibidabo en Barcelona. Le faltaba tiempo para llegar y desembalar cuidadosamente su coctelera y agitar después en ella un sabroso cóctel surgido de su imaginación más calenturienta. Nada más llegar se puso detrás de la barra de bar que tenía colocada en su amplio comedor. Esta barra también la compró en una costosa subasta en Colorado, Estados Unidos. Había pertenecido al famoso Hotel Sand de Las Vegas, hoy desaparecido y de cuyo propietario fue el famoso millonario Howard Hughes. Allí actuaba cada noche el famoso Rat Pack. El señor Peyote estaba completamente convencido de que aquella barra estaba encantada, porque cuando se emborrachaba aparecía Frank Sinatra cantándole Strangers in the Night poniéndole muy melancólico. Daba gusto emborracharse sobre aquella barra del Sand y apoyarse en sus maravillosos fantasmas.

  El señor Peyote extrajo de la caja con mucho cuidado su preciada coctelera. Decidió hacerse el famoso cóctel Titanic, compuesto con güisqui, Cointreau, zumo de manzana y hielo. Luego, agitó con brío y salero la coctelera.  Escanció el sagrado líquido sobre la copa y bebió a sorbitos porque un cóctel nunca debe ser bebido de un trago.

No tardó en comunicarle a sus amigos que por fin había conseguido una coctelera del Titanic y para celebrarlo quedaban todos invitados el sábado por la tarde. Al día siguiente se presentaron cinco amigos. Los cinco sintieron envidia por aquella coctelera que había agitado más de una bebida en el interior del maravilloso Titanic. El señor Peyote puso como hilo musical Alexander’s Ragatime Band, otro de los temas que tocaron la orquesta del Titanic, poco antes de que se sumergiera en las frías aguas. Inmediatamente se puso a agitar la coctelera con movimientos sensuales de cadera y brazos. Ahora sí que había gente que lo veía y lo admiraba. Escanció el líquido a cada uno de sus amigos y todos bebieron a la vez.

 De repente, un fuerte golpe arremetió contra la casa y un frío extraño se apoderó del comedor. Todo el mundo admiró el efecto que causaba el cóctel Titanic. El señor Peyote quitó hierro al asunto aludiendo que era por la especial coctelera. Volvió a preparar más cócteles. Volvieron a beber. Por cada trago la casa parecía que se iba a venir abajo. Cuando vaciaron sus copas un golpe brutal impactó contra las paredes del comedor. Las botellas cayeron de sus baldas, las paredes se agrietaron saliendo agua a presión a través de ellas. Hacía mucho frío y el agua estaba helada además de ser salada. Los cinco, aterrados y medio borrachos, salieron corriendo hacia la puerta de la calle.  El agua avanzaba como una ola gigante hacia ellos. El señor Peyote miró a la grieta más grande y vio la imponente proa de hierro negra de un enorme transatlántico. En un costado del barco leyó el nombre del pecio: Titanic. Sus amigos ya habían ahuecado el ala, y pocos segundos antes de morir el señor Peyote, le vino a la cabeza una tontería, porque en el fondo, nadie sabe el pensamiento que te puede venir en momentos como estos: ¿Por qué no puse en la entrada unos ganchos para colgar unos cuantos flotadores?

FIN

LOS DESCUBRIMIENTOS DEL PROFESOR SIBELIUS

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO
LA RECETA: DORADA AL HORNO. Foto: Silvina.

¿A que impresiona un poco? Parece una piraña.

 En una fuente para horno disponer la dorada con cebolla cortada fina, patatas en rodajas, sal gruesa (1 puñado) y una rodaja de limón. Rociar con un poco de aceite e introducir en el horno a 200º.

Unos 10 minutos después, cuando tome color, añadir 1 vaso de vino blanco.

 Dejar cocer el pescado durante 20 minutos y servir. Una ensalada verde es ideal para acompañar.

 



jueves, 8 de octubre de 2020

AL PIE DE LA LETRA

 

Simón Rajatabla se lo toma todo en el sentido más estrictamente literal.

Esta mañana su novia, que es una convencida ecologista, le ha afeado que tirase un envase de plástico en el cubo que no debía.

-Se te tendría que caer la cara de vergüenza ahora mismo.

Y se ha puesto a ello.

Primero ha notado como si las mejillas le tensaran la piel. De repente, la cara se le queda entre las manos, blanda y viscosa. Deja caer esa mascara que se esparce por el suelo, como una pizza de plastilina. Una pizza con ojos, nariz y labios.

Tal que así…


Esto sí que es ser literal.
SIBELIUS DA LA NOTA
FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO

MELMOTH y su homenaje a las Greguerías: EL SOLAR

 Cada vez que pasa por delante del solar se detiene un momento para contemplarlo. Le parece inconcebible que aquella pequeña y estrecha parcela con un raquítico tilo y asfixiada por dos enormes, feos y grises edificios modernos, no se haya construido otro en ese lugar de cuyo suelo de tierra y malas hierbas fuera el verdadero terreno antes de haber sido construida la ciudad. Cada día se dice lo mismo cuando pasa por allí, hasta que un día decide saltar la vieja y oxidada verja para ver el solar desde su interior y sentirlo bajo sus pies. Mira hacia ambos lados de la calle y en esos momentos no pasa nadie. Trepa con agilidad hasta caer en su interior. El suelo está cubierto de latas de sardinas oxidadas de marcas ya extintas, botellas de plástico y algunas bolsas de basura. Se siente un tanto oprimido por las dos medianeras de los edificios colindantes. Tiene la sensación de que se están cerrando como una prensa para exprimir el poco jugo de aquel estrecho solar. Desde este ángulo todo parece más pequeño, comprimido. La calle parece otra, se dice, como si estuviera más alejada de lo normal y los apresurados transeúntes que pasan por delante de la verja parecen estar borrosos. Se siente exhausto. Decide tumbarse un rato bajo el tilo. Le viene a la memoria una greguería de Gómez de la 
 Serna: “Los solares están soñando altas ventanas”. Se queda dormido. Suena el despertador. Abre los ojos y se levanta de la cama con la mirada perdida, apenándose de recobrar sus pensamientos. Está en su habitación junto a su esposa. No recuerda lo que ha soñado. Le gusta recordar sus sueños porque es como una alternativa al infierno conyugal y doméstico de la pareja procreadora suburbana e hipotecada. Hace lo que tiene que hacer y sale en busca de la fábrica donde trabajaba. Baja por las escaleras. Aquel edificio era tan estrecho que no pudieron siquiera colocar un ascensor. Recuerda una greguería de Gómez de la Serna: “Los pasos mueren en las escaleras. Cada paso tiene su féretro en cada peldaño”. Ya en la calle contempla el estrecho bloque de pisos donde habita e imagina aquel lugar cuando todavía era un solar que él nunca ha visto. Se despierta y no recuerda lo que ha soñado. Tiene que salir de aquel solar antes de que lo tomen por loco.

FIN

RECETA: TERNERA CON SETAS

Un plato muy otoñal. 

Sofreír carne de ternera cortada en dados para estofar. Retirar del fuego y sazonar con sal y pimienta.

En el mismo aceite freír zanahorias, cebolla y patatas cortadas a taquitos.

Limpiar las setas (yo he usado níscalos, pero también se puede hacer este plato con setas en conserva) y añadirlas al sofrito. Incorporar la carne, 1 hoja de laurel, perejil picado y 1/4 de litro de vino tinto.

Tapar la cazuela y dejar cocer media hora con el fuego al mínimo.

 







lunes, 28 de septiembre de 2020

FANÁTICOS DEL CÓMIC

 

Nunca juegues al Póker Montana. Es jugar con fuego, como paso a demostrar.

Vinieron a mi pequeño piso a jugar una timba dos viejos conocidos míos del mercadillo de cómics: Edy el Sucio (o Edy Hondo) llamado así por su falta de higiene, y su novia Luz la viperina, llamada así por su lengua ponzoñosa.

-¿Pero en qué pocilga vives tú? –me saludó Luz. Qué encanto. Hay que reconocer que Luz tiene una belleza de una época antigua; lástima que esa época sea el cromagnon.

Éstas son las reglas del Póker Montana: se reparten dos naipes a cada jugador. Luego, boca arriba sobre el tapete, cinco naipes más sobre cada uno de los cuales apostarán los jugadores según la combinación que puedan formar con los dos naipes primeros.

 Mientras Edy admiraba mi colección de tebeos de El Capitán Dioptrías, el superhéroe miope, alineados en mis estanterías, me dispuse a crear el ambiente adecuado para una buena timba. Prendí la luz baja, repartí puros y saqué del armario una botella de Fockink, ginebra andorrana (*) de primera calidad.

-¡He visto una botella de Jack Daniels! –rugió Edy Hondo-. ¡Ahí! ¡Detrás del Anís del Mono!

-¿Cómo? –le lancé una mirada vitriólica-. ¡Ay, pues es verdad!

Bebimos. Jugamos. Luz propuso cerrar la partida con una última baza de Póker Montana.

Apostamos, igualamos, volvimos a pujar… al ver el cuarto naipe me sonrió un full de ases y dieces y esperando un póker en la quinta carta aposté:

-¡Me juego mis tebeos de El Capitán Dioptrías!

-¡Igualo con mi colección de El conde Rúcula, el vampiro vegano! –replicó Edy.

-¡Igualo con los cincuenta primeros números de El Caballero de la Plume, el espadachín gay! –apostó Luz.

Mi full superaba al de Edy, pero no al póker de nueves de Luz.

 “¡Adiós para siempre, Capitán Dioptrías!” –dije para mí- “¡Te echaré mucho de menos!” Y rompí a llorar como un niño. A través de una cortina de lágrimas oí decir a Luz: “¡Llora, llora, nenaza!”

-Enhorabuena, Lucecita –dijo Edy-… ya te traeré esos tebeos un día de estos…

-¡Hoy! ¡Ahora mismo! ¿Las deudas de juego son sagradas!–apremió Luz y sacó del bolso un pistolón de su abuelo de cuando la guerra civil-. ¡Vamos, cariñito! A tu casa a por esos tebeos para tu Lucecita.  ¡Muévete kilo de mierda! –como el sagaz lector habrá deducido eso iba dirigido a mí, y no a Edy-. ¡Pon sobre la mesa la colección de El Capitán Dioptrías.

-¡Lucecita, amorcito! ¡Lo que quieras pero deja de apuntarme con eso!

Sonó un disparo. La pistola explotó en manos de Luz y el proyectil arrastró a Edy por los aires hasta desplomarse sobre la alfombra. Moribundo, espantoso, tripas al aire.

-¡Estoy ciega, mamarracho! –ladraba Luz-. ¡Ayúdame!

Miré fríamente a Luz. Luego, a Edy el Sucio, que precisamente me estaba ensuciando la alfombra. Una fea situación, pero a pesar de todo mis amados tebeos seguían en las estanterías. Me serví otro Jack Daniels,  mientras Luz, que había sacado un cuchillo enorme de su bolso, lanzaba estocadas al aire.

-¡Cómo te pille te hago morcillas, escoria inmunda!

(*) La ginebra Fockink existe de verdad.

FIN

¡Ha vuelto Melmoth!: OLVIDO

 Tengo un amigo que está completamente loco, pero me gusta estar con él. Cada vez que lo veo me viene con una de sus características locuras donde me hace partícipe, y la verdad, me lo paso muy bien. Lo necesito. La vida es sosa y aburrida y con él, el mundo siempre es algo nuevo, divertido, delirante, descojonante, diría incluso. Mi amigo tiene la genial capacidad de hacer desaparecer todo lo tedioso que tiene la triste vida, todo lo que nos rodea y no queremos ver. Pero mi amigo ha venido esta vez para decirme que está olvidando palabras. ¿No os ha pasado alguna vez que habéis olvidado una palabra en mitad de una conversación y os habéis enojado por no encontrarla? Luego, insistimos en ello hasta que nos damos cuenta de que si no damos con esa palabra también deja de existir lo que queríamos mencionar, ya sea un objeto, la persona que no recuerdas su nombre, incluso una ciudad o todo un planeta Tierra si en un momento dado olvidas su nombre. El universo. La preocupación de mi amigo estaba más que justificada cuando me muestra, por ejemplo, la inexistencia de un amigo que tenemos en común del colegio. Me dice que estaba hablando con alguien y salió a colación la librería Marcel 
 Proust, pero no recordó el nombre de su propietario que es nuestro amigo. Ahora hay en su lugar un vacío, como si la librería hubiera sido borrada por Photoshop. Y lo peor de todo; nadie la echaba en falta. Yo tampoco puedo recordar el nombre de nuestro amigo. Le pregunto a mi amigo si esas desapariciones debidas a su olvido pueden generar el olvido de otros como me ha pasado a mí. No sabe la respuesta. Siento mucho miedo de que mi amigo pueda olvidarse de mí y que yo desaparezca de la faz de la tierra. Temo por sus olvidos, por cualquier tipo de olvido. Ahora estoy en todo momento con él, pero ya no es tan divertida su locura, sus mundos maravillosos, sus ocurrencias delirantes que tanto me entusiasma porque he adquirido la terrible conciencia de la fugacidad, que no tenía antes, de todas las cosas que me ayudan a vivir. No, no es nada divertido saber que pueda desaparecer en cualquier momento algo vital. Incluso todos nosotros.

FIN

SIBELIUS

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO


LA RECETA: POLLO A LOS VEINTE DIENTES DE AJO

Se prepara con un pollo entero, vaciado y listo para asar.

Frotar enérgicamente el pollo con aceite y sal gruesa.

Rellenar con veinte dientes de ajo (¡Ni uno más ni menos! o ya no sería esa receta y tendría que llamarse de otra manera) medio limón y una hoja de laurel.

Rociar con cava o vino blanco y dejar en el horno a 250º. Estará listo en 45 minutos esparciendo un delicioso olor por la cocina. Conviene rociar el pollo con su jugo durante la cocción. En fin, más fácil imposible.




 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

 El profesor Hugo Refractivo está exultante. Mañana se dirigirá a Estocolmo para recibir el Premio Nobel por su descubrimiento: la Invisibilina, una sustancia que convierte a cualquier ser en invisible. Hugo ha llevado a cabo el proceso consigo mismo y ya tiene preparado su frac. “Causaré sensación entre los asistentes cuando vean un frac flotante agradeciendo el premio” - Piensa Hugo que siempre ha tenido sentido del espectáculo. En ese momento entra en el cuarto Una, su mujer.

-¡Hugo, me tienes más que harta! –.le recrimina Una-¡Meas fuera de la taza del váter y dejas el suelo perdido!

-Compréndelo, cariño –se disculpa Hugo-. No puedo dirigir correctamente el chorro de la orina porque no lo veo.


  Una sale de la habitación dando un portazo dejando a Hugo aturdido mirando el frac. Lo ha desplegado completamente sobre la colcha y tiene un aspecto inquietante, como si su dueño se hubiera volatilizado en una explosión nuclear. “Tengo que arreglar esto” –se dice, y entonces recuerda que Susan Storm, la Mujer Invisible de los Cuatro Fantásticos, tiene una web en la que comenta y aconseja sobre las vicisitudes de la invisibilidad. Hugo le escribe pidiendo una solución a este problema y Susan no tarda en responderle:

-Mi querido profesor, haz como yo: mea sentado.

-¡Claro, eso es! –Hugo aplaude alborozado a la pantalla del ordenador.

Al día siguiente, Hugo agradece emocionado el premio entre ensordecedores aplausos de los invitados, aunque éstos sólo ven su frac y sus gafas de carey. Tras un breve discurso Hugo empieza a bajar la escalera entre el escenario y el patio de butacas y entonces se precipita escalones abajo dándose un buen trompazo.

Otro problema, qué difícil es bajar una escalera cuando uno no se ve los pies.

FIN

Otro descubrimiento del Profesor Sibelius.

Frodo nos enseña lunfardo:

Bienvenido un nuevo personaje ¡Segis!
RECETA: ENSALADA NIZA. Foto:Silvina.

Muy refrescante. Con huevo duro, atún, anchoas, rábanos, lechuga de cualquier tipo, tomates cherry y -opcional- unas pipas de calabaza pasadas por la sartén.