domingo, 12 de febrero de 2017

UN VAMPIRO EN LA ESCALERA


Hacia las ocho de la mañana la mayoría de vecinos de la calle Batavia 16 se están preparando para acudir a sus respectivos trabajos. Su rutina se ve bruscamente interrumpida al oír los desgarradores  gritos de Jiménez, el vecino soltero  que vive con su hermana también soltera en el Principal 2ª.
Jiménez, muy alterado, informa a los vecinos que se apretujan en el rellano que acaba de descubrir a su hermana muerta, aparentemente atacada por un vampiro. Martínez, presidente de la escalera, cree llegado el momento de encargarse de la situación y levanta las palmas solicitando silencio:
-Vamos a ver el cuerpo -Propone.
 La luz del vestíbulo les da ánimos para entrar aunque el temor les acecha en los rincones oscuros. Encuentran a la hermana de Jiménez en su cuarto. Su rostro azulado muestra una expresión tranquila y se ven dos marcas a la altura de la yugular.
Jiménez se sienta en una silla del salón, los vecinos forman un círculo solidario a su alrededor, cuando Jiménez habla de iniciar los trámites del entierro Martínez  junta las puntas de los dedos y dice a través de la jaula que forman sus manos:
-Amigos, no nos precipitemos. Las víctimas de los vampiros regresan de sus tumbas para entregarse al proselitismo con sus allegados y eso podría afectar a esta… nuestra comunidad.
-Hay que clavarle una estaca en el corazón –propone Fernández, la abogada del Segundo 1ª.
Martínez hace un rápido recuento.
-¿Somos la mitad más uno? Bien, votemos: partidarios de usar la estaca.
Aparece un bosque de manos alzadas. Charo, la portera, anuncia que en el cuarto de la limpieza hay un viejo taburete y que con una de sus patas y un cuchillo podría preparar una estaca. Dicho esto se dirige corriendo hacia las escaleras seguida de Hernández, la divorciada del Tercero 2ª, que iba a llevar a su hijo al colegio. “Es mejor mantener a los niños lejos de esas cosas” dice llevándose al pequeño.
Martínez recuerda a los presentes que es aconsejable en estos casos levantar  acta y que se necesitan dos testigos.
-Yo seré uno de ellos, claro. ¿Alguien se ofrece para ser el otro?
Se ofrecen varios vecinos. Martínez se decide por Hernández, la abogada.
 La portera se presenta con una afilada estaca que ofrece a Martínez. Tras un dubitativo silencio el presidente mira gravemente a Jiménez:
-Creo que estos lances es mejor dejarlos para la familia.
Jiménez agarra con manos temblorosas la estaca y apunta hacia el pecho de su hermana.
-El corazón está al otro lado –interviene  Gutiérrez, el médico del Primero 2ª.
-Es por tu bien, Anita –murmura Jiménez y clava la estaca con todas sus fuerzas. Se produce un sonido como el de una rueda de bicicleta al pincharse y la hermana de Jiménez se convierte en un torbellino de cenizas humeantes.
Martínez propone ir a su casa, al Tercero 1ª, mientras rodea con un brazo paternal los hombros de Jiménez.
-Un buen café nos sentará bien. Y una copita ¿eh, Jiménez? Venga, lo peor ha pasado. Está usted entre amigos.
En casa del presidente de la escalera se extiende el olor de café recién hecho, vahos de coñac y fraternal camaradería. Sin embargo Sara, la esposa de Martínez, no puede evitar un caustico comentario sobre el nuevo vecino del ático; ese huraño astroso que nunca saluda a nadie cuando se le encuentra en la escalera: “Parece un drogadicto y no me extrañaría que lo fuera”.
En el ático el nuevo vecino se despierta de un letárgico sueño. Un clavo mal remachado le ha lastimado un hombro. Antes de volver a dormir decide procurarse un nuevo ataúd esa misma noche.
FIN
Menos mal que me callé la "bromita". Esta semana vinieron a comer a casa mi agente de Ilustration Stock con su mujer y su suegra, ellas son de Indiana y en la América rural es costumbre que cuando van como invitados a comer el anfitrión bendiga la mesa. Bueno, improvisé una plegaria: Lord, Thanks for this meal and bless this table... y luego les serví un plato exótico para los estómagos estadounidenses, conejo con caracoles.

miércoles, 1 de febrero de 2017

RELATO Y RECETA A LA GRIEGA

La semana pasada estaba aguardando a que el semáforo se pusiera verde cuando me abordó un extraño sujeto que me transmitió un apocalíptico mensajé:
Su aspecto -escuálido, revuelta cabellera y barba blanca- me recordaban a alguien... ¡Claro, Caronte! El barquero que llevaba a los difuntos al otro lado de Estigia a cambio del pago de un óbolo, uno de mis personajes favoritos de la mitología griega, y entonces me puse con este relato:
BILLETE DE IDA A LA LAGUNA ESTIGIA
La luna traza trémulos reflejos en las negras aguas de la laguna. Caronte aguarda ante la enorme proa en forma de cuña. La barca cabecea bruscamente por el oleaje sacudiendo a los mareados pasajeros que se apretujan a bordo.  El anciano barquero  discute con un guerrero que lleva la armadura ensangrentada y el cuello traspasado por una lanza:
 -¡Qué no, Héctor! Por muy héroe de la Guerra de Troya que seas no te puedo dejar subir a la barca sin pagar un óbolo como todo el mundo.
-Los aqueos ataron mi cadáver al carro de Aquiles y me arrastraron –dice Héctor-. Supongo que fue entonces cuando perdí el monedero.
-Se siente. Ya dejé subir por la cara a Hércules y me costó un marrón de un año de cárcel. Que esto es una democracia ateniense con sus normas y no una satrapía donde todos hacen lo que les sale de los pseftokefedes.
-¡Oh, Héctor! Si en la barca de Caronte quieres viajar, un óbolo tendrás que apoquinar – recitan unas mujeres con largas túnicas negras.
-¡Hala, ya has oído al coro griego! –Caronte señala con la pala del remo hacia la playa- Tendrás que vagar durante cien años por las orillas de Estigia y luego te dejaré subir gratis a la barca. Son las reglas. ¡Aire!
-¡No hay derecho, nos tratan como ganado! –protesta Psique vomitando por la borda.
-¡Si no está contenta váyase nadando, señora! –Caronte repara en un nuevo pasajero, un hombre de aspecto solemne que viste un manto de hilo egipcio-. ¡Isósceles! No te esperaba tan pronto.
-Ahora que había diseñado un triángulo tan cuqui… -se lamenta Isósceles depositando un óbolo en la mano izquierda de Caronte.
 Héctor se aleja cabizbajo y cuando comprueba que nadie le observa se esconde entre la oscuridad de un escollo. Desde allí distingue a un hombre canoso vestido con jersey de cuello cisne y tejanos que se dirige a Caronte con aire desenvuelto:
-¡Hola, buen hombre! Soy Tikis Mikis Teodorakis, el compositor. Sí, amigo. ¡Zorba el griego! -ejecuta unos pasos de sirtakis-. ¿No le suena? –Caronte le mira con hosquedad y no parece reconocerlo-. Mire, esto ha sido muy repentino. Estaba en el estudio de grabación y… bueno – Teodorakis rebusca en sus bolsillos-, ahora no sé si llevo suelto.
Héctor decide aprovechar la distracción de Caronte. Salta al agua, se agarra a la cubierta y de un ágil salto se deja caer en la popa ocultándose detrás de la caña del timón.
Agazapado, Héctor oye vociferar a Caronte:
-¡Le repito que no, señor Teodorakis! ¡Que no acepto Visa ni ninguna tarjeta de crédito!!!

FIN
¿NOS HACEMOS UNAS PSEFTOKEFEDES?
Son las típicas albóndigas griegas. Me gusta hacerlas yo mismo mezclando en un bol la carne picada, el pan rallado, concentrado de tomate, orégano y nuez moscada; pero si hay prisa se pueden comprar en la carnicería listas para freír. Lo importante es acompañarlas con la salsa Tzatziki:
Enharinar y freír las albóndigas en aceite bien caliente hasta que se doren. Dejarlas reposar sobre papel de cocina para eliminar el exceso de grasa.
Para preparar la salsa Tzatziki: pelar un pepino grande y quitarle las semillas, cortarlo a trozos y mezclarlo en un bol con yogur, 1 diente de ajo, 1 puñado de hojas de menta y un chorrito de aceite de oliva. Triturar todo en el vaso de la batidora y servir las albóndigas acompañadas del Tzatziki.

domingo, 22 de enero de 2017

UN RELATO MUY CORTO CON RECETA INCLUIDA

EL DIENTE
 Él y ella discutieron en la cocina. Cuando él se enojaba nunca la miraba directamente, ahora tenía la mirada fija en los pájaros imantados sobre la puerta de la nevera. Arrojó el periódico hacia la mesa forrada de hule. Algunas hojas sueltas volaron perezosas como peces raya.
Ella contrajo las mandíbulas y le pareció que sus dientes se quebraban como si mascaran barras de tiza.
Un diente se le cayó al suelo.
Los dos notaron que habían perdido el control de la situación. Hubo un silencio largo, incómodo.
Ella agarró un cuchillo. La potente luz del fluorescente iluminaba el filo con crudeza.
Se agachó y recogió el diente del suelo.
Puso el diente sobre una tabla y con el cuchillo lo cortó en delgadas láminas. Chac, chac, chac.
Echó el diente fileteado sobre los espaguetis. Les gustaba notar el sabor del ajo en la pasta.
Hora de cenar. La tormenta había pasado.
Bueno, ahora sí que estaba cantado poner una receta: Espaguetis en ajo y aceite, o al aglio e olio, como dicen en Italia.
Mientras los espaguetis se cuecen en agua salada descabezar una guindilla para quitarle las semillas y sofreírla en la sartén en aceite bien caliente. Pelar y cortar cuatro dientes de ajo en finas láminas y dorar en la sartén.
Escurrir los espaguetis y añadirlos al sofrito removiendo con una cuchara de madera. Un momento antes de servir apagar el fuego y tapar la sartén durante un minuto para que la pasta quede bien perfumada con el aroma del ajo y la guindilla.

Recomiendo condimentar los espaguetis con un chorrito de aceite de oliva macerado en un frasco con guindillas.
Y por si quieren seguir el relato en audio... gracias a mi buen amigo Marcos Callau que me invitó a su sección Noches de Pabostría.
MÚSICA PEGADIZA
Le encargaron una canción pegadiza y lo consiguió. Nada más empezar a cantar el público se liaba a tortazos.

martes, 10 de enero de 2017

¿SUEÑAS CON ESTE HOMBRE?

 En el 2011 ya publiqué una entrada sobre este misterioso hombre, pero desde el año pasado se ha disparado el número de gente que afirma haberlo visto.
Lo llaman This Man y en Hispanoamérica El surfista de los sueños. Se dice que cada noche cientos de personas en todo el mundo sueñan con esta cara.
En enero de 2006 un psiquiatra de Nueva York, el doctor Roech, escucha el relato de una paciente sobre un hombre al que nunca había visto antes y que se le aparece en forma de sueño recurrente, incluso le da consejos sobre su vida privada. Siguiendo sus instrucciones el psiquiatra compone en su ordenador este retrato robot. El dibujo permanece olvidado durante unos días en su mesa hasta que otro paciente lo reconoce como el hombre que suele ver en sus sueños. El Dr. Roech decide enviar el dibujo a varios colegas y todos ellos aseguran que varios pacientes afirmaron haber visto en sueños al que todos se refieren como ese hombre (This Man)
 Desde entonces unas 24.ooo personas (la mitad sólo en el 2016) han manifestado que suele aparecer ese hombre en sus sueños en lugares tan lejanos como Los Ángeles, Pekín, Sao Paulo o Barcelona. Circulan páginas web como la de la imagen -www.thisman.org- con la intención de ayudar a los que han soñado con él e intentar comunicarse entre ellos para conseguir algún dato sobre la identidad del This Man.
Por supuesto no faltan los escépticos que califican al surfista de leyenda urbana, alucinación colectiva e incluso estrategia de marketing. Quien ha manifestado su interés por esta historia es el director Sam Raimi (Evil Dead, Rápida y mortal, Spiderman...) que ya está preparando el guión de This Man protagonizada por el camaleónico Gary Oldman.
CUANDO MI TIA MONTSE SE ENCONTRÓ CON MARLON BRANDO

 El pasado día 8 mi tía Montse cumplió 80 años. Nos volvió a contar su fortuito encuentro en Londres –vivió allí casi tres décadas- con Marlon Brando. Siempre me encanta escucharlo; le cedo la palabra:
“Cuando llegué a Londres en 1966 trabajé como limpiadora en un hospital para conseguir el permiso de residencia. Un día me encontré con un ambiente extraño en la planta, las enfermeras se mostraban nerviosas, riendo y cuchicheando alrededor de una de las habitaciones. Llamé con los nudillos y dije: Cleaning! Oí un gruñido al otro lado, entré con el carrito y me quedé pasmada al ver a Marlon Brando en la cama leyendo el Times. Luego supe que entonces estaba en Londres rodando La condesa de Hong Kong cuando tuvo que ser ingresado de urgencia por un ataque de apendicitis.

“Terminé de limpiar, le dije Goodbye, me contestó con un mugido-gruñido y salí de la habitación. Bueno… supongo que muchas mujeres vieron a Brando en la cama, pero seguro que ninguna de ellas se llamaba Montserrat…”
Mi primera ilustración del año, T´estimo si he begut (Te quiero si he bebido, en catalán)
Un relato sobre el momento crucial en el que un miembro de la pareja decide dejar su cepillo de dientes en casa de su media naranja.

viernes, 30 de diciembre de 2016

EXTRAÑOS EN UN TREN Y EN UN BAR

Mi última portada del año, Extraños en un tren. Fue el pasado 3 de diciembre, y cuando la terminé me fui a mi bar habitual para ver el partido Barça-Real Madrid. Justo después de empezar el segundo tiempo entró en el bar un hombre de aspecto nada llamativo: delgado, fino bigote castaño, camisa clara y pantalón oscuro. 
 Este hombre anodino pasó a convertirse en una rara avis: mientras los parroquianos no apartaban la vista de la pantalla siguiendo las evoluciones de Cristiano y Messi él nos daba la espalda examinando la lista de bocadillos colgada en la pared. Se tomaba su tiempo, ajeno al partido, mientras su indice dibujaba una imaginaria línea entre en nombre del bocadillo y el precio. "Debe ser un turista" pensé al ver su desinterés por el encuentro a pesar de que no llevaba cámara, ni un plano de la ciudad ni nada que le delatase como extranjero.

Y fue entonces cuando me llegó una de mis extrañas asociaciones de ideas. Me acordé de aquella ingeniosa escena del partido de tenis de Extraños en un tren (1951) cuando Guy (Farley Granger) distingue entre el público a Bruno (Robert Walker) Es la única cabeza que permanece inmóvil sin seguir el movimiento de la pelota.
LEVANTAMIENTO DE CADÁVER (Relato corto)
El subinspector de policía Degarmo reconoce al instante al hombre que se acerca con un elegante abrigo de franjas. Esboza una inclinación de cabeza y una casi sonrisa, el hombre del abrigo de franjas le devuelve el casi saludo y el subinspector se dirige a sus subordinados:
 -Ha llegado el juez. Déjenle pasar –y a los curiosos-: ¡Apártense, por favor!
El magistrado entra en el cordón policial y le parece estar en un reducido escenario con todo su reparto: los inexpresivos agentes de policía, los paramédicos guardando los electrodos y el desfibrilador, un médico rellenando un parte y un cuerpo tendido en el suelo cubierto con una manta.
El médico forense ya ha firmado el informe; causas naturales –informa el subinspector.
El atestado ya está a punto, sólo falta el último trámite.
-Bien, voy a proceder al levantamiento del cadáver.
-Adelante, señor juez.
El juez se acerca al cuerpo inerte, desliza el índice despacio por el mentón  y ordena:
-Levántate.
Un leve estremecimiento bajo la sabana. La víctima asoma la cabeza y lo primero que distingue son las miradas bovinas de los espectadores que le rodean. Coge impulso y se tambalea un poco al levantarse. Por fin se queda erguido, balbuceando unas palabras, y se aleja calle abajo.
-Señor juez – el subinspector aprieta el tope de un bolígrafo que hace clic bajo su pulgar y le acerca un folio verde-. ¿Me firma el acta del levantamiento, por favor?
El juez firma:
Lazarus Lázaro.
Magistrado-juez. Juzgado de instrucción-2
¡MUY FELIZ AÑO!!!
Les dejo con L´Home dels Nassos (El hombre de las narices) una tradición catalana; un personaje que sólo se le ve el 31 de diciembre y que tiene tantas narices como días tiene el año (o sea, uno) En mi pueblo contrataban a un actor que se paseaba vestido de época con la cara tapada con una máscara en plan Fantasma de la Ópera.



lunes, 19 de diciembre de 2016

SE PROHIBE LA ENTRADA A JEKYLL

En algunos pubs de Londres tienen un rincón llamado Wall of the Shame (Muro de la vergüenza) donde cuelgan fotos polaroid de clientes indeseables; eso me dio la idea para este relato:
 Henry Jekyll abre la puerta del pub Treasure Island y saluda de la manera acostumbrada:
-¡Hola, Burke! Media de Guinness.
-¡Jekyll! ¿Cómo te atreves a volver después de la que liaste ayer? – brama el dueño y señala una foto colgada en el Muro de la vergüenza detrás del mostrador, a la derecha de la estantería de botellas-. ¡Tienes prohibido poner los pies en mi local!
Jekyll examina la foto y su cara se convierte en un signo de interrogación con una ceja arqueada y la boca formando una “O”. Ve un hombre pelirrojo, su rostro es un cruce entre brutalidad y humor y no consigue decidirse. Tiene un ojo amoratado y la pechera de la camisa manchada de sangre.
-¡Pero Burke! –replica Jekyll-. ¡Ese de la foto no se me parece en nada! Tengo el pelo oscuro y ayer no puse los pies en el Treasure…
-¡No te pases de listo! – Burke tiene la cara amoratada de furia. Sisea -: Mírate, aún tienes las señales de la pelea en la cara. ¡Largo de aquí!
-¿Estás loco? ¡Yo no soy el de la foto! Oye, si es una broma -… Jekyll comprende que la discusión se ha acabado cuando Burke desliza una mano bajo los grifos de los surtidores con asas de cerámica.
 Jekyll sabe que allí guarda un mazo de cricket, le ha visto usarlo más de una vez.
Un confuso Jekyll sale hacia Argyle Street, bajo el cielo que pende pesado y oscuro como una tapa. Se detiene ante una fachada de ladrillo rojo, las ventanas centellean y los marcos blancos relucen. Es el Ballantrae, un pub escocés abierto recientemente.
Jekyll entra en un amplio local lleno de botellas color ámbar y maderas nobles. Los camareros, con ondulantes faldas escocesas, se deslizan de la barra a las mesas llevando bandejas llenas de copas que parecen flotar por encima de los parroquianos que beben al estilo escocés, asomando la lengua dentro del vaso de whisky. Jekyll escudriña el lado derecho del mostrador pero no hay ninguna foto, sólo una pizarra con el plato del día: Empanada de riñones.  Se acomoda en la barra y se fija en una cerveza escocesa que no conoce: Hangover Lager. Pide una jarra, un camarero abre un grifo y un líquido marrón y turbio se precipita al interior del vaso.
 -Debe dejar que se pose –dice el camarero. Jekyll se queda mirando el interior de la jarra donde parece nadar algo salido de un pantano, como una capa profunda de células muertas. Entonces oye una voz a su derecha:
-¿Qué tal amigo?
Un pelirrojo, de cara magullada y nudillos despellejados, le mira insolente acodado en la barra, la cabeza apoyada en un brazo formando una “L” sobre el mostrador. 
-¡Tú! –Jekyll deja la cerveza de golpe sobre el mostrador, un turbio remolino se forma en la jarra-. ¿De dónde demonios sales? ¿Porque  Burke te confunde conmigo?
-Es tu problema amigo –responde el pelirrojo y arroja su cerveza a la cara de Jekyll que nota un ramalazo de sangre caliente que le sube por la nuca y rodea sus orejas. Está furioso como nunca lo ha estado.
 Lanza un directo que el pelirrojo esquiva fácilmente, parece que se anticipe a los movimientos de Jekyll que recibe un fuerte derechazo en la nariz. Estrépito de cristales rotos. El pelirrojo se gira un momento cuando el dueño del pub grita: “¡Vosotros, parad ya!” El segundo de distracción que Jekyll necesita.  Lanza un croché de izquierda al vientre y luego un gancho de derecha a la cara del pelirrojo. Se dispone a cargar contra él con los dos puños, al puro estilo East End cuando tropieza con la pata de una silla derribada y cae golpeándose la cabeza contra el suelo. La taberna, las estrellas y la agonía se mezclan. Telón.
Jekyll nota una brecha en la cabeza, un corte en la coronilla. Un hilo de sangre le resbala por la cara. Le han sentado en un taburete. El fogonazo de un flash seguido de un zumbido. El dueño del Ballantrae agita una foto para acelerar los reactivos químicos del revelado. Centellean chispas en los ojos de Jekyll cuando el dueño le muestra la foto: un pelirrojo con la cara ensangrentada.

-¡Y no vuelvas más por aquí! –advierte el dueño colgando la polaroid junto a la pizarra.
HE PARTICIPADO EN UN CORTO
Soy el perrito piloto...
 Esta semana he rodado para el ESCAC (Escola de cinema i audiovisuals de Catalunya) la película Caja negra, y digo película porque ya había rodado otros cortos pero en formato vídeo, esta es mi primera experiencia con cámara de 35 mm. Miren, ¡hasta teníamos raíles para los traveelings! La verdad es que entre el sonido de la cámara, las claquetas y la luz de los focos combinado con el escenario años 40 y el look del director con su bigotillo recortado casi me parecía estar en el Hollywood clásico. Interpreto a un médico que descubre una habitación cerrada que tiene un acceso a un mundo paralelo en donde soy un piloto de caza. Aquí estoy con Ivan Valencia, un gran director con un trato exquisito y muy paciente. Caja negra se estrenará en febrero -esperamos- en festivales. Intentaré colgarla en el blog.
ASÍ PREPARO EL POLLO DE NAVIDAD
 ¡Y además es muy fácil! Mientras el horno se calienta, untar las manos con aceite, sal y pimienta y frotar enérgicamente el pollo -entero y vaciado- para sazonar bien la carne. Sofreír ligeramente en una sartén salchichas cortadas a trozos, manzanas cortadas sin pelar y ciruelas antes escaldadas en coñac.
Introducir en el pollo una ramita de tomillo, 1/2 limón, las salchichas, manzanas y ciruelas cerrando la hendidura con palillos.
Rociar el pollo con el coñac de las ciruelas y dejarlo asar en el horno a 200º una hora. De vez en cuando conviene rociarlo con el jugo que va desprendiendo o con un poco de vino si queda seco.
¡Y muy feliz Navidad a todas y todos!!!

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA HE VUELTO A LIAR EN EL SET DE DOBLAJE (2)

Por si no lo sabían algunas películas porno se doblan. En Cronos, mi estudio de doblaje, he participado en un par de sesiones donde lo más divertido era improvisar.
He formado parte de la banda sonora de Bukkake Queen -2. Puede que alguien se pregunte ¿Y qué es un bukkake? El saber no ocupa lugar: es un subgénero del porno en que un grupo de varones se turnan para eyacular encima de la protagonista. Bukkake, por cierto, es una palabra japonesa que significa salpicar.
 En el set sólo estábamos una dobladora, el técnico de sonido y el director que nos dijo:
-Podéis improvisar pero que cuadre con la escena. La película duraba veinte minutos pero vamos justos de tiempo, así que todos los takes serán iguales, dos ensayos y a grabar.
Había una protagonista y ocho actores. Yo hacía todas sus voces pero no creo que nadie lo advierta. Además, no hablan mucho, más bien jadean. La chica aún habla menos pues casi siempre tiene la boca ocupada.
El trabajo no resultaba complicado pero el técnico tuvo muchos problemas con el reproductor de vídeo. El director sudaba copiosamente. Noté que la tensión aleteaba por el reducido y sofocante estudio.
Bukkake Queen -2 se acercaba al final. Lamenté no haber improvisado pues es lo más divertido de estas grabaciones. En la pantalla apareció un primer plano del rostro de la chica con la boca desmesuradamente abierta y repleta de líquido seminal y entonces dije: “¡Trágatelo todo que se van las vitaminas!”
Todos se carcajearon. Una pausa bienvenida que disminuyó un tanto la tensión que oprimía el ambiente. Unos minutos más tarde terminamos la sesión.
LOVECRAFT TÓXICO
 Marcel Gratallops era el único catalán residente en Arkham y no había perdido su costumbre de buscar setas.
Al penetrar en el bosque sintió una súbita opresión en el pecho y la amenaza flotando en el aire.  En el horizonte vio una negrura de una gran intensidad, como si todas las sombras se concentrasen en un bloque de materia oscura que parecía agitarse como dotada de vida propia. Aquella sombra oscura se movía con rapidez hacia Marcel. Toda aquella presencia oscura, una mole de negrura informe.
De aquella masa viscosa aparecieron unas extremidades como tentáculos, y luego se formó una protuberancia como una cabeza, con puntos de luz verdosos semejantes a ojos que brillaban entre la negrura.
Marcel se sintió envuelto por un aire fétido, como un aliento nauseabundo que provenía de una boca enorme y babeante que, de repente, engulló a Marcel hacia el interior de aquel ser negro como el alquitrán.
Una hora después la televisión de Arkham emitió un boletín especial:


 RECICLAJE
Cuando me encargaron la portada de Pelando la cebolla de Gunter Grass me tiré unas cuantas horas dibujando cebollas pero luego me dijeron que habían decidido poner una foto del autor al coincidir con su fallecimiento; poco después me tocó Como agua para chocolate para una edición inglesa, y aproveché las cebollas por aquella frase que dice su protagonista:
 "Lo malo de llorar cuando alguien pica una cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza y ya no puede parar."