jueves, 27 de abril de 2017

LA PETICIÓN (Relato) Y UNA CANCIÓN SUICIDA

 Una elegante pareja cenaban en un lujoso y concurrido restaurante. El hombre levantó su copa y le guiñó un ojo al maître; era la señal convenida.
El maître abrió la puerta que separaba el vestíbulo del comedor y entró  primero un violinista zíngaro que tocó unas notas de Gloomy Sunday. Le seguía una banda de mariachis acompañando a  un hombre que cantaba True Love con la voz de un niño de coro al que hubieran castrado demasiado tarde.
Tres chicas con escuetos atuendos de ciclistas aparecieron enseguida junto con un enano montado en un monociclo haciendo contorsiones. Un hombre gordo con frac de lentejuelas mantenía ocho platos de hojalata girando en los extremos de unas varas flexibles. Una bailarina negra hizo juegos malabares con teas encendidas. Cuatro saltimbanquis actuaron con un trampolín y un balancín. Tres chicas asiáticas vestidas con ceñidos maillots ocultaban y desvelaban sus cuerpos entre una ola de banderitas de colores ondulantes. Por último, un camarero acercó un rodante carrito de postres sobre el que ejecutaba su número un mundialmente famoso equilibrista del Himalaya.
 Un silencio expectante llenaba el local cuando el hombre se levantó de su silla, hincó una rodilla en el suelo y abrió un estuche con un enorme brillante ante los ojos de ella. Le preguntó:
-¿Quieres casarte conmigo?
Con un mohín petrificado en la cara, la mujer se puso en pie y dijo:
-No.
Dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta ofreciendo la visión del escote de su espalda con el espectro blanco de la tira del bikini.
Una niebla pesada pareció recorrer las mesas. Todos los comensales se sintieron repentinamente confusos, y disimularon su turbación volviendo a sus platos. Pronto el ruido de cubiertos sobre porcelana rompió el incómodo silencio. Los artistas fueron saliendo. El hombre volvió a hacer una seña al maître:
-Tráigame la cuenta, por favor. Hoy no tomaré postre.

FIN
LA CANCIÓN DE LOS SUICIDAS
(Ilustración de Anna Sanz) Antes he mencionado el tema Gloomy Sunday (Domingo melancólico) y tiene una curiosa historia: Gloomy Sunday, conocida popularmente como “La canción húngara del suicidio,” es posiblemente la primera leyenda urbana de la historia.
  Fue compuesta en 1933 por Rezso Seress y pasó bastante desapercibida hasta que en 1936 las autoridades húngaras decidieron prohibirla al ser relacionada con no menos de 17 muertes voluntarias. Se basaron en que habían encontrado referencias a la canción en las notas de los suicidas; algunos tenían además el disco de Gloomy Sunday puesto en el gramófono en el lugar de los hechos. Esto proporcionó una gran publicidad a la canción que se vendió con gran éxito en Estados Unidos con el sobrenombre de “The Hungarian Suicide Song”. Hay varias versiones pero sin duda la mejor es la de Billie Holiday que pueden escuchar aquí y podrán corroborar que es una bonita canción aunque bastante melancólica, eso sí. Por cierto que años más tarde, afligido por no poder componer una canción con un éxito similar, el autor Rezso Seress decidió poner fin a su vida saltando por la ventana. A eso yo le llamo ser consecuente.
...Y ALGUIEN TENÍA QUE DECIRLO
Me pone de los nervios esa gente que va a comprar el pan en Segway, ¿se puede ser más fantasmón?

martes, 18 de abril de 2017

BORGO CUMPLE OCHO AÑOS

Quién me lo iba a decir... Ha llovido desde el día que decidí dejar de dar la brasa a mis por entonces compañeros de piso y buscar un rincón donde contar mis historias y publicar algunos dibujos; pensé que sería un capricho de cuatro días...

Muchas gracias, de corazón, por haber dado vida al blog con vuestros comentarios, opiniones, simplemente pasando por aquí... y muy especialmente por tantas experiencias que me habéis dejado compartir. Gracias a todas y todos.
Me voy a poner nostálgico; ésta es la primera entrada que publiqué, el 18 de abril del 2009:
SOLDATEN OHNER
 Cuando era niño y los periódicos en verano acusaban la falta de noticias recuerdo que solía aparecer el hallazgo de un soldado japonés perdido en una remota isla del Pacífico ignorante de que la guerra había terminado en el 45. Mira por donde me he sentido transportado a mi infancia cuando leí el verano pasado que en el pueblo de Ogden Drift, Arizona, el sheriff local encontró cerca de una reserva navajo, en una cabaña de difícil acceso, al ex soldado alemán Reinhard Öhner que allí vivía desde que se fugó de un cercano campo de prisioneros en 1943.
¿Y qué pintaba en Arizona el soldado Öhner? Todo se debe a una ley de la Convención de Ginebra bastante marciana: todo soldado prisionero ha de ser llevado a un lugar lo más parecido posible al entorno en que fue capturado. Öhner se rindió a los americanos en el desierto de Libia en el 42, así que pensaron que el paisaje de Arizona sería lo más adecuado.
Al leer esta noticia se deduce que Öhner –que durante estos años solo tuvo visitas de los navajos y de algún excursionista al que vendía artesanía india- no era muy conversador o le traía al fresco la historia reciente pues ¡no sabía que la Segunda Guerra Mundial había terminado! O, al menos, eso decía el periódico.
Me gusta imaginármelo así: como un despistado Mr. Magoo.
CHUPANDO CÁMARA (Mi primer relato. 7 de mayo, 2009)
En el otoño de 1934 Bela Lugosi ya tenía claro que rechazar el papel de monstruo de Frankenstein había sido el mayor error de su vida, por eso cuando leyó en Variety que se había iniciado el rodaje de La novia de Frankenstein su rostro se iluminó repentinamente.
-Miért ne? (¿Porque no?) -Se dijo en húngaro. -
Agitó su capa negra para quitarle el polvo, la tela fría y pesada quedó suspendida sobre los hombros de Lugosi. Se contempló satisfecho en el espejo aunque el olor a moho y humedad procedente de la tela invadía sus fosas nasales. Sus dedos rozaron su cuello en una caricia mientras ceñía la capa alrededor de su garganta.
En el set número cinco Karloff, de espaldas al equipo de rodaje, sonreía tímidamente a pesar de la dentadura postiza que acentuaba sus pómulos y le daba una apariencia cadavérica.
-¡Luces! ¡Cámara! ¡Rodando!!! –ordenó James Whale.
 Lentamente –con treinta kilos de andamiaje no podía ser de otra manera- Karloff giró hacia su derecha enfrentándose a la cámara. Su rostro quedó bañado por la potente luz blanca de los focos mitigada por la cera derretida que Karloff llevaba en los párpados. Tambaleándose empezó a descender penosamente la escalera sobre sus zapatos con alzas.
Desde su silla de director Whale alzó incrédulo la mirada. Bela Lugosi había aparecido desde un rincón en penumbra del decorado y se acercaba a Karloff entrando en el ángulo izquierdo de la cámara. El negro esplendor de su capa aún relucía más bajo los focos. Lugosi se felicitaba por su idea: “Cuando me vean no dudarán en incluir a Drácula en el guión. Será una gran pelíc…”
-¡Corten! –Whale, impávido, se dirigió a Lugosi en tono severo pero a la vez cortés-: Señor Lugosi, ya le dije a su agente que desgraciadamente no tenemos ningún papel para usted. Sea bueno, no me obligue a llamar a seguridad.
-Está bien, ya me voy.
Lugosi lo dijo con aparente calma pero se fue arrastrando los pies. Visto de espaldas parecía un murciélago cabizbajo.
Colin Clive, que se disponía a entrar en escena, aprovechó la pausa para beber de su termo ante la mirada reprobatoria de Elsa Lanchester que sabía que era coñac y no café lo que había en ese termo.
FIN
Y MI PRIMERA RECETA EN EL BLOG: GOULASH HÚNGARO (No podía ser otra)
 Sofreír en una cazuela carne de ternera cortada en dados. Cuando empiece a dorarse pasarla a un plato y sazonar con sal, pimienta y paprika (pimentón rojo picante) 
En el mismo aceite sofreír la cebolla picada, un pimiento rojo grande cortado en tiras y una guindilla a la que antes quitaremos las semillas para que no se suelten durante la cocción. 
Cuando el sofrito esté listo añadir crema de leche, remover bien y triturarlo todo en la batidora. Quedará una salsa espesa de un atractivo color rojizo. Volver a poner la carne en la cazuela, echar la salsa por encima y cocer todo con el fuego al mínimo unos 30 minutos. 
En Hungría lo tradicional es acompañar el goulash con tallarines.

viernes, 7 de abril de 2017

EL INCREIBLE CASO DE ULITHI

Gracias a mi insomnio crónico puedo ver programas interesantes que emiten a las tantas de la noche. En el canal 2 pasaron un magnífico reportaje sobre el humor según diferentes culturas. Entre otros temas hablaron del gusto francés por la escatología y en una entrevista Woody Allen expuso su visión del llamado humor judío.
Pero lo que me dejó asombrado es lo que contaron sobre Ulhiti, una isla de la Micronesia: no conocen el sarcasmo. No es que sean más o menos inteligentes, no, simplemente no lo pillan.
Entrevistaron a un cocinero francés, encargado del restaurante de un hotel de la isla. Contaba que un día, probando el guiso de uno de sus ayudantes nativos, notó que estaba excesivamente salado y le dijo: “Oye, ¿porqué no echas aquí otro paquete de sal”. El ayudante se quedó pasmado y le dijo: “¿Tanta, por qué?”.
A LA CAMA NO TE IRÁS...

Si tienen pensado hacer turismo por Ulithi cuidado con decir según que cosas, no sean sarcásticos, puede que se lo tomen demasiado al pie de la letra.
...SIN SABER UNA COSA MÁS
¿Se han preguntado cómo se hacen los agujeros del queso gruyere? El simpático ratón Mickey nos lo aclara.
Bueno, como me está quedando una entrada muy didáctica voy con un consejo que puede ser útil:
POR QUERER IMITAR A LOWRY
Terminé de leer Bajo el volcán pasando una semana en Palenque (México) Era la temporada húmeda y los mosquitos me acribillaban sin piedad. Decidí tomar una cena bien regada de mezcal, al estilo de Lowry.
De madrugada, desperté en la cama de mi hotel con la sensación de que mi estómago no podía retener aquella carga de tacos, chilaquiles y mezcal. Me giré bruscamente notando la arcada y expulsé la cena enterita.
MORALEJA: nunca vomiten en una cama con mosquitera. No vean cómo quedo la cama por no hablar de la mosquitera. Qué asco, por Dios...
PORTADA NOMINADA
Mi portada para este clásico de Stevenson ha sido nominada para un premio de ilustración, el Dave Grey en Londres. ¡A ver si hay suerte! y aprovecho para desear feliz Semana Santa.

martes, 28 de marzo de 2017

NOCHE DE BODAS EN LA MANSIÓN FRANKENSTEIN

 Por fin llegó el día en que iba a conocer a Elsa, la compañera que el Dr. Frankenstein había creado para mí. El doctor me esperaba en el salón, me obsequió con un puro y apareció Elsa del brazo del profesor Pretorius. Estaba preciosa con aquel vestido- mortaja blanco diseñado por el propio Pretorius. El profesor tenía los ojos húmedos. “Siempre lloro en las bodas” –se disculpó.
Nos hicieron esta foto. Elsa pone una cara como de susto. Quizás eran los zapatos pues no paraba de quejarse de que le hacían daño. Poco después ocurrió un feo incidente, como un mal augurio de lo que más tarde me esperaba. Iban a dar las doce cuando entró Igor con una enorme tarta. Al sonar la primera campanada el zopenco del jorobado se asustó y dejó caer el pastel que se espachurró sobre el suelo. El doctor la emprendió a latigazos con Igor gritándole: “Torpón”, “Manos de trapo” hasta que le rogué que se detuviera para no ensombrecer un día tan señalado.
 Brindamos y nos condujeron a un cuartito donde Elsa y yo estaríamos solos. Habían tenido el detalle de retirar las telarañas y colocar una cubitera con una botella de champagne. Prometía ser una velada inolvidable pero mi decepción fue mayúscula al descubrir que Elsa… no era virgen.
A la mañana siguiente el Dr. Frankenstein se sorprendió al verme sentado solo en la mesa de la cocina frente un café y a una hora tan temprana. Le referí lo ocurrido la pasada noche omitiendo detalles escabrosos. El doctor me escuchaba con una sonrisa comprensiva, casi paternal, mientras removía su café. 
Aproveché su aparente buen humor para preguntarle si en un plazo de tiempo razonable podría fabricarme otra compañera. El Dr. Frankenstein soltó un bufido:

-¿Pero tú te crees que los cadáveres recientes se encuentran en la tienda de la esquina?
Es sabido que el origen de Frankenstein se gestó en la famosa reunión de 1816 en la Villa Diodati. Los presentes -Lord Byron, Polidori, Percy y Mary Shelley- mataron el aburrimiento de un año sin verano escribiendo relatos de terror. ¿Pero qué hubiera pasado si...?
Un dato curioso: James Whale, director de Frankenstein (1931) con Boris Karloff, ex combatiente de la Primera Guerra Mundial y un magnífico pintor, se inspiró en el casco alemán para el diseño de la criatura. Concretamente en los remaches metálicos a los lados que Whale convirtió en electrodos para recibir las descargas eléctricas que darían vida al monstruo.

jueves, 16 de marzo de 2017

UN POST PARA LOS QUE TIENEN PRISA

Sí, porque aquí todo es muy rápido y breve:
ALÉJATE DE LA DUCHA (Microrrelato inquietante)
Los alaridos flotaban en el interior del pequeño dúplex donde vivía y cesaban tan pronto como tocaba el pomo de la puerta del cuarto de baño. Cuando la abría veía que la cortina de la ducha estaba corrida. Desde que había visto “El resplandor” lo que más miedo le daba era correr la cortina de la ducha, temía que surgiera una horrible criatura, escamosa y putrefacta.
Pero la bañera siempre estaba vacía; sólo había una gran mancha de sangre que se deslizaba hacia el desagüe como si fuera una masa viva.
“No pasa nada –se dijo-, todo va bien.”
CUANDO ESTOY SOLO EN CASA
Otro micro, en formato cómic y también algo inquietante.
SOY INVISIBLE
El científico loco se ha inoculado la fórmula para volverse invisible y se sitúa ante el espejo para contemplar la metamorfosis. Su cuerpo se difumina y por un momento  sus ojos negros parecen dos pupilas en el espacio antes de desaparecer. Exclama con una risa satisfecha:
-¡Ahora conquistaré el mundo!
Sale dispuesto a conquistar el mundo, pero entre el laboratorio y el vestíbulo hay una escalera. Da un mal paso y cae hacia delante dándose un terrible golpe en la cabeza. Grita:
-¡Maldito escalón!
Es realmente difícil bajar una escalera si uno no puede verse los pies.
Y PARA LOS QUE TIENE ALGO DE TIEMPO...
Una receta, el Vitel-toné, que me trae recuerdos de las Navidades que pasé en Buenos Aires.
 Es un plato buenísimo y muy fácil que se prepara con redondo de ternera (Peceto, lo llaman allá) que pondremos en una cazuela con cebolla, apio y zanahorias y lo dejamos cocer 1 hora en agua y un poco de vino blanco. 
Dejar enfriar la carne. No usaremos sal, las anchoas ya le dan un toque fuerte.
Cocer 4 huevos. En un cuenco para batidora poner 1 lata de atún escurrido, 4 filetes de anchoa, 1 bote pequeño de mayonesa, 2 cucharadas soperas de mostaza, 1 puñado de alcaparras y las yemas de los huevos duros (las claras las picamos y reservamos). Añadir un poco del caldo en que se ha cocido la carne y batir.
Filetear la carne y colocar por encima esta salsa. Adornar con aceitunas cortadas en rodajas, alcaparras y la clara de huevo.
Es un plato que se come frío, y es mejor prepararlo el día antes para que la carne se impregne del sabor de la salsa. 




lunes, 6 de marzo de 2017

BOLAS CHINAS (RELATO)

La rutina se ha instalado en la casa de Andrea y Andrés. Cuando el marido llega a casa alrededor de las nueve cenan, se acomodan en el sillón frente al televisor y Andrés –que siempre maneja el mando a distancia como un cetro patriarcal- se queda dormido al empezar las noticias. Todas las noches lo mismo. Viven en una tranquilidad leve, amistosa, pero sin chispa.
 Andrea, más abierta de mente que el soso de Andrés, decide una tarde curiosear en uno de esos modernos Sex Shops que han aparcado su antigua sordidez. Es un local luminoso donde no es raro ver parejas y mujeres solas. Andrés no aprueba los juguetes sexuales.
Andrea compra unas bolas chinas con mando a distancia, cargador y diez programas de vibración. Al salir a la calle siente de inmediato una creciente excitación.
De vuelta en casa coloca el mando en el cargador y revisa las instrucciones: –“Recarga en 2 horas. Tiempo de uso 30 minutos. 10 programas de vibración…” –y sonríe al pensar en una travesura: después de la cena se introducirá las bolas, se sentará en el sofá con su marido y las activará cuando se quede dormido. Así la situación tendrá más morbo.
En el exterior, la luz se desvanece. Andrea prepara una cena rápida, sopa de sobre y ensaladilla rusa. Andrés llega y empiezan a cenar. Mientras él recoge los platos, Andrea se encierra en el lavabo, se baja los tejanos, luego las bragas y se introduce las bolas. Cuando regresa al comedor Andrés ya se ha sentado en su lado del sillón y Andrea la izquierda,  junto al cojín donde ha escondido el vibrador.
 Andrés apunta con el mando hacia la tele y pulsa el botón, no responde, pero Andrea nota una repentina vibración en la vagina. Está claro que ha confundido los mandos. Su marido está concentrado en la pantalla inanimada “Creo que se han gastado las pilas”, y no advierte que Andrea ha pulsado el otro mando. El televisor se enciende en mitad de una serie de forenses californianos. Andrea se apoltrona en su rincón del sofá sintiéndose cada vez más húmeda. La electricidad fluye de abajo a arriba cerrando el circuito y pasando a una trepidante carrera hacia el orgasmo.
Empiezan las noticias. Andrea ahoga un gemido. Las bolas son sensibles a la música y vibran con más fuerza al sonar la estridente sintonía del telediario. La televisión le parece un pequeño punto luminoso mientras observa con el rabillo del ojo a Andrés que cabecea soñoliento. Andrea siente un preámbulo de orgasmo cuando aparece en la pantalla Rajoy con su consejo de ministros.
Por fin, Andrés reclina la cabeza y cierra los ojos. Aún sostiene el mando y al distender el cuerpo oprime el pulgar sobre un botón accionando las bolas a la máxima potencia.  Andrea gime y jadea hasta que sus poros explotan, se estremece, y libera el orgasmo con un furioso grito de éxtasis.

Andrés se despierta bruscamente y mira perplejo a su esposa. El sonoro estallido orgásmico de Andrea ha coincidido con la noticia de un pavoroso incendio en el zoo de Budapest. Tres hipopótamos murieron cocidos en el agua de sus tanques.
Me parece que estos dos disneyanos ratoncitos están jugando con las bolas chinas. ¿O es un producto de mi enfermiza mente?
SINDROME CLEVELAND
En mi entrada Extraños sindromes televisivos:
miquel-zueras.blogspot.com/2014/01/extranos-sindromes-y-desapariciones.html
 Hablé de extrañas idas y venidas de algunos personajes en las series. Ahora hay que añadir el Síndrome de Cleveland, o cuando un personaje vuelve con el rabo entre piernas a la serie original al no haber tenido éxito con su Spin-Off.
Sucedió en el último episodio de la 12º temporada de Padre de família emitido en España la semana pasada. Tras la cancelación The Cleveland Show, Cleveland y su família regresan a la ciudad de Quahog donde han de soportar las crueles bromas de Peter Griffin y sus amigos: "¿A quién se le ocurrió la idea de que un oso que habla con acento ruso es divertido?" O: "El logo de la serie parecía un pene morado."

Bueno, y ya que se ha hablado de ensaladilla rusa así es como la preparo:
 ENSALADILLA RUSA
Pelar y cortar a dados 2 patatas grandes, poner los trozos en un cazo de agua salada y fría (para que las patatas queden bien cocidas y los huevos no se rompan) y poner el agua a hervir.
Añadir guisantes (recomiendo los que van en tarro de vidrio) 2 zanahorias cortadas a taquitos y 1 pimiento verde sin semillas y cortado pequeño. 
Dejar cocer 20 minutos. Poner los huevos bajo el chorro de agua fría para pelarlos.
En un bol, juntar las patatas y las verduras, desmenuzar los huevos duros, escurrir el aceite de una lata de atún y mezclar todo bien con la mayonesa.
Queda muy bien servirla decorada con aceitunas rellenas de pimiento y bastoncitos de pan.



jueves, 23 de febrero de 2017

LA OTRA CHICA DEL ASCENSOR (Verídico)

Entro en el bar de Agus. Allí me siento tan bien como una llave en una cerradura. Fuera el espacio es brillante y frío. Cuando se me acostumbran los ojos a la oscuridad veo a Agus detrás de la barra alzarse imponente, como un nubarrón con camiseta negra.
-¿Un pastis, Miquel?
-Mejor una cerveza, hoy no tengo fino el estómago. Eh, Agus, haces mala cara…
-No he pegado ojo en toda la noche –Agus me acerca una botella y aplasta con un certero golpe de trapo una cucaracha que se pasea por la barra. Si matar cucarachas con un trapo fuese deporte olímpico Agus tendría un montón de medallas de oro-. Por culpa de Rafa El esquizo. ¿Te acuerdas de él? Está como una cabra pero es inofensivo.
 -¿ El que se colgaba ajos en la cama? –Agus asiente. Recuerdo los ojos tan juntos de Rafa. Uno sentía ganas de estirar el brazo y separarlos un poco. Una tarde se sentó un largo rato en un taburete del bar con un tiesto entre sus manos y la mirada perdida. Le dibujé este apunte titulado: “El tío raro de la planta”.
-Y todo porque ayer se me ocurrió contarle un chiste a ese majara –Agus se rasca un lunar de la cara, un lunar muy relajado, sin consciencia de sí mismo-. Este: van dos chicas, una rubia y una morena,  en un ascensor con un tío muy feo y hortera. El feo se dirige a la rubia: “Nena, ¿Cuántos años me echas?” Y la rubia le dice: “Cadena perpetua”.
-Los he oído mejores.
-Rafa estuvo media hora tronchándose –sigue Agus-, con esa risa suya que suena como tijeras cortando linóleo-. Bueno, Rafa acaba su cerveza y se larga casi a la hora de cerrar. Yo me voy para casa, ceno y me voy directo a la cama. A las tres y media de la madrugada pego un bote cuando suena el móvil de la mesilla.
 -¿Rafa?
-Pues sí. Medio sonámbulo oigo su voz: “Oye, ¿y porque había dos chicas en aquel ascensor?”. Le suelto un rugido: “¿Cómooo?!!!” “Sí, en el chiste. Sólo hablan el feo y la rubia, pero hay otra chica con ellos, la morena,  que no dice nada. ¿Por qué está en el ascensor entonces? ”
“- Intento serenarme: “Pues no sé… así fue como me lo contaron” –pero Rafa insiste: “Vale, pero…  ¿porque tres personas en el ascensor si hay una que no pinta nada en el chiste? Necesito saberlo. Mira, Agus, no paro de darle vueltas. Llevo toda la noche sin dormir.” Y aquí yo exploté:
“-¡Y desde ahora yo tampoco por tu culpa, mamonazo! Pues debe ser para darle mayor intensidad dramática al chiste, una licencia argumental… qué sé yo ¿Te basta con eso? ¡Y si no que te den!!! -y cuelgo hecho una furia.”
-Parece que Rafa anda algo confuso… debe ser los efluvios de los ajos –me quedo mirando otra cucaracha grande, hostil, que camina por la barra con arrogancia de insecto. Agus la pulveriza -¡Zas!- de un rápido golpe con el trapo.
-Oye, Agus, no quiero parecer tiquismiquis pero te agradecería que no hicieras eso con el trapo de enjuagar vasos.
-Tomo nota, Miquel –dice Agus con un bostezo-. ¿Otra cerveza? –Abre otra botella y me la acerca-. ¿Quieres vaso?
-No, gracias, beberé de la botella.
Suena Piece of my Hearth y los berridos de Janis Joplin se derraman por el bar.
MI ÚLTIMA PORTADA
"-Yo estaba en una isla del Pacífico, no recuerdo cual, estaba llena de japoneses.
-¡Ah, estaba usted de vacaciones!"
 Vaya sorpresa, ilustrar una novela corta de Jonathan Demme, el director y guionista de El silencio de los corderos.
Año 2041. Los Estados Unidos se disponen a conmemorar el 100º aniversario de Pearl Harbour. Joe, de 118 años, el único superviviente del ataque japonés y el invitado de honor, pero cuando el médico de la residencia donde está ingresado se lo prohibe decide coger una mochila y fugarse. Durante su ruta de 4000 Km. conoce todo tipo de gente estrafalaria. Muy en la línea de Una historia verdadera, de Lynch.