Diario de Arthur Conan Doyle, 13 de abril, 1893
Hoy ha venido a mi consulta un paciente de lo más peculiar: un aristócrata centroeuropeo que se ha presentado como Conde Drácula y ferviente admirador de mis libros. Dijo que ha estado siguiendo las publicaciones de Sherlock Holmes desde Estudio en escarlata y que sin duda estoy destinado a ser el Shakespeare de la novela de misterio. El motivo de su visita era la porfiria de Mehnert (desmesurado desarrollo de los caninos) que afeaban su aspecto y podrían ser un obstáculo ahora que empezaba a frecuentar la alta sociedad de Londres. Limé sus colmillos con una rueca mecánica que se acciona con un pedal. Cuando le ofrecí un espejito para que contemplara el resultado el conde lo rechazó con un enérgico gesto: “¡Odio los espejos! –dijo. No son más que fatuos reflejos de vanidad”. Pero el conde se mostró satisfecho con mi trabajo. Me entregó una libreta con documentos sobre la historia de su linaje pues había leído mi última obra histórica –Rodney Stone- y pensaba que quizás proporcionarme el tema para una futura novela. Sentí un ligero cosquilleo cuando Drácula me estrechó efusivamente la mano ya que su palma estaba cubierta de vello.
Diario de Arthur Conan Doyle, 19 de abril, 1893
Los escritos del conde tienen un gran potencial: –épicas batallas contra los turcos, bosques infestados de lobos, extraños ritos magiares-… pero Bainbridge, mi editor, insistió en que el público está ansioso de más Sherlock Holmes y que me preocupara únicamente de terminar El intérprete griego para publicar cuanto antes el próximo libro de relatos sobre mi detective.
Diario de Arthur Conan Doyle, 4 de mayo, 1893
Ayer, durante una reunión con la Golden Dawn, estuve charlando con el recién iniciado Bram Stoker; un irlandés grandullón que ha escrito algunos relatos interesantes como La Copa de Cristal. Cuando le hablé sobre las crónicas del conde Drácula pareció muy interesado y concertamos una cita en el club Renfield´s para una lectura del texto. Stoker tiene talento y puede que saque algún partido de este material.
Bueno, pues así lo cuenta Conan Doyle y ya conocen el resto. Me he tomado esta licencia histórica para comentar la publicación de Drácula de Ediciones Roca que, por primera vez en España, incluye el capítulo El invitado de Drácula que fue suprimido por los editores por considerarlo superfluo. Estoy de acuerdo, pero tiene buenos momentos:Jonathan Harker, futuro huésped del conde, se baja del carruaje la noche de Walpurgis en medio de los páramos y le sorprende una tormenta de nieve. Se refugia en un panteón con la inquietante leyenda: “Los muertos viajan deprisa” que pertenece a la condesa Dolinguen. Ella, convertida en una hermosa vampira, intenta morder a Harker pero un lobo emerge de la ventisca y lo protege. Está claro que ese lobo es el conde Drácula. Unos soldados rescatan al inconsciente Harker y lo traen a la posada donde se hospeda. El hostelero le muestra el telegrama que ha recibido:
“Tenga cuidado con mi huésped: su seguridad me es preciosa. A menudo hay peligro por la nieve y los lobos especialmente de noche. Recompensaré su celo con creces. Drácula.”Algo que sí tengo claro es que Christopher Lee ha sido el mejor Drácula cinematográfico. Aquí va un tributo al actor inglés:









