sábado, 13 de diciembre de 2014

EL PILOTO CAIDO

Bueno, ya que no tengo ninguna foto me la he dibujado. Se trata de una aventurilla que le ocurrió a mi tío Sento. Mi madre me lo acaba de contar:
En el invierno del 43 mis abuelos tenían de vecinos a una familia que colaboraba con una red que facilitaba la evasión de pilotos aliados que habían caído en la Francia ocupada. Después de pasar clandestinamente la frontera los escondían en su piso y les ayudaban a llegar al consulado británico –por entonces en la Plaza España, a solo diez minutos a pie- con este sistema: el piloto llegaba hasta el consulado llevando de la mano al hijo del vecino para no despertar sospechas, como un padre dando un paseo matinal.
 Un día los vecinos se presentaron a cenar a casa de mis abuelos con un piloto inglés cuyo avión había sido abatido en La Camargue, cerca de la frontera. “Sólo recuerdo su apellido –me dijo mi madre-: Underwood, como la máquina de escribir que yo usaba, ya sabes que estudiaba secretariado, y también que era la persona más rubia que había visto en mi vida.” Mi abuela preparó patatas fritas. El piloto pidió: “Vinegar, please” y roció las patatas con vinagre. Yo también las suelo comer así.
El vecino se explicó: su hijo estaba enfermo y no podía acompañar al piloto al consulado. Había pensado en que le sustituyera mi tío Sento que entonces tenía nueve años. A mi abuela la idea no le sedujo pero el vecino la tranquilizó: “Saben que tiene que hacer si los detiene la policía. Han de decir que no conocían de nada al niño y que le ofrecieron caramelos si le acompañaba.”
 Al día siguiente mi tío con los bolsillos cargados de caramelos y el piloto –con un gran sombrero de fieltro que ocultaba su rubia cabellera- se dirigieron cogidos de la mano hacia el consulado. Mi abuela y mi madre los seguían a una prudente distancia. Cuando llegaron a la delegación, Underwood acarició un momento la mejilla de Sento y entró apresuradamente en el edificio. Ese fue el granito de arena de mi tío a la causa aliada.
Por cierto que los aviadores estadounidenses destinados a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial inventaron un cóctel muy sencillo –añadieron Coca Cola a la ginebra- al que bautizaron con el nombre de RAF en homenaje a sus aliados:
Preparar en vaso alto hielo y una copa de ginebra. Añadir la cola preferida y adornar con una rodaja de limón.
EL ABUELO CEBOLLETA ERA OPIÓMANO

Años más tarde mi tío Sento se convirtió en un fiel coleccionista de los tebeos Bruguera. Un día me enseñó una curiosa página de La familia Cebolleta (DDT nº 446 de 1959) en la que Rosendo tenía alucinaciones al fumarse un puro de opio del famoso abuelo narrador de batallitas. Era la época en que se podía fumar en los tebeos (hasta el loro fumaba) pero lo del opio disparó la alarma de los censores que añadieron la toxicomanía a los otros temas tabú de las publicaciones infantiles (suicidio, eutanasia, alcoholismo…) y sancionaron con una fuerte multa a la Editorial Bruguera.
Como nuestro país no tuvo prácticamente experiencia colonial en Asia el opio es muy poco conocido. Mi tío –que frecuentaba los muelles por su trabajo en la Aduana del Puerto- me dijo que por la época en la que Vázquez publicó esta historieta era frecuente en los bares del puerto notar el olor de la marihuana (entonces llamada grifa, liarla se decía hacer un pote) de los marineros. Los legionarios, en cambio, preferían el kifi verde o blanco que fumaban en pequeñas pipas. De todas formas mi tío prefería sus paraísos artificiales a base de barrecha (dos partes de moscatel y una de cazalla) popular combinación que ya casi ha desaparecido en las ciudades.
 Dedicado a mi tío Sento (1934-2014) con mucho cariño. Voy a tomarme ahora un RAF a su salud.
Y ya que hemos hablado de sustancias alucinógenas termino con un poema de Valle Inclán:
LA PIPA DE KIF
Cáñamos verdes son de alumbrados. Monjas que vuelan y excomulgados.
¡Coca! A tu arcana norma energética. Epopeya del Araucano que al indio triste torna espartano.

Lima virreina, mordió Pizarro tu fibra dura y perdió su armadura. Verdes venenos ¡Yerbas letales de paraísos artificiales! A todos vence la marihuana, ciencia del Ramayana.

viernes, 5 de diciembre de 2014

CAMISETA CORTAZAR (Relato y más cosas)

Bruno no sabe que ponerse. Abre el armario y mira las camisetas. Hay una blanca, italiana, de algodón, que se ha comprado hace poco y le gusta especialmente. La coge por la percha y la observa: le atrae el tacto. Pero el color blanco le hace parecer más gordo. La devuelve a su sitio. Con los dedos, como quien pasa las hojas de un libro, acaricia las mangas de todas las camisetas. Los grises son demasiado apagados, y lo mismo los marengos y los azules marinos.  Revisa las de rayas.  Al final se decide por una de estilo militar, verde oliva, de manga larga.
Empieza a ponérsela delante del espejo. La cuesta más de lo que imaginaba. “Vaya, debo haber engordado”, piensa. La tela está cargada de electricidad estática, se adhiere a la piel y le eriza el vello del brazo. La mano apenas avanza por la manga. Intenta meter el otro brazo por la otra manga esperando que la operación resulte más sencilla.
 Bruno ya ha conseguido introducir los dos brazos y ahora agacha su cabeza que se queda atascada en la camiseta. “Quizás tendría que haber sacado antes las manos de las mangas”, se dice envuelto en una neblinosa penumbra de algodón. Jadea, la tela se ha enrollado alrededor de su cuello ahora ladeado a la izquierda. Con la cabeza y las manos atascadas en la camiseta empieza a agitar los brazos intentando agarrar uno de los bordes de las mangas mientras da vueltas a ciegas por la habitación. Parece una gallina recién decapitada.
Bruno se detiene para recuperar el aliento. La tela se aferra a su boca mojada y le dificulta respirar. De repente oye un ruido sordo, como el sonido de un frasco de medicinas que se abre con un chasquido. Por fin distingue el cuello de la camiseta, luminoso, envuelto en una extraña luz como la que se ve al final de un túnel prometiendo delicioso aire libre. La luz se hace a cada momento más potente  envolviendo a Bruno en una caverna de incandescencia.  Aparecen unas manos gigantescas, enfundadas por algo parecido a un látex verdoso que avanzan hacia él. Las manos agarran a Bruno sacándolo hacia el exterior, le sostienen, lo voltean, y una mujer con uniforme color espinaca  lo envuelve con una toalla con profesional eficiencia. Dice:
-¡Enhorabuena! Es un niño precioso.

Esto ha sido mi versión personal del cuento de Cortázar No se culpe a nadie y, abajo, mi última portada para un proyecto de novela ambientada en Barcelona el día después del apocalípsis nuclear. Así queda el Bus Turístico.

 HE HECHO HABLAR EN CATALÁN A BRUCE WILLIS
Prueba de doblaje para la película History of Us. Bruce y Michelle Pfeiffer están a punto de meterse en faena cuando ella se da cuenta de que han olvidado poner una moneda bajo la almohada de su hijo para el Hada de los Dientes (el Ratoncito Pérez americano)


 Deciden a piedra, papel o tijera quién va a poner la moneda. Le toca a Bruce, pero antes le dice a la TV donde aparece Bush: "Señor presidente, le confío a mi esposa que pronto estará desnuda. Siga cuidando del país y recuerdos a Barbara."

jueves, 27 de noviembre de 2014

¡CULITO, CULITO...! Y MOMIAS

La empresaria, actriz, modelo y no sé qué más Kim Kardashian ha revolucionado las redes sociales con sus fotos en las que muestra unas nalgas que no parecen de este mundo. Kardashian asegura que lo consigue inyectando en su trasero la grasa sobrante de sus liposucciones; esto sí que es reciclar y lo demás mandangas. En esta portada de la revista Paper recrea una conocida foto de Jean Paul Goude del célebre clip de Grace Jones Slave to the Rhythm.
El tema me ha recordado a la historia de la infortunada Sara Baartman, más conocida como…
LA VENUS HOTENTOTE

Nacida esclava en 1789 en Ciudad del Cabo, Sara fue llevada a Europa a principios del siglo XIX para ser mostrada como atracción de feria, su nombre artístico era La Venus Hotentote. La figura de Sara era desorbitante a causa de la esteatopigia o excesiva acumulación de grasa en los glúteos. Una sociedad benéfica parisina acusó, con justicia,  de degradante el espectáculo donde exhibían a Sara y clausuraron el circo. La Venus Negra, como se la conocía entonces, atrajo la atención de la comunidad científica de París que la describió como una mujer inteligente que hablaba inglés y holandés.
 Sara sucumbió a una epidemia de fiebres en 1815, su cuerpo fue embalsamado por el famoso naturalista Georges Couvier y exhibido en el Museo del Hombre en París durante 160 años hasta que Nelson Mandela envió una petición al presidente Mitterand para que sus restos volvieran a Sudáfrica.  Francia accedió y Sara fue enterrada en El Cabo con honores oficiales.  
Existe una película La vénus noire (2009) basada en la vida de Sara. No fue estrenada en España pero se encuentra en DVD.
La repatriación del cuerpo momificado me ha traído a la memoria un caso más cercano:
EL NEGRO DE BANYOLES

Alphonse Arcelin, un médico haitiano residente en Cambrils (Tarragona) exigió en 1991 al Ayuntamiento de Banyoles  la retirada del cadáver de un bosquimano expuesto en el Museu Darder; de lo contrario, pediría el boicot de los países africanos a las pruebas olímpicas de remo que se celebraban el siguiente año en esta localidad. El caso provocó una inusitada atención de los medios llegando a oídos de Kofi Anan, el Secretario General de la ONU. Arcelín prosiguió durante años una auténtica cruzada personal que le llevó a la ruina económica pues tenía que pagar de su bolsillo los viajes para entrevistarse con diversos jefes de estado africanos. Los restos del momificado bosquimano fueron finalmente enterrados en octubre del 2007 en Botsuana como un héroe nacional.
En el 2008 la pequeña editorial de Girona El Call encargó a mi amigo el periodista Marc Ribot, que anteriormente había entrevistado al doctor Arcelin, un libro sobre aquel suceso que se iba a titular: De Banyoles a Botsuana . 
 Al principio yo solo tenía que dibujar la portada pero me fui involucrando cada vez más en el libro. Me convertí en coautor y entrevisté, entre otros, a  un miembro del Patronato Darder que me contó una curiosa anécdota: al llegar la momia del bosquimano a España tuvieron problemas para catalogarla en la aduana. Al final el funcionario aduanero de turno optó por encasillarla como "bacalao seco".

 Reunimos un material muy jugoso a base de cartas a los periódicos y artículos y es que se escribieron muchas tonterías sobre el Negro de Banyoles (desde la agresividad racista hasta la corrección política más papanatas) Marc y yo acordamos reducir al máximo nuestra intervención y dejar que el lector sacara sus propias conclusiones. Estábamos a punto de entregar el texto cuando la modesta editorial El Call tuvo que cerrar por motivos económicos y De Banyoles a Botsuana pasó al limbo de los libros inéditos.
Dos de mis contribuciones al tema: Lote 249 de Conan Doyle y Breve conversación con una momia, de Poe. El único relato humorístico de ese autor.
Y este es el vídeo que he mencionado antes: Slave to the Rhythm; causó furor entre los moderniquis en el lejano 1985.

martes, 18 de noviembre de 2014

VECINOS MOLESTOS (RELATO)

Roman Castevet acaba de mudarse al primer piso del número 26 de la calle Polansky. Aún conserva ese improvisado ambiente  de campamento a punto de ser levantado, con  cajas de embalaje y maletas, cuando empieza a ser asaltado por ruidos que provienen de arriba. Rumor de tacones afilados sobre el parquet que le taladran los oídos, golpes,  el exasperante sonido de muebles que se arrastran…  Esto se repite a diario y Roman decide ir a quejarse.
 Una tarde, Roman llama al timbre del segundo piso. Le abre una señora con bata de boatiné color rosa peladilla. Le dedica una mirada glacial que marca la frontera rellano-recibidor.
-Buenos días. Soy el vecino de abajo. Quería hablarle de unos ruidos insoportables que…
-No somos nosotros, son los de arriba –y señala al techo con el índice extendido.
-Disculpe, los golpes suenan tan fuerte que pensé que procedían de este piso.
- Es la acústica, en este lado de la casa hay la pared maestra y todo resuena. Qué me va a contar… los hemos denunciado y no hemos conseguido nada a pesar de que mi hijo es policía- Aparece un joven vestido de uniforme ajustándose la gorra-. Que tengas un buen día, hijo. No te olvides la pistola.
-Lamento haberla molestado, señora -… Roman se ha quedado solo. El policía ya ha salido y la señora se interna con paso ágil por el pasillo. Roman sale al rellano y se dispone a cerrar la puerta entornada pero el policía se lo impide apoyando una mano brusca sobre el panel.
-Me he dejado la pistola.
 Roman sube las escaleras y se sorprende al ver la tan distinta decoración del rellano del segundo piso; como si hubiera entrado en otro edificio. Las paredes están pintadas de un lúgubre color ala de mosca y una lámpara vela en la pared del fondo como un ojo vigilante. Mientras pulsa el timbre lee la placa de la puerta: D. Holuskins. Traductor. Le recibe un hombre de aspecto afable con bigote gris recortado y un jersey del mismo color. Lleva un periódico en la mano. Roman se presenta y cuando le expone el motivo de su visita el vecino le sonríe:
-Se equivoca, joven. Eso viene de más arriba – Roman mira en dirección a su mano que se mueve acentuando el arriba-. Un auténtico incordio…  Ah, ella es mi esposa, Carmen.
Aparece Carmen. A cuatro patas. Abre desmesuradamente su boca de labios sin maquillar, repleta de dientes,  con amígdalas visibles y muerde a Roman en una pierna. Holuskins  golpea a su mujer con el periódico enrollado sin brusquedad  pero con firmeza.
-¡No, Carmen! ¡Suéltalo! Disculpe, joven, está algo alterada. Me temo que es un mal momento… ¿Qué tal si viene un día a cenar?
-Sí, sí… me encantaría -Roman se precipita escaleras arriba murmurando frases de despedida.
 El rellano del tercer piso, el ático,  le desconcierta aún más. De siniestro ha pasado a sórdido. Una mortecina bombilla ilumina las telarañas que cuelgan del techo como jirones putrefactos. Roman llama a la puerta que se abre de repente. En la penumbra le recibe una anciana con aspecto de bruja, de piel tiznada y grumosa,  y detrás lo que parece un hombre barbudo y altísimo. Cuando los ojos de Roman se habitúan a la escasa luz distingue que el hombre barbudo es en realidad un retrato de Jesucristo que en lugar de la típica expresión beatífica muestra un rostro confuso, aturdido, como si le acabasen de comunicar que le han conmutado la pena de cruz por la de servicios a la comunidad.
 Desde el umbral la anciana señala hacia arriba con un dedo huesudo y, agarrando la muñeca de Roman con manos frías y duras como el bronce, le entrega un pequeño crucifijo. “Porque ellos caminan deprisa”, dice y se apresura a cerrar la puerta.
El siguiente piso es el sobreático. El último. Ese rellano huele a pantano, a piedra rezumante de filtraciones. Extraños bichos arrancan susurros de las paredes. Las tinieblas se acumulan en rincones que la luz eléctrica no logra disipar. “Más que una bajada, esto parece una subida a los infiernos”, piensa Roman. Se detiene ante la puerta y escucha con nitidez el ruido, ese estridente repicar  de tacones que conoce bien. “Es aquí”, se dice y golpea con los nudillos pues no hay timbre.
Roman tiene la incómoda sensación de que le observan por la mirilla. El chirriar de cerrojos le sacude como un látigo. Se abre la puerta. Por el espacio que deja abierto una cadena se ven unos ojos febriles que en la oscuridad parecen arder como brasas relucientes.
 -Hola, soy Roman, el vecino del primero –y extiende una mano.
La puerta se cierra un instante. Roman oye retirar la cadena y la puerta se abre del todo. El interior está oscuro como alquitrán. De repente surge un tentáculo púrpura y viscoso que rodea la mano tendida de  Roman y tira de él engulléndolo en las tinieblas.  La puerta se cierra bruscamente.
El primer piso del 26 de la calle Polansky vuelve a estar libre. Es de renta antigua, sólo hay que llamar a este número de la izquierda; aunque yo me lo pensaría dos veces antes de vivir allí.
FIN

Dedicado a mi vecina del piso de arriba que tiene la bonita costumbre de levantarse hacia las seis de la mañana y taconear por el piso. Supongo que se mete en la cama con tacones, como las actrices porno.

Y hablando de porno, este es para todos los públicos, que no tengo ganas de que me cierren la parada:

lunes, 10 de noviembre de 2014

CUANDO QUISE SER DETECTIVE

 Pasaba por un momento que no sabía cómo encarrilar mi vida. Apenas conseguía encargos de dibujante y acababa de dejar mi trabajo temporal en una escuela canina de Llagostera (Girona) cuando un dálmata - sin motivo ni aviso- me saltó al cuello  y tuve que rociarle con la paprika (spray de pimienta defensivo) Esa raza se había puesto de moda por la nueva versión de la película 101 Dálmatas con Glenn Close en el papel de Cruella de Vil. Para atender la gran demanda algunos cuidadores  hicieron cruces consanguíneos y hubo dálmatas que salieron tarados. Vamos, como pasa con las personas.
Entretanto devoraba todas las novelas de serie negra que pillaba: Chandler, Hammet, Spillane… y una idea me cosquilleó la cabeza: ¿Y si me hiciera detective privado? Recordé a un compañero del instituto cuyo padre trabajaba en la agencia Vélez-Troya, le llamé por teléfono y concerté una cita con él, un tal Rius.
 Quedamos en una coctelería, la primera vez que ponía los pies en uno de esos locales. Rius tendría más o menos la edad que yo tengo ahora (53) pero su aspecto fatigado le hacía parecer mayor. El blanco de sus ojos era amarillento y debajo tenía bolsas. “Falta de sueño”, pensé. Tenía un perfil peculiar: frente abombada y barbilla saliente; recordaba a las medialunas con ojos y boca de los dibujos animados. “Nunca nos llamamos detectives, somos investigadores privados”, fue lo primero que me dijo. Y lo segundo:
-Chico, olvida todo lo que has visto en las películas y leído en las novelas. ¿Has visto alguna vez en el cine un detective aporreando una máquina de escribir? Pues los informes y el papeleo nos llevan un montón de horas –. Prosiguió:
- Las leyes españolas no nos permiten llevar armas de fuego. Nos dedicamos más que nada a casos de divorcios, infidelidades  matrimoniales… por eso los polis nos llaman huelebraguetas. Es muy duro, horas y horas aguardando en un coche con una máquina de fotos con teleobjetivo. Estás solo, y si en ese momento tienes problemas personales y le das al tarro acabas fatal. A mí me han dado dos veces la baja por motivos psicológicos. Es de las profesiones con mayor número de divorcios…
 Pidió al camarero un par de Manhattan y criticó la película El corazón del ángel,  con Mickey Rourke en el papel de un detective que habían emitido por televisión la noche anterior.
-El tío descubre un asesinato y sigue trabajando como si nada. Paparruchas. Si un investigador descubre un crimen tiene que informar inmediatamente a la policía y abandonar el caso o acabas en la cárcel y sin licencia. Dasniell Hammet, el de El halcón maltés, sí es creíble. Se nota que él trabajó de detective en la Pinkerton.
Trajeron los Manhattan. Rius me miró fijamente, su nariz curva le daba a su rostro un aire interrogativo:
-Y no te hagas ilusiones de ligarte a una bella cliente. En este país las mujeres casi nunca solicitan los servicios de un investigador, a saber porque…
No me quedaron ganas de intentar lo de detective, Rius me lo pintó mucho menos glamuroso de lo que suponía. Ya me está bien ilustrar algunas portadas de ese género. Al menos tomamos Manhattan, un combinado urbano que sabe a Broadway; a Balas sobre Broadway:
MANHATTAN: (Preparar en vaso grande o jarra) Hielo, 2/3 de whisky, 1/3 de vermut rojo.
Mezclar y servir en copa de cóctel adornada con una guinda roja.
PATATAS BRAVAS Y CAFÉ DE CACA DE GATO

Acabo de llegar de Moriles donde he visitado a mi ex compañero de mili El Córdoba, el de mi entrada anterior (RISA LOCA) Yo soy el de la izquierda (estaba tan flaco que no se me sostenía el correaje) Héctor, así se llama, prepara unas patatas bravas sublimes:
 PATATAS BRAVAS AL ESTILO MORILES: pelar las patatas, cortarlas en trozos y sofreír lentamente en abundante aceite de oliva con 2 dientes de ajo. Cuando las patatas tomen color, escurrirlas y reservar. Preparar la salsa salando ligeramente 300 gr de tomate pelado y sin semillas y cocerlo en aceite hasta que haya perdido el agua y se vea concentrado. Añadir una cucharada de pimentón picante y un chorrito de vinagre de vino blanco. Dejar cocer y agregar unas gotas de tabasco. Pasar la salsa por la batidora y dejarla enfriar.
Antes de servir, dorar bien las patatas en aceite muy caliente. Escurrirlas sobre papel de cocina y regarlas con la salsa.
 Héctor se dedica a la importación de café y me invitó a probar el café más caro del mundo: el Kopi Luwak, de Indonesia. Para conseguirlo el proceso es diferente al habitual de otros cafés. En este caso los frutos de la planta de café son ingeridos por las civetas, unos pequeños felinos del sudeste de Asia. Las civetas defecan unos granos que han sido químicamente tostados por las enzimas digestivas del animal obteniendo un grano caramelizado y muy aromático. Es muy bueno. Cada mañana Héctor me gastaba la misma broma: “¿Un cafelito de caca de gato, Miquel?” Casi me atraganto cuando me dice que se venderá en un Starbuck de Sevilla a 40 euros la taza.
Pero no será así: después de ver un informe de grupos contra el maltrato animal que muestran esas civetas hacinadas en jaulas diminutas ha anulado el pedido de este café y prepara una campaña de boicot contra el Kopi Luwak. Bravo.



jueves, 30 de octubre de 2014

RISA LOCA

Dedicado a Ole Benzen, espectador danés que murió de un ataque de risa en 1989 viendo la película Un pez llamado Wanda.

 Acabo de ver la disparatada película Mr. Sardonicus de William Castle que me ha recordado una experiencia que tuve con un ataque de Gelasma, o risa histérica.
Fue durante mi servicio militar en un cuartel de Ceuta. Nos ofrecieron una representación ya que pasábamos nuestra primera Navidad lejos de casa. Yo estaba sentado en un banquillo entre un soldado al que llamaban El Córdoba y un recluta de bigote ralo como el de un armadillo. En el improvisado escenario aparecieron un grupo de soldados con aspecto abatido vestidos como el pato Donald, con chaquetilla de marinero por la que asomaba un enorme trasero blanco y patas de pato, todo de goma espuma. Se veían muy cómicos. Uno dijo:
-Somos unos patos desgraciados que merecemos ser asados.  Cuac…
Entonces ocurrió. Dicen que suele pasar al atardecer, cuando la sangre se espesa y la adrenalina se dispara por efecto de la risa.
 Reímos, pero el recluta del bigotillo no podía parar de reír. Su risa se convirtió en chillidos y luego en alaridos de hiena sincopada. Muchas cabezas con idéntico corte de pelo se giraron en nuestra dirección. El recluta  cayó al suelo preso de una risa marigüanera y espasmódica. Un sargento se acercó con grandes zancadas. Temía que zanjara el asunto al estilo cuartelero, a sopapo limpio, así que El Córdoba y yo nos apresuramos a incorporarle.
-Nos lo llevamos fuera, mi sargento –le dije-.
-¡Sacadlo pero rápido! –masculló mientras echaba furtivas miradas hacia los asientos del coronel y los mandos.
El Córdoba, mucho más corpulento que yo, agarró al recluta por los brazos y se lo cargó a la espalda como una mochila. Yo lo sujetaba por los pies. Salimos al patio en dirección a la enfermería. Las risas del recluta parecían aullidos inarticulados hasta que se oyó un chasquido y cesaron bruscamente.
Como en una escena culminante de una película de terror –un violento zoom- miré la cara del recluta distorsionada en una mueca grotesca. Se le había desencajado la mandíbula y no podía cerrar la boca. Daba miedo verle; parecía el personaje de El grito de Munch.

En la enfermería había un joven alférez médico absorto en la lectura de un libro. Cuando vio el extraño aspecto del recluta no hicieron falta explicaciones.
 -Vamos a poner la articulación en su sitio. Sentadlo en esa silla y sujetadle bien la cabeza –nos dijo. Había dejado el libro sobre la mesa y me fijé en el título: El almuerzo desnudo, de Burroughs. Entonces no podía ni imaginar que mucho más tarde dibujaría una portada para ese libro.
El oficial se puso delante del recluta y lanzó con fuerza el puño hacia arriba impactando en la base de su mandíbula. Es el golpe que en el boxeo se conoce como Uppercut. Se oyó un crujido que nos puso los pelos de punta, un ruido desgarrado como si se hubiera abierto la bragueta de un gigante. El recluta tenía ahora una expresión normal aunque aturdida.
-Será mejor que se quede aquí por esta noche –dijo el alférez inyectándole un relajante muscular.
El recluta musitó algo que no entendimos, pero estoy seguro de lo que sus labios deberían haber dicho en ese momento: “Cuac…”
ABAJO: algunos personajes que se han hecho famosos por tener la risa floja.

LORD JÁ, JÁ. UNA RISA CÉLEBRE
 William Joyce (Lord Haw Haw) no se hizo famoso por sus carcajadas. Este apodo se lo dieron a causa de su voz –resultado de haberse roto la nariz en una pelea cuando militaba en el Partido Fascista Británico- que siempre sonaba como si estuviera reprimiendo un estallido de risa. Expulsado del partido por bruto y deslenguado, en 1939 se traslada a Berlín y empieza a trabajar en los servicios de propaganda nazis con su programa radiofónico Berlín Calling. Pronto adopta el alias de Lord Haw Haw iniciando siempre sus emisiones con el mensaje: “Here Lord Haw, Haw. You´ll never win, boys”. Su programa se hace tan popular en Inglaterra que la BBC emite a la misma hora (21h.) su mejor programa musical iniciando lo que ahora es algo tan común en la TV como la contraprogramación. Cuando la guerra ya no pinta bien para Alemania Joyce se entrega al alcoholismo y a los brazos de Axis Sally, norteamericana que también tenía su programa propagandístico en la radio alemana. Dios los cría…
Su último Berlín Calling –con un Joyce claramente bajo los efectos del alcohol- se emitió el 30 de abril de 1945. Lord Haw Haw es detenido poco después por los británicos y ejecutado al año siguiente por alta traición.
EL HOMBRE QUE RÍE

“La naturaleza fue pródiga en favores con Gwynplaine. Le había dado una boca que le llegaba hasta las orejas y una cara a la que no se podía mirar sin reír…”
Así describe Víctor Hugo al protagonista de su obra El hombre que ríe. Gwynplaine es un niño comprado por un fabricante de monstruos al que le practican la operación llamada Bucca fissa: cortes que prolongan la comisura de los labios dando el aspecto de una sonrisa permanente. En 1928 el director alemán Paul Leni llevó la novela al cine con el resultado de una de las últimas obras maestras del cine mudo.   El protagonista es Conrad Veidt –conocido sobre todo  por su papel de general Strasser en la película Casablanca. Por cierto que el dibujante Bob Kane se inspiró en el personaje de Veidt para crear al más letal enemigo de Batman: el Joker.
 Aquí está la versión completa con rótulos en castellano:
   

viernes, 24 de octubre de 2014

HAY ALGO EN LA VENTANA (Relato de Halloween)

Al abrirse la puerta del bar se oye el silbar del viento y el golpeteo de la lluvia cayendo en la oscuridad aunque no son más de las siete de la tarde.
El dueño del bar examina al recién llegado, lleva años haciéndolo: impermeable reluciente por la lluvia, de calidad, corte de peluquería y zapatos de piel. Un hombre de ciudad en aquel bar de pueblo decorado con embutidos colgantes y banderines de desconocidos equipos de fútbol; tan fuera de lugar como un daiquiri de fresa.
-Un coñac.
Mientras se toma el coñac el dueño advierte con el rabillo del ojo que su mano tiembla ligeramente. El cliente señala con el mentón hacia la puerta:
-Esa casa de enfrente parece estar abandonada.
-No lo parece, lo está –el dueño simula leer un periódico deportivo eludiendo la conversación; hoy no tiene el día sociable.
-Me ha parecido ver en una ventana de esa casa a… una niña.
-¿Cómo? –el dueño le mira incrédulo.
-Han sido sólo unos instantes, pero un relámpago ha iluminado la fachada y he visto a una niña frente a una de las ventanas. Estoy casi seguro del todo… tenía unos ojos grandes y parecían asustados.
-Oiga… -el dueño adopta ese tono cargado de paciencia propio de las personas poco pacientes- como usted ha dicho ha sido cosa de un momento y esa casa lleva años deshabitada. Puede haber visto un gato… o cualquier otra cosa.
El cliente señala con un índice tembloroso la copa vacía. Mientras le sirven el segundo coñac dice:
-¿Sabe que creo? Puede que una niña perdida se haya metido en esa casa para refugiarse de la lluvia –apura su coñac que parece bajar mejor que el primero-. No hay luz y podría lastimarse. Creo que iré a echar un vistazo.
“Los coñacs son para infundirse valor –piensa el dueño-, a estas horas y con ese tiempo la casa se ve bastante siniestra”…
-¿Podría prestarme una linterna? –pregunta el cliente.
El dueño masculla algo entre dientes mientras rebusca en un cajón detrás de la barra. Al menos, piensa, Don daiquiri de fresa me dejará en paz mientras se dedica a explorar la casucha. Deja una linterna cilíndrica con un sonoro clock sobre el mostrador.
-Acuérdese de devolverla. Con esta tormenta es probable que nos quedemos sin luz.
El cliente paga apresuradamente y el dueño suspira aliviado al verlo salir linterna en mano pero una duda le cosquillea: “¿Y si realmente ha visto a alguien?” Lo descarta enseguida meneando la cabeza. “Los de ciudad no tienen buena visión nocturna, están acostumbrados a pasear por calles bien iluminadas”.
 Durante un rato sólo se oye en el local el repicar de las fichas de dominó sobre la mesa, el silbido de la máquina de café y las conversaciones desde la barra.
El ruido de lluvia se hace más intenso, alguien ha abierto la puerta. Son Don daiquiri de fresa y una niña cogidos de la mano. El dueño del bar los examina, lleva años haciéndolo: el primero tiene en el cuello dos heridas recientes con la carne horriblemente amoratada a su alrededor. Los ojos de la niña son un abismo rojo y… sus pies flotan a unos dos palmos por encima del suelo.
Con una mezcla de incomprensión y miedo infinito el dueño ve a la niña bajar rápidamente la pesada puerta metálica del bar. Los ha dejado encerrados. La niña se vuelve hacia los parroquianos con una mueca burlona mostrando sus espantosos colmillos.
-Ocúpate de los clientes que están en las mesas –dice a Don daiquiri de fresa - Yo me encargo de los de la barra.
EL SINIESTRO PAYASO DE WASCO

 Un inquietante payaso vestido al modo de Pennywise, el de la novela IT de Stephen King, tiene aterrorizados a los vecinos de la población de Wasco, en el norte de California. El individuo se dedica a posar en fotos inquietantes en varios emplazamientos de la ciudad que luego cuelga en Instagram. "Hay que parar esto", ha dicho un responsable policial de Wasco, cuyas autoridades reconocen que no hay ninguna ley que prohiba hacerse fotos disfrazado de madrugada. Sin embargo, la aparición de imitadores (Copycats) ha acrecentado la preocupación ante la inminente noche de Halloween, donde se teme que algo puede ocurrir. Esos imitadores ya se han hecho notar en lugares tan dispares como Portsmouth (Inglaterra) Poitiers (Francia) o L´Hospitalet (Barcelona) ¿Hay algún Payaso de Wasco por su barrio?