sábado, 17 de enero de 2015

UNA MALDICIÓN EN EL DESAYUNO (Relato y más cosas)


Hugo se había aficionado a desayunar porras cuando era estudiante en Madrid. Su sabor le recuerda su juventud, algo así como la magdalena de Proust pero en porra. Todas las mañanas antes de ir al trabajo acude a la misma cafetería; el dueño es madrileño y es la única del barrio en la que sirven porras.
Desayuna un café con leche y dos porras, cada día. Hugo echa azúcar en el café y remueve con una porra a modo de cucharilla. De repente, una pestilencia de alcohol barato le invade como una nube pesada y alguien tiende una sucia mano  bajo su nariz.
-Domnul
Es un mendigo. Sucio, con barba de días y nariz colorada con gruesas venas marrones. Susurra con acento de Europa del Este:
-Domnul (Señor), llevo tres días sin comer…
-No se ha perdido nada, amigo. Todo sigue sabiendo igual –responde Hugo y suelta una carcajada.
El mendigo le mira con ojos llameantes. Su brazo se proyecta en dirección a Hugo con una sacudida galvánica de descarga eléctrica. Masculla: “Vrai Te Blestemo!” y se aleja arrastrando lentamente los pies. Si Hugo entendiera el rumano sabría que le habían echado una maldición.
 Hugo dirige la porra hacia su boca. No se ha dado cuenta de que durante el incidente con el mendigo la porra ha quedado sumergida y ahora su punta empapada se desprende. Al caer en la taza salpica de café con leche su corbata de seda Bill Blass y su camisa de algodón blanco Canali Milano. Hugo exclama algo que queda ahogado por el estruendo de fichas de dominó que caen sobre una mesa de mármol. Busca con la cucharilla el trozo de porra que ha quedado en la taza pero no lo encuentra, tampoco cuando apura su café, como si se hubiera desintegrado. “Curioso”, piensa.
Consulta su reloj. No tiene tiempo de cambiarse. Pronto está en su trabajo, rodeado  de burócratas severamente vestidos, en un entorno de sillones de piel, mesas de cristal ahumado y plantas tropicales. A mediodía acude a una comida de negocios en un restaurante de fusión con grandes platos octogonales donde, en un mar de chile poblano, nada un langostino que parece un brillante insecto empalado.
Después de salir de la oficina, Hugo se machaca en el gimnasio haciendo flexiones y distensiones abdominales.  En el vestuario se quita con alivio la camiseta y los shorts de lycra negra y se dirige hacia las duchas.
Gira la manivela y ésta deja fluir el agua con un jadeo. El vapor empaña las baldosas mientras Hugo empieza a enjabonarse y es en ese momento cuando le invade una extraña sensación, como si los huesos de su cuerpo decidieran no encajar, fluir cada uno por su lado. Un tirón misterioso recorre su piel.
Las duchas están iluminadas por tubos de luz fluorescente, y en medio de aquella claridad acuática Hugo contempla horrorizado sus pies que se esparcen informes por el suelo de la ducha. Está perdiendo altura y su cuerpo se deshace a gran velocidad, como una aspirina efervescente. Se desintegra como la porra del desayuno disuelta en la taza.  Su cara es una larga máscara agonizante que mira a su alrededor como buscando cómplices en una situación incómoda, pero no hay nadie más en las duchas.

Hugo siente una reacción espasmódica, ácida, gástrica, cuando es absorbido hacia el desagüe por donde gira veloz y vertiginosamente como en el tobogán de un parque acuático. Se está yendo, literalmente, a la porra.
ANITA EKBERG ENTRE VAMPIROS
Mientras escribía este relato me enteré del fallecimiento de Anita Ekberg, inolvidable bañándose en la Fontana di Trevi, pero Anita también rodó en España una película: Malenka (1969), dirigida por Amando de Ossorio -famoso por sus películas con templarios resucitados- donde era acosada por sedientas vampiras.
OSSOBUCO DI CARDINALE

Una buena amiga -¡Gracias, Laia!- me ha pasado una excelente receta de ossobuco que quiero compartir:
Salar y pasar las rodajas por harina. Rehogarlas en aceite y añadir cebolla, zanahoria, y un vaso de vino blanco.
Cuando la carne tome color se pasa la salsa a un cuenco de batidora, añadir una anchoa y una cucharada sopera de perjil y triturar.
Tirar la salsa por encima del ossobuco, espolvorear con perejil picado y terminar de cocer unos diez minutos.
Recomiendo acompañarlo con arroz blanco salteado, champiñones o judias verdes.

viernes, 9 de enero de 2015

LA TEORÍA DE LA HAMBURGUESA

La semana pasada fui a uno de esos locales que preparan hamburguesas en plan gourmet. Fue una tarde provechosa, pues además de comer una suculenta Kansas Burguer (hamburguesa de carne de caballo poco hecha, en pan de centeno, con salsa de reducción de vino y champiñones) recordé una divertida anécdota con hamburguesas y hasta se me ocurrió un microrrelato:
DEMASIADA SAL
 Ruibarbo ha invitado a Valeriana a su primera cena romántica con velas incluidas en un agradable restaurante del centro. Valeriana habla pero Ruibarbo no la escucha, la mira fijamente a los ojos ensayando mentalmente frases de entrada. Ella introduce en la boca una cucharada de crema de espárragos y en sus labios se dibuja una mueca.
 -Uf… Está muy fuerte de sal.
 -Oh, vaya -…se lamenta Ruibarbo que esperaba una velada perfecta. Busca con la mirada al camarero pero Valeriana sigue hablando como quitándole importancia:
 -Es curioso, pero cuando la crema de espárragos está salada sabe a… -adopta la expresión de una persona cegada por el sol buscando la palabra exacta- … sabe parecido a…
 -A semen –dice Ruibarbo.
En un segundo, Valeriana pasa del desconcierto al estupor. Mira fijamente a Ruibarbo con los ojos desorbitados y la cuchara que sostiene en su mano se ladea derramando unas gotas de salada crema de espárragos sobre el mantel.
Ruibarbo se inclina sobre su plato, avergonzado por habérsele escapado un comentario tan inapropiado para una primera cita. Vaya metedura de pata… pero lo peor está aún por llegar; cuando Valeriana, bruscamente, le espeta:

 - ¿Y tú cómo sabes eso?
TEORÍA DE LA HAMBURGUESA DE POCH
 A mediados de los ochenta, en plena época de La Movida, pasé una temporada en Madrid. El promotor musical KikeTurmix me encargó hacer esta funda de un single de promoción para los Telefunk, un grupo de vida efímera.
Un día, Kike, los del grupo Telefunk y yo, estábamos en un burguer y Poch –el cantante de Derribos Arias- se sentó con nosotros. Poch echó una cantidad industrial de kétchup y mostaza a su hamburguesa, la apretó y la hamburguesa salió disparada. La recogió del suelo, volvió a ponerle aún más mostaza y kétchup, la apretó y fue a parar de nuevo al suelo. Cuando la volvió a recoger y la puso entre el pan dispuesto a zampársela Kike le preguntó que cómo era capaz de comerse una hamburguesa que había caído dos veces al suelo y Poch le respondió: "Las cosas, hasta que se caen tres veces al suelo, son comestibles”. 
Curiosa teoría.
¿Les apetece comer una hamburguesa original?
HAMBURGUESA DE SALMÓN

Creo que esta ilustración del gran Jeremy Moore con Samuel L. Jackson comiendo una Kahuna Burguer es de lo más apropiada:
Necesitamos unas buenas rodajas de salmón fresco. Se pican en trozos muy finos, se rehoga en aceite la cebolla ya troceada y se reservan ambos ingredientes por separado. 
Aliñar con un poco de pimienta negra y sal. Añadir al salmón triturado los trocitos de cebolla confitada y picada junto con un par de lonchitas de queso troceado y mezclar bien, obteniendo una masa con todos los ingredientes 
Amasar con las manos y darle forma de hamburguesas, redondeada y no muy gruesas. Enciender la plancha y cuando esté a temperatura alta hacemos las hamburguesas procurando que queden muy doradas por ambos lados. 
Cuando tengamos las hamburguesas hechas, se montan en el pan de hamburguesa, y se acompañan con un poco de queso, lechuga, ketchup, mostaza... A mí me gustan con salsa tártara.


sábado, 3 de enero de 2015

UNA PIERNA FANTASMA Y MÁS COSAS

El primer Poti-Poti del año.

En este recién estrenado 2015 ya he leído una noticia curiosa:  la aparición de una pierna fantasma, la del mexicano presidente Santa Anna (1794-1876) Uno había oído hablar de fantasmas decapitados pero no de una pierna espectral que aseguran haber visto deambulando por el estadio de fútbol Guadalupe-Hidalgo, muy cerca de donde fue enterrado.
Su Alteza Serenísima General Santa Anna –su título oficial- perdió su pierna derecha durante la Guerra de los Pasteles (1838) uno de los conflictos más surrealistas de la historia. En ese año, la escuadra francesa bloqueó el puerto de México y Santa Anna y sus oficiales hicieron un Sinpa en el establecimiento del pastelero francés Remontel de donde se fueron sin pagar los pasteles que habían consumido. Remontel presentó al embajador francés en México una astronómica cuenta de sesenta mil pesos que  encendió la mecha de la revolución contra los galos. Muchos comercios franceses fueron asaltados y, en represalia, el almirante Dubois  bombardeó los muelles de Veracruz hiriendo al General Santa Anna. Después de esto, Santa Anna hizo que se celebrara una ceremonia en honor a su pierna, que fue exhibida en un cofre de cristal y paseada por la Ciudad de México custodiada por soldados.
 Espero que la pierna de Santa Anna tenga un buen juego del que tan necesitado anda el equipo de Guadalupe-Hidalgo, en los últimos puestos de la segunda división. Ya comprobé lo muy aficionados que son los mexicanos a los relatos de fantasmas. Cuando estuve en DF me contaron que poco antes y en pleno centro, en la esquina de Peralvillo con Xochimilco, hubo un choque entre dos autobuses en el que murieron los conductores y varios pasajeros. Desde entonces un vehículo fantasmal aparece cada noche en ese cruce a la misma hora del accidente. Se dice que sus espectrales viajeros miran al exterior desde sus asientos con expresión aturdida.
Estas Fiestas he hecho un par de largos viajes en tren y para matar el tiempo he escrito unos relatos muy, muy cortos. Chorraditas, como los llamo yo:
AGUJEROS NEGROS

Por un capricho del arquitecto el recibidor de mi casa tiene forma de triángulo. No habría pensado en las Bermudas si no fuera que en unos días el recibidor se tragó a la tía Rosa y a un cobrador de la mutua. Eso me pone algo nervioso y cuando salgo de casa lo hago procurando evitar el triángulo.
VENDIENDO HUMO

El año pasado el Banco de Nubes me pagó con un cheque sin fondos. Al no poder cobrarlo siempre tengo días soleados.
ESTÚPIDO ORGULLO

“¡Cállese!”, le ordenó su superior. De repente el jefe experimentó la angustia de no saber qué quería decirle su subordinado; una mortificante sensación que le acompañaría toda su vida.
HONOR DE CABALLERÍA

El caballo del capitán Peabody pisó una madriguera de topo haciendo caer a su jinete. El capitán se había roto una pierna y el caballo, seguro de cumplir con su piadoso deber, lo remató de una certera coz en la nuca.
¡MUY FELIZ AÑO!!! Yo lo he celebrado con el Baile de las Bofetadas de Pescado de los Monty Pyton. Es muy fácil, se necesita un par de sardinas y poco más.





miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA VENGANZA SE SIRVE CON ESPINACAS

Aunque parece un cuento navideño ocurrió en realidad; un diciembre en el que trabajé como ayudante de cocina en un restaurante de Cambrils (Tarragona) Empieza cuando abrimos el local y Giovanni, el chef, exclama:
 -¡Maldita sea! Han vuelto a entrar a robar por la noche.
Hay un gran desorden, falta material de cocina y el chef se exaspera cuando examina la bodega y comprueba que faltan botellas de whisky Knockando, coñac Hennesy, champagne Veuve Clicquot…
-Chorizos pero con buen gusto –se lamenta Giovanni.
Una semana más tarde. Hay mucho trabajo en la cocina. Ambiente de resistir de pie, agotador,  envueltos en un calor sofocante con la torreta extractora incapaz de aspirar todo el vapor. Con los ojos escocidos de cortar cebollas me acerco al ojo de buey de la puerta y distingo en la mesa siete a El Bigotes.
Es un policía municipal. Le llaman así por sus hirsutos mostachos de guardia civil decimonónico. Unos días antes había dejado un momento el infierno húmedo de la cocina para beber una lata de cerveza junto a la puerta del establecimiento y El Bigotes me puso una multa por beber alcohol en la vía pública. Sus bigotes de león marino temblaban de satisfacción mientras escribía el parte. Ahora está sentado frente a una rubia de bote que me da la espalda. Tienen una botella de vino casi intacta y el camarero acaba de servir el plato de ella por lo que deduzco que el pedido de El Bigotes debe estar a punto de llegar. Un camarero se dirige hacia el comedor con un plato de espinacas a la crema y le pregunto para quien es. “Para la mesa siete”, dice. “Trae, le falta nuez moscada”. Tomo el plato, me retiro a un apartado rincón de la cocina y rocío el plato con escupitajos (Créanme, de normal no soy tan cochino, es que me cegaba la venganza) Devuelvo el plato al camarero con esta sonrisa a lo Fu-Manchú.
 El día siguiente es Nochebuena. Estamos formados con nuestras impecables chaquetillas blancas ante el chef Giovanni que reparte las tareas señalándonos con un lápiz como un director de orquesta  moviendo la batuta, todos listos y concentrados. “A la cocina”, dice y me huelo que algo va mal cuando añade: “Miquel, tú quédate aquí”.
Giovanni me mira fijamente. La tensión se siente como una cuerda de guitarra a punto de saltar. Me da unos golpecitos con el lápiz en un botón de la chaquetilla y dice:
-Vaya, vaya… así que nuestro chef Miquel le da por condimentar los platos con su ADN.
Antes de que pueda reaccionar dirige el lápiz hacia un punto de la cocina haciéndome fijar en una cámara de vídeo que vela con un ojo vigilante. La han puesto a causa de los robos. Pillado in fraganti. Giovanni  me pregunta:
-¿Para quién era ese plato?
“Para El Bigotes”, respondo y le cuento lo de la multa. El chef cabecea: “Ese maldito Bigotes…". Luego supe que El Bigotes le había multado injustamente por aparcar su coche en una zona prohibida no señalizada. Eso explicaba su reacción comprensiva:
-Mira, Miquel, me gusta como trabajas y te lo voy a dejar pasar pero si te sorprendo hacer algo parecido te boto de aquí con unas referencias con las que no te aceptarían ni en un burguer de Calcuta. Capisce? –Asiento y me da un coscorrón con el lápiz-. ¡Y ahora tira para la cocina, capullo,  que hay encargadas seis lubinas a la sal que no se van a hacer solas!
 Por cierto que las espinacas a la crema las preparo así. Lo de los esputos es optativo. Es un plato tan fácil que lo he preparado mientras bailaba  – a veces hago esas chorradas cuando cocino- con el tema Hold Me de los Fleetwood Mac y echando vistazos a esta película tan navideña:
ESPINACAS A LA CREMA: Cocer espinacas congeladas en agua salada. Saltear en una sartén cebolla picada y 2 dientes de ajo y echar las espinacas escurridas. Remover, añadir crema de leche, pimienta y una cucharadita de nuez moscada. Volcar las espinacas con crema en una fuente de horno, espolvorear con queso rallado y gratinar un momento en el horno antes de servir.

Y ahora ¡Feliz Navidad con todo cariño!!! Por aquí practicamos en estas fechas lo de Fer cagar al Tió. Se le da de bastonazos a un tronco para que cague regalos. Una costumbre con cierto aire sadomaso:

Les dejo con este atractivo vídeo navideño:





sábado, 13 de diciembre de 2014

EL PILOTO CAIDO

Bueno, ya que no tengo ninguna foto me la he dibujado. Se trata de una aventurilla que le ocurrió a mi tío Sento. Mi madre me lo acaba de contar:
En el invierno del 43 mis abuelos tenían de vecinos a una familia que colaboraba con una red que facilitaba la evasión de pilotos aliados que habían caído en la Francia ocupada. Después de pasar clandestinamente la frontera los escondían en su piso y les ayudaban a llegar al consulado británico –por entonces en la Plaza España, a solo diez minutos a pie- con este sistema: el piloto llegaba hasta el consulado llevando de la mano al hijo del vecino para no despertar sospechas, como un padre dando un paseo matinal.
 Un día los vecinos se presentaron a cenar a casa de mis abuelos con un piloto inglés cuyo avión había sido abatido en La Camargue, cerca de la frontera. “Sólo recuerdo su apellido –me dijo mi madre-: Underwood, como la máquina de escribir que yo usaba, ya sabes que estudiaba secretariado, y también que era la persona más rubia que había visto en mi vida.” Mi abuela preparó patatas fritas. El piloto pidió: “Vinegar, please” y roció las patatas con vinagre. Yo también las suelo comer así.
El vecino se explicó: su hijo estaba enfermo y no podía acompañar al piloto al consulado. Había pensado en que le sustituyera mi tío Sento que entonces tenía nueve años. A mi abuela la idea no le sedujo pero el vecino la tranquilizó: “Saben que tiene que hacer si los detiene la policía. Han de decir que no conocían de nada al niño y que le ofrecieron caramelos si le acompañaba.”
 Al día siguiente mi tío con los bolsillos cargados de caramelos y el piloto –con un gran sombrero de fieltro que ocultaba su rubia cabellera- se dirigieron cogidos de la mano hacia el consulado. Mi abuela y mi madre los seguían a una prudente distancia. Cuando llegaron a la delegación, Underwood acarició un momento la mejilla de Sento y entró apresuradamente en el edificio. Ese fue el granito de arena de mi tío a la causa aliada.
Por cierto que los aviadores estadounidenses destinados a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial inventaron un cóctel muy sencillo –añadieron Coca Cola a la ginebra- al que bautizaron con el nombre de RAF en homenaje a sus aliados:
Preparar en vaso alto hielo y una copa de ginebra. Añadir la cola preferida y adornar con una rodaja de limón.
EL ABUELO CEBOLLETA ERA OPIÓMANO

Años más tarde mi tío Sento se convirtió en un fiel coleccionista de los tebeos Bruguera. Un día me enseñó una curiosa página de La familia Cebolleta (DDT nº 446 de 1959) en la que Rosendo tenía alucinaciones al fumarse un puro de opio del famoso abuelo narrador de batallitas. Era la época en que se podía fumar en los tebeos (hasta el loro fumaba) pero lo del opio disparó la alarma de los censores que añadieron la toxicomanía a los otros temas tabú de las publicaciones infantiles (suicidio, eutanasia, alcoholismo…) y sancionaron con una fuerte multa a la Editorial Bruguera.
Como nuestro país no tuvo prácticamente experiencia colonial en Asia el opio es muy poco conocido. Mi tío –que frecuentaba los muelles por su trabajo en la Aduana del Puerto- me dijo que por la época en la que Vázquez publicó esta historieta era frecuente en los bares del puerto notar el olor de la marihuana (entonces llamada grifa, liarla se decía hacer un pote) de los marineros. Los legionarios, en cambio, preferían el kifi verde o blanco que fumaban en pequeñas pipas. De todas formas mi tío prefería sus paraísos artificiales a base de barrecha (dos partes de moscatel y una de cazalla) popular combinación que ya casi ha desaparecido en las ciudades.
 Dedicado a mi tío Sento (1934-2014) con mucho cariño. Voy a tomarme ahora un RAF a su salud.
Y ya que hemos hablado de sustancias alucinógenas termino con un poema de Valle Inclán:
LA PIPA DE KIF
Cáñamos verdes son de alumbrados. Monjas que vuelan y excomulgados.
¡Coca! A tu arcana norma energética. Epopeya del Araucano que al indio triste torna espartano.

Lima virreina, mordió Pizarro tu fibra dura y perdió su armadura. Verdes venenos ¡Yerbas letales de paraísos artificiales! A todos vence la marihuana, ciencia del Ramayana.

viernes, 5 de diciembre de 2014

CAMISETA CORTAZAR (Relato y más cosas)

Bruno no sabe que ponerse. Abre el armario y mira las camisetas. Hay una blanca, italiana, de algodón, que se ha comprado hace poco y le gusta especialmente. La coge por la percha y la observa: le atrae el tacto. Pero el color blanco le hace parecer más gordo. La devuelve a su sitio. Con los dedos, como quien pasa las hojas de un libro, acaricia las mangas de todas las camisetas. Los grises son demasiado apagados, y lo mismo los marengos y los azules marinos.  Revisa las de rayas.  Al final se decide por una de estilo militar, verde oliva, de manga larga.
Empieza a ponérsela delante del espejo. La cuesta más de lo que imaginaba. “Vaya, debo haber engordado”, piensa. La tela está cargada de electricidad estática, se adhiere a la piel y le eriza el vello del brazo. La mano apenas avanza por la manga. Intenta meter el otro brazo por la otra manga esperando que la operación resulte más sencilla.
 Bruno ya ha conseguido introducir los dos brazos y ahora agacha su cabeza que se queda atascada en la camiseta. “Quizás tendría que haber sacado antes las manos de las mangas”, se dice envuelto en una neblinosa penumbra de algodón. Jadea, la tela se ha enrollado alrededor de su cuello ahora ladeado a la izquierda. Con la cabeza y las manos atascadas en la camiseta empieza a agitar los brazos intentando agarrar uno de los bordes de las mangas mientras da vueltas a ciegas por la habitación. Parece una gallina recién decapitada.
Bruno se detiene para recuperar el aliento. La tela se aferra a su boca mojada y le dificulta respirar. De repente oye un ruido sordo, como el sonido de un frasco de medicinas que se abre con un chasquido. Por fin distingue el cuello de la camiseta, luminoso, envuelto en una extraña luz como la que se ve al final de un túnel prometiendo delicioso aire libre. La luz se hace a cada momento más potente  envolviendo a Bruno en una caverna de incandescencia.  Aparecen unas manos gigantescas, enfundadas por algo parecido a un látex verdoso que avanzan hacia él. Las manos agarran a Bruno sacándolo hacia el exterior, le sostienen, lo voltean, y una mujer con uniforme color espinaca  lo envuelve con una toalla con profesional eficiencia. Dice:
-¡Enhorabuena! Es un niño precioso.

Esto ha sido mi versión personal del cuento de Cortázar No se culpe a nadie y, abajo, mi última portada para un proyecto de novela ambientada en Barcelona el día después del apocalípsis nuclear. Así queda el Bus Turístico.

 HE HECHO HABLAR EN CATALÁN A BRUCE WILLIS
Prueba de doblaje para la película History of Us. Bruce y Michelle Pfeiffer están a punto de meterse en faena cuando ella se da cuenta de que han olvidado poner una moneda bajo la almohada de su hijo para el Hada de los Dientes (el Ratoncito Pérez americano)


 Deciden a piedra, papel o tijera quién va a poner la moneda. Le toca a Bruce, pero antes le dice a la TV donde aparece Bush: "Señor presidente, le confío a mi esposa que pronto estará desnuda. Siga cuidando del país y recuerdos a Barbara."

jueves, 27 de noviembre de 2014

¡CULITO, CULITO...! Y MOMIAS

La empresaria, actriz, modelo y no sé qué más Kim Kardashian ha revolucionado las redes sociales con sus fotos en las que muestra unas nalgas que no parecen de este mundo. Kardashian asegura que lo consigue inyectando en su trasero la grasa sobrante de sus liposucciones; esto sí que es reciclar y lo demás mandangas. En esta portada de la revista Paper recrea una conocida foto de Jean Paul Goude del célebre clip de Grace Jones Slave to the Rhythm.
El tema me ha recordado a la historia de la infortunada Sara Baartman, más conocida como…
LA VENUS HOTENTOTE

Nacida esclava en 1789 en Ciudad del Cabo, Sara fue llevada a Europa a principios del siglo XIX para ser mostrada como atracción de feria, su nombre artístico era La Venus Hotentote. La figura de Sara era desorbitante a causa de la esteatopigia o excesiva acumulación de grasa en los glúteos. Una sociedad benéfica parisina acusó, con justicia,  de degradante el espectáculo donde exhibían a Sara y clausuraron el circo. La Venus Negra, como se la conocía entonces, atrajo la atención de la comunidad científica de París que la describió como una mujer inteligente que hablaba inglés y holandés.
 Sara sucumbió a una epidemia de fiebres en 1815, su cuerpo fue embalsamado por el famoso naturalista Georges Couvier y exhibido en el Museo del Hombre en París durante 160 años hasta que Nelson Mandela envió una petición al presidente Mitterand para que sus restos volvieran a Sudáfrica.  Francia accedió y Sara fue enterrada en El Cabo con honores oficiales.  
Existe una película La vénus noire (2009) basada en la vida de Sara. No fue estrenada en España pero se encuentra en DVD.
La repatriación del cuerpo momificado me ha traído a la memoria un caso más cercano:
EL NEGRO DE BANYOLES

Alphonse Arcelin, un médico haitiano residente en Cambrils (Tarragona) exigió en 1991 al Ayuntamiento de Banyoles  la retirada del cadáver de un bosquimano expuesto en el Museu Darder; de lo contrario, pediría el boicot de los países africanos a las pruebas olímpicas de remo que se celebraban el siguiente año en esta localidad. El caso provocó una inusitada atención de los medios llegando a oídos de Kofi Anan, el Secretario General de la ONU. Arcelín prosiguió durante años una auténtica cruzada personal que le llevó a la ruina económica pues tenía que pagar de su bolsillo los viajes para entrevistarse con diversos jefes de estado africanos. Los restos del momificado bosquimano fueron finalmente enterrados en octubre del 2007 en Botsuana como un héroe nacional.
En el 2008 la pequeña editorial de Girona El Call encargó a mi amigo el periodista Marc Ribot, que anteriormente había entrevistado al doctor Arcelin, un libro sobre aquel suceso que se iba a titular: De Banyoles a Botsuana . 
 Al principio yo solo tenía que dibujar la portada pero me fui involucrando cada vez más en el libro. Me convertí en coautor y entrevisté, entre otros, a  un miembro del Patronato Darder que me contó una curiosa anécdota: al llegar la momia del bosquimano a España tuvieron problemas para catalogarla en la aduana. Al final el funcionario aduanero de turno optó por encasillarla como "bacalao seco".

 Reunimos un material muy jugoso a base de cartas a los periódicos y artículos y es que se escribieron muchas tonterías sobre el Negro de Banyoles (desde la agresividad racista hasta la corrección política más papanatas) Marc y yo acordamos reducir al máximo nuestra intervención y dejar que el lector sacara sus propias conclusiones. Estábamos a punto de entregar el texto cuando la modesta editorial El Call tuvo que cerrar por motivos económicos y De Banyoles a Botsuana pasó al limbo de los libros inéditos.
Dos de mis contribuciones al tema: Lote 249 de Conan Doyle y Breve conversación con una momia, de Poe. El único relato humorístico de ese autor.
Y este es el vídeo que he mencionado antes: Slave to the Rhythm; causó furor entre los moderniquis en el lejano 1985.