martes, 18 de noviembre de 2014

VECINOS MOLESTOS (RELATO)

Roman Castevet acaba de mudarse al primer piso del número 26 de la calle Polansky. Aún conserva ese improvisado ambiente  de campamento a punto de ser levantado, con  cajas de embalaje y maletas, cuando empieza a ser asaltado por ruidos que provienen de arriba. Rumor de tacones afilados sobre el parquet que le taladran los oídos, golpes,  el exasperante sonido de muebles que se arrastran…  Esto se repite a diario y Roman decide ir a quejarse.
 Una tarde, Roman llama al timbre del segundo piso. Le abre una señora con bata de boatiné color rosa peladilla. Le dedica una mirada glacial que marca la frontera rellano-recibidor.
-Buenos días. Soy el vecino de abajo. Quería hablarle de unos ruidos insoportables que…
-No somos nosotros, son los de arriba –y señala al techo con el índice extendido.
-Disculpe, los golpes suenan tan fuerte que pensé que procedían de este piso.
- Es la acústica, en este lado de la casa hay la pared maestra y todo resuena. Qué me va a contar… los hemos denunciado y no hemos conseguido nada a pesar de que mi hijo es policía- Aparece un joven vestido de uniforme ajustándose la gorra-. Que tengas un buen día, hijo. No te olvides la pistola.
-Lamento haberla molestado, señora -… Roman se ha quedado solo. El policía ya ha salido y la señora se interna con paso ágil por el pasillo. Roman sale al rellano y se dispone a cerrar la puerta entornada pero el policía se lo impide apoyando una mano brusca sobre el panel.
-Me he dejado la pistola.
 Roman sube las escaleras y se sorprende al ver la tan distinta decoración del rellano del segundo piso; como si hubiera entrado en otro edificio. Las paredes están pintadas de un lúgubre color ala de mosca y una lámpara vela en la pared del fondo como un ojo vigilante. Mientras pulsa el timbre lee la placa de la puerta: D. Holuskins. Traductor. Le recibe un hombre de aspecto afable con bigote gris recortado y un jersey del mismo color. Lleva un periódico en la mano. Roman se presenta y cuando le expone el motivo de su visita el vecino le sonríe:
-Se equivoca, joven. Eso viene de más arriba – Roman mira en dirección a su mano que se mueve acentuando el arriba-. Un auténtico incordio…  Ah, ella es mi esposa, Carmen.
Aparece Carmen. A cuatro patas. Abre desmesuradamente su boca de labios sin maquillar, repleta de dientes,  con amígdalas visibles y muerde a Roman en una pierna. Holuskins  golpea a su mujer con el periódico enrollado sin brusquedad  pero con firmeza.
-¡No, Carmen! ¡Suéltalo! Disculpe, joven, está algo alterada. Me temo que es un mal momento… ¿Qué tal si viene un día a cenar?
-Sí, sí… me encantaría -Roman se precipita escaleras arriba murmurando frases de despedida.
 El rellano del tercer piso, el ático,  le desconcierta aún más. De siniestro ha pasado a sórdido. Una mortecina bombilla ilumina las telarañas que cuelgan del techo como jirones putrefactos. Roman llama a la puerta que se abre de repente. En la penumbra le recibe una anciana con aspecto de bruja, de piel tiznada y grumosa,  y detrás lo que parece un hombre barbudo y altísimo. Cuando los ojos de Roman se habitúan a la escasa luz distingue que el hombre barbudo es en realidad un retrato de Jesucristo que en lugar de la típica expresión beatífica muestra un rostro confuso, aturdido, como si le acabasen de comunicar que le han conmutado la pena de cruz por la de servicios a la comunidad.
 Desde el umbral la anciana señala hacia arriba con un dedo huesudo y, agarrando la muñeca de Roman con manos frías y duras como el bronce, le entrega un pequeño crucifijo. “Porque ellos caminan deprisa”, dice y se apresura a cerrar la puerta.
El siguiente piso es el sobreático. El último. Ese rellano huele a pantano, a piedra rezumante de filtraciones. Extraños bichos arrancan susurros de las paredes. Las tinieblas se acumulan en rincones que la luz eléctrica no logra disipar. “Más que una bajada, esto parece una subida a los infiernos”, piensa Roman. Se detiene ante la puerta y escucha con nitidez el ruido, ese estridente repicar  de tacones que conoce bien. “Es aquí”, se dice y golpea con los nudillos pues no hay timbre.
Roman tiene la incómoda sensación de que le observan por la mirilla. El chirriar de cerrojos le sacude como un látigo. Se abre la puerta. Por el espacio que deja abierto una cadena se ven unos ojos febriles que en la oscuridad parecen arder como brasas relucientes.
 -Hola, soy Roman, el vecino del primero –y extiende una mano.
La puerta se cierra un instante. Roman oye retirar la cadena y la puerta se abre del todo. El interior está oscuro como alquitrán. De repente surge un tentáculo púrpura y viscoso que rodea la mano tendida de  Roman y tira de él engulléndolo en las tinieblas.  La puerta se cierra bruscamente.
El primer piso del 26 de la calle Polansky vuelve a estar libre. Es de renta antigua, sólo hay que llamar a este número de la izquierda; aunque yo me lo pensaría dos veces antes de vivir allí.
FIN

Dedicado a mi vecina del piso de arriba que tiene la bonita costumbre de levantarse hacia las seis de la mañana y taconear por el piso. Supongo que se mete en la cama con tacones, como las actrices porno.

Y hablando de porno, este es para todos los públicos, que no tengo ganas de que me cierren la parada:

lunes, 10 de noviembre de 2014

CUANDO QUISE SER DETECTIVE

 Pasaba por un momento que no sabía cómo encarrilar mi vida. Apenas conseguía encargos de dibujante y acababa de dejar mi trabajo temporal en una escuela canina de Llagostera (Girona) cuando un dálmata - sin motivo ni aviso- me saltó al cuello  y tuve que rociarle con la paprika (spray de pimienta defensivo) Esa raza se había puesto de moda por la nueva versión de la película 101 Dálmatas con Glenn Close en el papel de Cruella de Vil. Para atender la gran demanda algunos cuidadores  hicieron cruces consanguíneos y hubo dálmatas que salieron tarados. Vamos, como pasa con las personas.
Entretanto devoraba todas las novelas de serie negra que pillaba: Chandler, Hammet, Spillane… y una idea me cosquilleó la cabeza: ¿Y si me hiciera detective privado? Recordé a un compañero del instituto cuyo padre trabajaba en la agencia Vélez-Troya, le llamé por teléfono y concerté una cita con él, un tal Rius.
 Quedamos en una coctelería, la primera vez que ponía los pies en uno de esos locales. Rius tendría más o menos la edad que yo tengo ahora (53) pero su aspecto fatigado le hacía parecer mayor. El blanco de sus ojos era amarillento y debajo tenía bolsas. “Falta de sueño”, pensé. Tenía un perfil peculiar: frente abombada y barbilla saliente; recordaba a las medialunas con ojos y boca de los dibujos animados. “Nunca nos llamamos detectives, somos investigadores privados”, fue lo primero que me dijo. Y lo segundo:
-Chico, olvida todo lo que has visto en las películas y leído en las novelas. ¿Has visto alguna vez en el cine un detective aporreando una máquina de escribir? Pues los informes y el papeleo nos llevan un montón de horas –. Prosiguió:
- Las leyes españolas no nos permiten llevar armas de fuego. Nos dedicamos más que nada a casos de divorcios, infidelidades  matrimoniales… por eso los polis nos llaman huelebraguetas. Es muy duro, horas y horas aguardando en un coche con una máquina de fotos con teleobjetivo. Estás solo, y si en ese momento tienes problemas personales y le das al tarro acabas fatal. A mí me han dado dos veces la baja por motivos psicológicos. Es de las profesiones con mayor número de divorcios…
 Pidió al camarero un par de Manhattan y criticó la película El corazón del ángel,  con Mickey Rourke en el papel de un detective que habían emitido por televisión la noche anterior.
-El tío descubre un asesinato y sigue trabajando como si nada. Paparruchas. Si un investigador descubre un crimen tiene que informar inmediatamente a la policía y abandonar el caso o acabas en la cárcel y sin licencia. Dasniell Hammet, el de El halcón maltés, sí es creíble. Se nota que él trabajó de detective en la Pinkerton.
Trajeron los Manhattan. Rius me miró fijamente, su nariz curva le daba a su rostro un aire interrogativo:
-Y no te hagas ilusiones de ligarte a una bella cliente. En este país las mujeres casi nunca solicitan los servicios de un investigador, a saber porque…
No me quedaron ganas de intentar lo de detective, Rius me lo pintó mucho menos glamuroso de lo que suponía. Ya me está bien ilustrar algunas portadas de ese género. Al menos tomamos Manhattan, un combinado urbano que sabe a Broadway; a Balas sobre Broadway:
MANHATTAN: (Preparar en vaso grande o jarra) Hielo, 2/3 de whisky, 1/3 de vermut rojo.
Mezclar y servir en copa de cóctel adornada con una guinda roja.
PATATAS BRAVAS Y CAFÉ DE CACA DE GATO

Acabo de llegar de Moriles donde he visitado a mi ex compañero de mili El Córdoba, el de mi entrada anterior (RISA LOCA) Yo soy el de la izquierda (estaba tan flaco que no se me sostenía el correaje) Héctor, así se llama, prepara unas patatas bravas sublimes:
 PATATAS BRAVAS AL ESTILO MORILES: pelar las patatas, cortarlas en trozos y sofreír lentamente en abundante aceite de oliva con 2 dientes de ajo. Cuando las patatas tomen color, escurrirlas y reservar. Preparar la salsa salando ligeramente 300 gr de tomate pelado y sin semillas y cocerlo en aceite hasta que haya perdido el agua y se vea concentrado. Añadir una cucharada de pimentón picante y un chorrito de vinagre de vino blanco. Dejar cocer y agregar unas gotas de tabasco. Pasar la salsa por la batidora y dejarla enfriar.
Antes de servir, dorar bien las patatas en aceite muy caliente. Escurrirlas sobre papel de cocina y regarlas con la salsa.
 Héctor se dedica a la importación de café y me invitó a probar el café más caro del mundo: el Kopi Luwak, de Indonesia. Para conseguirlo el proceso es diferente al habitual de otros cafés. En este caso los frutos de la planta de café son ingeridos por las civetas, unos pequeños felinos del sudeste de Asia. Las civetas defecan unos granos que han sido químicamente tostados por las enzimas digestivas del animal obteniendo un grano caramelizado y muy aromático. Es muy bueno. Cada mañana Héctor me gastaba la misma broma: “¿Un cafelito de caca de gato, Miquel?” Casi me atraganto cuando me dice que se venderá en un Starbuck de Sevilla a 40 euros la taza.
Pero no será así: después de ver un informe de grupos contra el maltrato animal que muestran esas civetas hacinadas en jaulas diminutas ha anulado el pedido de este café y prepara una campaña de boicot contra el Kopi Luwak. Bravo.



jueves, 30 de octubre de 2014

RISA LOCA

Dedicado a Ole Benzen, espectador danés que murió de un ataque de risa en 1989 viendo la película Un pez llamado Wanda.

 Acabo de ver la disparatada película Mr. Sardonicus de William Castle que me ha recordado una experiencia que tuve con un ataque de Gelasma, o risa histérica.
Fue durante mi servicio militar en un cuartel de Ceuta. Nos ofrecieron una representación ya que pasábamos nuestra primera Navidad lejos de casa. Yo estaba sentado en un banquillo entre un soldado al que llamaban El Córdoba y un recluta de bigote ralo como el de un armadillo. En el improvisado escenario aparecieron un grupo de soldados con aspecto abatido vestidos como el pato Donald, con chaquetilla de marinero por la que asomaba un enorme trasero blanco y patas de pato, todo de goma espuma. Se veían muy cómicos. Uno dijo:
-Somos unos patos desgraciados que merecemos ser asados.  Cuac…
Entonces ocurrió. Dicen que suele pasar al atardecer, cuando la sangre se espesa y la adrenalina se dispara por efecto de la risa.
 Reímos, pero el recluta del bigotillo no podía parar de reír. Su risa se convirtió en chillidos y luego en alaridos de hiena sincopada. Muchas cabezas con idéntico corte de pelo se giraron en nuestra dirección. El recluta  cayó al suelo preso de una risa marigüanera y espasmódica. Un sargento se acercó con grandes zancadas. Temía que zanjara el asunto al estilo cuartelero, a sopapo limpio, así que El Córdoba y yo nos apresuramos a incorporarle.
-Nos lo llevamos fuera, mi sargento –le dije-.
-¡Sacadlo pero rápido! –masculló mientras echaba furtivas miradas hacia los asientos del coronel y los mandos.
El Córdoba, mucho más corpulento que yo, agarró al recluta por los brazos y se lo cargó a la espalda como una mochila. Yo lo sujetaba por los pies. Salimos al patio en dirección a la enfermería. Las risas del recluta parecían aullidos inarticulados hasta que se oyó un chasquido y cesaron bruscamente.
Como en una escena culminante de una película de terror –un violento zoom- miré la cara del recluta distorsionada en una mueca grotesca. Se le había desencajado la mandíbula y no podía cerrar la boca. Daba miedo verle; parecía el personaje de El grito de Munch.

En la enfermería había un joven alférez médico absorto en la lectura de un libro. Cuando vio el extraño aspecto del recluta no hicieron falta explicaciones.
 -Vamos a poner la articulación en su sitio. Sentadlo en esa silla y sujetadle bien la cabeza –nos dijo. Había dejado el libro sobre la mesa y me fijé en el título: El almuerzo desnudo, de Burroughs. Entonces no podía ni imaginar que mucho más tarde dibujaría una portada para ese libro.
El oficial se puso delante del recluta y lanzó con fuerza el puño hacia arriba impactando en la base de su mandíbula. Es el golpe que en el boxeo se conoce como Uppercut. Se oyó un crujido que nos puso los pelos de punta, un ruido desgarrado como si se hubiera abierto la bragueta de un gigante. El recluta tenía ahora una expresión normal aunque aturdida.
-Será mejor que se quede aquí por esta noche –dijo el alférez inyectándole un relajante muscular.
El recluta musitó algo que no entendimos, pero estoy seguro de lo que sus labios deberían haber dicho en ese momento: “Cuac…”
ABAJO: algunos personajes que se han hecho famosos por tener la risa floja.

LORD JÁ, JÁ. UNA RISA CÉLEBRE
 William Joyce (Lord Haw Haw) no se hizo famoso por sus carcajadas. Este apodo se lo dieron a causa de su voz –resultado de haberse roto la nariz en una pelea cuando militaba en el Partido Fascista Británico- que siempre sonaba como si estuviera reprimiendo un estallido de risa. Expulsado del partido por bruto y deslenguado, en 1939 se traslada a Berlín y empieza a trabajar en los servicios de propaganda nazis con su programa radiofónico Berlín Calling. Pronto adopta el alias de Lord Haw Haw iniciando siempre sus emisiones con el mensaje: “Here Lord Haw, Haw. You´ll never win, boys”. Su programa se hace tan popular en Inglaterra que la BBC emite a la misma hora (21h.) su mejor programa musical iniciando lo que ahora es algo tan común en la TV como la contraprogramación. Cuando la guerra ya no pinta bien para Alemania Joyce se entrega al alcoholismo y a los brazos de Axis Sally, norteamericana que también tenía su programa propagandístico en la radio alemana. Dios los cría…
Su último Berlín Calling –con un Joyce claramente bajo los efectos del alcohol- se emitió el 30 de abril de 1945. Lord Haw Haw es detenido poco después por los británicos y ejecutado al año siguiente por alta traición.
EL HOMBRE QUE RÍE

“La naturaleza fue pródiga en favores con Gwynplaine. Le había dado una boca que le llegaba hasta las orejas y una cara a la que no se podía mirar sin reír…”
Así describe Víctor Hugo al protagonista de su obra El hombre que ríe. Gwynplaine es un niño comprado por un fabricante de monstruos al que le practican la operación llamada Bucca fissa: cortes que prolongan la comisura de los labios dando el aspecto de una sonrisa permanente. En 1928 el director alemán Paul Leni llevó la novela al cine con el resultado de una de las últimas obras maestras del cine mudo.   El protagonista es Conrad Veidt –conocido sobre todo  por su papel de general Strasser en la película Casablanca. Por cierto que el dibujante Bob Kane se inspiró en el personaje de Veidt para crear al más letal enemigo de Batman: el Joker.
 Aquí está la versión completa con rótulos en castellano:
   

viernes, 24 de octubre de 2014

HAY ALGO EN LA VENTANA (Relato de Halloween)

Al abrirse la puerta del bar se oye el silbar del viento y el golpeteo de la lluvia cayendo en la oscuridad aunque no son más de las siete de la tarde.
El dueño del bar examina al recién llegado, lleva años haciéndolo: impermeable reluciente por la lluvia, de calidad, corte de peluquería y zapatos de piel. Un hombre de ciudad en aquel bar de pueblo decorado con embutidos colgantes y banderines de desconocidos equipos de fútbol; tan fuera de lugar como un daiquiri de fresa.
-Un coñac.
Mientras se toma el coñac el dueño advierte con el rabillo del ojo que su mano tiembla ligeramente. El cliente señala con el mentón hacia la puerta:
-Esa casa de enfrente parece estar abandonada.
-No lo parece, lo está –el dueño simula leer un periódico deportivo eludiendo la conversación; hoy no tiene el día sociable.
-Me ha parecido ver en una ventana de esa casa a… una niña.
-¿Cómo? –el dueño le mira incrédulo.
-Han sido sólo unos instantes, pero un relámpago ha iluminado la fachada y he visto a una niña frente a una de las ventanas. Estoy casi seguro del todo… tenía unos ojos grandes y parecían asustados.
-Oiga… -el dueño adopta ese tono cargado de paciencia propio de las personas poco pacientes- como usted ha dicho ha sido cosa de un momento y esa casa lleva años deshabitada. Puede haber visto un gato… o cualquier otra cosa.
El cliente señala con un índice tembloroso la copa vacía. Mientras le sirven el segundo coñac dice:
-¿Sabe que creo? Puede que una niña perdida se haya metido en esa casa para refugiarse de la lluvia –apura su coñac que parece bajar mejor que el primero-. No hay luz y podría lastimarse. Creo que iré a echar un vistazo.
“Los coñacs son para infundirse valor –piensa el dueño-, a estas horas y con ese tiempo la casa se ve bastante siniestra”…
-¿Podría prestarme una linterna? –pregunta el cliente.
El dueño masculla algo entre dientes mientras rebusca en un cajón detrás de la barra. Al menos, piensa, Don daiquiri de fresa me dejará en paz mientras se dedica a explorar la casucha. Deja una linterna cilíndrica con un sonoro clock sobre el mostrador.
-Acuérdese de devolverla. Con esta tormenta es probable que nos quedemos sin luz.
El cliente paga apresuradamente y el dueño suspira aliviado al verlo salir linterna en mano pero una duda le cosquillea: “¿Y si realmente ha visto a alguien?” Lo descarta enseguida meneando la cabeza. “Los de ciudad no tienen buena visión nocturna, están acostumbrados a pasear por calles bien iluminadas”.
 Durante un rato sólo se oye en el local el repicar de las fichas de dominó sobre la mesa, el silbido de la máquina de café y las conversaciones desde la barra.
El ruido de lluvia se hace más intenso, alguien ha abierto la puerta. Son Don daiquiri de fresa y una niña cogidos de la mano. El dueño del bar los examina, lleva años haciéndolo: el primero tiene en el cuello dos heridas recientes con la carne horriblemente amoratada a su alrededor. Los ojos de la niña son un abismo rojo y… sus pies flotan a unos dos palmos por encima del suelo.
Con una mezcla de incomprensión y miedo infinito el dueño ve a la niña bajar rápidamente la pesada puerta metálica del bar. Los ha dejado encerrados. La niña se vuelve hacia los parroquianos con una mueca burlona mostrando sus espantosos colmillos.
-Ocúpate de los clientes que están en las mesas –dice a Don daiquiri de fresa - Yo me encargo de los de la barra.
EL SINIESTRO PAYASO DE WASCO

 Un inquietante payaso vestido al modo de Pennywise, el de la novela IT de Stephen King, tiene aterrorizados a los vecinos de la población de Wasco, en el norte de California. El individuo se dedica a posar en fotos inquietantes en varios emplazamientos de la ciudad que luego cuelga en Instagram. "Hay que parar esto", ha dicho un responsable policial de Wasco, cuyas autoridades reconocen que no hay ninguna ley que prohiba hacerse fotos disfrazado de madrugada. Sin embargo, la aparición de imitadores (Copycats) ha acrecentado la preocupación ante la inminente noche de Halloween, donde se teme que algo puede ocurrir. Esos imitadores ya se han hecho notar en lugares tan dispares como Portsmouth (Inglaterra) Poitiers (Francia) o L´Hospitalet (Barcelona) ¿Hay algún Payaso de Wasco por su barrio? 

jueves, 16 de octubre de 2014

PELÍCULAS PARA VER CON DICCIONARIO

CUANDO LOS DINOSAURIOS DOMINABAN LA TIERRA (1970) Hablada en cavernícola.

 La productora Hammer que había iniciado su saga prehistórica con Hace un millón de años (1966) decidió con esta película repetir la misma fórmula: dinosaurios y chicas en biquinis de piel que a juzgar por sus piernas depiladas se habían saltado varias etapas de la evolución. El encargado de los oscarizados efectos especiales fue Jim Danforth –discípulo del mítico Ray Harryhausen- que también se encargó de los dinosaurios en otra película con diálogos trogloditas: Cavernícola (1981) con Ringo Starr. Cuando los… tiene una memorable escena: un paleolítico seduce a una rubia antediluviana con un chuletón de plesiosaurio. A falta de bombones...
Spielberg dedicó un guiño a esta película bautizando con el nombre “When the Dinosaurs Ruled the Earth” el parque temático (foto izq.) de Jurassic Park.

SEBASTIANE (1976) Hablada en latín.

El realizador Derek Jarman eligió para su primera película rodar en latín la historia del centurión romano cuya muerte, traspasado por flechas, es todo un ícono de la pintura renacentista. Jarman lo tuvo más difícil pues a diferencia del lenguaje troglodita el latín tiene sus diccionarios y expertos que criticaron el acento londinense de los actores.
 Sebastiane es un título de culto de la cinematografía gay aunque la recaudación en taquilla fue discreta, quizás por eso Jarman renunció a su futuro proyecto: Safo, hablada íntegramente en griego clásico y con Glenda Jackson en el papel de la poetisa.

INCUBUS (1966) Hablada en esperanto.

 William Shatner es el protagonista y único actor conocido (un año después interpretaría al mítico capitán James Tiberius Kirk de la saga Star Trek) de esta curiosa película de terror. Shatner es un soldado herido en el frente que acude a una supuesta fuente de aguas milagrosas en la aldea de Nomen Tunn para recuperarse. Lo malo es que en esa fuente merodean los íncubos, demonios con la apariencia de atractivas mujeres encargadas de conseguir almas para el que llaman Señor de la Oscuridad.  El  director Leslie Stevens eligió el esperanto para crear un ambiente ajeno y misterioso, de hecho su primera elección fue el Volapük, un antecesor de esperanto actualmente desaparecido.

DEAFULA (1975) Hablada en lenguaje de signos.

 Drácula para sordomudos; sin duda la más extraña de las adaptaciones al cine del personaje de Stoker. La película está completamente rodada en lenguaje de signos incluyendo voz en off para espectadores con audición normal a cargo del actor sordo Howard Nye que recita su texto sin énfasis, casi como un autómata, aumentando la sensación de extrañeza que impregna esta película. En Deafula abundan escenas sorprendentes como la del protagonista hablando consigo mismo. En el cine convencional esto se resuelve con una narración en off pero aquí resulta curioso ver al actor gesticulando furiosamente cuando no hay nadie a su alrededor. Actualmente es una película imposible de encontrar por lo que los interesados en rarezas cinematográficas tendrán que conformarse con algunas escenas que circulan por la red:

LA PASIÓN DE CRISTO (2004) Hablada en arameo, latín y griego.

 El australiano Mel Gibson quiso reproducir los evangelios de la forma más fidedigna posible sin importarle que al ser el arameo una lengua muerta desde hace tantos siglos nadie sabe con exactitud cómo se pronunciaba. Resulta curioso ver a Jesucristo (Jim Caviezel) rezando en arameo mientras los soldados romanos a su alrededor le increpan en latín.
 La película fue acompañada de una viva polémica relacionada con acusaciones de antisemitismo, las crudísimas escenas del martirio de Jesucristo (en especial, la flagelación) y el hecho de que el personaje de Satanás lo interpretara una mujer: la inquietante Rosalinda Celentano, hija del cantante Adriano Celentano.

MARTINI PARA TRES
Mi última portada me ha recordado la célebre frase de Dorothy Parker: "Al tercer Dry Martini estoy debajo de la mesa. Después del cuarto, debajo de mi anfitrión."


 DRY MARTINI: mezclar en jarra o vaso mezclador hielo, 9/10 ginebra y 1/10 vermut blanco seco. Servir en copa de cóctel adornada con una aceituna verde pero no rellena, pues la anchoa alteraría el sabor.

lunes, 6 de octubre de 2014

DIECISIETE (Relato con receta)

Selene no se arrepiente en absoluto de haber enviado a paseo a aquel imbécil del Opel azul que la había llevado a esa horrible discoteca de polígono, sólo lamenta haberse quedado sin medio de transporte. Se dirige hacia la carretera y se detiene junto a una señal de parada de autobús. No sabe cuánto tiempo tendrá que esperar pues alguien ha arrancado el cartel con los horarios.
Poco después aparece al otro lado de la carretera un viejo enjuto con un sombrero cordobés. Despliega una silla de tijera, coloca un plato de hojalata junto al arcén y se pone a tocar unas castañuelas. “Ese viejo debe estar loco –piensa Selene-. Mira que ponerse junto a la  carretera   en medio de ninguna parte…” El viejo canturrea con tono monocorde:
-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…
-Está como una chota –murmura Selene -. No creo que le echen muchas monedas.
Pasa el tiempo y el autobús no aparece. Aunque ya ha oscurecido el calor no afloja. Selene nota la nuca pegajosa de sudor y se recoge el pelo en una improvisada coleta. El viejo sigue con su solitaria actuación:
-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…
Un soñoliento tábano pasa muy cerca de la cara de Selene. Lo ahuyenta agitando su bolso en el aire. Selene contempla al viejo que deja por unos segundos de tocar las castañuelas como si estuviera a punto de desfallecer pero de repente, como un muñeco al que acaban de dar cuerda, sigue repiqueteando las castañuelas con renovado brío. Selene pasa del asombro al fastidio cuando le oye recitar: “diecisiete, diecisiete, diecisiete…”
 Media hora después Selene pasea nerviosa y sofocada alrededor de la parada. Es un anochecer  entorpecido y quieto por el calor. Pasa muy cerca de ella un coche tuneado con tres chicos dentro que le gritan groserías. Uno de ellos la señala e imita con gestos el sexo oral.
-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…
Selene se sorprende a sí misma gritándoles  con una furia descontrolada. Ahora comprende hasta qué punto el viejo le está crispando los nervios. Además ahora aúlla más que recita  sus diecisiete agitando frenéticamente las castañuelas. Con la mayor velocidad que le permiten sus tacones Selene cruza la carretera y se planta delante del viejo que no parece advertir su presencia.
-Diecisiete, diecisiete, diecisiete...
 Selene cierra con fuerza los puños. Sus dientes chirrían. Grita furiosa:
-¡Cállese de una puta vez!!!
Selene queda cegada por un súbito resplandor de película quemada. Un camión de potentes faros la embiste lanzándola a una docena de metros de distancia. Su cuerpo aterriza sobre la carretera formando un charco de sangre color rojo intenso.
Tres días después un joven de aspecto extranjero deja su pesada mochila al lado de la señal de la parada de autobús. Mira con aprensión las señales de sangre seca sobre el asfalto y luego se fija en un viejo con sombrero cordobés sentado enfrente, al otro lado de la carretera. Repica unas castañuelas y empieza a canturrear:
-Dieciocho, dieciocho, dieciocho… 
STEAK TARTARO
Cómo son las asociaciones de ideas. Imaginarme a la pobre Selene hecha picadillo me ha hecho recordar este plato de carne picada cruda, pero bien condimentada. Se puede preparar mientras se ve este carnívoro vídeo:
Mezclar bien la carne picada con una cebolla rallada, una yema de huevo, perejil, una cucharada de mostaza, un chorrito de coñac, sal y pimienta. Remover todo con las manos como hacen los buenos cocineros y... ya está. La rápidez es una de las principales ventajas de los platos que no necesitan cocerse. Para un sabor picante se le pueden añadir unas gotas de tabasco.
Presentar el Steak en forma de torta plana adornado con champiñones crudos cortados en láminas.

lunes, 29 de septiembre de 2014

SE BUSCA UNA VAMPIRA

Hace tres semanas me fui con dos amigos al Cementerio de Poble Nou  (Barcelona) a ver si nos topábamos con una vampira. Mejor lo cuento desde el principio:

 El viernes 5 vinieron a cenar a mi piso mi amigo Ramón, el científico –ya hablé de él en mi entrada El tirador fantasma de Colón, 13 julio, 2011- y Sergi, un miembro de la Asociación Española de Upirología (Upirología= estudio de los vampiros) Con estos dos la velada siempre resulta divertida.
Sergi se presentó con una bolsa de viaje. En el momento del café sacó un curioso libro de la bolsa: –Io credo nei vampiri- de Emilio de Rossignoli que fue un éxito de ventas en la Italia de los años sesenta. En uno de sus capítulos recoge el caso de Rosa Picó i Matons que, según Rossignoli, fue atacada por un vampiro alrededor de las doce de la noche en la barcelonesa calle Creu Coberta del barrio de Sants cuando salía de una proyección de Marcelino, pan y vino. (Una velada perfecta, tragarse un pestiño del nacional-catolicismo y a la salida del cine ser atacado por un vampiro) Eso fue en 1965 y ahora traduzco del italiano: “Los que vieron la escena del crimen aseguran que la lucha fue encarnizada. Rosa Picó se convirtió en vampiro y hay quien asegura haberla visto vagando por la zona de Las Cocheras buscando victimas…”
Sergi sacó otro objeto de la bolsa, un maletín de madera color caoba. Lo depositó encima de la mesa y al abrirlo descubrió un curioso artefacto con una pantalla y numerosos botones.
 -Es un Generador Kirlian, un aparato de gran sensibilidad para detectar el Aura –dijo Sergi con la cara brillante de satisfacción-. Los vampiros generan gran cantidad de fósforo que en la pantalla se ve de color gris. Mañana por la noche pienso llevarlo en mi furgoneta y rondar por los alrededores del cementerio a ver si detecto… algo. ¿Os apuntáis?
-Pero, Sergi… ¿Tú crees realmente en vampiros? –le pregunté.
-Ni creo ni dejo de creer. De momento, los busco.
Contagiado por el entusiasmo de Sergi acepté la invitación. Ramón cabeceó: “No puedo creer lo que voy a decir pero iré con vosotros. Total, no tengo nada mejor que hacer”. Aquello prometía: una expedición en plan Cazafantasmas con un estudioso de los vampiros y un científico racional y escéptico.
Al día siguiente partimos en la furgoneta de Sergi en dirección al cementerio.  El Generador Kirlian iba en el asiento del copiloto. Yo y Ramón detrás. Cuando entramos en la  Avenida Icária
Sergi dijo:
-Parecemos los de Misterios S.A. ¿Eh, chavales? Con la furgo y todo eso…
-A mí me parecéis unos frikis lamentables –opinó Ramón.
 Atardecía cuando aparcamos en el cementerio. La verdad es que es un lugar impresionante. El suelo parecía repleto de misterio y silencio con estatuas tan sobrecogedoras como esta: El  beso de la muerte.  Los panteones mostraban extraños contraluces. Además el tiempo aportaba lo suyo: Hacía bochorno y lloviznaba, casi como neblina, había relámpagos pero no truenos.
Un empleado nos indicó que era la hora de cerrar. Salimos por una puerta enrejada y nos acomodamos en la furgoneta. Sergi conducía despacio alrededor de los muros echando furtivas miradas al Generador. Pude ver por la pantalla destellos ámbar tirando a rosa, como el jugo de un membrillo maduro. El cielo se llenó de nubes negras parecidas a telarañas. Un cielo movedizo e inestable como el lomo de un gato negro.
 Estuvimos dando vueltas hasta pasadas las doce y media de la noche. Ni rastro de la vampira ni del aura gris. De hecho, los únicos que parecíamos vampiros éramos nosotros pues a la pálida luz del interior de la furgoneta  se nos veía amarillentos, sin color. Ramón roncaba. Sergi dio un brusco giro de volante:
-Ya vale. Vámonos a tomar una copa al Bar Boadas.
-Es lo único sensato que he oído en todo el día –dijo Ramón desperezándose.
-De habernos encontrado a la vampira habríamos causado sensación llevándola al Boadas –dije-. Me pregunto qué habría pedido. Bueno, pensándolo bien…
Poco después nos sentamos en los taburetes de la barra del Boadas. Los tres pedimos lo mismo:
-Tres Bloody Mary.
ELVIRA LA VAMPIRA

A esta chica le gusta mucho el Bloody Mary. Elvira la vampira fue un personaje que hice a finales de los noventa  para una campaña publicitaria de un Bloody Mary embotellado de la marca Rives que finalmente no salió al mercado. Yo preparo así este cóctel tan eficaz contra las resacas:
Preparar en vaso mezclador hielo, 3/4 jugo de tomate, 1/4 vodka, unas gotas de zumo de limón y salsa Perrins, una gota de tabasco, sal y pimienta.
Mezclar bien y servir en vaso mediano. Se suele adornar con una ramita de apio.