viernes, 25 de julio de 2014

EL SINDROME DE LA PITUFINA CINÉFILA

Hace poco hablaba aquí del Test Bechdel; acabo de descubrir otra curiosa clasificación para películas:

 ¿Qué tienen en común los Pitufos, los Teleñecos, Inception (Origen), Transformers, The Big Bang Theory y las primeras de Star Wars? Pues que en todas aparece sólo un personaje femenino en medio de hombres. Es lo que se llama el Principio de la Pitufina (aunque a mí me gusta más Síndrome) "Smurfette Principle" en inglés . Hay varios ejemplos en el cine y eso sin contar el género bukake (Para quien no sepa que es un bukake le remito a mi entrada La he vuelto a liar en el set de doblaje del  10 de mayo del 2013).

 La primera trilogía de Star Wars sería la Película Pitufina por antonomasia. La princesa Leila (Carrie Fisher) parece ser la única mujer de toda aquella galaxia taaaan lejana, y el pardillo de Skywalker ni sospechaba que eran hermanos. Por cierto que El peinado característico de la Princesa Leia está inspirado en el peinado tradicional de las falleras de Valencia. Esto se debe a que, meses antes del rodaje, el director de la película George Lucas visitó Valencia durante el mes de marzo.
 ¿Y en las series televisivas? - Big Bang Theory, con la monísima Penny -¿Penny? ¡Toc, toc, toc! ¿Penny? ¡Toc, toc, toc!- (sí, ya sé que más adelante aparecen Bernadette -ejemplo de rubia que parece tonta pero luego no- y Amy -un Sheldon con vagina).
Tema dibujos animados, aquí hay tela:  Las tortugas ninja, Oliver y Benji, Barrio Sésamo, Pokemon, Hora de Aventuras (con la fama de modernos que tienen) y me refiero a mi personaje preferido: la vampira Marceline, o Doraemon con una única niña, Shisuka, a la que los pervertidillos crios japoneses siempre sorprenden en la ducha.

Y también podemos hablar de la Actriz Pitufina por excelencia: Megan Fox; por su participación en la saga Transformers (Mikaela Banes) y otras producciones como Bad Boys-2, Friends with Kids y El dictador con Sasha Baron Coen donde se interpreta a sí misma.
En mi relato No era festivo en Seattle solo aparecen dos mujeres, aunque no superaría el Test de Bechdel pues la mayor parte del tiempo lo pasan hablando de un hombre:
NO ERA FESTIVO EN SEATTLE (Relato)
Barcelona, julio, 2009
Magenta y Púrpura se abrazan al encontrarse en el aeropuerto.
-Perdona que no te haya traído un regalo –dice Magenta entre dos besos-. Ya sabía que ayer fue tu cumpleaños pero era día festivo en Seattle y todo estaba cerrado.
-Da igual –dice riendo Púrpura- . ¿Te apetece cenar en un restaurante griego?
Magenta advierte una expresión de felicidad bovina que Púrpura muestra siempre que está enamorada y así es: “He conocido a un hombre que no parece de este mundo –da un giro al volante y-: Es guapísimo, atento… mañana he quedado con él para tomar una copa. Podrías venir tú también y lo conocerás.”
 Cuando Púrpura levanta la vista del menú hasta sus ojos parecen casi glaucos a la luz de la lamparita de la mesa. Magenta se da cuenta de lo mucho que se ha americanizado al pasar el tenedor de la mano izquierda a la derecha para comer su musaka. Púrpura sigue hablando de Glauco. De vez en cuando la mira y sonríe pero Magenta no le devuelve la sonrisa. Ya está ligeramente aburrida pero aún siente un ramalazo de culpa por no haberle traído un regalo. Lo fue dejando para más tarde y al final se encontró con el tiempo justo para tomar el avión. Era mentira lo del día festivo en Seattle. Al llegar los postres (baklava para Magenta y un té para Púrpura que siempre cuida su línea cuando está colgada por alguien) ya está claro que el diálogo que esperaba Magenta ha resultado un monólogo sobre Glauco. Magenta responde con un silencio rencoroso cuando Púrpura dice que va al lavabo; eso siempre quiere decir que no volverá antes de quince minutos.
Poco después suena el móvil que Púrpura ha dejado sobre la mesa –nunca se lleva el móvil a los lavabos desde que un día se le cayó uno por la taza-. En la pantalla iluminada se ve un número y debajo un nombre: Glauco. El volumen está alto, dos clientes la miran con desaprobación y Magenta se siente aliviada cuando el móvil deja de sonar.
Poco después Magenta vuelve a oír el móvil: un mensaje de texto. Sabe que lo que va a hacer es incorrecto pero Púrpura le debe una por la aburrida velada y la espera. Lee:
Púrpura, se acabó. Es mejor así. No eres la persona que yo había imaginado. Eres posesiva y manipuladora. Me has decepcionado mucho. Adiós. Glauco.
Magenta pulsa la tecla de borrar. Luego busca el registro de llamadas y borra el número de Glauco. Magenta sonríe, ahora ya tiene un regalo para Púrpura: unas horas más de bovina felicidad.
Happy Birthday.

jueves, 17 de julio de 2014

PELÍCULAS QUE NO NUNCA VEREMOS

Dedicado a SqS Mravillosa y su estupendo blog Divas del cine:
SOMETHING´S GOT TO GIVE (Algo que dar,1962)
 La última película de Marilyn que quedó interrumpida por el fallecimiento de la actriz. Por su caótico comportamiento durante el rodaje –consumía barbitúricos y, según el médico del estudio, LSD- estuvo a punto de ser sustituida por Lee Remick, pero George Cukor y Dean Martin fueron tajantes: “Sin Marilyn, la película no se hace.” Y así fue.
Marilyn tenía que rodar una escena en una piscina. “El color del bikini no me favorece” dijo, y se lo quitó dejando boquiabiertos a todo el equipo.
 Esta es la escena sin duda más famosa de una película que no vería la luz:

NO BAIL FOR THE JUDGE (No hay fianza para el juez,1959)

Todo el mundo se sorprendió cuando Hitchcock contrató para el papel protagonista a Audrey Hepburn cuya imagen no correspondía al prototipo de rubia heroína hitchkoniana. Al iniciarse el rodaje, Hepburn sufrió un aborto espontaneo y abandonó la película aquejada de una fuerte depresión. No Bail for the Judge fue definitivamente relegada cuando la productora apremió a Hitchcok para que rodara su próximo proyecto, la obra maestra Psicosis (1960)
GIRAFFES ON HORSEBACK SALADS (Jirafas cabalgando sobre ensaladas,1930)

Proyecto para los Hermanos Marx con guión nada menos de Dalí, gran admirador de los cómicos. Harpo recibió al ampurdanés en su casa como si quisiera competir a ver quién era más surrealista: desnudo, tocando un arpa y con alas de ángel. El guión mostraba jirafas en llamas, tan del gusto de Dalí; y se rodó una escena de prueba, hoy desaparecida, con Groucho hablando con varios teléfonos al mismo tiempo con brazos en forma de tentáculos. La película no llegó a realizarse pero ¿quién sabe? Recientemente el guión se ha encontrado íntegro en los archivos de la Metro.
NAPOLEÓN (1970)

El proyecto más querido –e imposible- de Stanley Kubrick. El director dio rienda suelta a su megalomanía contratando a 60.000 extras con meses de entrenamiento militar para las batallas. A pesar de rodarse en los Balcanes, los escenarios se cubrirían con tierra del campo de Waterloo para que resultara –según Kubrick- más creíble.
Después de rodar pruebas para el papel de Napoleón con Malcom McDowell y Alec Guinness, Kubrick se decidió por Jack Nicholson. Poco antes de iniciarse el rodaje, la productora decidió archivar el proyecto pues acababa de estrenarse Waterloo, con Rod Steiger interpretando al emperador francés. La productora le compensó ofreciéndole dirigir La naranja mecánica (1971) un éxito mundial que a punto estuvo de ser producida por Frank Sinatra, nada menos.
DON QUIJOTE (1969)

Las adaptaciones cinematográficas del Quijote parecen arrastrar una maldición (que se lo pregunten a Terry Guilliam) Durante nada menos que 23 años, Orson Welles intentó llevar a puerto una versión con el actor español exiliado en México Francisco Reiguera como protagonista, y Akim Tamiroff (Sed de mal, Lord Jim...) de Sancho Panza. Los sucesivos cambios en el guión de Welles eran cada vez más surrealistas: Don Quijote va a un cine y destroza a golpe de espada la pantalla cuando ve que el villano amenaza a la heroína.  En otro episodio una explosión nuclear aniquila la civilización humana, sin embargo, emergen de las ruinas Don Quijote y Sancho que terminarán viajando hasta la Luna.
Finalmente Welles y su ayudante, el madrileño Jess Franco, acuerdan aparcar el proyecto por una razón de peso: casi todos los actores principales ya habían fallecido. Hay mucho material rodado y cuatro meses antes de su muerte, en 1984, Welles declaró que aún deseaba montar y estrenar su Don Quijote. Lo que es moral, no le faltaba.


viernes, 11 de julio de 2014

PACO, EL GURU

 A mediados de los ochenta publicaba tiras en la revista Makoki -he puesto algunas de ellas en esta entrada-, uno de sus colaboradores era todo un personaje: Paco Mena, quien se presentaba como aprendiz de guru. Tenía su propia sección: PACO YOGUI en la que describía sus experiencias en el Tibet y hablaba sobre yoga, karma y platillos volantes, además de teorías conspiratorias de todo tipo.
Un caluroso mediodía de julio yo, el editor Borrallo, los dibujantes Mediavilla, Pons y Paco Mena salíamos de la redacción para tomar algo en uno de esos bares ya desaparecidos con olor a pescado frito en el casco antiguo. El bar Moriles, rodeado de callejones oscuros invitando al laberinto.
Pedimos una ronda de cervezas en la barra. Todos menos Paco, que decidió tomarla con aquellos espontáneos bebedores de mediodía.
-¡Tenéis el karma enfermo porque coméis carne, bebéis alcohol y tomáis drogas! –nos apuntaba con un palillo como si fuera una llave a punto de abrir una cerradura-. Yo, en cambio, he estado en un monasterio tibetano y seguro que no sabéis hacer esto.
 Envueltos en la clarividencia que da agruparse en torno a unas cervezas vimos a Paco irse al otro extremo de la barra, se quedó un momento frente a la pared, se agachó alargando los dos brazos hasta apoyar las manos en el suelo y ágilmente levantó las piernas apoyando su cuerpo en la pared quedando perfectamente vertical. Sus hombros se relajaron, dejó la cabeza sobre el suelo pegajoso sosteniendo todo su cuerpo y se sumergió en un profundo letargo.
En el resto del bar se produjo una conmoción. Los bustos de los clientes que sobresalían de las mesas se quedaron paralizados contemplando aquella estática columna humana. A Borrallo le entró un ataque de risa:
-Le he visto hacer eso sobre un taburete en otro bar -dijo palmeándose los muslos.
-¡Son casi las dos! –dijo Mediavilla consultando el reloj-. Tengo que ir a Correos a recoger un paquete antes de que cierren ¿Alguien se viene conmigo?
La partida se disgregó y salimos a la calle, hacia la cercana Vía Layetana, dejando el bar sumido en murmullos y risas secas.
 Cuando salimos de la oficina de correos Pons propuso ir a comer algo. Fuimos a otro local que también ya es historia, un sabroso y barato hindú -El Tandoori- de la calle Ample. Muchas cervezas llegaron a la mesa mientras esperábamos el Karahi-Lamb, cordero picante con jengibre, comino y frutos secos; aún lo echo de menos.
Recuerdo que de repente salió una cucaracha de una grieta en la pared y se paró sobre nuestro mantel. Un momento después aterrizó otra cucaracha. Las dos se contemplaron indecisas hasta que una se acercó a la otra y entrelazaron sus antenitas.
-Es un ritual de apareamiento –opinó Pons y pidió otra ronda.
Llevábamos un rato bebiendo cerveza y esperando a que las cucarachas se decidieran a  consumar su romántico encuentro cuando Borrallo dijo:
-¡Eh! ¿Y qué habrá sido de Paco Mena?
 Regresamos apresuradamente al bar Moriles con una mezcla de aprensión y curiosidad. El dueño del bar no disimuló que se alegraba al vernos:
-¡Por fin, chicos! A ver si le decís algo a ese tío raro que me espanta la clientela.
Dos horas y media después Paco aún permanecía allí, boca abajo, inmóvil en aquel rincón del bar. Tenía una expresión relajada, como la de los adictos al dormir cuando se despiertan entre mantas en un domingo lluvioso.
Años más tarde vi a Paco Mena en las Ramblas, poco antes de Navidad. Cantaba villancicos con una guitarra junto a un plato con monedas. Después de cada canción gritaba: “¡Paz en la Tierra a todos los hombres de buena voluntad, menos a los políticos que son unos chorizos!”.
Lo dicho; todo un personaje.

Dedicado a Mont Lloret que me recordó la anécdota y a Julio, el dueño del bar Moriles, que me encargó este dibujo para el cristal de la puerta de entrada:
Hablando de bares y bebercio... ¿No les parece que a Bogart se le pone una voz rara cuando va trompa?


jueves, 3 de julio de 2014

¿CONOCEN EL TEST BECHDEL?


¿Qué es el Test de Bechdel? Pues una prueba para valorar si una película es, o no, sexista. Para que un film supere este test ha de cumplir tres requisitos:
- En la película tienen que aparecer al menos dos mujeres en pantalla cuyos personajes tengan nombre.
- Esas mujeres tienen que hablar entre ellas.
- El tema de conversación no puede ser un hombre.
El origen de esta prueba está en una página que la dibujante y feminista militante Alison Bechdel publicó en su cómic Dikes to Watch Our Four (1995) Unas bollos de cuidado en la edición española de Editorial Egales:

 Lo que en principio parecía una broma o un juego conoció una gran repercusión en los foros de internet que sorprendió a su misma autora, especialmente en Suecia: Ellen Tejle- líder feminista y encargada de programación en un cine en Estocolmo- se comprometió a estrenar únicamente películas que aprobaran el Test de Bechdel  aumentando notablemente los ingresos de taquilla. En la foto aparece mostrando la “A” que certifica qué películas han aprobado el test. Además IDAG-TV, la principal guía televisiva de Suecia, aplica ese símbolo para clasificar aquellas películas que cumplan con esta regla.
 De lo que no hay duda es que la gran mayoría del cine clásico no aprobaría el Test Bechdel, entre ellas Ciudadano Kane o Vértigo, consideradas las mejores películas de la historia. Más claro se percibe en géneros con fuerte presencia masculina como el bélico o los westerns. En Solo ante el peligro (High Noon, 1952) hay más de una escena entre Grace Kelly y Katy Jurado, aunque en sus conversaciones siempre aluden al sheriff Cane (Gary Cooper) La segunda parte de El Padrino, en cambio,  sí que aprueba el test con un diálogo entre Connie Corleone y su madre.
 Otras muchas películas más recientes tampoco aprueban el test; es el caso de La guerra de las galaxias: en la trilogía original solo hay tres personajes femeninos con nombre y en ninguna de las tres películas intercambian una palabra entre ellas. Tampoco la trilogía de El señor de los anillos supera la prueba, ninguna de las tres partes, y es que a pesar  de tener personajes femeninos relevantes, nunca coinciden en pantalla. Un caso curioso sería el de Gravity;  la protagonista absoluta es una mujer –Sandra Bullock-  pero tampoco cumple los requisitos pues es la única actriz que aparece en la película.
 ¿Qué les parece eso del Test Bechdel? Venga, me mojo yo primero: no me convence ese sistema de evaluar las películas. Creo que el cine o cualquier otra manifestación artística tienen que valorarse por su calidad. ¿Conviene rechazar obras como Casablanca, Raíces profundas o Apocalypse Now por no superar un test? Eso sí: también valoro muy negativamente la escasa presencia femenina en la industria del cine. Además, los personajes masculinos y femeninos parecen repetir siempre los mismos roles, algo que tendría que estar ya superado.

...Y A OTRA COSA
La semana pasada me presenté a un casting de doblaje. Mi primera prueba consistió en una escena de Bichos. Fue divertido, me encanta doblar dibujos animados.

La siguiente prueba era una jugosa escena de tensión sexual de Pequeñas mentiras sin importancia, ideal para lucirse, pero en el momento 0.40 me desconcentro y la pífio en la sincronización. En fin, a ver si la próxima vez hay más suerte.



viernes, 27 de junio de 2014

SLENDERMAN, LA PRIMERA LEYENDA URBANA DE INTERNET

Confieso que no había oído hablar del Slenderman (El Larguilucho) hasta que me encargaron esta ilustración para un artículo.

 Pero, ¿quién es este ser? Pues un personaje ficticio que se originó en un foro de internet convertido ahora en una leyenda urbana. Es representado como lo que parece un hombre delgado, extremadamente alto como un árbol, con brazos muy largos y que a veces suele tener tentáculos en la espalda, manos más grandes que las de un humano y con un rostro blanco sin rasgos faciales. Usualmente viste con un traje formal negro y corbata del mismo color. Las distintas leyendas formadas alrededor del personaje dicen que SlenderMan acecha, secuestra, o traumatiza personas, particularmente niños y suele merodear por las zonas boscosas del Noroeste de los Estados Unidos.

 El fenómeno surgió en 2009, en el foro de internet CreepyPasta de Eric Knudsen, quien publicó una fotografía que mostraba una figura alta y siniestra al acecho detrás de un grupo de niños. Lo realmente perturbador de la imagen era la presencia de niños que jugaban alrededor del extraño, como si no pudiesen verlo, pues… ¿a qué niño no le llamaría la atención de un tipo alto, sin cara y con tentáculos?  Knudsen propagó el rumor de que esos niños desaparecieron poco después sin dejar rastro, al igual que Mary Thomas, la autora de las fotografías. Nunca encontraron sus cadáveres. Y eso no es todo; mucha gente aceptó esa historia como cierta.
 Al parecer el Slenderman se basa en  The Grossman: (“hombre alto”) un humanoide altísimo y aterrador que vivía en los bosques y se llevaba a los niños que se portaban mal, la leyenda es de origen alemán. Su relación con Slenderman implica a unos grabados hechos en 1540 por Hans Freckenberg: en uno se ve a un caballero medieval luchando con un esqueleto de extremidades anormalmente largas, en otro se ve a un esqueleto semejante llevándose a unos niños. Se cree que ese esqueleto es una representación de The Grossman. Supuestamente, Hans desapareció (creen que se lo llevó The Grossman) sin razón aparente en 1543, y los grabados fueron hallados en el Halstberg Castle en el 2003. No sé, pero esa historia me suena a otro bulo de CreppyPasta.
Las alarmas se han disparado al registrar un ataque inspirado por Slenderman: El 31 de mayo de 2014, dos niñas de 12 años de edad inmovilizaron y apuñalaron 19 veces a una compañera de clase también de 12 años. La menor víctima de estos hechos sobrevivió al ataque gracias a la intervención de un ciclista que pasaba por allí. Según las autoridades, afirmaron que querían cometer un asesinato como un primer paso para convertirse en proxies (acólitos) de SlenderMan, después de haber leído sobre él en la red.

El próximo agosto se espera en nuestras pantallas  Entity o SlenderMan:The Movie, una película independiente de terror dirigida por los hermanos Christopher y Jeremy Jadallah. Por el tráiler me parece – y mucho- que se han inspirado en El proyecto de la bruja de Blair.
Dedicado a Miguel Ángel del blog El carnaval del señor Wolfville.



miércoles, 18 de junio de 2014

CUATRO HIPSTERS EN UN COCHE (Relato con receta)

--Esta debe ser la casa de la fiesta –dijo Mario señalando al frente.
Aparcó el coche junto a un arcén de hierba. Los otros tres ocupantes levantaron la vista de sus smartphones examinando la casa parduzca y sus ventanas iluminadas.
-¿Seguro que es aquí la fiesta? –Iván tomó a Paula por el hombro notando que su mano aún temblaba. Se habían llevado un buen susto cuando Mario, con un brusco giro de volante, evitó chocar contra un árbol al tomar una curva con demasiada velocidad.
Vaya decoración –advirtió Sandra arrugando su nariz. No esperaban aquel entorno de objetos absurdos, surtidores de imitación y querubines color turquesa. Parecía la mansión de un mafioso ruso.
Mauro acercó su mano al timbre y en ese momento se abrió la puerta como si alguien que estuviera dentro los hubiera visto llegar.
-¡Hola! Adelante - Tras la puerta había un hombre de treinta años estilizado y atractivo, a pesar de su chándal de mercadillo y el peinado mullet. Rezumaba confianza y cordialidad. Se presentó -: me llamo Hugo.
 El tumulto en el interior era increíble. Se hallaban en una enorme sala abarrotada de gente. Los cuatro amigos lanzaron críticas miradas a la imposible ornamentación: candeleros, flores de cera, cuadros con escenas de caza del zorro en una campiña inglesa... Toda una parafernalia del mal gusto, desconcertante y sin armonía. Había una chimenea color rosa pastel donde ardía un fuego sobre una plataforma a pesar de que hacía calor.
Nadie parecía reparar en los recién llegados. Mario tomó la iniciativa y los hipsters le siguieron entre compactos grupos de personas. Todo parecía irreal, como si la gente se disolviera ante ellos. La brillante melena de Mario les orientó hacia un buffet frío rebosante de embutidos y lonchas de queso. Iván se sirvió un vaso de un gigantesco tazón de vidrio.
-Vino rosado – informó a Paula con una mueca-, y muy malo. Se introdujo en la boca una alita de pollo que tenía un sabor indefinido.
Paula no le escuchaba, se había quedado absorta contemplando un rostro amarillento que atisbaba el interior desde una vidriera, estaba royendo algo que parecía una ardilla… o una rata. Paula supuso que era una ilusión óptica causada por los reflejos del fuego de la chimenea.
La multitud aumentaba. La atmósfera se volvía húmeda y cargada. Los hipsters se sentían como flotando en gelatina caliente. Sonaba un disco de Melody.
-Vaya gente rara –observó Mauro.
- ¿Pero conocéis a alguien de aquí? –intervino Sandra-. Yo creo que nos hemos equivocado de sitio… y de fiesta. No es nada de nuestro estilo, en absoluto.
-Lo que me faltaba después del susto en la carretera –dijo Iván-. Esto es horrible, vámonos de aquí.
Se dirigieron apresuradamente hacia la puerta. Hugo, el hombre del chándal y el peinado mullet, les cortó el paso incrementando su confusión. Le acompañaba un hombre gigantesco con media cara hundida, una visión desagradable e increíble acentuada por la  estridente camisa hawaiana adornada con piñas y palmeras que vestía.
-No podéis salir –la voz de Hugo tenía ahora un extraño carácter metálico-. Muchos actúan así, os acostumbraréis,  todos lo hacen.
 Se acercó a un balcón y los cuatro hipsters miraron en la dirección que señalaba su brazo. Había una imponente vista de la carretera y las colinas que la rodeaban.
-¡Mi coche! –exclamó Mauro.
Lo que quedaba de él, más bien. El vehículo estaba comprimido contra un árbol en una curva desagradablemente cerrada. Por una ventanilla asomaba un brazo ensangrentado. Paula reconoció su llamativa pulsera.
-Bienvenidos al Purgatorio de los Hipsters –los labios de Hugo se retiraron sobre los dientes amarillos; se suponía que era una sonrisa-. Os espera una larga temporada en esta sala con mala comida y música espantosa. Algunos necesitan su tiempo para habituarse pero aquí hay mucho… tiempo. Después de todo, los cuatro estáis muertos, ¿sabéis?
Por un instante, el salón pareció quedar lleno de ecos hasta que sonó un estallido de música enlatada: La Mandanga, de El Fary.
RECETA HIPSTER
Se considera un plato hipster desde que lo cocinaron en un episodio las protagonistas de Girls; considerada la serie hipster por antonomasia.
TALLARINES CON GAMBAS Y ESPÁRRAGOS
 Cocer en agua hirviendo con sal los espárragos verdes al dente (unos 5 minutos) Cortarlos en trocitos y reservar un poco de agua de la cocción.
Poner una sartén con aceite de oliva a fuego mediano y dorar 4 dientes de ajo fileteados.
Añadir los espárragos, cocinar un par de minutos, agregar un poco del agua de cocción y dejar reducir. Agregar 350g de gambas peladas, sazonar con pimienta negra y cocinar hasta que se vean rosadas (unos 3 minutos) añadir un poco de sal si es necesario.

Cocer la pasta en abundante agua salada. Escurrir y mezclar con las gambas y los espárragos. Servir inmediatamente con un poco de mantequilla por encima.
¿Qué tal rematar con un cóctel con esta ginebra de nombre tan sugerente?
GIN FIZZ
Preparar en coctelera: hielo, 1 cucharadita de azúcar, zumo de medio limón y una copa de ginebra.
Agitar bien, servir en vaso mediano y terminar de llenar con soda.

viernes, 13 de junio de 2014

NORMANDIA: DOS PERSONAJES DE LEYENDA

En el reciente 70º Aniversario del desembarco en Normandía se ha echado de menos -el Padre Tiempo tuvo la culpa- dos testimonios muy singulares:
LA BESTIA DE OMAHA

 Heinrich Severloh (1923-2006) un soldado alemán que el 6 de junio de 1944 defendía el nido de ametralladoras 62 de la playa Omaha en Normandía. Era el mejor tirador de la unidad y su teniente –al que idolatraba- le ordenó resistir a toda costa y vaya si lo hizo: a las 5 de la mañana empezó a disparar y 9 horas y 12.000 cartuchos más tarde aún seguía disparando. Fue el primero en abrir fuego y el último en disparar. Su ametralladora se calentó tanto que la hierba a su alrededor quedó calcinada y mientras su arma se enfriaba seguía disparando con un fusil. De las 2.500 bajas americanas en la playa de Omaha se calcula que casi la mitad se deben a Severloh. Cuando los tanques llegaron a la playa comprendió que no podría hacerles frente, abandonó su posición y fue capturado unas horas más tarde.
En el campo de prisioneros proyectaron un noticiario en el que por primera vez oyó hablar de La bestia de Omaha como le bautizó la prensa americana. Naturalmente prefirió no revelar a nadie la identidad de aquel tirador.
 Las pesadillas por lo vivido aquel 6 de junio le persiguieron durante años. Leyendo el libro de Cornelius Ryan El día más largo Severloh vio el nombre del soldado David Silva –por entonces sacerdote en Alemania- que fue herido en su sector, probablemente por el mismo Severloh. Se hicieron amigos y Silva le convenció de que quizás le ayudaría dar a conocer su historia. La foto recoge el emotivo encuentro de Silva y Severloh (izq. y dcha. respectivamente) en la playa de Normandía. Severloh concedió en 1977 una entrevista a un periodista de Der Spiegel revelando la identidad de La bestia de Omaha. El artículo conoció una gran repercusión y hasta se rodó un telefilme basado en aquel día de junio del 44 que nunca olvidaría Severloh.
EL PRIMERO EN VERLOS LLEGAR

El comandante alemán Werner Pluskat (1912-2002) fue el primer hombre de la Europa ocupada en divisar la invasión desde su bunker en Omaha, muy cerca de la posición de Severloh (En la foto, Hans Blech en la película El día más largo (1962) Gritó su célebre frase: "¡Es la invasión, miradla!" y llamó por teléfono a su superior, el coronel Block:
-¡Block, es la invasión! ¡Hay miles y miles de barcos!!!
-¿Hacia dónde se dirigen esos barcos? -preguntó Block.
Pluskat miró por la abertura del bunker y contestó:
-Directamente hacia mí.

Dediqué un relato a ese periodo convulso de la Francia de 1944, visto desde una barbería:
BARBERÍA BROSSET, 1944

Durante cuatro años todos los jueves entraba en mi barbería el mayor Stuermer, jefe de las fuerzas de ocupación de la zona, para recortarse el cabello. Ocho centímetros reglamentarios en la parte frontal y rasurado en las sienes y nuca. Una mañana de junio me indicó que se lo dejara más corto que de costumbre pues se iba con su unidad a Normandía. Le esperaba una larga temporada llevando casco de acero y el calor apretaba. Apliqué mi rigor profesional para disimular la incipiente alopecia de su coronilla. Desde ese día nunca más volví a ver a Stuermer.
Un día de finales de julio a la hora de comer –cuando no suele haber nadie en la barbería- entró Bouvet muy nervioso y cargado con dos maletas. Bouvet era un colaboracionista que hasta se había dejado crecer un bigotillo igual al de Hitler. Me pidió que se lo afeitara. Cuando terminé me pagó con un paquete de cigarrillos –ya casi no circulaban los Reichmarks- y se fue apresuradamente. Tampoco he vuelto a ver a Bouvet desde entonces.
  Una bochornosa tarde de mediados de agosto se presentaron tres hombres armados con mausers y portando brazaletes con la Cruz de Lorena.
-Coge tus instrumentos –me dijo uno que, pese al calor, llevaba chaqueta de cuero- .Te esperan cuatro señoritas.
-No trabajo con mujeres –respondí-, esto es una barbería para caballeros…
Se rieron de buena gana y me dijeron que no importaba, que cogiera lo que necesitara y que les acompañara a la plaza mayor.
En un banco del centro de la plaza había cuatro jóvenes sentadas con las cabezas gachas. Una multitud a su alrededor las increpaba.
-Colaboracionismo horizontal -me dijo el hombre de la chaqueta de cuero-. Se han acostado con boches.

Dadas las circunstancias no realicé un mal trabajo. Primero las tijeras, luego la maquinilla. En plena tarea, un corresponsal americano me hizo una foto. Me fijé en el nombre que llevaba sobre el bolsillo derecho de su guerrera: Robert Capa. Después juntaron todos los cabellos en un montón como quien barre hojas secas y les prendieron fuego. Un olor acre se extendió por el pueblo.
Por la noche me serví un rebosante vaso de calvados y me senté frente al gran espejo del comedor. Miré hacia mi reflejo y dije: “El Tribunal de Responsabilidades declara abierta la sesión”. Un juicio en el que yo era fiscal y defensor. Todo era confuso. Acababa de prestar mi único servicio a la Resistencia rapando a cuatro muchachas pero antes me había pasado cuatro años cortando con esmero el pelo a Stuermer y había ayudado a escapar a un colaboracionista. Pronto dictaminé el fallo: era un caso de capilaridad consecuente.
A la mañana siguiente, cuando abrí la barbería, soplaba un fuerte mistral. El cabello se arremolinaba sobre el lado izquierdo de mi frente. La parte derecha de mi cabeza –y la zona correspondiente al bigote- estaba completamente afeitada.