jueves, 27 de febrero de 2020

BESOS PARA TODAS. Relato vampírico.


Qué demonios. Después de tres semanas paseando un catálogo de abrasivos en grano por deprimentes edificios industriales me merezco un respiro; no me resigno a pasar mi última noche en una habitación impersonal rellenando sudokus. En una guía de servicios escort encuentro un anuncio sugestivo: Novias de Dracula.com Hotel o domicilio. Solo noches. Y la frase que termina por convencerme: Sensaciones extremas e inolvidables.
Pido tres chicas, el mismo número de contratos importantes que he cerrado. Media hora después se presentan en el hotel. Muy guapas, especialmente la pelirroja. Es ella la que dice:
-¿Tarjeta o efectivo?
 
-Uuuh… tarjeta.
Se presentan: Mircalla, Wandesa y Darwula.
"Centroeuropeas" -pienso-. "He oído que hay muchas rumanas en este negocio".
-Un placer conoceros, preciosas ¿Queréis tomar algo?
 Cuando me dirijo al mueble bar la morena –Mircalla- me detiene poniendo una mano suave pero firme sobre mi hombro. Susurra:
-Es joven y fuerte. Hay besos para todas.
 Mircalla me abre la camisa sin antes desabrochar los botones. Se oye como un ruido de calderilla cayendo al suelo. Las manos de Wandesa y Darwula se deslizan por mi pecho. Me dejo envolver por una niebla vidriosa de brazos que serpentean y bocas rojas que mordisquean. Veo mi reflejo -sólo mi reflejo- en el espejo del salón braceando en un mar de paredes color mostaza. Es agradable. Incluso cuando sus sonrisas se convierten en muecas de convulsión hambrienta y sus ojos centellean con deleite.
Me despierto tumbado en la cama. La cabeza me arde y siento la boca como llena de bolas de algodón. Es casi mediodía y cuando mis ojos se acostumbran a la penumbra veo algo escrito en el espejo con carmín rojo sangre. No se trata de un número de teléfono como en las películas sino de un mensaje: “Gracias por confiar en Novias de Dracula.com Besos”.
Intento levantarme pero las fuerzas me fallan y todo me da vueltas. Está claro que el mensaje no está escrito con carmín.
-Maldita publicidad –…suspiró y me vuelvo a desmayar.
FIN
Marc Ribot y Ortuño no han traído nada, pero el gran Melmoth nunca me falla:
EL ÚLTIMO TRAGO
  Es una lástima que en los tanatorios no se encuentren bares cuando precisamente son los lugares donde más los necesitas, y no por la tristeza del fiambre, sino por el comportamiento de la gente que lo rodea. Para estas ocasiones siempre tengo a mano una preciosa petaca donde le voy dando, subrepticiamente, lingotazos. Una vez, cuando me llevé la petaca a la boca, salió la mano del muerto del ataúd agarrándome del brazo para pedirme desesperadamente que le dejara dar un trago. Según él, también le resultaba insoportable su circunstancia. Le pregunté si era por aquella gentuza que tenía de familia y me respondió que no era eso, sino lo que ya estaba empezando a intuir de lo que era el más allá, de lo que le deparaba de por “vida eterna”. Le pregunté muy entusiasmado que me lo dijera antes de irse del todo, pero me respondió que nanay de la China, que para eso tendría que morirme yo. Percibí en su voz un tono de envidia por encontrarme todavía vivo. Entonces le amenacé con no darle un trago de mi petaca. Está bien, se resignó, tengo mi móvil en el bolsillo. Los idiotas de la funeraria, aparte de haber maltratado mi cuerpo, ni se han dado cuenta de mi teléfono. Podrás llamarme mañana para ser más conciso respecto al gran misterio. Me dio su número y yo le di mi petaca que, por cierto, el tío le dio un buen lingotazo. Su gaznate producía un ruido que temí que los que estaban allí contándose chistes verdes se dieran cuenta del asunto. Me devolvió la petaca totalmente vacía.

  Me dijo que le habían hecho mucho daño al practicarle la autopsia. El día de espera se me hizo eterno. Quería saber a toda costa qué había en el puto más allá. Sería el primero en saberlo de toda la humanidad. Por fin pude llamar y me respondió el fiambre de buena gana:- ¡Hombre! Veo que todavía me recuerdas…
- ¿Estás bien allí donde quiera que estés? – le pregunté con impaciencia -. ¡Cuéntame cómo es ese sitio! ¿Hay que trabajar como aquí? ¿Te dan una paga de por vida, perdón, de por muerte? ¿Las mujeres se hacen de rogar? ¿Hay televisión por cable? ¿Qué hacen allí los que trabajaban aquí de vendedores de seguros de vida? ¿Hay que poner el despertador para madrugar? ¿Hay que caminar o acaso se levita? ¿Llueve cada vez que tienes que ir a la playa…
En fin, que me excedí con mis dichosas preguntas dominado por el entusiasmo y solo pude llegar a escuchar esto tras un brusco silencio:
- ¡Gilipollas! Acabas de agotar mi batería y ya no puedo decirte que…
FIN
Y mi nuevo colaborador: el sabio profesor Sibelius.
LA RECETA: MACARRONES GRATINADOS CON JAMÓN CURADO
A don Salvatore le encanta esta receta lombarda.
Mientras los macarrones se cuecen en agua salada saltear en una sartén con poco aceite unos taquitos de jamón curado a fuego bajo para que no se tuesten demasiado.

Cuando el jamón cambie de color añadir crema de leche, 2 cucharadas soperas de queso parmesano, pimienta y -opcional- nuez moscada.
Escurrir la pasta y mezclar con la salsa. Ponerlo todo en una fuente de horno con queso rallado por encima y unos pedazos de mantequilla ¡y a gratinar!

miércoles, 19 de febrero de 2020

POP, POP, POP... Historia real


Durante un verano trabajé en un restaurante de la costa regentado por Alexei, un bielorruso.
Yo llegaba por la tarde y allí estaba Manel, del turno del mediodía, que me ayudaba a poner en orden la cocina antes de irse. Lo primero que debíamos hacer era encender el horno. Un gran horno profesional que tardaba mucho en calentarse. Al cabo de un rato empezamos a oír un ruido sordo –pop, pop, pop- como de palomitas en un microondas.
-Son las cucarachas que corretean por el horno –me informó Manel-. El calor las hace explotar.
Suena un ¡plouff! Más fuerte que los demás. Manel suspira:
-Esa debía ser de las gordas. Tío, yo no comería aquí por nada en el mundo.
Alexei hacía oídos sordos a nuestros ruegos de que fumigara mientras procurábamos que las cucarachas más intrépidas no se aventurasen por el comedor. Nos convertimos en improvisados exterminadores usando el palo de la fregona. Raja, el pinche hindú, no nos era de gran ayuda pues su religión le prohibía matar animales.
 La clientela escaseaba, el humor de Alexei se agriaba y el jefe de cocina se entregaba al alcoholismo. A menudo hundía el cucharón en una cazuela y simulaba probar un caldo pero en realidad era ginebra lo que había en esa cazuela.
Una tarde, un inspector de sanidad tiró imprudentemente de un mohoso panel de linóleo del techo y una lluvia de cucarachas aterrizó sobre su cabeza. Un par de ellas cayeron sobre el Steak Tártaro que estaba preparando. Frenéticamente se sacudía los bichos con ambas manos mientras corría hacia el lavabo. Entre dos arcadas le oímos gritar: “Esto es un nido de cochambres!!!”.
-Hoy no hará falta que te mates –me dijo Manel al día siguiente cuando me vio entrar-. Mañana precintan el local y Alexei se ha ido por piernas a saber dónde.
Se oían sisear los tubos fluorescentes, reinaba un extraño silencio en la cocina.
-¿Y las cucarachas? –pregunté a Manel señalando el horno.
-¡Se habrán intoxicado! –contestó riendo y me invitó a sentarme en un rincón frente a una botella helada de Pertsovka.
Tuve que reconocer que Alexei tenía buen gusto para el vodka de pimienta roja.
Un bonito número musical:
Y ya que se ha hablado de vodka, así prepara esta pelirroja el Boody Mary:
En vaso mezclador: Hielo. 3/4 de zumo de tomate. 1/4 Vodka. 1gota de zumo de limón. 1 gota de Tabasco. Sal y pimienta.
Mezclar bien y servir en vaso mediano.
Melmoth se ha inspirado esta vez en un caso real:
EL NEGRO DE BANYOLES
El Negro de Banyoles estaba vivo cuando estaba expuesto en el museo. Pero empecemos por el principio. Se desconoce el motivo que le hizo ir a visitar Banyoles, aunque se sospecha que era un turista más. Se introdujo en el museo. En ese preciso momento, los responsables del museo tenían una vitrina, pero no sabían qué introducir en ella. El museo estaba en ese momento vacío (como siempre), y uno de ellos se le ocurrió una brillante idea cuando lo vio. Le instó a este pobre hombre a que entrara en la vitrina porque formaba parte de una atracción del museo. El hombre entró. Se dice que se comportó como José Luis López Vázquez en La cabina durante un largo y angustioso tiempo. 
 Cuando cayó en redondo lo untaron, vaya usted a saber de qué, y le pusieron un taparrabos y una lanza en la mano. Ese médico haitiano que lo descubrió, tiempo después, no era otra cosa que su primo, que lo reconoció de inmediato cuando fue también a Banyoles en calidad de turista. Desconozco el laberinto burocrático por el que tuvo que pasar el primo del Negro de Banyoles. Cuando abrieron la vitrina, Arcelín, que era así como se llamaba el susodicho primo y como buen haitiano, realizó unos encantos y conjuros que el Negro de Banyoles volvió a la vida. Este le dio las gracias aliviado y le pidió que, si le podía pagar el viaje a Botsuana, lugar donde pertenecía, porque no tenía un duro ni para comprarse ropa. Su primo le dijo que se había quedado sin blanca por culpa de los abogados y los constantes viajes a la ONU. El museo, cabreado por haberse quedado sin la atracción principal, no soltó prenda. El Negro de Banyoles se resignó y volvió a su país a pie con el taparrabos puesto y lanza en mano que le sirvió para cazar y comer ante tan largo viaje.
FIN
Mi nuevo fichaje, Ortuño, con la serie "Hablando se entienden los besugos".
RECETA: POLLO A LA POPEYE. (Foto: Silvina)
Sofreìr los trozos de pollo en aceite. Cuando se vean dorados reservar y sazonar con sal y pimienta.
En el mismo aceite saltear espinacas (mucho mejor si son frescas) con un par de dientes de ajo.
En una cazuela volver a poner el pollo, freír con champiñones cortados a láminas y añadir 1 copa de vino blanco. Tapar la cazuela y dejarlo cocer todo 20m. con el fuego al mínimo.
Servir el pollo con las setas y acompañado de las espinacas.





jueves, 6 de febrero de 2020

DESCONÉCTAME, CARIÑO. Relato, y más cosas...


Lo reconozco, soy un depresivo aguafiestas sin remedio, aunque Ona lo expresa de otra manera:
-Tú lo que eres es un pelmazo hipocondríaco que está siempre escuchándose a si mismo.
-Ya...
Además suelo tener unos irreprimibles accesos de melancolía que sacan de quicio a Ona como ahora por ejemplo, que estamos sentados en la mesa de la cocina tomando whisky una lluviosa tarde de domingo en la que me da por hablar sobre la muerte.
-Nunca me dejes vivir en estado vegetativo -le digo a Ona-, no soportaría depender de máquinas y del líquido de una botella. Si me ves en ese estado desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. Preferiría morir.
Ella se levanta con una sincera pincelada de admiración en sus ojos y desenchufa la televisión.
Luego desenchufa el ordenador, el ipod, el smart mail, la play station y por último me quita el vaso de whisky.
Me invade una -hasta ahora desconocida- sensación de paz y abandono. A mi alrededor todo se vuelve más y más oscuro...
Disculpen pero allá al fondo veo una potente luz anaranjada. Algo me dice que he de ir hacia esa luz.
Adiós.
FIN
MELMOTH: MIRADA AZUL
Él se fijó en ella porque leía una novela de George R. R. Martin en el tren. Le gustó que prácticamente no alzara la mirada de la página. Cuando ella se dio cuenta que había llegado a la estación, cerró el libro con urgencia y se precipitó hacia la puerta. Solo entonces, cuando ella lo miró fugazmente sin verlo, él supo que tenía los ojos azules. Aquella misma tarde, él se compró la novela de George R. R. Martin. Empezó a leerlo pensando en la mirada azul de la desconocida, pero al cabo de pocas páginas ya solo tenía en la cabeza a Cersei Lannister. Al día siguiente, cuando volvió a subir al tren, la bella desconocida estaba sentada a unos metros más allá, pero no la vio: estaba demasiado absorto en las tramas por hacerse con el Trono de Hierro. Fueron pasando estaciones en el mismo tren de cada día, pero para él el mundo era solamente el mapa de Poniente. Tan concentrado estaba que ni se fijó en una guapa morena que lo observaba.

 Al día siguiente la morena leía George R. R. Martin con tanta atención que no captó el interés de un hombre triste y solitario que, veinticuatro horas después, empezó a leer la misma novela. Tal era su concentración que una joven con gafas le tuvo envidia y al día siguiente también leía a Larsson. A medida que transcurría el verano la fiebre de Canción de hielo y fuego fue en aumento en el tren, como si fuera una lectura obligatoria.
Cuando la mujer de ojos azules acabó la pentalogía, levantó la mirada y lo descubrió a él leyendo con fruición la tercera novela de George R. R. Martin. Le gustó tanto que imaginó que podría ser el hombre de su vida, pero él estaba demasiado absorto en la lectura para poder captar el alto voltaje de su mirada azul.
FIN
Mi amigo Ortuño ha dicho eso alguna vez y ha colado.
OTRA VEZ CON LA CORRECCIÓN POLÍTICA
Me han rechazado este dibujo para una marca británica de café alegando que era "demasiado colonialista" y podía herir susceptibilidades. 
CHORIZO CRIOLLO CON SAMFAINA
Bueno, puede ser con salchichas, pero la auténtica samfaina (o pisto) es esta:
Cortar en taquitos berenjena, calabacín, pimiento rojo y cebolla.
Sofreír primero la cebolla y el pimiento, luego el calabacín y la berenjena con su piel. Cuando estén tiernos añadir tomate sofrito o concentrado y dejar sofreír todo junto a fuego lento unos 20 m.
Acompañar como guarnición.