viernes, 13 de abril de 2018

PISOS SINIESTROS


 En mi entrada del 6 de marzo Un piso deshabitado hablo de mi vuelta al trabajo de Enseñapisos. Lo he sido durante cinco años y me pasaron algunas cosas curiosas:
Los primeros días me acompañaba Ana, una agente inmobiliaria que me enseñó algunos truquitos de la profesión como éste: al abrir la puerta da unas patadas en el suelo. “En los pisos que llevan mucho tiempo cerrados a veces hay ratas.” - me dijo-. “Con unos golpes así se espantan, si te preguntan porque lo haces respondes que compruebas la textura del suelo." 
Entramos en un piso con fuerte olor a cerrado y siluetas fantasmales donde antes había muebles. El dueño había muerto hacía un año. Me quedé observando un horrible cuadro con una escena mitológica –el Juicio de Paris- mientras Ana avanzaba por el pasillo: “Procura cerrar el trato en la mejor zona de la casa que es esta…” De pronto soltó un potente grito. ¿”Se habrá topado con una rata sorda”? –pensé mientras corría hacia ella. 
  Ana estaba contemplando una cara resplandeciente que parecía flotar en el centro de una habitación oscura. Encendí las luces. La presunta aparición resultó ser un maniquí. Su cara de porcelana reflejaba la luz del pasillo mientras el resto permanecía oculto en las sombras. 
  Tuve otra experiencia con un maniquí. En una habitación encontré una guerrera del ejército alemán –bien conservada pero llena de polvo y ácaros- con un escudo de tela donde se leía Spanien y debajo la bandera roja y gualda; una guerrera de la División Azul. La vendí en eBay por 700 euros. Hice el primo, podría haber sacado mucho más.
Pero en un planta baja oscura y siniestra de la parte alta me topé con algo de lo más inquietante. Una silla de ruedas apoyada contra una pared. A la altura de los ojos el papel pintado se veía desgarrado como si alguien lo hubiera estado arañando con las uñas una y otra vez. ¡Una visión terrorífica!
También he conocido edifícios donde se saltan la planta número 13 por la fobia hacia este número que tiene un nombre: Triscaidecafobia. Por cierto que hoy es viernes 13 y Día Mundial del beso. Muak!
ESTO ES FICCIÓN.
Estas experiencias me dieron la idea para una historia. La cuento en primera persona porque me resulta más fácil.


RECETA: MACARRONES A LA LEÑADORA
Aunque aquí la primavera se presente fría y lluviosa esta es la típica receta primaveral en Italia.
Sofreír bacon cortado a tiras. Añadir champiñones, guisantes (arvejas, para mis amigos del otro lado del charco) aceitunas negras deshuesadas y cortadas en rodajas y un tomate de lata, de los enteros y pelados. Dejar reducir un poco a fuego mediano y verter 1/2 brick de nata para cocinar. Remover y apagar el fuego. 

Mientras tanto, los macarrones se habrán cocido en agua salada. Colar, mezclarlos con la salsa y servir con pimienta recién molida.
Y de postre, una chorradilla sobre una conocida leyenda urbana:


martes, 3 de abril de 2018

LA ESFINGE Y EL ACERTIJO


El interior del bar del hotel  parece una réplica tridimensional de un cuadro de Hopper. Dos hombres y una mujer sentados silenciosos con los rostros iluminados por la pantalla del televisor. Edipo Comisiones, viajante de comercio,  termina su copa y recoge la llave de su habitación en el mostrador.
El hotel está enfrente de una clínica de cirugía plástica y lo frecuentan muchas mujeres con gafas oscuras para ocultar los moratones de los ojos de las rinoplastias. Mientras espera el ascensor Edipo capta una conversación entre dos mujeres en el vestíbulo:
- Cuando te ponen las tetas, los pezones se quedan torcidos, entonces te los cortan con un bisturí y te los recolocan.
“Siempre se aprende algo nuevo”, piensa Edipo.
 Después de tres semanas paseando catálogos de abrasivos en grano por deprimentes edificios industriales Edipo decide que ya es hora tomarse un respiro. En una guía de servicios Escort encuentra un anuncio sugestivo: Esfinge.com. Hotel o domicilio. Experiencias únicas.
Llama al número del anuncio. “Llegará en media hora”, le informan. Edipo cuelga y se enfrenta  a los  típicos segundos de  desconcierto frente a la ducha del hotel tratando de averiguar cómo funciona. En casa el agua es fría o caliente, en los hoteles es más complejo.
Media hora después llaman a la puerta.
-Soy la Esfinge – dice a modo de saludo en un tono frío como el hielo. Cabellos negros de alazán y labios rojos como una herida recién abierta. Lleva un corto vestido negro de seda y tul.
-¿Una copa? –pregunta Edipo. Silencio. El vestido de satén de la Esfinge se tensa, asoman las puntas de alambre del escote, el vestido se está rasgando, la seda revienta por las costuras y el tul estalla quedándose desnuda. Surgen de su espalda dos enormes alas que llevaba aprisionadas tras un corpiño.
-Te puedo llevar hasta las más altas cimas del placer –dice la Esfinge erguida sobre los jirones de seda y tul amontonados a  sus pies-, pero antes tendrás que contestar un acertijo y si no lo aciertas te devoraré. ¿Entendido? Y añade-: no se vale consultar el Google.
 Edipo asiente. La Esfinge echa atrás la cabeza como si le clavaran un puñal, toma aire y dice:
-¿Qué insecto teje una tela para capturar a su presa?
-Bueno, creo que te refieres a una araña- responde Edipo-, pero…
-¡Pero qué?!!! –se impacienta la Esfinge.“Uf, qué carácter”, piensa Edipo.
-Una araña no es un insecto. Ocho patas. Es un arácnido….
Y un segundo después Edipo  comienza a devorar el cuerpo de la Esfinge. Come y come. Le arranca  la carcasa de la misma manera que se pela una naranja para comer la carne jugosa que hay debajo.  Edipo rebaña los huesos y le hacen falta unas cuantas horas para trinchar la carne de entre las costillas.
Cuando acaba,  el cielo tiene un color azul sereno.  Edipo mete en una funda de almohada los huesos más duros y las plumas que quedan después del sacrificio de la Esfinge.
La calma ha vuelto. Edipo se duerme satisfecho.
FIN
Y ahora, una chorradilla de las mías.
CRIPTOZOOLOGÍA: pseudociencia que estudia animales cuya existencia no ha sido probada.