jueves, 12 de agosto de 2010

TORTURAS MUSICALES


Es sabido que en las prisiones del ejército USA en Guantánamo y Abu Grahib se tortura a los prisioneros haciéndoles escuchar la misma canción durante horas a gran volumen y en una celda a oscuras. Entre el repertorio de tortura sicológica destaca I Love You por ser la canción más frecuentemente empleada con este fin. Los militares eligieron la versión interpretada por Barney, protagonista de la serie infantil Barney and Friends que se emite desde 1992, lo que pone de manifiesto el retorcido sentido del humor de esos guardianes. Barney es un tiranosaurio morado al que le gustan mucho los niños, pero no se los come pues solo se alimenta de sandwiches de mantequilla de cacahuete con jalea (puaajjj) y cada uno de los episodios suele terminar con la canción de marras. Después de oír este engendro ininterrumpidamente durante días seguro que hasta el más curtido de los talibanes acaba tarumba perdido. Por cierto que entre las canciones usadas en las sesiones de tortura hay temas tan dispares como Losing my Religion de los REM y Is Not Unusual de Tom Jones.

La tortura musical ha sido empleada en muchas ocasiones. En la batalla de Waterloo los jaeguers prusianos se pasaban toda la noche soplando sus cuernos de caza para no dejar dormir a los húsares enemigos. En la película Lili Marlen de Fassbinder la Gestapo obligaba a un prisionero a oír una y otra vez la famosa canción. Anacleto, el agente secreto de Vázquez, conseguía doblegar a un sospechoso encerrándolo en una habitación y con el disco Dónde estará mi carro sonando sin parar. Incluso la comedia Uno, dos, tres del genial Billy Wilder muestra una escena con Horst Buchholz torturado por la policía de Berlín Este al ritmo de Risi Bisi, una popular canción alemana de la posguerra.

8 comentarios:

RAFA V dijo...

A mí me recuerda a los Mortadelos (lo de Anacleto no lo recordaba, fíjate) aunque yo no sé si como tortura realmente funciona. Tengo la impresión de que te acostumbras al ruido o a lo que sea; lo digo por experiencia, después de soporta las obras de la Calle Serrano de Madrid durante dos años... esas máquinas picando la calle todo el rato... cómo las echo de menos :-P

miquel zueras dijo...

Desde luego es que uno se acostumbra a todo. Esto me recuerda al personaje de Manuel Alexandre en "Todos a la carcel" de Berlanga, aquel que se había pasado casi toda la vida en la cárcel y por eso se apuntaba a aquella fiesta en un penal. Lo que sí echo de menos de Serrano es un bar de tapas que hay cerca de Bravo Murillo. Borgo.

Gelen dijo...

Para que luego digan que la música amansa a las fieras...

¿Ya han acabado las obras de Serrano? Jo dos años sufriendo los interminables atascos en el 1 y el 74 y ahora que me voy a otra ciudad... ¡¡las terminan!!

Oigres Led Séver dijo...

Conmigo funcionaría mejor antena tres o algo por el estilo, cosido en la pupila por medio de aparatos médicos con un toque steampunk, ya veo el nombre, el naranjito mecánico.


Por otra parte, quería decir que Fassbinder me encanta, en particular viaje a la felicidad de Mama Kuster la tengo en un pedestal.

miquel zueras dijo...

Mala suerte, Gelen. Las obras suelen empezar y terminar en los momentos más inoportunos. Cuando tuve que soportar unas obras frente a mi casa nunca agradecí tanto la invención de los walkman. Borgo.

miquel zueras dijo...

¡Ostras, el naranjito mecánico! Cuidado, Oigres pues Santiago Segura puede apropiarse de tu idea. Un chip con la programación de cualquier FM de las que pululan por ahí. Compartimos el gusto por Fassbinder. A mí me enganchó con "Las amargas lagrimas de Petra Von Kant." Lástima que nos dejó pronto y sin cumplir su sueño: dirigir a Marlene Dietrich. Borgo.

PEPE CAHIERS dijo...

El Super castigaba a Mortadelo y Filemón con "Amanece" de Jaime Morey. Yo tenía una vecina cuyo novio-niñato venía a recogerla en coche y todos los días me torturaba con canciones de Camela a toda pastilla.

miquel zueras dijo...

El Super, Cahiers, haría un buen papel como alcaide de Guantánamo. Uf, Camela, los reyes de la Tecno-Rumba... eso sí que es una tortura cruel y refinada. Borgo.