viernes, 24 de abril de 2009

LA TRAVESÍA DE PARÍS



Pienso ir colgando en este blog de vez en cuando una entrada dedicada a alguna película que me gustase especialmente encabezada por un cartel dibujado por mí.
La travesía de París (La traversée de Paris, 1956) Es una magnífica película dirigida por Claude Autant Lara del que no se puede decir que fuera un hombre con suerte: su primer largometraje, Ciboulette, fue acusado de escandaloso y motivó que fuese relegado del cine durante un tiempo. En 1945, y a pesar de que no dirigió ningún filme propagandístico nazi, volvió al ostracismo por haber trabajado durante la ocupación (Injusto, Edith Piaf cantaba y Sarte escribía por entonces y nadie les dijo ni mu ) Recuperó su l prestigio precisamente con La travesía de París pero poco le duró la alegría: los jóvenes directores de la nouvelle vague señalan sus películas como prototipo de cine rancio y pasado de moda –como el que hace ahora Garci, vamos- y sus últimos años son bastante penosos: es diputado del Frente Nacional de Le Pen pero pronto deja su escaño después del pitote que monta en la Cámara con un discurso lleno del odio racial. El título de sus memorias lo dice todo: La rage dans le coeur (La rabia en el corazón)
La acción de la película transcurre en un mismo día en el París de 1943: Bourvil es un ex taxista que se dedica al mercado negro . A él y a su socio les han propuesto un trabajito: transportar al otro extremo de la ciudad un cerdo cortado en piezas distribuidas en cuatro maletas. En el bar donde cada día acude a comer le informan de que su compañero ha sido detenido al pretender vender jabón de estraperlo a un policía de paisano. Bourvil no tarda en fijarse en un fornido cliente del bar –Jean Gabin- que le parece el hombre idóneo para transportar las otras dos maletas. Así se inicia un divertido y arriesgado periplo por el París ocupado huyendo de los gendarmes, patrullas alemanas (el toque de queda les pilla aún en la calle) y perros famélicos.