sábado, 6 de noviembre de 2010

CREO QUE HE VISTO ALGO


Al abrirse la puerta del bar se oye el silbar del viento y el golpeteo de la lluvia cayendo en la oscuridad aunque no son más de las siete de la tarde.
El dueño del bar examina al recién llegado, lleva años haciéndolo: impermeable reluciente por la lluvia, de calidad, corte de peluquería y zapatos de piel. Un hombre de ciudad en aquel bar de pueblo decorado con embutidos colgantes y banderines de desconocidos equipos de fútbol; tan fuera de lugar como un daiquiri de fresa.
-Un coñac.
Mientras se toma el coñac el dueño advierte con el rabillo del ojo que su mano tiembla ligeramente. El cliente señala con el mentón hacia la puerta:
-Esa casa de enfrente parece estar abandonada.
-No lo parece, lo está –el dueño simula leer un periódico deportivo eludiendo la conversación; hoy no tiene el día sociable.
-Me ha parecido ver en una ventana de esa casa a… una niña.
-¿Cómo? –el dueño le mira incrédulo.
-Han sido sólo unos instantes, pero un relámpago ha iluminado la fachada y he visto a una niña frente a una de las ventanas. Estoy casi seguro del todo… tenía unos ojos grandes y parecían asustados.
-Oiga… -el dueño adopta ese tono cargado de paciencia propio de las personas poco pacientes- como usted ha dicho ha sido cosa de un momento y esa casa lleva años deshabitada. Puede haber visto un gato… o cualquier otra cosa.
El cliente señala con un índice tembloroso la copa vacía. Mientras le sirven el segundo coñac dice:
-¿Sabe que creo? Puede que una niña perdida se haya metido en esa casa para refugiarse de la lluvia –apura su coñac que parece bajar mejor que el primero-. No hay luz y podría lastimarse. Creo que iré a echar un vistazo.
“Los coñacs son para infundirse valor –piensa el dueño-, a estas horas y con ese tiempo la casa se ve bastante siniestra”…
-¿Podría prestarme una linterna? –pregunta el cliente.
El dueño masculla algo entre dientes mientras rebusca en un cajón detrás de la barra. Al menos, piensa, Don daiquiri de fresa me dejará en paz mientras se dedica a explorar la casucha. Deja una linterna cilíndrica con un sonoro clock sobre el mostrador.
-Acuérdese de devolverla. Con esta tormenta es probable que nos quedemos sin luz.
El cliente paga apresuradamente y el dueño suspira aliviado al verlo salir linterna en mano pero una duda le cosquillea: “¿Y si realmente ha visto a alguien?” Lo descarta enseguida meneando la cabeza. “Los de ciudad no tienen buena visión nocturna, están acostumbrados a pasear por calles bien iluminadas”.
Durante un rato sólo se oye en el local el repicar de las fichas de dominó sobre la mesa, el silbido de la máquina de café y las conversaciones envueltas en humo de cigarrillos desde la barra.
El ruido de lluvia se hace más intenso, alguien ha abierto la puerta. Son Don daiquiri de fresa y una niña cogidos de la mano. El dueño del bar los examina, lleva años haciéndolo: el primero tiene en el cuello dos heridas recientes con la carne horriblemente amoratada a su alrededor. Los ojos de la niña son un abismo rojo y… sus pies flotan a unos dos palmos por encima del suelo.
Con una mezcla de incomprensión y miedo infinito el dueño ve a la niña bajar rápidamente la pesada puerta metálica del bar. Los ha dejado encerrados. La niña se vuelve hacia los parroquianos con una mueca burlona mostrando sus espantosos colmillos.
-Ocúpate de los clientes que están en las mesas –dice a Don daiquiri de fresa - Yo me encargo de los de la barra.

8 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Vaya nochecita para ir rebuscando en casas abandonadas. ¡Qué miedo Miquel!. ¿Qué opinaría Richard Matheson de este relato?

PEPE CAHIERS dijo...

Una niña,de noche, lluvia y una casa abandonada. Lo mejor es huir como un bellaco.

miquel zueras dijo...

Marcos. ¿Qué hríamos los que nos gusta escribir cuentos de miedo sin esos pardillos que se meten donde no les llaman? Una casa abandonada, tormenta, sin luz... precisamente mi amiga Anna,lectora y crítica inmisericorde de mis relatos, me ha dicho que era el más "al estilo Matheson" que he escrito. Borgo.

Sr Nocivo dijo...

Es una regla no escrita de los relatos de terror: si oyes un ruido ves, aunque sea el monstruo/fantasma/asesino/lo-que-sea.

miquel zueras dijo...

Una buena combinación, Cahiers. Pero claro, si el protagonista huye por patas se acabó el cuento. Hay gente que está predestinada a ser vampirizada. Vaya, hasta suena en verso. Borgo.

miquel zueras dijo...

Desde luego, Sr. Nocivo, los sonidos son muy importantes en los relatos de terror: puertas que chirrían, aullidos de animales, pasos en la oscuridad... y lo que venga luego. Borgo.

Licantropunk dijo...

Fan-tás-ti-co. En ambos sentidos. Este relato tiene un ritmo magnífico y ¡vaya final que te has marcado! Otra vuelta más a la Carmilla de Le Fanu.
Saludos

miquel zueras dijo...

Me alegra mucho que te haya gustado, Licantropunk y gracias por recordar a Carmilla (nada menos). Creo que las niñas-vampiro pueden dar mucho juego, como en algunas terroríficas histórias de Vampus. Saludos. Borgo.