lunes, 7 de noviembre de 2011

LA VISITA DEL CALAMAR (RELATO)

Dedicado a Isabel del blog PELICUARIO. Nació en Montgat y le gustan los bocadillos de calamares.


Gregorio Halibut se estaba deshaciendo de un sueño con bellos y dulces fantasmas como quien se deshace de una piel de serpiente recién mudada. Se removió para colocarse en una posición más cómoda y entonces percibió ese olor a marea baja propio de la actividad sexual. Nada de eso había ocurrido en la cama de Halibut desde hacía mucho tiempo y se estremeció ligeramente cuando su mano tropezó con algo húmedo y cartilaginoso. Apartó las sabanas de un tirón y descubrió un calamar.
Aquello era tan insólito que Halibut se sintió más desconcertado que inquieto. Como si hubiera entrado una ventolera repentina abriendo las puertas de par en par. Sosteniendo uno de los tentáculos entre dos dedos fue hacia el lavabo y arrojó el cefalópodo al inodoro.
Por la mañana Halibut tomaba café observando distraído el juego de los rayos del sol filtrándose por las rendijas de la persiana. Frunció los ojos y unos globos acuosos y distantes le devolvieron la mirada. Un calamar estaba recostado sobre la jarrita de leche con sus tentáculos colgando indolentes en un ángulo de la mesa. Mientras Halibut observaba el calamar siendo tragado por el inodoro decidió pedir hora al doctor Fletán, su médico de cabecera.
El médico lo miraba ceñudo y con embarazosa expresión profesional cuando le pidió a Halibut que le hablara de su infancia. Escogiendo con cuidado sus palabras Halibut relató su niñez solitaria, con un padre distante que prefería dejarlo al cuidado del tío Lucio –el rarito de la familia- que le colmaba de atenciones y regalos. Fue entonces cuando el doctor le preguntó:
-¿Cuál era el trabajo de su tío Lucio? –y cuando Halibut respondió que tenía una pescadería en el mercado la voz del doctor adoptó un tono autoritario y profesional: -Ahí está el quid. Su estado emocional, necesitado de afecto, quiere emular la presencia y los regalos de su tío Lucio, el pescadero. Esos mensajes que le lanza el subconsciente como una bengala de socorro los representa ese calamar que usted imagina ver…
-No son imaginaciones, doctor – le interrumpió Halibut-. Percibo incluso el olor a pescado rancio de ese bicho.
-¿Cómo?! –el médico perdió su semblante imperturbable-. Eso es alarmante, las alucinaciones olfativas suelen ser síntoma de lesión cerebral – escribió una dirección en un papel y se lo entregó a Halibut-: Se dirigirá lo antes posible a este centro donde le harán unas pruebas, tendrá que permanecer allí una semana. Es un sitio agradable, como un balneario.
Este lugar estaba en la costa, en Montgat. Halibut se dispuso a preparar su equipaje. Al abrir la maleta apareció un calamar que parecía saludarle con un tentáculo alzado y recostado sobre una hebilla.
Halibut conducía por la curvilínea carretera de la costa. Desde su ventanilla veía las playas blancas y las olas chocando imponentes. Seguía conduciendo paralelo al mar cuando un túnel lo ingirió. La radio se animó súbitamente al sonar un viejo tema de Flash and the Pan: Squid Dance. Halibut movió apresuradamente el dial convirtiendo la melodía en una sucesión de medias palabras atropelladas. Cuando descubrió que había dejado atrás el túnel y que se dirigía hacia un abismo intentó girar con un chirrido atroz de los neumáticos. Perdió el control del vehículo, se precipitó al vacío y en perfecta parábola aterrizó en un mar que lo saludó con siniestra calma.
El coche se hundía con rapidez. Halibut abrió la ventanilla para poder salir cuando el coche se llenara de agua y se posara sobre el fondo pero cometió el fatal error de no desabrochar antes el cinturón de seguridad. Forcejeó inútilmente con el cierre hasta que dejó escapar su vida con un estertor burbujeante.
Minutos después una sombra blanca, pequeña y fantasmal penetró por la ventanilla. Un calamar se acercó al inerte cuerpo y le rodeó afectuoso el cuello con sus tentáculos. Permaneció en esta posición dejándose mecer por la corriente, agitando perezosamente las branquias y con la cabeza recostada sobre la mejilla de Halibut.
Lo cierto es que el calamar parecía feliz.

41 comentarios:

Isabel dijo...

Jajaja, mussol, muchas gracias por la dedicatoria, me ha emocionado, ¿te gustó el bocata? pobre calamar y pobre Gregorio.
Besos y bocados.

Lluís Bosch dijo...

No e llamo Isabel, pero viví en Montgat unos años de juventud. Sobre calamares sé muy poco, aparte de cómo cocinarlos de tres o cuatro formas (una de las cuales es incluirlos en una paella marinera).
El relato... ligero y divertido como siempre.

miquel zueras dijo...

Hola, Isabel. Lo de Gregorio es un guiño al Samsa de "La metamorfosis" pero aquí con calamar que es un animalito que me gusta más que los escarabajos. Buenísimos los bocatas de calamares madrileños, parecían felices en el pan como el del cuento. Besos. Borgo.

miquel zueras dijo...

Hola, Lluís. Montgat me trae recuerdos infantiles de cuando íbamos a las playas de ese pueblo y las de Ocata huyendo de la alquitranada Barceloneta de entonces. Si quieres te paso una receta de calamares encebollados al coñac que está de muerte. Saludos. Borgo.

Lluís Bosch dijo...

Pues eso no hay que preguntarlo, Miquel. Espero la receta.

miquel zueras dijo...

Encantado, Lluís: un kilo de calamares y un kilo de cebollas. Corta fina la cebolla y sofríe a fuego lento, cuando se vea blanda añade los calamares límpios sin la espina y la bolsa de tinta. Vierte el coñac y cuando reduzca un poco añade crema de leche, sigue removiendo un cuarto de hora y estará listo. No pongas sal, el calamar ya tiene un sabor fuerte. Recomiendo acompañarlo con arroz salteado con ajo. Buen provecho. Borgo.

natsnoC dijo...

Muy bueno, aunque no sé yo lo bien que se tragaría el inodoro el calamar. Yo lo habría guardado y se lo hubiera llevado al médico, para que me confirmara la alucinación.

miquel zueras dijo...

Hola, natsnoC. Pues también es verdad, aunque supongo que Halibut no esperaba que el médico lo tomara por alucinaciones y además tenía que hacer el viaje a la playa... bueno, lo dejamos en un arreglillo de la trama. Je, je. Saludos. Borgo.

Aris dijo...

je je muy bueno el relato, el calamar estaba enamorado, o era una calamar?
Por cierto, cerca de Montgat esta el Parque Calamar, en Masnou.
(Bueno, Caramar, pero nosotros le llamamos calamar)

fiona dijo...

Yo el calamar ni al retrete ni al médico...a la olla! jajajaja

Me ha gustado el abrazo final...como si lo estuviera esperando.

1besico!

miquel zueras dijo...

Hola, Aris. Digamos que el calamar le había cogido cierto cariño, al fin y al cabo tienen dos corazones. Bueno lo del "Parque Calamar", no lo sabía. Saludos. Borgo.

miquel zueras dijo...

Hola, Fiona. Todo lo que nada, corre y vuela... ¡a la cazuela! Eso es. Sí, más o menos el calamar le esperaba, eran visitas premonitorias. Besicos. Borgo.

Fanny Riffel dijo...

MMMMMM...calamaaar...
Jajajajaa,me encantó el relato (y los anteriores también,sobre todo el de Halloween)
Abrazo

miquel zueras dijo...

Muchas gracias, Fanny. Curioso, en Buenos Aires no encontraba a nadie que le gustara el pescado, yo lo compraba en el Mercado de Progreso con sus dos únicos puestos de pescado. ¿Probaste el pollo Marengo con gambas? Saludos. Borgo.

Clementine dijo...

Es que hay pocas cosas tan buenas como un bocadillo de calamares madrileño.. Genial relato, Miquel, y muy bien contado. ¿Para cuándo un libro recopilatorio de tus relatos con autoilustración de portada? Besos, Borgo.

miquel zueras dijo...

Muchas gracias, Clementine. Yo m he convertido en un adicto a los bocadillos de calamares de Legazpi, una zona que suelo visitar. La eitorial Laertes de Barcelona ha recogido mis relatos en un libro que se llamará "Muy breves" con ilustraciones, lo que aún no está claro es cuando aparecerá pero me hace muchísima ilusión. Muchos besos. Borgo.

Clementine dijo...

Avisa, avisa cuando salga, que a mí también me hace mucha ilusión. Muchos más besos para ti.

miquel zueras dijo...

Gracias de nuevo, Clementine. Te enviaré el proyecto de portada, supongo que aparecerá después de las Navidades. Besos. Borgo.

El Tirador Solitario dijo...

Me encantan los calamares, y especialmente la variedad que son los chipirones, o puntillas de calamar, como las llamamos en mi tierra, que fritas están delicosas, con una buena cerveza of course.

Yo me hubiera comido al pobre bicho a la plancha...
¡Un abrazo!

PEPE CAHIERS dijo...

Genial relato, aunque me esperaba que el calamar le hiciera el boca a boca.

miquel zueras dijo...

Hola, Tirador. Desde luego, con lo buenos que están los chipirones encebollados o las rabas frititas que tan bien deben preparar en tu tierra. No me vendría mal encontrarme un calamar cada dia en casa, es algo engorroso prepararlos pero están muy ricos. Saludos. Borgo.

miquel zueras dijo...

Ja, ja. Pues no hubiera estado mal, Cahiers. Un calamar experto en primeros auxilios. Dicen que los pulpos son tan listos como un niño de cinco años, quizás también el calamar. Saludos. Borgo.

RoastBiff dijo...

Bravo, qué gran cuento

miquel zueras dijo...

Bienvenido a Borgo, RoastBiff, me encantan tus microrelatos como ese en el que aseguras no volver a tomar el metro. Gracias y muchos saludos. Borgo.

Von Kleist dijo...

Buenas Miquel

Da un poco de "yuyu" este relato, sobre todo por la escena semiérotica con el calamar...;)

En cualquier caso, buen relato, aunque personalmente habría optado por un desenlace más dramático, con el protagonista suicidandose en la bañera junto al calamar, estilo Will Smith con la medusa en "7 Vidas".

Pos-rata... nueva reseña en mi blog ;)

Saludos

miquel zueras dijo...

Hola, Von Kleist. Vaya, la verdad es que me gusta que alguien me diga que uno de mis relatos es inquietante, lo reconozco. No he visto esa película de Will Smith pero esa escena de suicidio con medusa debe ser curiosa.
Ahora mismo me paso por tu blog, gracias por pasarte por el mio. Saludos. Borgo.

deWitt dijo...

jajaja! genial.....eso de "ese olor a marea baja propio de la actividad sexual" me ha fascinado, jejeje!

saludos

Sidhe dijo...

Hasta el último aliento de vida con un calamar al lado...Igual era el preludio de una nueva religión o secta...

Besos :)

miquel zueras dijo...

Gracias, de Witt. Se me ocurrió en mi pueblo, al borde del mar un día que estaba inspiradillo. Gracias por pasarte. Borgo.

miquel zueras dijo...

Hola, Sidhe. Pues no lo había pensado, la secta calamar donde se pondrían anillos que serían aros de calamar a la romana. No estaría mal con lo ricos que están. Saludos. Borgo.

Mario dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mario dijo...

Yo creí que el calamar lo iba a salvar no pegarse a su mejilla. Al final quien quería afecto era el molusco. El hombre no estaba loco, el animal estaba obsesionado con él. Muy bien escrito y audaz en su extravagancia fiel a tu estilo y con simpáticas ilustraciones. Saludos.

Mario.

miquel zueras dijo...

Gracias, Mario, me alegra mucho que te guste. Hubiera quedado raro que el calamar lo sacara del coche y le practicara el boca a boca, así que me he decidido por una historia en plan "amor imposible" o algo parecido. Abrazos. Borgo.

Alimaña dijo...

Al leer tu estupendo relato se me ha venido a la cabeza la dichosa pelotita de "Al final de la escalera", aquella que regresa a casa para bajar las escaleras tras ser arrojada a un rio poco antes...
Yo si me encuentro al calamar en la cama se lo doy a mi señora para que lo ablande y me lo prepare al ajillo... hay que ser prácticos jajajaja

Saludos

SqSmaravillosa dijo...

Hola Borgo! Por un momento me he podido imaginar la carita del calamar!qué mono!..aunque en este caso es bastante pesadito casi, casi acosador.A mi con este cefalópodo me pasa una cosa muy curiosa; una vez vi un documental en el que mostraban criaderos de calamares para su consumo, y me dió un yuyu terrible al comprobar lo inteligentes que pueden llegar a ser, ya que incluso se dejaban acariciar por los criadores y les cogian la comida de las manos.Sí, ya sé que los cerditos son casi como perros que si los crias hasta acuden a tu llamada y todo, pero es que nunca hubiera imáginado que un ser tan extraño y desconocido en cierta manera, pudiera ser tan listo. Lo más curioso es que me siguen gustado igual los bocatas de calamar, es decir que no me ha afectado en absoluto el hecho de haber visto este documental. !Está tan bueno! Besos

miquel zueras dijo...

Hola, Alimaña. Ostras, sí, aquella escena de la pelota me dio un canguelo tremendo y eso que no aparecía ningún monstruo ni nada parecido. Lo que se puede conseguir con un efecto apropiado sin efectos especiales de ningún tipo.
Supongo que Gregorio no le gusta el calamar, yo ya lo habría hecho encebollado o en su tinta que tampoco está mal. Saludos. Borgo.

miquel zueras dijo...

Hola, Sqs. Sí, he oído que los calamares pueden ser tan listos como los perros aunque no sé de ningún calamar que sepa traer el periódico y las zapatillas (igual es que son más listos) Lo que me impresiona son sus tragaderas, como estómagos con patas, cuando los limpio a veces tienen dentro peces casi tan grandes como el mismo calamar. Ahora mismo me comería yo un bocadillo de calamares como el que desayuné hace poco en Legazpi. Besos. Borgo.

Licantropunk dijo...

De los que más me han gustado entre los que te llevo leídos. Y eso que el nivel es bien alto, ¿eh?
Saludos.

miquel zueras dijo...

Pues muchas gracias de nuestra parte, Licantropunk, es decir: mías y del calamar que me ha inspirado mucho aunque es un engorro encontrármelo cada día en mi cama. Saludos. Borgo.

Fanny Riffel dijo...

Nooo,no lo probé,quiero la receta!!!El pescado lo paso,pero los mariscos son mi perdición...jajaja,por algo soy nieta de gallegos:D

miquel zueras dijo...

Hola, Fanny. Muy facil: tienes la receta en mi entrada del 2o de octubre "El plato combinado de Napoleón". Seguro que te saldrá muy bueno. Besos. Borgo.