viernes, 5 de agosto de 2022

ASCENSO A LOS INFIERNOS

 

Román Castevet acaba de mudarse al primer piso del número 26 de la calle Polanski. Aún conserva ese improvisado ambiente  de campamento a punto de ser levantado, con  cajas de embalaje y maletas, cuando empieza a ser asaltado por ruidos que provienen de arriba. Rumor de tacones afilados sobre el parquet que le taladran los oídos, golpes,  el exasperante sonido de muebles que se arrastran…  Esto se repite a diario y Román decide ir a quejarse.

 Una tarde, Román llama al timbre del segundo piso. Le abre una señora con bata de boatiné color rosa peladilla. Le dedica una mirada glacial que marca la frontera rellano-recibidor.

 -Buenos días. Soy el vecino de abajo. Quería hablarle de unos ruidos insoportables que…

-No somos nosotros, son los de arriba –y señala al techo con el índice extendido.

-Disculpe, los golpes suenan tan fuerte que pensé que procedían de este piso.

- Es la acústica, en este lado de la casa hay la pared maestra y todo resuena. Qué me va a contar… los hemos denunciado y no hemos conseguido nada a pesar de que mi hijo es policía- Aparece un joven vestido de uniforme ajustándose la gorra-. Que tengas un buen día, hijo. No te olvides la pistola.

-Lamento haberla molestado, señora -… El policía ya ha salido, Román sale al rellano y se dispone a cerrar la puerta entornada pero el policía se lo impide apoyando una mano brusca sobre el panel.

-Me he dejado la pistola.

 Roman sube las escaleras y se sorprende al ver la tan distinta decoración del rellano del segundo piso; como si hubiera entrado en otro edificio. Las paredes están pintadas de un lúgubre color ala de mosca y una lámpara vela en la pared del fondo como un ojo vigilante. Mientras pulsa el timbre lee la placa de la puerta: D. Holuskins. Traductor. Le recibe un hombre de aspecto afable con bigote gris recortado y un jersey del mismo color. Lleva un periódico en la mano. Román se presenta y cuando le expone el motivo de su visita el vecino le sonríe:

-Se equivoca, joven. Eso viene de más arriba – Román mira en dirección a su mano que se mueve acentuando el arriba-. Un auténtico incordio…  Ah, ella es mi esposa, Carmen.

Aparece Carmen. A cuatro patas. Abre desmesuradamente su boca de labios sin maquillar, repleta de dientes,  con amígdalas visibles y muerde a Román en una pierna. Holuskins  golpea a su mujer con el periódico enrollado sin brusquedad  pero con firmeza.

-¡No, Carmen! ¡Suéltalo! Disculpe, joven, está algo alterada. Me temo que es un mal momento… ¿Qué tal si viene un día a cenar?

-Sí, sí… me encantaría -Román se precipita escaleras arriba murmurando frases de despedida.

 El rellano del tercer piso, el ático,  le desconcierta aún más. De siniestro ha pasado a sórdido. Una mortecina bombilla ilumina las telarañas que cuelgan del techo como jirones putrefactos. Román llama a la puerta que se abre de repente. En la penumbra le recibe una anciana con aspecto de bruja, de piel tiznada y grumosa,  y detrás lo que parece un hombre barbudo y altísimo. Cuando los ojos de Román se habitúan a la escasa luz distingue que el hombre barbudo es en realidad un retrato de Jesucristo que en lugar de la típica expresión beatífica muestra un rostro confuso, como si le acabasen de comunicar que le han conmutado la pena de cruz por la de servicios a la comunidad.

 Desde el umbral la anciana señala hacia arriba con un dedo huesudo y, se apresura a cerrar la puerta.

 El siguiente piso es el sobreático. El último. Ese rellano huele a pantano, a piedra rezumante de filtraciones. Extraños bichos arrancan susurros de las paredes. Las tinieblas se acumulan en rincones que la luz eléctrica no logra disipar. Román se detiene ante la puerta y escucha con nitidez el ruido, ese estridente repicar  de tacones que conoce bien. “Es aquí”, se dice y golpea con los nudillos pues no hay timbre.

Román tiene la incómoda sensación de que le observan por la mirilla. El chirriar de cerrojos le sacude como un látigo. Se abre la puerta. Por el espacio que deja abierto una cadena se ven unos ojos febriles que en la oscuridad parecen arder como brasas relucientes.

 -Hola, soy Román, el vecino del primero –y extiende una mano.

La puerta se cierra un instante. Román oye retirar la cadena y la puerta se abre del todo. El interior está oscuro como alquitrán. De repente surge un tentáculo púrpura y viscoso que rodea la mano tendida de  Román y tira de él engulléndolo en las tinieblas.  La puerta se cierra bruscamente.

El primer piso del 26 de la calle Polanski vuelve a estar libre. Es de renta antigua, aunque yo me lo pensaría dos veces antes de vivir allí.

HEART DOG

¡VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO!

LA RECETA: TABOULE
Una refrescante ensalada libanesa. Foto: Silvina. 

Necesitaremos:

Sémola de cus cús, zumo de tomate, pepino, pimiento rojo y verde, tomates, cebolla, 1 limón, perejil , aceitunas y hojas de menta.

Poner la sémola en una ensaladera o un cuenco grande y echar el zumo de tomate con un chorro de zumo de limón. Dejarlo reposar todo durante media hora para que la sémola se vaya hinchando e impregnando bien con el zumo.

Pasado este tiempo ir cogiendo bolas de sémola y desmenuzar con las manos para que no queden grumos. Picar las cebollas muy finas así como el perejil (mejor que el perejil sea abundante) y las hojas de menta. Cortar los tomates y el pepino lavado pero sin pelar. Añadir todo este picadillo al tabulé junto con un buen chorro de aceite, sal al gusto, las aceitunas y remover todo el conjunto antes de guardarlo en la nevera. Aconsejo dejarlo reposar una hora. Queda muy bien para acompañar carne a la brasa.

 





martes, 26 de julio de 2022

CAPERUCITA VERDE Y EL LOBO DALTÓNICO

 

Tra´-lá-rá-la-ri-ta… Escucho la voz de Caperucita. La imagino deglutiendo hamburguesas, simulando los primeros periodos y esclava de las redes sociales.

-¿Dónde vas tan sola, Caperucita?

No mostró sorpresa, sabía que ese momento llegaría. Se acomodó su capa verde (yo la veo de ese color) y dijo:

-A casa de mi abuelita. Vive más allá del bosque, en la ciudad, en un piso de renta antigua. Eres el lobo feroz, supongo. ¿Vas a comerme?

-Sería fácil.

-Podrías devorar a los Tres Cerditos.

-No como cerdo.

-O al príncipe.

-Aquí no hay príncipes.

-No me interesa la realeza, parecen insulsos.

-Yo me comería una hamburguesa. Pero antes me gustaría visitar a los Tres Cerditos ¿me acompañas?

Acepté. Nos adentramos en el bosque hasta la casita. Nos asomamos al cristal de una ventana. Había una cacerola hirviendo en el fuego y, sentados a la mesa, tres cerditos. Aunque si se les miraba bien uno se daba cuenta de que eran tres enanos disfrazados de cerditos, bajo la máscara porcina se veían sus bocas. Distinguimos junto a la puerta una cerdita semidesnuda, cubierta solo por una esclavina (una capa que no sirve para nada) las manos de los tres cerditos se perdían en la anatomía de la cerdita. A todo ello se unía el vapor de la cacerola hirviendo que concedía a la escena un aspecto de niebla londinense, presagio de un crimen.

-Son divertidos, los cerditos –dijo Caperucita sin despegar la nariz del cristal-. Y añadió: tú deberías soplar la puerta.

Lo intenté pero era de plástico. El cuento hablaba de paja, madera y leña, pero no mencionaba el plástico. Me di cuenta de que la cerdita llevaba una capucha como la de Caperucita.

-Usurpa tu papel esa chica-cerdita –le dije.

-Es una Trans. Ya sabes, los cuentos actualizados… y las dos vestimos en Desigual –dijo abriendo su caperuza verde y mostrándome la etiqueta-: Desigual mola.

 Me fijé en un curioso retrato familiar de los cerditos y luego en el maquillaje de Caperucita, demasiado recargado para su edad. El humo de la cazuela había recubierto de vaho la ventana, sentí alivio de que Caperucita no viera nada lo que pasaba en el interior con los cerditos enanos y la cerdita transexual.

-¿Me acompañas a comer una hamburguesa? Hay un Burger King cerca.

Nos alejamos de la casa de los tres cerditos. Era verdad, había un Burger King en el bosque. La contemplaba mientras devoraba su hamburguesa. El kétchup verde resbalaba por su barbilla como la sangre de una víctima.

¿Qué llevas en la cestita? –me atreví a preguntar.

-Mi kit de maquillaje.

-¿Podrías… podrías pintarte los labios de rojo?

Caperucita sacó del cesto un pintalabios. Vi como el carmín untaba su boca. Frunció los labios y luego los abrió mostrando una sonrisa depredadora, de enormes colmillos feroces enmarcados por una aureola verde.

Creo que me estoy enamorando…

HEART DOG. Prosiguen las aventuras -o desventuras- de Edu Mastín. 

LA RECETA: Espaguetis a la mantequilla de salvia.

Mientras se cuecen los espaguetis en agua salada poner al fuego una sartén con 1 cucharada sopera de aceite, 1 diente de ajo cortado en láminas finas y 50gr. de mantequilla.

Cuando la mantequilla se haya derretido añadir un puñadito de hojas de salvia y remover con cuchara de madera durante 5m. 

Escurrir la pasta y servir con la mezcla de mantequilla, ajo y salvia. 

Si no se encuentra salvia también se puede usar albahaca. 




 

 


miércoles, 13 de julio de 2022

SEXO ESTILO LOVECRAFT

 

Una conmoción estremece las paredes de la habitación 112 del Hotel Muscaria o al menos eso le parece a Amanita que a sus 46 años por primera vez está siendo infiel a su marido. Describiendo una parábola veloz y rapaz el doctor Phalloides (su ginecólogo, lo que aporta a Amanita cierta sensación de seguridad) se coloca sobre ella.

Ahora Amanita alcanza ese punto sin retorno en el que toda la habitación se comprime en una diminuta luz cegadora que estalla. “Sigue, sigue”-grita Amanita, entonces oye otra voz que se hace más fuerte, exigiendo ser oída:

 -¿Llevas algo? –dice la voz.

-Uuuh… ¿Qué dices?

-Si llevas algo –insiste el doctor, su tono de voz no ha cambiado, sigue congelado en si bemol-. Noto una obstrucción, debes llevar un diafragma o algo así.

-¡Pero si no llevo diafragma! Venga, sigue, cariño…

-Pero hay una obstrucción, Amanita. O llevas diafragma y no lo has colocado correctamente…  o tienes vaginitis atrófica.

-¿Pero qué dices ahora? – dice Amanita-. Vamos, sigue, no lo estropees…

- La vaginitis atrófica o senil es corriente a tu edad, la mucosa está seca porque no produce fluidos y…

 A ella le parece que no solo la habitación, sino el mundo entero se  desploma  en ese momento. Amanita deja escapar un débil sonido, apenas un grito, y luego:

-¡Apártate de mí, estúpido! – chilla indignada. Una ira ciega la invade y se revuelve furiosa-. ¡Vete!!! –Amanita empuja al doctor con tanta fuerza que éste se cae de la cama.

El doctor Phalloides mira desconcertado a Amanita durante unos instantes, luego se levanta del suelo y se viste rápidamente, da una vuelta alrededor de la cama para ver si olvida algo y sale casi de puntillas de la habitación.

Amanita piensa que la habitación 112 destila ahora el maloliente poso de una desagradable escena. “Qué demonios, es un bonito hotel y quiero disfrutarlo…” Coge una carta donde ofrecen bebidas y aperitivos y llama a recepción para encargar un surtido de canapés y una botella de Riesling en cubitera.

Se dirige al baño, abre el grifo de agua caliente y decide hacerse las uñas. Está repasando el exceso de esmalte con algodón cuando llaman a la puerta.

-Servicio de habitaciones – dice una voz apagada por la gruesa lámina de caoba.

Agitando las manos para secar el esmalte Amanita pasa delante del espejo completo del armario. Su reflejo le recuerda que está desnuda y con las uñas húmedas. Decide usar una frase que hasta ahora sólo ha oído en las películas:

 -No estoy visible. Déjelo junto a la puerta, por favor.

-Lo lamento señora, pero tiene que firmar la hoja. Se la paso por debajo del marco.

 Desde el pasillo se desliza una hoja verde y un bolígrafo con el logotipo H.M. del hotel. Con las manos extendidas Amanita se inclina, se coloca en cuclillas sobre la hoja y murmura: “Cthulhu!”

Del interior de su vagina brota fláccidamente un tentáculo gris verdoso. Cuelga de su extremo algo que parece una rudimentaria manita de cuatro dedos, como los personajes de los dibujos animados. La manita agarra el bolígrafo, se acerca a la hoja verde  y firma: “Amanita Fungi” con impecable letra, luego desliza la hoja y el bolígrafo a través de la puerta.

“Gracias, Cthulhu. Escóndete”. El tentáculo muda rítmicamente de color mientras se enrosca para refugiarse de nuevo en el sexo de Amanita.

Poco después, sentada en la cama y masticando huevecillos de salmón, Amanita dedica un lúgubre comentario para el doctor Phalloides: “Un diafragma… ¡Gilipollas!”, y se sirve otra copa de Riesling muy frío.

CORAZÓN PERRUNO

Casualmente me he encontrado con una de las páginas que hice en 1997 para un fanzine -Esquina rabiosa- que nunca vio la luz. El protagonista es un hombre al que le han trasplantado un corazón de perro y eso cambia sus hábitos. Iré publicando algunas páginas de Heart Dog. 

LA RECETA: BERENJENAS A LA PARMESANA
Silvina me hizo esta foto mientras las preparaba
Cortar las berenjenas en láminas y dejarlas en un escurridor 20m. para que suelten su líquido amargo.
Disponer las piezas de berenjenas en una fuente de horno con una cucharada de tomate concentrado, un poco de orégano, un poco de jamón y una loncha de queso mozzarella. 
Hornear durante 30m. a 200º.
Así quedan de bonitas.






miércoles, 22 de junio de 2022

AUTOSTOP

Un autoestopista aparece de repente iluminado por el haz de luz de las largas de un coche. El conductor aprieta el freno de pie y detiene el coche a su lado. El autoestopista asoma la cabeza por la ventanilla y pregunta:

-¿Va usted a la ciudad?

-Sí –responde el conductor-. Suba.

Viajan en silencio, esto le gusta al conductor pues en sus tiempos jóvenes de autoestopista le irritaba que los automovilistas le atosigaran con preguntas tipo “¿Porqué vas allí?” “¿A qué te dedicas?…”

 La impenetrable oscuridad les rodea. Una lechuza ulula en la distancia extrañamente diáfana por sobre el ruido del motor. El conductor distingue la parpadeante luz roja de un paso a nivel y se detiene ante la barrera. El autoestopista rompe su silencio:

-Le agradezco mucho que me haya recogido. La gente desconfía de los autoestopistas por todas esas historias que cuentan…

-¿Qué clase de historias?

-Historias sobre gente que recogen y resultan ser maleantes, asesinos… - prosigue el autoestopista-. Mire, yo trabajo en el INI –Instituto Nacional de Estadística- y me paso el día examinando todo tipo de datos e informes. ¿Sabe cuál es la probabilidad de recoger un autoestopista homicida? ¡Una entre cien mil!

En ese momento se oye el sonido de un tren acercándose a ciento veinte kilómetros por hora. El ruido vibrante de los raíles se va haciendo más y más fuerte.

-Pues yo me sentía muy tranquilo cuando le he recogido –dice el conductor abriendo la guantera y sacando un enorme cuchillo-. Las probabilidades de que coincidan dos asesinos en serie en un mismo coche deben ser de una entre un millón.

El estruendo que produce el tren al pasar por el paso a nivel ahoga los gritos que proceden del coche. 

EL PROFESOR SIBELIUS MUESTRA SU ÚLTIMO DESCUBRIMIENTO

MARIVÍ
LA RECETA: PASTA CON SALSA PESTO. Foto: Silvina.
Hay que aprovechar que ahora es temporada de albahaca fresca.

Mientras se cuece la pasta en agua salada triturar en la batidora 1 puñado de hojas de albahaca, 1 docena de piñones, 1 chorrito de aceite de oliva y 2 dientes de ajo cortados en láminas. 
Escurrir la pasta y servir con la salsa. Aconsejo queso pecorino rallado. 


 

viernes, 10 de junio de 2022

POTI POTI

Otra de esas entradas con un poco de esto y de lo otro.

SERVICIO A DOMICILIO

Latro y Cinio, dos ladrones de pisos, entran en una casa con el método de introducir una radiografía por el hueco de la puerta. El piso es lóbrego, no entra la luz del día, Latro enciende una linterna y pasea el disco iluminado por los muebles. Penetran en la casa vacía percibiendo una hostilidad sorda en las maderas y las telas.

En la cocina revisan el cajón de la cubertería. Cinio chasquea la lengua.

-Aquí hay tanta plata como en mis calzoncillos.

Ruido metálico. Una llave que abre el cerrojo. Los cacos buscan un escondite. “A la despensa” –susurra Latro iluminando una puerta.

Entran en la despensa, cierran la puerta y se ovillan en la oscuridad pero en seguida los alumbra la luz que entra por el cerrojo cuando alguien pulsa el interruptor de la cocina. Otra vez ruido metálico, oscuridad y de nuevo la luz cuando retiran la llave. Los han dejado encerrados.

Latro mira por el ojo de la cerradura. Ve una mujer enorme, de fuertes brazos rollizos que empuña algo que parece un gran cuchillo de limpiar pescado.

-¡Ladrones! –grita una voz femenina que retumba como un trueno-. ¡Robando a una humilde pescadera jubilada! Voy a llamar a la policía!

-¡Eso sería nuestra tercera detención! –jadea Cinio-. ¡Reincidencia! ¡Nos va a caer un buen paquete!

-Chist!!! –sisea Latro, y dirigiéndose a la ex-pescadera-: Señora, creo que podemos entendernos. Mi compañero y yo hemos llegado a esta situación porque somos fontaneros en paro, pero muy manitas. Su piso necesita unos arreglos urgentes y podríamos encargarnos de ello.

-Hummm… está bien –concede la señora después de un breve silencio-. ¿Tenéis herramientas?

-Las de revientapisos –interviene Cinio-, martillo, tenazas, un soplete…

-Os daré el maletín de bricolaje de mi difunto marido –asiente la señora y vuelve a bramar-: ¡Salid, pero ojito con intentar nada! He usado este cuchillo para limpiar tripas de pescado durante cincuenta años y os puedo convertir en sudoku a los dos.

-Se dice sushi –apunta Latro.

-¡A callar! –ordena la señora señalando el grifo de la cocina con su cuchillo-. Hay que cambiar la junta de cierre de este grifo que no para de gotear. ¡Venga, arreando!

UNA SEMANA DESPUÉS

 La señora sonríe satisfecha sentada en el salón mientras añade unos prudentes chorritos de coñac a su café. La casa luce espléndida, el alicatado del suelo está revestido con azulejos nuevos, la pintura de las paredes ha sido renovada... Latro y Cinio se han empleado a fondo con las roturas de las tuberías eliminando goteras y humedades luego repararon las fugas de agua de la cisterna y ahora el piso se ve nítido y brillante por las luces LED que instalaron.

-¡Chicos! –dice removiendo el café- ¡Venga, que es la hora del bocadillo! Descansad un ratito…

-¡Bueno, señora. Pues nos vamos al bar y enseguida volvemos- dice Latro secándose las manos con un trapo-. Ya hemos reparado el mecanismo de las persianas que estaban muy dañados.

-Oye, Latro –dice Cinio mientras se dirigen hacia la puerta-. He pensado que podríamos cambiar la cerradura a la señora, una de esas de alta seguridad, con teclado electrónico.

-Sí –asiente Latro-, que hay mucho ladronzuelo suelto.

La señora se sirve más café con coñac y suspira:

-¡Qué gran cosa eso del Síndrome de Estocolmo!

¿DÓNDE VAN LOS ARMADILLOS CUANDO MUEREN?






Recientemente nos ha dejado Ray Liotta, tuve un fugaz encuentro con él en Londres.
Tachán! Un plato inventado por mí.
LA RECETA: PLATO RÍO-MAR

Poner en el horno una trucha abierta y sin espinas, rociar con aceite de oliva y cocer 20m. a 180º
Freír gambas peladas en aceite con unas láminas de ajo. Añadir 1 vaso de vino blanco y 2 cucharadas de tomate concentrado. Triturar con la batidora.
Servir la trucha con la salsa de gambas por encima.

sábado, 28 de mayo de 2022

MI CENA CON UN TREKKIE. Historia real.


 1993. Fiesta 15º Aniversario de mi promoción del instituto.

15 años sin ver a mis excompañeros y por mí podrían pasar 115 más. Bueno, la verdad es que los seguía viendo como aquellos adolescentes impresentables a los que empezaba a causar estragos la testosterona. Las únicas cuatro chicas que había en la clase no vinieron. En el cartel de la entrada habría que poner: “Promoción del 78. Fiesta sin mujeres y con cerveza caliente. Bienvenidos”.

-¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Soy Andreu.

El ex alumno que me abrazó con un punto más de efusividad del que me gustaría y al que yo recordaba como “el de los ojos saltones” se había convertido en un Steve Buscemi de 30 años.

Trajeron el bufet y enseguida quedamos aprisionados entre un gentío ávido de ganchitos y croquetas congeladas, esto nos facilitó la conversación. Yo le hablé de mi trabajo escribiendo para revistas de gastronomía y él me dijo que gracias al suyo en una agencia de viajes ha visto un montón de países y que acababa de volver de una Convención de Fans de la serie Star Trek en Vancouver.

-¡No me digas que te gusta Star Trek! ¡A mí me encanta!

-Ya veo que tenemos cosas en común –sonrió Andreu.

-Pues tienes que venir un día a cenar a mi casa con Mont, mi pareja –le dije entre dos empujones de gente que iba y venía del bufet- Acabo de comprarme un Pack especial con los cinco primeros episodios de la primera temporada en DVD. Lleva extras y escenas inéditas. Te va a encantar.

Anotamos nuestras señas en las agendas de nuestros móviles. Nos despedimos haciendo el saludo vulcano: la palma extendida y formando una V con los cuatro dedos.

 Llevaba tecleado medio artículo sobre la caldereta menorquina cuando sonó el teléfono.

 - ¿Sigue en pie la invitación a cenar?

 -¡Andreu! Pues claro que sí. Si te va bien puedes venir esta misma noche, a eso de las nueve.

 -No recuerdo si te lo comenté en la fiesta pero es mejor que te advierta de que soy vegano.

 -¡Ah, ningún problema, hombre! ¿A las nueve entonces?

En los 90 todavía no era muy conocido el término vegano, lo busqué en google:

“VEGANO: término acuñado para distinguir a los veganos de los vegetarianos. Filosofía basada en vivir exclusivamente del reino vegetal excluyendo carne, pescado, aves, huevos, miel e incluso leche animal y derivados lácteos.”

Mientras estaba en la cocina preparando el primer plato –calabacitas mexicanas- Mont me dejó claro que no le entusiasmaba pasar una velada viendo episodios antiguos de Star Trek.

 -No entiendo como a alguien le puede gustar esa serie tan cutre -.Estaba apoyada en la puerta de la cocina haciendo girar un CD de Nirvana con el dedo en el orificio. Mientras yo abría una lata de maíz decidió volver a la carga:  -Seguro que es un frikie.

 -Mont, no todos a los que les gusta Star Trek son unos frikies. Y cuidado con ese CD que se te va a caer.

  -¿Sabes si tiene novia?

 -¡Uf!– resoplé mientras cortaba el queso fresco a dados-. Eso no me lo dijo. Al menos esta noche vendrá solo.

 -Seguro que es un frikie –sentenció Mont y se fue a poner un CD de los Limp Bizkit.

Y ahora, el ques… ¡Un momento ¡ ¡Vegano! ¡El queso es de origen animal!

Bajé apresuradamente hacia una tienda de productos naturales. Conseguí llegar un par de minutos antes del cierre y compré un paquete de tofu.

Media hora después sonó el timbre. Apareció un sonriente Andreu con una botella de vino en la mano –sí, los veganos beben- y ¡Dios mío! ¡Vestido con el uniforme rojo y negro de la tripulación de Star Treck bajo la gabardina! Ahora sí que lo tenía crudo para convencer a Mont de que Andreu no era ningún frikie.

 Mont consiguió disimular aceptablemente el shock del uniforme. Presentaciones dos besos en la mejilla. Descorchamos la botella de vino que había traído, un buen Ribera del  Duero. Abrí otra botella de vino mientras Andreu saboreaba las calabacitas.

 -Mmmm… Tienes que darme la receta. 

Andreu elogió el segundo plato -berenjenas rellenas de setas- y aceptó otra ración. Me di cuenta de que el vino disminuía rápidamente y que Andreu llenaba su copa una y otra vez mientras que a Mont y a mí nos era imposible seguir su ritmo.

Ya no quedaba  ni gota de vino cuando traje el postre, fresas con zumo de naranja y hierbabuena. Cuando llegué a la mesa Andreu estaba dedicando a Elena una conferencia sobre los beneficios del veganismo. Por su dicción algo pastosa deduje que el vino le estaba causando efecto.

 -¿Tienes algún licorcito para acompañar estas estupendas fresas? –preguntó Andreu.

Andreu se sirvió una más que generosa ración de whisky en un vaso.

 -A mí me atrae mucho todo lo relacionado con el espacio –dijo señalando la carátula del DVD de Star Trek donde aparecía una nave espacial-. ¿Sabéis que hace dos años en lo alto de una montaña de Lanzarote tuve contacto con un grupo de extraterrestres?

Mont y yo lo miramos desconcertados. Antes de proseguir su relato se sirvió otro lingotazo de whisky.

 -Era por la noche, ya me había metido en el saco de dormir…y me despierto rodeado por unos hombrecillos de un verde fluorescente y del tamaño de un niño de cinco años.

 -¿Y no se te llevaron? –preguntó Mont -. ¿Cómo se dice…? ¿No te abducieron?

 -No –respondió Andreu-. Se limitaron a hacerme cosquillas y se fueron. Quizás en su planeta sea una forma de contacto.

“Cosquillas…” Mont disimuló su consternación comiendo más fresas. Andreu se escanció más whisky.

 Durante el visionado de Star Treck  Andreu se dedicó a imitar los sonidos de los disparos de láser-¡Tzú-Tzú-Tzú! Y a apurar el whisky. Mont roncaba en el sofá.

 -¿Hay más whisky? –preguntó señalando la botella vacía. Bueno, la verdad es que dijo algo parecido a: ¿Hag maz züisky?

 -Me temo que solo te puedo ofrecer vino del que uso para cocinar

 -¡Pues vale!

A las dos de la madrugada llame a un servicio de taxis por teléfono. Andreu me había dicho –y le creí perfectamente- que no se encontraba en condiciones de conducir.

El conductor se quedó perplejo al verme con un tripulante de Star Treck que apenas podía sostenerse en pie y que al intentar despedirme con el saludo vulcano se metió un dedo en un ojo.

 -¿No me vomitará en el coche, eh? –gruñó el taxista.

 - Qué va –le tranquilicé-. Ya lo ha vomitado todo en casa.

Las luces del taxi se deslizaron calle abajo. Volví a mi piso, me senté junto al sofá e intenté servirme un vaso de vino de cocina pero no quedaba ni una gota.

Mont se despertó mirándome con expresión confundida.

 -Bueno –le dije encogiéndome de hombros-. Al menos Andreu es consecuente. ¡El whisky no es de origen animal!

Y le hice el saludo vulcano antes de arrastrarme hacia la cama.

HISTORIA MÁS O MENOS REAL

EL PROFESOR SIBELIUS INSTRUYE A SU SOBRINO


RECETA: CALABACITAS MEXICANAS. Ya que se ha hablado de ellas...

Pelar los calabacines (zapallitos) y cortarlos en trozos pequeños .En una cazuela con aceite y mantequilla sofreírlos y cuando tomen color añadir la cebolla picada y tomates troceados.

Remover bien y añadir el maíz en grano, un poco de caldo, sazonar con sal y pimienta y tapar la cazuela dejando cocer con el fuego mínimo unos 15 m.

Antes de servir en cazuelitas añadir queso fresco (tipo Burgos) cortado en dados y adornar con unos nachos. Así quedó de vistoso el plato:





                                            

martes, 10 de mayo de 2022

LLAMEN AL CAZADOR DE VAMPIROS

 

El poblado estaba siendo hostigado por un Wurdolak, vampiro que sólo se alimenta de sangre de mujeres vírgenes. Se deslizaba sigiloso por las alcobas y a la mañana siguiente descubrían a otra joven en su lecho con dos heriditas en el cuello tan pequeñas como alfilerazos. Todas débiles y pálidas pero vivas, como si el vampiro quisiera mantener su despensa.

El burgomaestre decidió celebrar una reunión urgente.

-¡Queridos conciudadanos! –la potente voz del burgomaestre resonó por toda la sala, un establo habilitado para la ocasión-. Todos estamos afligidos por esta plaga que se abate sobre las doncellas de este pueblo cuando la noche arroja sus sombras-.bebió un sorbo de agua y continuó-: Pero he conseguido al hombre que puede ayudarnos. ¡Les presento al famoso caza-vampiros! ¡El profesor Van Helsing!

 Un atildado hombre de rasgos angulosos entró en la sala cubriéndose la nariz con un pañuelo.

-¡Uf! –resopló-. ¡Qué establo más sucio! ¡Y ese hedor a ajos…!

-Parece algo estirado –dijo el doctor, sentado al lado del burgomaestre.

-¡Estudió en Heidelberg! – respondió el burgomaestre-. No ha sido precisamente barato convencerlo para que venga hasta aquí-. Y se levantó para saludar a Van Helsing que le correspondió con un escueto apretón de manos.

-Es un placer verle, profesor, aunque veo que no ha traído su famoso maletín negro con la estaca, el agua bendita y los crucif…

-Voy a emplear métodos modernos –interrumpió Van Helsing pasando el pañuelo por el asiento antes de acomodarse-. Hay que ir directo a la raíz del problema. –alzó la voz dirigiéndose a la concurrencia-:Queridos pueblerinos… ese chupasangres sigue un patrón, se alimenta exclusivamente de jóvenes doncellas con edades comprendidas entre los 16 y los 22 años como nos demuestra el cómputo de las víctimas. El alguacil me ha proporcionado los nombres de las familias de este villorrio con hijas en edad de merecer.

 Van Helsing consultó un papel que guardaba en un bolsillo y prosiguió:

-Son diecisiete damiselas a las que me propongo salvar de las garras de ese monstruo sediento. Ellas me serán enviadas a ese tugurio que ustedes llaman posada para ser desfloradas por un pulcro caballero –aquí se señaló con el índice-, a razón de dos por día. El vampiro ya no encontrará aquí su sustento y tendrá que irse bien lejos-. Excelencia –Van Helsing se inclinó hacia el burgomaestre-: concedo a su hija (Leonor, 16 años) el privilegio de ser la primera en ser salvaguardada de esa sanguijuela. ¿Le parece bien traérmela mañana a las dos de la tarde?

El burgomaestre se irguió. Sus ojos asomaban llameantes por encima de sus gafas de montura de concha. Berreó:

-¡Sándor, György! ¡Calentad brea!

-¡Lázslo! ¡Trae un saco de plumas!

SIBELIUS TIENE UNA PREGUNTA

EL GRAN FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO

LA RECETA: POLLO CON SALSA DE VERDURAS. Foto: Silvina. 
Sofreír las piezas de pollo en aceite y un par de dientes de ajo. Retirar cuando se vean doradas.
En el mismo aceite pasar taquitos de berenjena, calabacín (con su piel) y pimiento rojo. 
En un recipiente hornear a 200º chalotas (cebollas pequeñas) con vino blanco.
Poner en un bol para batidora una parte del sofrito de calabacines, berenjenas y pimientos y triturar con un poco de caldo o vino blanco.
Volver a poner el pollo en el aceite con las verduras, añadir el triturado de verduras, rociar con 1 vaso de vino blanco, añadir las chalotas, tapar la cazuela y cocer a fuego mínimo unos 20m.
Añadir espárragos o patatas al horno.


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