lunes, 17 de enero de 2011

EL PUKA


A ella le gusta hacer el amor con la televisión encendida, sin volumen y con la habitación a oscuras. Dice que da una luz muy especial. El orgasmo al unísono ha coincidido con la aparición en blanco y negro de Barbara Stanwyck enfundada en un vestido de noche.
Estamos tan empapados de sudor que se oye un grosero sonido de ventosa cuando nuestros cuerpos se separan. Me acerco a la mesita de noche y me enfrasco en la tarea de abrir un paquete de cigarrillos con dedos húmedos y temblorosos. Ella empieza a decirme algo -siempre se vuelve muy habladora después del sexo, debe ser porque no fuma-. Me cuesta concentrarme en dos cosas a la vez, por lo que sólo puedo captar algunas frases al vuelo.
Por fin consigo encender un cigarrillo y dedicarle toda mi atención. Ella ha enronquecido la voz y se cubre la boca con la sábana para que suene más gutural. Esto lo hace cuando imita la voz de su marido.
-Cariño... ¿Has visto mis calzoncillos? Es lo primero que me dice al levantarse por las mañanas- y se echa a reír.
Repentinamente siento una punzada de culpabilidad. Conozco a su marido desde hace años. Una cosa es que esté en la cama con su mujer, pero me parece cruel imaginármelo ahí plantado en medio de esta habitación en camisa y calcetines y con el rabo al aire, sintiéndose ridículo rodeado de medias, sujetadores, camisetas, corbatas... y sin encontrar sus calzoncillos.
Disimulo mi turbación lanzando al techo retorcidos pececillos azules de humo y le digo:
-Quizás no sabe rebuscar en los cajones.
-Lo más curioso -prosigue ella-, es que cada dos por tres, desde que volvimos de aquel viaje a Irlanda más o menos, pierde sus calzoncillos. Y luego o no aparecen o me los encuentro en los sitios más extraños. Empiezo a sospechar de Antonia.
-¿Antonia?
-La chica de la limpieza -hace un gesto como agitando un plumero en el aire-. Quizás es una fetichista que le sisa los calzoncillos a mi marido -y ríe de nuevo.
Me inclino hacia la mesita para apagar el cigarrillo en el cenicero que tiene forma de trébol y la leyenda Greetings from Eire.
-¿Y si el verdadero culpable no es Antonia La Fetichista? -le digo-. A lo mejor os trajisteis de Irlanda un Puka escondido entre vuestro equipaje.
-¿Un… qué? -parpadea interrogativa.
-Los Puka son duendecillos que viven en las casas. A veces toman la apariencia de un enorme conejo blanco. No son malignos pero sí traviesos y les encanta gastar pequeñas bromas como robar objetos o cambiarlos de sitio.
Ella se ha incorporado sobre un codo y simula prestarme una atención exagerada, divertida pero sin malicia, abriendo mucho la boca como si fuera a pronunciar palabras más grandes que su boca. Siento que me estoy volviendo a excitar.
Cuando termino mi breve disertación sobre leyendas célticas ella lanza una rápida mirada al reloj de pared, se desliza bajo la sábana y me quedo contemplando el bulto que culebrea hacia mis piernas. Para no concluir demasiado rápido me entretengo con uno de mis juegos televisivos: intentar adivinar la fecha aproximada de la película por la edad de los protagonistas. Veo una Stanwyck ya entrada en la cuarentena -la película debe ser del 56, más o menos- y a un actor con el cogote surcado de arrugas, como el de los campesinos, que se inclina para besarla. Seguro que es el cogote de Sterling Hayden.
Bruscamente, nos interrumpe el chirriante sonido de las ruedas de un coche sobre la gravilla.
-¡Joder! -ella se incorpora de repente bajo la sábana, parece un fantasma de carnaval. -¡Es él! ¡Esa mierda de reloj debe haberse parado!
Miro hacia el reloj de pared, marca la una y cinco pero el minutero está inmóvil. Como si la cama estuviera sembrada de agujas ardientes salto hacia la mesita donde ella ha depositado antes mi reloj de pulsera (“no me gustan los hombres que lo hacen con el reloj puesto” me dijo mientras me lo quitaba) La esfera parece dedicarme una malévola sonrisa con las agujas señalando las dos menos diez.
Empezamos a vestirnos a la velocidad del rayo. Ella está razonablemente decente con un vestido de verano que se ha puesto por la cabeza y ahora corretea despeinada y descalza recogiendo evidencias: preservativos, kleenex, colillas...
Se dispone a arrojarlo todo en una bolsa de plástico pero se detiene para contemplarme con una expresión mezcla de espanto y reproche.
Estoy plantado en el centro de la habitación en mangas de camisa y calcetines, con expresión ausente.
-Mis calzoncillos... no los encuentro.
El rumor metálico de una llave que gira. Un jovial ¡hola, cariño! y unos pasos que se dirigen hacia el dormitorio.
Pero, maldita sea, lo que termina por dejarme helado es una carcajada sardónica y cascada como de alguien que tuviera doscientos años y que juraría que proviene del interior del armario.

14 comentarios:

Fanny Riffel dijo...

Buen relato! Leí un cuento de Fontanarrosa que hablaba sobre esos duendecitos,que supuestamente los inmigrantes irlandeses,galeses y gallegos trajeron inadvertidamente escondiditos entre la ropa...
Ah! y tenía un tío abuelo que me veía parecida a Barbara Stanwyck....

miquel zueras dijo...

Vaya, Fanny, felicidades. No todos pueden decir que se parecen a Barbara Stanwyck, gran actriz y una mujer muy atractiva.
También hay una película muy buena sobre el Puka "Harvey" con un James Stewart al que nadie cree cuando dice que le acompaña a todas partes.
Saludos. Borgo.

PEPE CAHIERS dijo...

Muy bueno, la verdad es que no sabía como encajaría usted el tema de la infedilidad y los pukas. Pero este es muy puñetero que roba calzoncillos, por lo menos con Harvey te podías ir de copas.

miquel zueras dijo...

Gracias, Cahiers. Lo que yo daría por tener un compañero de copas como el Harvey y no un conejo gigante que sisa ropa interior, debe ser muy molesto. Por cierto que la idea me vino viendo "Donnie Darko" que parece una versión terrorífica de Harvey. Saludos. Borgo.

montse dijo...

Jajajaaa.......... Potser aquest Puka li agradava col·leccionar calçotets.

miquel zueras dijo...

Doncs potser tambè llenceria femenina, Montse. Jo, d´aquests follets irlandessos ja m´ho crec tot. Salut. Borgo.

RAFA V dijo...

Está claro, portarse mal es lo que tiene... menos mal que tenemos al puka vengador. Este relato suyo (por cierto, enhorabuena) me ha recordado a la película de L.A. Confidential... pero, ¿por qué? Estoy preocupado...

miquel zueras dijo...

Gracias, RAFA V. Sí, creo que en el fondo me ha salido un cuento algo moralista y no era mi intención. Ostras "L.A, Confidencial"...? Pues no sabría decir porqué, yo tenía en mente "Donnie Darko" y "Harvey", me tiene intrigado. Por cierto que el dibujo era para la novela original de Mary Chase la guionista de "Harvey", en principio era un relato de terror pero lo reconvirtió en comedia. Saludos. Borgo.

Sr Nocivo dijo...

Me ha gustado el relato, sobretodo con ese final que ya se anuncia cuando la infiel le cuenta a su amante lo de los calzoncillos. Una pregunta: conozco Donnie Darko porque la he visto varias veces, pero no entiendo, al menos ahora, la referencia a "Harvey", así que pese al riesgo de parece tonto pregunto: ¿a qué se debe esa referencia?

miquel zueras dijo...

Hola, Sr.Nocivo, me alegra que le haya gustado el relato. Bueno, lo de "Harvey" es por el personaje de James Stewart que aseguraba -sin que nadie le creyera- que le seguía a todas partes un Puka que sólo él podía ver. Siempre me hizo gracia ese personaje en forma de conejo gigante aunque por la noche de San Juán gastan bromas muy pesadas. Saludos. Borgo.

Licantropunk dijo...

Me dejas alucinado con tus relatos: muy bueno.
Ese Puka me recuerda a los trabubus de los Delinqüentes.
Saludos.

miquel zueras dijo...

Gracias, Likantropunk. Menudos gamberros esos trabubus, te vacían la nevera, se beben tu cerveza, te esconden cosas... como los Pukas, vamos. Para este dibujo tomé en plan de broma uno de esos conejitos de la Wii y para mi sorpresa en la editorial lo aceptaron. Saludos y mira debajo de la cama que es donde suelen esconderse los duendes. Borgo.

Clementine dijo...

Genial el relato, Miquel, y me encanta también el dibujo. Yo, como te podrás imaginar, en cuanto he leído el título de tu entrada he pensado en "El invisible Harvey", porque además es una de mis interpretaciones favoritas de James Stewart, creo que lo hace ahí realmente bien. Y esa historia que cuenta la película es tan de Capra, sin ser de él... También me iría yo con Stewart y con Harvey de copas. Y con el director del psiquiátrico donde llevan a Stewart, también, cómo no.
Saludos a ti y al Puka.

miquel zueras dijo...

Gracias, Clementine. ¿Sabías que Mary Ure, la autora de "Harvey" escribió al principio una historia de terror? Era muy aficionada a las leyendas célticas y el libro original se llamaba "Puka" pero le dijeron que el público no se tomaría en serio a un conejo gigante como monstruo. Saludos. Borgo.