viernes, 28 de octubre de 2022

A OSCURAS

 

Se cortó bruscamente la luz eléctrica en un rascacielos de la calle Bilenio.

Alfa y Romeo, una joven pareja residentes en el nivel 21, volvían de la compra la mañana siguiente alumbrándose con una linterna. Era una dura subida pues el ascensor –sembrado de vidrios rotos y latas de cerveza vacías- no funcionaba. Igual que el aparato de aire acondicionado y el aire inmóvil del cálido verano se hacía notar en la escalera. Al llegar al rellano 14º encontraron a un vecino que había encendido un fuego con hojas de correo comercial y asaba en un espetón el perro caniche de un vecino del nivel 16. Lo había rellenado con ajo y hierbas. Les guiñó un ojo:

-Si puedes oler a ajo, todo va bien-. Les dijo abanicando las llamas.

-¿No te parece que los vecinos se están comportando de una manera extraña? –dijo Alba mientras Romeo abría la puerta de su apartamento.

 Al día siguiente Alfa y Romeo bajaron por la escalera sintiendo el crujir de botellas rotas bajo los zapatos, los rellanos tenían un aspecto lamentable con bolsas de basura apiladas como si el síndrome de Diógenes se hubiera adueñado de los residentes. Grafitis, muchos, las paredes estaban plagadas de penes pintados y solo una vagina.

-Las vaginas son mucho más difíciles de pintar que los penes- comentó Romeo que era profesor de arte en un instituto mientras se quitaba los pedazos de cristal clavados en las suelas.

Al tercer día de oscuridad los suelos de los rellanos estaban cubiertos de desechos y sobras de comida… además, Alfa y Romeo empezaron a percibir miradas hostiles desde algunas puertas entornadas.  Decidieron no volver a bajar por las escaleras y pedir comida a domicilio. Cenaron frente  a la ventana del salón a la luz de las velas. Aquel intento de cena romántica se vio perturbado por la visión de dos vecinos que se arrojaron al vacío desde balcones superiores.

-Eso tiene que ver con el apagón –dijo Alfa que era profesora de antropología-. En las tinieblas la gente se siente impune y descubre su lado más oscuro y atávico.

-¿Pero porque a nosotros no nos afecta? –preguntó Romeo mojando el sushi en salsa de soja y wasabi.

-Ni idea, cariño.

Al día siguiente pareció flotar en el ambiente una tensión aún más espesa que el hedor de las bolsas de basura amontonadas.  Alfa y Romeo observaron por la ventanilla de la cocina un grupo de residentes de aspecto andrajoso que los miraban beligerantes y hostiles desde el rellano del piso inferior. Como obedeciendo una silenciosa señal se abalanzaron sobre los peldaños cubiertos de deshechos en dirección a la pareja.

Alfa y Romeo cerraron apresuradamente la puerta y la apuntalaron con una improvisada barricada de muebles. “Esto parece La noche de los muertos vivientes” –pensó Romeo.

 La turba descargó sobre la puerta todo el peso de sus cuerpos y derribó la barricada. Alfa los iluminó con una linterna, Los vecinos tenían el rostro ceniciento, del color de las setas de sótano, como si hubieran pasado años a oscuras en lugar de cuatro días. Abrían y cerraban la boca en silencio como los peces exhibiendo un brillo de dientes blancos. Muchos presentaban extrañas heridas: mordiscos, arañazos. La pareja se abrazó y… volvió la luz.

La pantalla de televisión se iluminó –Alfa y Romeo habían olvidado desconectarla- y repentinamente los rostros de los invasores se iluminaron:

-¡La luz…! –jadeó el veterinario del nivel 8.

-¡Televisión! Es una serie sobre los viajes de Cristóbal Colón –exclamó una informática del 19º nivel-. Mirad, el papel de Colón lo hace un actor negro. Claro, como es de Netflix…

Ahora el salón parecía una réplica tridimensional de un cuadro de Hopper con los rostros de los vecinos  iluminados por la pantalla. Entre ellos está el presidente de la comunidad que conservaba algo de influjo a pesar de sus harapos hediondos y algunas heridas de arma blanca.

-Queridos vecinos –dijo-: ahora que estamos cierto número aquí reunidos podríamos hablar sobre la derrama de la azotea.

FRODO Y SUS REFLEXIONES ARGENTINAS

LA RECETA: Pollo a la chilindrón (Foto: Silvina)

Sofreír los trozos de pollo en aceite y retirarlos.

En la misma cazuela freír pimiento verde y rojo cortado fino, cebolla picada y unos taquitos de jamón. Cuando se vean las verduras trasparentes añadir 1 bote pequeño de salsa de tomate.

Reducir un poco y verter 1 vaso de vino blanco.

Tapar la cazuela y dejar cocer a fuego lento media hora.

¡Buen provecho!




 


viernes, 14 de octubre de 2022

EL HUEVO Y TÚ

 Cada segundo viernes de octubre se celebra el Día Mundial del Huevo, vamos allá:

Sentado en la terraza del bar la miraba fascinado desde una distancia de cuatro mesas. Ella metía la nariz en su taza de café con helado y volvía a reaparecer con una temblorosa burbuja de nata en la punta. Llevaba el cabello castaño recogido como si se lo hubiera sujetado por primera vez. Los labios parejos, carnosos y muy rosados. Sin maquillaje, quizás una sombra negra en los ojos que los hacía más grandes y claros. Al sentarse, la ligera falda de su vestido se había subido dejando a la vista una deliciosa extensión de su piel morena.

Tenía que reclamar su atención, decirle algo ¿pero qué? Apuró el coñac de un trago para infundirse valor y aún sentía el fuego en sus entrañas cuando ella se levantó y decidió seguirla desde una prudente distancia.

Caminaba entre los puestos del mercado con una sensualidad que a él le parecía asombrosa, como un gato cauteloso,  deambulando entre un abismo de cajas, vallas y carretillas. Ella se detuvo frente a un mostrador donde una campesina vendía huevos, compró media docena y cuando los guardó en su bolso él observó que no cerraba bien. Se le iluminó el rostro; ya tenía una idea.

-¿Una docena o media, joven? – La campesina le miró perpleja cuando le pidió un único huevo.

Él corría jadeante por una cuesta. La vio subiendo los empinados escalones que conducían a la puerta de su casa. Sacaba unas llaves del bolso cuando él gritó:

-¡Eeeh! Perdona…

Ella se giró, sus ojos parecían aún más grandes y claros. Él sostenía un huevo entre el pulgar y el índice.

-Se te ha caído esto.

También esta semana se ha conmemorado el 12 de octubre.
LA RECETA: HUEVOS HUMPTY DUMPTY

sobre el muro no pudieron reponer al orondo patriarca.

Cascar en un cazo cuatro huevos, añadir una pizca de sal, pimienta, perejil picado, un chorrito de agua con gas y una cucharada sopera de coñac.

Cocer el cazo al baño maría –tardan más que en la sartén pero quedan más buenos y esponjosos- removiendo con la espátula o unas varillas para que no se peguen.

Añadir unas tiras de salmón ahumado y servir,  pues los huevos terminarán de cuajarse en el plato.






lunes, 3 de octubre de 2022

LAS VISITAS DEL CALAMAR

 

Gregorio Halibut se removió para colocarse en una posición más cómoda y entonces percibió ese olor a marea baja propio de la actividad sexual. Nada de eso había ocurrido en la cama de Halibut desde hacía mucho tiempo y se estremeció ligeramente cuando su mano tropezó con algo húmedo y cartilaginoso. Apartó las sabanas de un tirón y descubrió un calamar.

Aquello era tan insólito que Halibut se sintió más desconcertado que inquieto. Sosteniendo uno de los tentáculos entre dos dedos fue hacia el lavabo y arrojó el cefalópodo al inodoro.

Por la mañana Halibut tomaba café observando distraído el juego de los rayos del sol filtrándose por las rendijas de la persiana. Frunció los ojos y unos globos acuosos y distantes le devolvieron la mirada. Un calamar estaba recostado sobre la jarrita de leche con sus tentáculos colgando indolentes en un ángulo de la mesa. Mientras Halibut observaba el calamar siendo tragado por el inodoro decidió pedir hora al doctor Fletán, su médico de cabecera.

 El médico lo miraba ceñudo y profesional cuando le pidió a Halibut que le hablara de su infancia. Halibut relató su niñez solitaria, con un padre distante que prefería dejarlo al cuidado del tío Lucio –el rarito de la familia- que le colmaba de atenciones y regalos. Fue entonces cuando el doctor le preguntó:

-¿Cuál era el trabajo de su tío Lucio? –y cuando Halibut respondió que tenía una pescadería la voz del doctor adoptó un tono severo: -Ahí está el quid. Su estado emocional, necesitado de afecto, quiere emular la presencia y los regalos de su tío Lucio, el pescadero. Esos mensajes que le lanza el subconsciente como una bengala de socorro los representa ese calamar que usted imagina ver…

-No son imaginaciones, doctor – le interrumpió Halibut-. Percibo incluso el olor a pescado rancio de ese bicho.

-¿Cómo?! –el médico se alteró-. Eso es alarmante, las alucinaciones olfativas suelen ser síntoma de lesión cerebral – escribió una dirección en un papel y se lo entregó a Halibut-: Se dirigirá lo antes posible a este centro donde le harán unas pruebas, tendrá que permanecer allí una semana. Es un sitio agradable, como un balneario.

Este lugar estaba en la costa. Halibut se dispuso a preparar su equipaje. Al abrir la maleta apareció un calamar que parecía saludarle con un tentáculo alzado y recostado sobre una hebilla.

 Halibut conducía por la curvilínea carretera de Garraf. Desde su ventanilla veía las playas blancas y las olas chocando imponentes. Un túnel lo ingirió y la radio se animó súbitamente al sonar un viejo tema de Flash and the Pan: Squid Dance. Halibut movió apresuradamente el dial convirtiendo la melodía en una sucesión de medias palabras atropelladas. Cuando descubrió que había dejado atrás el túnel y que se dirigía hacia un abismo intentó girar con un chirrido atroz de los neumáticos. Perdió el control del vehículo, se precipitó al vacío y en perfecta parábola aterrizó en un mar que lo saludó con siniestra calma.

El coche se hundía con rapidez. Halibut abrió la ventanilla para poder salir cuando el vehículo al llenarse de agua se posara sobre el fondo, pero cometió el fatal error de no desabrochar antes el cinturón de seguridad. Forcejeó inútilmente con el cierre hasta que dejó escapar su vida con un burbujeante estertor.

Minutos después una sombra blanca, pequeña y fantasmal penetró por la ventanilla. Un calamar se acercó al inerte cuerpo y le rodeó afectuoso el cuello con sus tentáculos. Permaneció en esta posición dejándose mecer por la corriente, agitando perezosamente las branquias y con la cabeza recostada sobre la mejilla de Halibut.

HANNIBAL LECTOR.

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO:

LA RECETA. CALAMARES ENCEBOLLADOS
Seguimos con esos cefalópodos. Foto: Silvina.
Con la mejor de tus sonrisas pide en la pescadería que te preparen los calamares separando la cabeza de las patas y cortándolo en aros. 
Pela la cebolla y córtala en tiritas finas. En una sartén añade un poquito de aceite, ponla a fuego lento y echa la cebolla. Hazla así, muy poco a poco, pochándola, para que se caramelice con sus propios azúcares durante 15 minutos  hasta que empiece a dorarse ligeramente.

Transcurrido ese tiempo, añade los calamares a la sartén, echa un poquito de sal y sube el fuego al máximo. Remueve y dale vueltas durante 5 minutos y agrega el vino blanco. Déjalo otros 5 minutos a fuego fuerte para que se evapore el alcohol pero con cuidado de que no se pegue ni la cebolla ni los calamares a la sartén.

Retirar del fuego, y probar y rectificar de sal si es necesario. Recomiendo acompañarlo con arroz blanco del alargado, tipo basmati.





lunes, 19 de septiembre de 2022

EL BAILE EMBRUJADO


 Mis amigos Full, Repoker y yo nos dejamos arrastrar hacia el barrio portuario por el juerguista Comodín. Éste nos guiaba hacia un local del que había oído hablar.

-Es una sala de baile que llaman Santa Compaña –nos informó-. Como esa leyenda gallega, la de la procesión de difuntos. Si te atrapan, has de bailar con ellos eternamente y solo puedes librarte si alguien traza un circulo en el suelo, te tira del brazo y te devuelve al mundo de los vivos. 

 En la esquina tropezamos con dos marineros que nos pidieron fuego. Los dos altos y musculosos, con pelo rizado en una cabeza romana.

-¿Habéis navegado mucho? –preguntó Full.

--Hemos visto las Islas Funestas –dijo el Marinero 1-. Permanecimos allí una semana.

-¿Cómo son?

-Funestas –dijo el Marinero 2. Todos los miramos con respeto. Les preguntamos si iban a entrar en la Santa Compaña.

-¡Sí! Pero antes vamos al puerto para encontrarnos con un compañero que acaba de llegar de las Islas Cíes –dijo el Marinero 1-. ¡Nos vemos!

Empujamos la puerta y los tres entramos. La música ensordecía, centenares de personas se movían rítmicamente en la penumbra. El olor a transpiración competía con la acritud de la música. El local parecía una mezcla de hangar abandonado y tumba egipcia.

 En la pista nos sentimos rodeados. Cuando el DJ puso en funcionamiento las luces estroboscópicas una nube de vapor coronó a los bailarines todos lubricados de sudor, con los tatuajes empapados. Luego el DJ largó una serie de rock sombrío que lanzó por el hangar una nube de murciélagos trazando círculos sobre los danzantes. Me apoyé en la barra de zinc sucia y oxidada y pedí una cerveza, luego otra… mis manos y mis pies seguían el ritmo, no podía dejar de bailar.

Algunos bailarines agotados se arrastraban por el suelo entre charcos de cerveza y vómitos hasta la cabina blindada del DJ implorando que pare la música. Más sorprendente aún: las botellas vacías, conscientes de su inutilidad, se encogían hasta esfumarse. Con súbita alarma descubrí lo que estaba ocurriendo.

 ¡La Santa Compaña! – grité a mis amigos-. Este local está maldito. ¡Vámonos ahora o nunca saldremos de aquí!

No conseguí localizar a Comodín. Repoker estaba subido sobre un taburete de la barra rompiendo botellas completamente integrado a la concurrencia. Saltaba y gritaba como un loco. Siempre lo recordaré así, en contrapicado, con su inmensa panza esférica en primer plano. Intenté acercarme hacia él cuando de repente alguien me agarró del brazo y me alejó bruscamente. Era Full, quien me sujetaba y a su vez era tironeado por el Marinero 1, éste jalado por el 2, mientras un quinto comparsa fuera de mi visión nos remolcaba hacia el  otro lado de la puerta.

Cuando por fin salimos al exterior comprobé que nuestro salvador era el recién llegado  marinero. Se hallaba dentro de un circulo que había trazado con tiza en el suelo.

-Conozco esa leyenda gallega –nos dijo-. Acabo de volver de las Cíes.

FRODO HACE UN CHISTE SOBRE ÉL MISMO

Una receta dedicada a mis amigos argentinos ahora que empezará su primavera:
MACARRONES A LA BOSCAIOLA

Un cocinero milanés me dijo que boscaiola significa leñador y que al probar este plato “te parece caminar por un bosque en primavera”.

Mientras cuece el agua salada para los macarrones poner guisantes (arvejas) los congelados sirven perfectamente, a cocer durante 10 minutos en otra cazuela con agua. Escaldar un paquete de setas secas y reservar un poco del agua en la que han hervido.

Sofreír un diente de ajo picado en una sartén con aceite a fuego mediano y cuando el ajo tome color echar dos cucharadas soperas de perejil picado. Saltear bacon cortado en tiras pequeñas. Remover y añadir las setas escaldadas y escurridas con un poco del agua de su cocción.

Agregar crema de leche, sazonar con sal y pimienta, añadir los guisantes y después de unas vueltas retirar la sartén del fuego.

Cuando los macarrones ya estén cocidos escurrir y mezclar con la salsa y abundante queso rallado.



 

 

 

martes, 6 de septiembre de 2022

LA INVASIÓN DE LOS NÓMADAS DEL NORTE

 

Señor alcalde: le escribo por los hechos que han estado ocurriendo últimamente y que empiezan a inquietarnos.

Tengo mi comercio frente al Mercado de la Boquería, en Las Ramblas. Apenas levanto la persiana metálica veo una multitud abarrotando la plaza. No son de por aquí, obviamente, parecen nómadas del norte y cada día que pasa parece que hay más.

Fieles a su naturaleza, viven bajo cielo abierto. Se entretienen bebiendo cerveza –se las traen en bolsas otros nómadas de países lejanos- y comprando objetos estrafalarios. A veces salimos de nuestros locales y barremos un poco pero es tarea inútil pues esta plaza se ha convertido en un vertedero  por sus malos hábitos. Dialogar con los nómadas es imposible. No conocen nuestro idioma y hasta dudo de que tengan un idioma propio. Se comunican entre ellos con chillidos y graznidos parecidos a los cuervos aunque suelen exhibir mensajes carentes de sentido en sus camisetas. Nuestra forma de vida y costumbres les son incomprensibles y ni siquiera tratan de entenderlas.

 Lo que necesitan, lo toman. Es parte de su naturaleza. Los carniceros del mercado ven impotentes como los nómadas roban piezas de carne que engullen en segundos. No es raro ver a dos nómadas mordiendo el mismo pedazo desde cada extremo hasta que lo devoran por completo. Todos juntamos dinero para que los carniceros continúen con su negocio; si los nómadas no tienen su carne nadie sabe qué cosa podrían hacer. Preferimos no saberlo.

 Un carnicero pensó que al menos podría ahorrarse el trabajo de descuartizar al animal y una mañana les dejó un buey vivo. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Estuve una hora tendido sobre el suelo de mi trastienda cubriéndome la cabeza con un cojín para evitar oír los mugidos del animal. Los nómadas se le arrojaban encima por todos lados, arrancando grandes pedazos de carne viva con los dientes. Cuando me atreví a salir estaban tirados por el suelo, exhaustos alrededor del cadáver riendo a mandíbula batiente y ensangrentada, como borrachos en torno a un tonel de vino.

Esta mañana ha pasado el regidor del distrito, observó el temible aspecto de la plaza con la cabeza gacha. Instantes después ha vuelto a su coche oficial con gestos de impotencia.

Señor alcalde: ¿A qué espera para solucionar todo esto? ¿A que uno de esos nómadas se cuele en su despacho y le muerda en el culo?

HEART DOG

Bueno, ya pasó agosto y me he desquitado de ciertos turistas. Ahora vamos con la última página de Heart Dog:

ATENCIÓN: CHISTE MALO. Que conste que avisé.

LA RECETA: POLLO CON SALSA DE CEREZAS. Hay que aprovechar la temporada de esta fruta. Foto: Silvina.

Sofreír las piezas de pollo en una cazuela o sartén. Cuando se vean bien doradas dejarlas sobre un plato con papel de cocina para absorber el exceso de aceite. En ese mismo aceite saltear las cerezas deshuesadas y cortadas en láminas, añadir las cebollas picadas, la mostaza y el vino blanco. Remover y triturar todo en la batidora. Introducir el pollo en el horno a 200º con la salsa por encima y asar durante 20 minutos. Queda muy bueno este plato con arroz blanco salteado. 

miércoles, 24 de agosto de 2022

LOS PEORES BARES NO CIERRAN EN AGOSTO

 

 Malta Lúpulo tiene mucha sed y ninguna cerveza en la nevera así que sale al aire sofocante de ciudad, lleno de olores desagradables y música tribal.

Su local favorito –el Bar Bitúrico- cierra en agosto, y el único que encuentra abierto por los alrededores es uno que hasta ahora había evitado por su nombre de payaso de un circo cutre: Bar Kokó, el nombre de los bares es importante para Lúpulo.

 Entra en el bar desierto. El dueño apoyado sobre el mostrador con un brazo formando una L tiene el aspecto enfermizo de alguien que acaba de viajar 100.000 años luz por el espacio en clase turista.

 -Hola. Una cerveza, por favor – dice Lúpulo. Despacio, muy despacio, el dueño alza la cabeza y emite un gruñido poco alentador.

“Qué sed”, piensa Lúpulo sentándose en un taburete frente a la barra sintiendo el cosquilleo de las cansadas piernas.

  El dueño coge una jarra, le pasa un trapito con parsimonia y la coloca bajo el surtidor, al bajar el pedal se oye un quejumbroso sonido.

 -Se ha terminado el barril. Voy a buscar otro al almacén.

 -Da igual –se apresura Lúpulo-, tomaré una mediana.

 -No están frías, la nevera no funciona bien.

El dueño desaparece por una puerta. La sed sume a Lúpulo en un estado de ánimo apagado y somnoliento. El dueño tarda. Lúpulo pasea la mirada por el local, por cada ladrillo, cada trozo de pintura descascarillada, los apliques de hierro, la barra pegajosa de cerveza en la que apoya los codos. Al fin reaparece el dueño resoplando con un barril de 20 litros. Agarra el manguito del surtidor y lo ajusta a la válvula del barril. Echa unas tiradas de espuma en un gran vaso hasta que empieza a salir cerveza. En ese momento entra en el bar una estampida de rubicundos y colorados turistas gritando ¡Sangría, Please!!! Arrasan con las sillas, se suben a las mesas, se zarandean, se pegan entre ellos y se van dejando a uno muerto; se ha desnucado al caer de la mesa.

El dueño del bar, que ha contemplado toda la escena con la mano apoyada en el tirador deja escapar un suspiro, empuña una escoba y barre el cadáver hacia la calle. Luego se queda pensativo como intentando recordar qué se proponía hacer.

 -La cerveza –…  susurra Lúpulo.

  El dueño vuelve a ponerse tras la barra. Llena con eficacia una jarra, la deja sobre un charco de cerveza  y como en una película a cámara lenta la jarra se vuelca sobre el fregadero.

“Esto ya es demasiado”, piensa Lúpulo. “Tendría que irme o decir algo pero cuando topo con la mirada amorfa del dueño me quedo mudo, a saber porque.”

¡Por fin! El dueño le sirve su cerveza. Lúpulo se la bebe en dos tragos. Cuando deposita la jarra sobre la madera un espasmo de aire turbio le cosquillea la garganta. Deja suspendida la mirada sobre una bandeja de salchichas, cilindros cartilaginosos que nadan en un mar caliente y triste. Le viene una arcada y el dueño le dice:

 -Son tres con cincuenta – y Lúpulo estalla.

 - ¡Para cobrar sí que te das prisa, cabr… Broaajjsss…!!!

Lúpulo no termina su frase. Vomita ruidosamente sobre la camisa del dueño del Bar Kokó.

HEARTDOG Prosiguen las peripecias de Edu -Heartdog- Mastín.

¡Marchando uno de mis chistes malos!
LA RECETA: Mejillones fritos.
Silvina y yo hemos pasado unos días en el Sur de Francia, de allí me he traído esta receta de moules frites que están buenísimos. Necesitaremos:
Raspar el caparazón de los mejillones. Pelar y cortar en láminas los dientes de ajo y sofreír en una cazuela o sartén junto con la cebolla bien picada.
Añadir los mejillones, remover mientras se abren con el vapor y regar con el vino blanco.
Dejar reducir el vino. Recoger un poco del fondo de cebolla, vino y ajo y triturar en la batidora.
Juntarlo todo y añadir crema de leche. Remover para ligar bien la salsa y servir. Si gusta un toque picante se puede sofreír 1 guindilla.




viernes, 5 de agosto de 2022

ASCENSO A LOS INFIERNOS

 

Román Castevet acaba de mudarse al primer piso del número 26 de la calle Polanski. Aún conserva ese improvisado ambiente  de campamento a punto de ser levantado, con  cajas de embalaje y maletas, cuando empieza a ser asaltado por ruidos que provienen de arriba. Rumor de tacones afilados sobre el parquet que le taladran los oídos, golpes,  el exasperante sonido de muebles que se arrastran…  Esto se repite a diario y Román decide ir a quejarse.

 Una tarde, Román llama al timbre del segundo piso. Le abre una señora con bata de boatiné color rosa peladilla. Le dedica una mirada glacial que marca la frontera rellano-recibidor.

 -Buenos días. Soy el vecino de abajo. Quería hablarle de unos ruidos insoportables que…

-No somos nosotros, son los de arriba –y señala al techo con el índice extendido.

-Disculpe, los golpes suenan tan fuerte que pensé que procedían de este piso.

- Es la acústica, en este lado de la casa hay la pared maestra y todo resuena. Qué me va a contar… los hemos denunciado y no hemos conseguido nada a pesar de que mi hijo es policía- Aparece un joven vestido de uniforme ajustándose la gorra-. Que tengas un buen día, hijo. No te olvides la pistola.

-Lamento haberla molestado, señora -… El policía ya ha salido, Román sale al rellano y se dispone a cerrar la puerta entornada pero el policía se lo impide apoyando una mano brusca sobre el panel.

-Me he dejado la pistola.

 Roman sube las escaleras y se sorprende al ver la tan distinta decoración del rellano del segundo piso; como si hubiera entrado en otro edificio. Las paredes están pintadas de un lúgubre color ala de mosca y una lámpara vela en la pared del fondo como un ojo vigilante. Mientras pulsa el timbre lee la placa de la puerta: D. Holuskins. Traductor. Le recibe un hombre de aspecto afable con bigote gris recortado y un jersey del mismo color. Lleva un periódico en la mano. Román se presenta y cuando le expone el motivo de su visita el vecino le sonríe:

-Se equivoca, joven. Eso viene de más arriba – Román mira en dirección a su mano que se mueve acentuando el arriba-. Un auténtico incordio…  Ah, ella es mi esposa, Carmen.

Aparece Carmen. A cuatro patas. Abre desmesuradamente su boca de labios sin maquillar, repleta de dientes,  con amígdalas visibles y muerde a Román en una pierna. Holuskins  golpea a su mujer con el periódico enrollado sin brusquedad  pero con firmeza.

-¡No, Carmen! ¡Suéltalo! Disculpe, joven, está algo alterada. Me temo que es un mal momento… ¿Qué tal si viene un día a cenar?

-Sí, sí… me encantaría -Román se precipita escaleras arriba murmurando frases de despedida.

 El rellano del tercer piso, el ático,  le desconcierta aún más. De siniestro ha pasado a sórdido. Una mortecina bombilla ilumina las telarañas que cuelgan del techo como jirones putrefactos. Román llama a la puerta que se abre de repente. En la penumbra le recibe una anciana con aspecto de bruja, de piel tiznada y grumosa,  y detrás lo que parece un hombre barbudo y altísimo. Cuando los ojos de Román se habitúan a la escasa luz distingue que el hombre barbudo es en realidad un retrato de Jesucristo que en lugar de la típica expresión beatífica muestra un rostro confuso, como si le acabasen de comunicar que le han conmutado la pena de cruz por la de servicios a la comunidad.

 Desde el umbral la anciana señala hacia arriba con un dedo huesudo y, se apresura a cerrar la puerta.

 El siguiente piso es el sobreático. El último. Ese rellano huele a pantano, a piedra rezumante de filtraciones. Extraños bichos arrancan susurros de las paredes. Las tinieblas se acumulan en rincones que la luz eléctrica no logra disipar. Román se detiene ante la puerta y escucha con nitidez el ruido, ese estridente repicar  de tacones que conoce bien. “Es aquí”, se dice y golpea con los nudillos pues no hay timbre.

Román tiene la incómoda sensación de que le observan por la mirilla. El chirriar de cerrojos le sacude como un látigo. Se abre la puerta. Por el espacio que deja abierto una cadena se ven unos ojos febriles que en la oscuridad parecen arder como brasas relucientes.

 -Hola, soy Román, el vecino del primero –y extiende una mano.

La puerta se cierra un instante. Román oye retirar la cadena y la puerta se abre del todo. El interior está oscuro como alquitrán. De repente surge un tentáculo púrpura y viscoso que rodea la mano tendida de  Román y tira de él engulléndolo en las tinieblas.  La puerta se cierra bruscamente.

El primer piso del 26 de la calle Polanski vuelve a estar libre. Es de renta antigua, aunque yo me lo pensaría dos veces antes de vivir allí.

HEART DOG

¡VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO!

LA RECETA: TABOULE
Una refrescante ensalada libanesa. Foto: Silvina. 

Necesitaremos:

Sémola de cus cús, zumo de tomate, pepino, pimiento rojo y verde, tomates, cebolla, 1 limón, perejil , aceitunas y hojas de menta.

Poner la sémola en una ensaladera o un cuenco grande y echar el zumo de tomate con un chorro de zumo de limón. Dejarlo reposar todo durante media hora para que la sémola se vaya hinchando e impregnando bien con el zumo.

Pasado este tiempo ir cogiendo bolas de sémola y desmenuzar con las manos para que no queden grumos. Picar las cebollas muy finas así como el perejil (mejor que el perejil sea abundante) y las hojas de menta. Cortar los tomates y el pepino lavado pero sin pelar. Añadir todo este picadillo al tabulé junto con un buen chorro de aceite, sal al gusto, las aceitunas y remover todo el conjunto antes de guardarlo en la nevera. Aconsejo dejarlo reposar una hora. Queda muy bien para acompañar carne a la brasa.