martes, 8 de marzo de 2022

SUICIDIOS S.A. Basado en un relato de Martin Page

 

Ayer intenté suicidarme pero no tuve éxito, de no ser así no lo estaría contando.

Estoy ingresado en urgencias y hoy han venido a visitarme dos amigos, Geno y Vera. Ésta última me ha contado de nuevo  sus repetidos intentos de quedarse embarazada.

-Después de inseminarme nos vamos al parque de atracciones y nos montamos en el Dragon Khan horas y horas.

-No veo la relación –le comento.

-Creemos que la fuerza centrífuga de la montaña rusa puede propulsar los espermatozoides hacia el lugar adecuado –me aclara Vera.

 Tengo un nuevo compañero de habitación del que sólo puedo precisar que es un ser humano. Está envuelto en vendas como una momia egipcia y hoy me ha hablado:

-¿Porqué estás aquí? –pregunta con voz femenina.

-Coma etílico.

-Ah, eso ya lo probé –asegura la mujer-. ¿Vodka? ¿Whisky? ¿Cuántos litros?

-Cerveza. Un botellín.

La mujer ríe. Entre las vendas solo se ven sus ojos verdes, como dos esmeraldas en un estuche blanco. Vuelve sus ojos hacia mí y dice:

-Voy así de empaquetada porque intenté suicidarme. Me tiré desde la cúpula del monumento a Colón y aterricé sobre un grupo de turistas japoneses. Claro, son mucha gente en un país pequeño y les gusta sentirse agrupados. Amortiguaron la caída y tengo rotos casi todos los huesos. ..

Entonces la mujer me comenta que ha visto en internet el anuncio de un club para suicidas donde imparten clases de suicidio. Me dicta la dirección y en ese momento aparece un médico que anuncia que puedo abandonar el hospital con el mismo tono de un mecánico que te informa de que tu coche está arreglado.

Llamo al día siguiente y una voz cantarina me informa:

-¡Aquí el Club de los Suicidas! Suicidios fáciles y rápidos. Clases todos los lunes y miércoles a las siete por la profesora Cruella Arsénica. Le digo la dirección…

 El club se encuentra en un edificio de oficinas. Entre placas de consultorios médicos, agencias de publicidad y todo tipo de empresas vislumbro una placa de bronce: Suicidios S.A. 7ª planta.

“Qué raro que el club tenga un nombre tan… mercantil” –pienso.

Recorro un largo pasillo guiándome por los letreros hasta que descubro una enorme puerta y encima “Suicidios S.A.” en un rótulo luminoso. Al otro lado aparece la tienda de la asociación, como en algunos museos y locales turísticos lo primero que se ve al entrar es la tienda de regalos. Es una sala iluminada con grandes ventanales que ofrece libros sobre suicidio, armas, venenos, amanitas faloides secas… y lo necesario para una grata muerte: vinos, manjares selectos y música. No podía faltar “Glommy Sunday” (*). En las paredes cuelgan posters a la venta de suicidas célebres: Hemingway, Virginia Wolf, Robin Williams, Kurt Cobain…

“Vaya negocio tienen aquí montado” –me digo decepcionado por todo este grosero merchandising que destruye la parte romántica del suicidio. ¿Qué pinta aquí el joven Werther y su suicidio por amor? ¿O Mishima, despidiéndose con el seppuku, al más puro estilo samurái?

Decido que ya no quiero morir, abandono el edificio y me precipito hacia el primer bar que encuentro.

-Un botellín de cerveza –pido en la barra-. Sin alcohol, por favor.

Ahora tengo que cuidarme.

(*) GLOOMY SUNDAY. La canción de los suicidas.

Gloomy Sunday, conocida popularmente como “La canción húngara del suicidio,” es posiblemente la primera leyenda urbana de la historia. Fue compuesta en 1933 por Rezso Seress y pasó bastante desapercibida hasta que en 1936 las autoridades húngaras decidieron prohibirla al ser relacionada con no menos de 17 muertes voluntarias. Se basaron en que habían encontrado referencias a la canción en las notas de los suicidas; algunos tenían además el disco de Gloomy Sunday (Domingo Triste) puesto en el gramófono en el lugar de los hechos. Esto proporcionó una gran publicidad a la canción que se vendió con gran éxito en Estados Unidos con el sobrenombre de “The Hungarian Suicide Song” aumentando a cien el número de suicidios relacionados con la canción. Hay varias versiones con cantantes tan dispares como Björk, Elvis Costello o Sinéad O´Connor pero sin duda la mejor es la de Billie Holiday. Es una bonita canción aunque bastante melancólica, eso sí. Por cierto que años más tarde, afligido por no poder componer una canción con un éxito similar, el autor Rezso Seress decidió poner fin a su vida saltando por la ventana. A eso yo le llamo ser consecuente.


ENVUELTOS DE POLLO, ESPINACAS Y JAMÓN. Foto: Silvina. 
Necesitaremos pechuga de pollo cortada en filetes finos.
Salteamos en una sartén queso fresco -o yogurt griego- con ajo picado, pimentón y espinacas.
Rellenamos los filetes de pollo con esta mezcla, los envolvemos con una loncha de jamón y sujetamos todo con mondadientes.
Poner los rollitos en una bandeja de horno y cocer a 200º unos 20 minutos. 




 

 

 

 

 


jueves, 24 de febrero de 2022

LOS EFECTOS DE INGERIR JABÓN. Otro cómic de la mili.

 En nuestra unidad llevábamos días de maniobras y marchas agotadoras. Muchos soldados buscaban el modo de fingirse enfermos. En la cantina un cabo destinado en la farmacia militar me dijo:


PROFESOR SIBELIUS

LA RECETA: MINIPIZZAS DE CALABACÍN O BERENJENA.
Foto: Silvina. 
Cortar rodajas de calabacín (zapallito para mis amigos del otro lado del charco) y berenjena de un dedo de grosor. Ponerlas en el horno a 200º unos diez minutos, cuando tomen color sacarlas y poner encima trocitos de jamón, gambitas, pimientos... cualquier cosa, lo que apetezca ese día. Cubrir con queso rallado o sésamo y gratinar en el horno cinco minutos más. 


jueves, 10 de febrero de 2022

SIEMPRE ES DE NOCHE CON LOS SUCCUBUS

 Basado en un relato inconcluso de Boris Vian. 


 He conseguido convertirme en el cronista oficial de la macrogira por Europa de Succubus, el grupo liderado por la cantante Elisa Bathory. No ha sido fácil formar parte de su séquito, durante su gira anterior me convertí en un solícito servidor que les conseguía todo lo que querían a horas imposibles, desde alcohol hasta sustancias ilegales pasando por los más insólitos pedidos.

Viajamos durante el día en una enorme caravana con cristales ahumados. Esta noche actúan en París, la primera etapa. El grupo parece poseído por una vitalidad sobrehumana que les lleva a tocar sin descanso hasta el alba.

Al día siguiente nos alojamos en un hotel de Glasgow. Poco antes del concierto nos reunimos en la habitación de Elisa que se pasa horas golpeando los bongos dejándose guiar por una salmodia obsesiva mientras apura un gran vaso de jugo de tomate. Mañana nos espera Berlín.

 En su actuación de Berlín el grupo consigue un éxito apoteósico a pesar de que mucha gente no sale de sus casas. Los periódicos hablan de un misterioso asesino que desangra a sus víctimas. En sórdidos callejones han aparecido cadáveres blancos como el mármol. Durante una tarde lluviosa, mientras los músicos duermen en sus habitaciones, cotejo en el ordenador las reseñas de la prensa sobre la gira y las páginas de sucesos. Hay un rosario de muertes entre París y Berlín. Cadáveres que aparecen al alba, cuando la caravana de los Succubus enfila la ruta hacia la siguiente ciudad.

 La última actuación ha sido en Praga. Cenamos copiosamente y me siento mareado por el vino cuando subo a la caravana. El sol se pone por el oeste tras una gran nube rojiza. Siempre es de noche con los Succubus. Recuerdo ahora un pasaje de Macbeth: Los buenos seres diurnos languidecen mientras los negros agentes de la noche despiertan buscando sus presas. El africano Zel, uno de los músicos, toca un extraño instrumento aborigen. Elisa aporrea sus bongos ahora cantando en un incomprensible idioma gutural. El vehículo se está llenando de humo y todo tiene un extraño aspecto delicioso y letal. Seguimos avanzando por una carretera envuelta en niebla hasta que Elisa dice: “Hay una avería, tenemos que bajar”. Comprendo. Camino hacia la oscuridad dispuesto para el sacrificio. Mientras me rodean intento calcular cuantas horas de gloriosa música producirán los litros de sangre que alberga mi bien alimentado cuerpo. Lo último que veo es la boca golosa de Elisa y la lengua que recorre sus rojos y gruesos labios.

El resto de los músicos aguardan su turno.

FIN

FRODO SE DISCULPA

Y como receta he pensado en algo apropiado para el próximo lunes, Día de San Valentín. 

TE QUIERO MUCHO... COMO LA TRUCHA AL TRUCHO

Mientras el horno se calienta a 200º poner las truchas abiertas y sin espina en una fuente.

Sazonar con sal y pimienta, rociar con aceite de oliva y unas gotas de limón y colocar una loncha de bacon o jamón sobre cada trucha e introducirlas en el horno. 

Diez minutos después añadir un vasito de vino blanco y almendra rallada por encima. Poco después ya estará lista.





miércoles, 2 de febrero de 2022

YO TOMÉ PARTE EN LA INVASIÓN DE MARRUECOS

 Bueno, invadir... invadimos poco, unos cinco kilómetros, y todo terminó en un par de horas. Pasé mi servicio militar en Ceuta, en el norte de África. 




Aquí estoy con el pelotón de exploradores: (1)-Chus, (2)-Yo, (3)-El Córdoba, (4)-Marcos, (5)-Fran.

LA RECETA: ALITAS DE POLLO AL CALIMOCHO. Foto: Silvina.
El calimocho o Cuba Libre de los pobres. Vino tinto mezclado con  Coca Cola, la típica bebida de las fiestas mayores de los pueblos. El calimocho contribuye con el sabor del vino tinto (muy recurrido en cocina) pero con el característico toque dulce que aporta el refresco de cola.
Sofreír las alitas en aceite y retirarlas cuando se vean doradas. 
En el mismo aceite freír cebolla cortada fina. Cuando tome color añadir refresco de cola y vino tinto (las medidas a gusto de cada uno) remover un poco.
Llevarlo todo al cuenco de la batidora y triturar hasta formar una salsita cremosa. Juntar en la sartén las alitas de pollo y la mezcla de vino y cola y cocer a fuego lento durante unos 20 minutos. 

 



lunes, 17 de enero de 2022

SIGUE LAS BALDOSAS AMARILLAS

Todos los días desde que empezó el verano el hombre estatua,  maquillado y disfrazado como el Hombre de Hojalata de El Mago de Oz, se sitúa en el centro de Las Ramblas de Barcelona, frente al mercado de la Boquería. Es un tórrido día de agosto. No tardan en rodearle un grupo de bulliciosos turistas japoneses que le disparan fotos sin descanso.

El calor provoca emanaciones tóxicas en la pintura plateada que el hombre estatua ya lleva semanas inhalando. Esto- unido a su precario estado mental y los enervantes flashes de las cámaras- provoca lo irremediable: los cables se le cruzan del todo y se cree el auténtico Hombre de Hojalata. ¡Y el Hombre de Hojalata necesita un corazón!

 Se dirige a toda prisa hacia el mercado donde hurta un enorme cuchillo de un puesto de carnicería. Regresa a su improvisado escenario y con la destreza de un cirujano hunde el cuchillo en el pecho de uno de los turistas japoneses extrayéndole el corazón.

Minutos después, una pareja de policías se abre paso entre la barrera de curiosos y lo que ven les deja atónitos: el Hombre de Hojalata está sentado en el suelo con expresión de felicidad bovina y un ensangrentado corazón que sostiene a la altura del pecho. Él no ve a dos policías, sino al León y al Espantapájaros que han acudido en su búsqueda. Con firmeza pero sin brusquedad los agentes agarran al Hombre de Hojalata y lo conducen hacia un coche patrulla.

Es entonces cuando el grupo de curiosos que sigue contemplando la escena descubren con asombro que por donde ellos tres pasan las baldosas de La Rambla se van tiñendo de amarillo.

FIN

LA RECETA: BRÓCOLIS ORIENTALES CON SOJA Y JENGIBRE.

Necesitaremos:

Tostar semillas de sésamo en una sartén. Calentar el aceite de sésamo en un wok o sartén y sofreír 1 cucharada sopera de jengibre durante 1 minuto. Añadir el brócoli y saltear a fuego vivo 1 minuto. 
Para la salsa: mezclar en un bol 1 cucharada de aceite de sésamo, 2 cucharadas de salsa de soja y el caldo. Incorporar la salsa al wok o sartén y freír otros 5 minutos. Añadir las semillas de sésamo. No recomiendo sal, la salsa de soja ya tiene un sabor intenso.
¿A qué quedan bonitos? (Foto: Silvina?




 

viernes, 7 de enero de 2022

CUANDO ENGAÑÉ A LA MUERTE


 Vespucio Camper camina por un sendero de grava cuando advierte un nutrido grupo de personas en torno a un objeto tendido en el suelo. La grava cruje bajo sus pies como si anduviera a cámara lenta. Entonces ve que el objeto es un hombre, era un hombre, tendido sobre el asfalto. Mira de soslayo un coche destrozado con manchas de sangre que van desde el sillón del conductor hasta el cadáver envuelto en una especie de lona dorada brillante, como un regalo de Navidad.

Llega una ambulancia sin luces giratorias y con las sirenas apagadas. Claro, no hay prisa. Sacan una camilla con ruedas empujada por dos enfermeros. Un hombre trajeado habla con un agente de policía, sin duda el juez que viene a levantar el cadáver. A Vespucio siempre le ha hecho gracia esta expresión -levantamiento de cadáver-, como si el juez fuese un Lázaro que ordena al difunto: “Levántate y anda”.

 

Entonces Vespucio repara en los pies que asoman debajo de la lona; falta un zapato. Curioso. Recuerda haber visto en los noticieros imágenes de fiambres tendidos en el suelo  víctimas de colisiones, accidentes, atentados… siempre les falta UN zapato. Nunca pierden los dos zapatos, o conservan los dos. No, a esa clase de muertos siempre se les sale un único zapato. ¿Porqué?

Ensimismado en sus pensamientos Vespucio cruza la acera sin mirar. Unos potentes faros le deslumbran  como a uno de esos conejos que cruzan la carretera de noche. Vespucio salta hacia atrás justo a tiempo de no ser arrollado por un enorme camión alemán que transporta lavadoras suizas. El camión tiene los cristales ahumados lo que le da un aire siniestro, como aquel vehículo de la película El diablo sobre ruedas, y se aleja surcando un gran charco de agua que salpica a Vespucio dejándolo más empapado que un gato en una lavadora. Éste, aturdido, le cuesta levantarse del suelo a causa del temblor de sus piernas. “Uf, estoy entero de milagro” –piensa. Toma aire y cuando empieza a caminar se da cuenta de que a su pie derecho le falta un zapato. Avanza unos pasos, el pie enfundado en un calcetín blanco de algodón nota la aspereza de las baldosas de granito. Busca su zapato extraviado pero no lo encuentra. 

-Vaya, parece que la Parca se ha adelantado con su trabajo –dice, y luego -: espero que me devuelva el zapato.

FIN

¡HA VUELTO EL GRAN MELMOTH!

EL ESPANTAPÁJAROS.

Cuando era niño mi pueblo estaba rodeado de campos sembrados y de espantapájaros que los custodiaban. La mayoría de ellos estaban construidos de manera chapucera que se asemejaban a los mismos campesinos vistos de lejos. A veces veía a toda una familia construir uno como si se tratara de un muñeco de nieve. 

 Recuerdo que en mi pueblo se comentaba que una vez un joven perdidamente enamorado de la hija de un campesino déspota tenía prohibido acercarse a su hija y a su casa. El pobre hombre se le ocurrió suplantar al espantapájaros que custodiaba los campos de aquel cretino, para poder ver de cerca a su amada sin ser visto por ellos. 

 Lo desmontó una calurosa noche de verano y se puso los ajados retales y el penoso sombrero. Luego, se enfiló sobre la base de madera en forma de cruz y allí se quedó con los pies colgando. Le debió costar lo suyo. Sin embargo, no previó que le resultaría imposible volver a contactar con el suelo. Murió de inanición, crucificado y sin haber pedido ayuda para no incomodar a su amada ni alertar a su perverso padre que, por otro lado, se pasaba las horas mirando con orgullo a su espantapájaros, hasta que un día los gorriones, garzas y cuervos se pusieron a picotearlo frenéticamente. Se dice que el viejo hasta que no se dio cuenta del motivo, estuvo maldiciendo al espantapájaros por su ya inútil existencia.

FIN

LA RECETA: CAVIAR DE POBRES

Este dibujo lo hice para la revista estadounidense Options. Se trata de un artículo que Truman Capote escribió en los años sesenta para Harper´s Bazaar. El título alude a una tapita, un snack que Gio, un camarero siciliano del Harry´s Bar servía sobre una tostada con mantequilla y que por entonces causaba furor entre la clientela del famoso local neoyorquino. Por su aspecto lo bautizaron como Caviar de Pobres. El caso es que, según la descripción que el autor de A Sangre Fría nos ofrece en este artículo está claro que el caviar de Gio era exactamente lo que en Catalunya conocemos como l´olivada, un delicioso puré de aceitunas negras que se prepara en toda la zona mediterránea y que además es sencillísimo de hacer:
Para conseguir un sabor más intenso aconsejo dejar aceitunas negras deshuesadas macerándose toda una noche con una cucharadita de orégano, una pizca de sal, un buen chorro de aceite de oliva y un diente de ajo. Al día siguiente trituramos todo con la batidora (para acentuar el sabor se puede añadir un filete de anchoa) y ya está. Es un entrante delicioso sobre tostadas, acompañado de un vino blanco seco y bien frío. También es muy apropiada como salsa para espaguetis alargándola con un poco de aceite.

 

viernes, 24 de diciembre de 2021

DIECISIETE, DIECISIETE...

 

Selene no se arrepiente de haber enviado a paseo a aquel imbécil del Opel azul que la había llevado a esa horrible discoteca de polígono, sólo lamenta haberse quedado sin medio de transporte. Se dirige hacia la carretera y se detiene junto a una parada de autobús. No sabe cuánto tiempo tendrá que esperar pues alguien ha arrancado el cartel con los horarios.

Poco después aparece al otro lado de la carretera un viejo enjuto con un sombrero cordobés. Despliega una silla de tijera, coloca un plato de hojalata junto al arcén y se pone a tocar unas castañuelas. “Ese viejo debe estar loco –piensa Selene-. Mira que ponerse junto a la  carretera   en medio de ninguna parte…” El viejo canturrea con tono monocorde:

-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…

-Está como una chota –murmura Selene -. No creo que le echen muchas monedas.

Pasa el tiempo y el autobús no aparece. Aunque ya ha oscurecido el calor no afloja. Selene nota la nuca pegajosa de sudor y se recoge el pelo en una improvisada coleta. El viejo sigue con su solitaria actuación:

-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…

Un soñoliento tábano pasa muy cerca de la cara de Selene. Lo ahuyenta agitando su bolso en el aire. Selene contempla al viejo que deja por unos segundos de tocar las castañuelas como si estuviera a punto de desfallecer pero de repente, como un muñeco al que acaban de dar cuerda, sigue repiqueteando las castañuelas con renovado brío. Selene pasa del asombro al fastidio cuando le oye recitar: “diecisiete, diecisiete, diecisiete…”

 Media hora después Selene pasea nerviosa y sofocada alrededor de la parada. Pasa muy cerca de ella un coche tuneado con tres chicos dentro que le gritan groserías. Uno de ellos la señala e imita con gestos el sexo oral.

-Diecisiete, diecisiete, diecisiete…

 Selene se sorprende a sí misma gritándoles  con una furia descontrolada. Ahora comprende hasta qué punto el viejo le está crispando los nervios. Además ahora aúlla más que recita  sus diecisiete agitando frenéticamente las castañuelas. Con la mayor velocidad que le permiten sus tacones Selene cruza la carretera y se planta delante del viejo que no parece advertir su presencia.

-Diecisiete, diecisiete, diecisiete...

 Selene cierra con fuerza los puños. Sus dientes chirrían. Grita furiosa:

-¡Cállese de una puta vez!!!

Selene queda cegada por un súbito resplandor de película quemada. Un camión de potentes faros la embiste lanzándola a una docena de metros de distancia. Su cuerpo aterriza sobre la carretera formando un charco de sangre color rojo intenso.

Tres días después un joven de aspecto extranjero deja su pesada mochila al lado de la señal de la parada de autobús. Mira con aprensión las señales de sangre seca sobre el asfalto y luego se fija en un viejo con sombrero cordobés sentado enfrente, al otro lado de la carretera. Repica unas castañuelas y empieza a canturrear:

-Dieciocho, dieciocho, dieciocho…

FIN

Hace cuatro años publiqué estas viñetas preparando con mi madre la comida de Navidad. Ya no está conmigo y hecho mucho de menos aquellas maratonianas noches, los dos en la cocina. 


LA RECETA: MATAMBRE A LA LECHE. Foto: Silvina. 
Receta uruguaya. Cuando fui a una carnicería argentina de mi barrio y vi la pieza me dije: "¡A dónde voy con eso!" me pareció enorme, pero el matambre tiene mucha agua y se reduce al cocer.
Adobar el matambre de 1Kg. a 2 Kg. con: perejil picado, 2 dientes de ajo picado, 1 cucharada de orégano. 2 cucharadas de zumo de limón, sal y pimienta.
Cubrir con leche y dejar durante toda la noche. 
Hornear hasta que se vea tierno y dorado. (1h. 30m.)
Se suele servir con puré de patatas.