lunes, 20 de septiembre de 2021

EL ÚLTIMO CIGARRILLO

 

Había llegado el día en que Nicotino –Nico para los amigos- decidió dejar de fumar.

 Pero antes compraría el último paquete de cigarrillos. Caminando por un barrio que no solía frecuentar, en un amenazante callejón con escabrosas escaleras, descubrió una insólita tienda. Por su chisporroteante neón pensó que se trataba de un bar pero no, era una tabaquería, y su escaparate mostraba extrañas cajetillas que nunca había visto antes. Un paquete le llamó la atención “El último cigarrillo” se leía en la envoltura  encima de una ilustración que mostraba a un hombre con los ojos vendados ante un piquete de fusilamiento. Nico pensó que sería un  irónico punto final para su despedida del tabaco. Compró una cajetilla al dependiente, un hombre torvo y de aspecto correoso.

Al llegar a casa se acomodó en un sillón y encendió un cigarrillo. El pequeño mechero Bic ardió como un soplete de bolsillo amenazando con quemarle las pestañas.

Nico saboreó en el cigarrillo siguiendo al humo con su estela. De repente, un tirón misterioso recorrió su piel. Se sintió violentamente succionado, absorbido. El cigarrillo lo estaba fumando con violencia lanzando espantosas bocanadas de carne humana que enseguida se convertían en humo.

Horrorizado, Nico contemplaba su cuerpo desmoronándose en cenizas hasta que una voluta quedó suspendida en el aire y en el sillón no quedó más que un montón de hollín azulado.

FIN

MÉTODO KARL PARA DEJAR DE FUMAR . Historia real.

 Una noche de sábado, cada dos meses, tenía en casa una timba de póquer que duraba hasta el amanecer. Uno de mis compañeros de juego se llamaba Karl, un corpulento danés de 105 kilos de peso.

Cuando se sentaba a jugar la silla crujía y repartía cartas haciendo resonar sus gruesos nudillos sobre la mesa, pero  percibí algo distinto: no veía el cenicero que durante las partidas Karl atiborraba de colillas. En mi casa se puede fumar, naturalmente ¿Qué es una timba sin humo?

Hacia las seis de la mañana hicimos una pausa. Karl y yo coincidimos en la cocina y le pregunté cómo logró dejar de fumar.

-Pues gracias a mi mujer -Dijo Karl mientras sacaba unos botellines de la nevera-. Montserrat, ya la conoces.

 La conozco. Una mujer imponente. Karl siempre se ha sentido atraído por mujeres recias y autoritarias. El hecho de compartir nombre con una montaña ya sugiere dureza e inaccesibilidad.

-Empezó como un juego privado entre nosotros -Karl se despachó una cerveza en dos tragos-, cuando Montserrat entraba en casa y notaba el olor a tabaco se ponía muy seria y me decía: "Karl, ven aquí" Me ordenaba bajarme los pantalones, agacharme... y entonces me metía un dedo en el ano.

Karl ha conseguido hacerme alucinar en colores.

-Me introducía el índice en el culo -precisó Karl.

-Gracias, Karl, pero ya lo había pillado a la primera.

-Y lo cierto es que ha funcionado -me confirmó Karl cogiendo otra cerveza.

Volvimos a la mesa para jugar al póker , pero no podía concentrarme en el juego. Es lógico imaginándome al armario de Karl con sus 105 kilos, agachado, con los pantalones en los tobillos y el dedo barrenador de Montserrat alojado en su esfínter. Una demoledora visión que no conseguía apartar de mi mente. Ese día perdí más que nunca. 

¡Ha vuelto Melmoth!!!  VALORES CÍVICOS. 

Mi enorme paraguas me protege de la intensa lluvia. Delante de mí una mujer camina empapada. Lo primero que se me ocurre es ofrecerle cobijo y acompañarla muy gustosamente al lugar de destino. Esto es lo correcto, pero desecho de inmediato la idea. La cosa ya no está para ejercer de caballero. Lo primero que pensaría de mí es que soy un perturbado. 

 Subo a un autobús. Ocupo el último asiento que queda libre. En la próxima parada sube un achacoso anciano. De inmediato se apodera de mí el impulso de cederle el asiento, pero la experiencia me dice que ahora los ancianos son muy orgullosos y no les gusta sentirse humillados delante de todos los pasajeros, dejando en evidencia su vejez, y siguen demostrando empecinadamente de que todavía son jóvenes, capaces de aguantar de pie, aunque realmente no puedan. Bajo en la siguiente parada. Ha dejado de llover.  Me detengo en un paso de peatón. El semáforo está en rojo. Un ciego con bastón se detiene a mi lado. Tengo el impulso de ofrecerle mi brazo para ayudarle a cruzar la calzada, pero estoy escarmentado. A todos los ciegos que he intentado prestar mi ayuda la han desechado aduciendo airadamente que conocen muy bien su barrio. Antes de llegar a mi destino una vieja vagabunda me ofrece su vaso de cartón de Starbucks para que le eche unas monedas. De inmediato introduzco la mano en mi bolsillo pero me detengo bruscamente. He olvidado por un momento que ahora los mendigos tienen la desfachatez de contar las monedas delante de ti y como nunca quedan satisfechos de la cantidad ofrecida te insultan o te tachan de tacaño. Los actos cívicos y las buenas intenciones ya no cuentan. Todo ha cambiado y de momento no acabo de adaptarme a esta nueva situación de desconfianza, orgullo y rechazo por parte del necesitado. Llamo por el interfono. Le digo a ella que soy yo. Nos conocimos ayer por la noche en un bar musical. Hablamos y al final de la velada me dijo que era como si me conociera de toda la vida. Luego,  me invitó a cenar en su casa y aquí estoy. Ya en el ascensor me aseguro, por instinto, de llevar mi navaja de afeitar en el bolsillo del abrigo. No, no me conoce. Será mi décima víctima.

FIN

Un proyecto que me hace ilusión. Iván Valencia (derecha) director de cortos con el que trabajé en BLACK BOX, me ha pedido un cartel para una obra corta de teatro: Serendipia. 


LA RECETA: RIÑONES AL JEREZ. ¿Un poco de casquería? 

Poner los riñones en un escurridor y remojarlos en agua fría con el grifo a máxima potencia. Escurrir y dejarlos 1/2 hora en un plato con vinagre.
Pasar los riñones por un papel de cocina para que se sequen y saltearlos en una sartén con aceite. 
Cuando tomen color, rociar con jerez lo justo para que queden cubiertos. Añadir 1 hoja de laurel y dejarlos cocer con el fuego al mínimo durante 20 minutos. ¡Qué olorcillo...!
Aconsejo acompañarlos con arroz blanco y un buen tinto.





martes, 7 de septiembre de 2021

CUANDO EL DIABLO INVITA A COPAS

 

 El Gambrinus es un tugurio, pero es mi tugurio, y los he visto peores. Me acomodo en un taburete frente a la barra y en ese momento oigo una  voz meliflua a mi izquierda:

-Disculpe, caballero. Soy nuevo en el barrio y no conozco a nadie. ¿Me aceptaría una copa?

Lo examino. Mechones negros pegados a la frente estilo Frankenstein, barba mefistofélica y largo abrigo negro. Me hacen gracia sus modales anticuados que en el Gambrinus se ven tan fuera de lugar como Frodo en un congreso de orcos. Acepto la invitación. Hace una seña al barman:

-¡Chupitos! Absenta Blue Devil para mí y –se dirige a mí con un guiño-: ¿Cuál es su veneno? ¿Bourbon? ¡Bourbon Black Raven!

 El whisky –más caro de lo que me suelo permitir- pasa por mi garganta con un cosquilleo y me invade el plexo como una bomba de plasma etílico. De repente surge un recuerdo como un nubarrón que oculta el sol. Mi abuelo gitano cuando me advirtió: “Chico, si un desconocido te invita a beber no aceptes sin saber antes su nombre pues, en ese caso, es el diablo el que convida. Tendrás que corresponder invitándole a otra ronda y entonces se beberá tu alma junto con el licor.”

Me vuelvo para mirarle de nuevo. Ha apoyado una mano en la barra y sus uñas son negruzcas y muy largas; un centímetro más y podrían llamarse garras. Me invade un pánico que arde, como una llama imposible de extinguir. Balbuceo:

-¡Eeer…! Lo siento. Tengo que irme, es algo urgente.

-¿Urgente? ¿A la una de la madrugada? –dice el extraño-. Vamos, cuando alguien invita a una copa hay que invitar a la siguiente. Es una forma tácita de…

-Soy podólogo de urgencias –señalo mi móvil-, un caso letal de pie de atleta. A la próxima invito yo ¿de acuerdo?

 Me dirijo hacia la puerta, cuando agarro el tirador oigo una potente voz por encima de la estridente música que suena en los altavoces del bar. Es el extraño:

Quien bebe y no convida cría un sapo en la barriga! – y se dobla con una carcajada que suena como tijeras rasgando linóleo.

Un chascarrillo que no oía desde el colegio. Cuando salgo del bar me detengo en la acera y la fresca oscuridad me hace ver la situación más serenamente. “Mira que tomarme en serio las historias del abuelo –pienso-… venga, no quiero parecer descortés, voy a invitar a otra copa a ese hombre.”

Pero al girarme en dirección al Gambrinus siento un bandazo en los intestinos. Algo se remueve en mis entrañas, y desde lo más profundo de mis vísceras oigo un sonoro:

Croac!!!

FIN

NO PODÍA FALTAR EL HUMOR ARGENTINO DE FRODO

UN CONSEJO DEL PROFESOR SIBELIUS

LA RECETA:BERENJENAS A LA SICILIANA. Más fácil imposible. 

Aprovechar que es ahora la época de las berenjenas. Primero: cortar berenjenas por la mitad.

Cocer 20 minutos en el horno a 200º. ¡Qué olorcillo! También se puede añadir queso rallado. 
Foto: Silvina.






 

 


lunes, 23 de agosto de 2021

EL VOCEADOR Y MÁS COSAS

 

Mi abuelo Sento fue voceador en un cine de Valencia. Entonces las películas eran mudas y la trama se narraba mediante unos letreros pero aún bastante gente no sabía leer, así que el llamado voceador describía al público lo que ocurría en la pantalla. Eso me dio una idea para uno de esos relatos que nunca veo el momento de escribir o dibujar. Lo cuento:

 Sento lleva ya un año trabajando como voceador en el cine Alhambra. El negocio va bien y recientemente se ha incorporado un pianista. Una tarde, durante una sesión, Sento vocea que el sheriff se ha cargado a cuatro bandidos cuando este justo acaba de entrar en el salón. El pianista le mira desconcertado y el público murmura mientras, en la pantalla, el sheriff se prepara para desenfundar. Sento carraspea y prosigue pero cuando anuncia que el sheriff se ha casado con la maestra de escuela y fueron muy felices al menos quince minutos antes de que eso ocurra el público estalla en abucheos y Sento huye bajo una lluvia de caramelos y peladillas.

-Tendría que verte el médico -.le dice Márquez, el propietario del cine.

A la mañana siguiente acuerdan una proyección privada con Márquez, Sento y el doctor como únicos espectadores.

-¡Proyector! –grita Márquez.

 Aparecen en pantalla los créditos de Intolerancia, de Griffith. Sento empieza a vocear los acontecimientos de la película. Al mencionar Sento la caída del rey de Babilonia cuando falta aún bastante metraje para que se vea ese episodio el doctor se sitúa a su espalda y le propina un fuerte coscorrón en la cabeza.

-Prosiga -.dice el doctor.

Sento describe ahora la película de forma impecable. El doctor ordena encender las luces y mientras garabatea en un papel le dice:

-Nada preocupante, un ligero caso de desincronización. Tome esas pastillas tres veces al día y nada de café, alcohol ni tabaco mientras dure el tratamiento.

Sento se dirige a la farmacia. A medio camino se fija en unos obreros que están colocando un gran cartel donde se anuncia el estreno de El cantor de jazz; el primer largometraje sonoro.

Sento arroja el prospecto a una papelera y decide irse a tomar un carajillo mientras mira las ofertas de trabajo del periódico.

FIN

Y... ¡AQUÍ ESTÁ FRODO!!!

LA RECETA: POLLO-CONEJO.

Éste era un plato que a veces hacía mi madre cuando en la nevera había porciones de pollo y conejo y había que aprovecharlas:

En una sartén sofreír los trozos de conejo y pollo. Cuando tomen color reservarlos en un plato, sazonar con sal y pimienta y en el mismo aceite añadir 4 dientes de ajo con su piel y 1 cebolla grande picada. 
Incorporar los trozos de pollo y conejo, añadir 1 vaso de vino tinto, tapar la sartén y dejar cocer con el fuego al mínimo 20 m.
Se puede añadir muchas cosas. El último día acompañé este plato con champiñones, pimientos y patatas al horno. 
Foto: Silvina. 





miércoles, 11 de agosto de 2021

SIETE PARADAS

 

Tomé el metro en la estación Sagrera. Al instante me quedé fascinado mirando una pasajera de labios carnosos y cabello pelirrojo recogido en la nuca. Admiré el aleteo de sus pestañas, su nariz recta y sus orejas de fauno. Estaba de pie, apoyada en la barra y a un par de metros de distancia.

Al llegar a Navas, la siguiente parada, concentré toda mi fuerza en la mirada que le lancé. Ella me sonrió inocentemente pero con franqueza.

Cuando el metro llegó a Clot entraron muchos pasajeros. El vagón se llenó y entre empujones nos fueron acercando. Quedamos frente a frente, ella desvió la mirada y al percatarme de su timidez me sentí como fulminado por un rayo. Seguro que advirtió mi agitación. Con sigilo me acerqué un poco más hacia ella.

 Entre Glorias y Marina el metro se paró en mitad del túnel con una fuerte sacudida que la lanzó hacia delante. Chocamos. Su brazo derecho me rodeó la cintura para no caerse y su mano rozó levemente mi trasero. Me relajé aceptando el abrazo, arrullador, cálido, y sintiendo la cercanía de sus pechos.

Nuestras miradas se cruzaron. Sólo podía mirar esa cabellera pelirroja mecida por el vaivén del vagón. Aquí estábamos los dos, apretujados uno contra el otro, sonriéndonos con los ojos. Pero entonces…  ¡ay! Cuando el metro llegó a Arco de Triunfo una oleada de viajeros que habían llegado a su destino la desplazaron más allá de la plataforma. Encajado entre dos cuerpos no podía moverme mientras aquella marea humana la impelía fuera del vagón, entonces sonó la señal acústica y las compuertas se cerraron. ¡Ella se perdía para siempre! El metro reanudó su marcha. Con la nariz pegada a la ventanilla conseguí verla unos segundos parada en el andén hasta que nos engulló el túnel. Se había llevado consigo su embrujo y sus orejas de fauno.

Al apearme en Urquinaona, mi parada, descubrí que también se había llevado mi cartera.

FIN

Y AQUÍ ESTÁ FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO!

LA RECETA: VA DE PIZZA

ANTES UNA HISTORIA: DALÍ Y LA PIZZA CINCO ESTACIONES

Raúl Oliana  era el cocinero y propietario de Via Napoleone, la primera pizzería de Barcelona que permaneció en la calle Pelayo hasta finales de los ochenta. Salvador Dalí acudía de vez en cuando y se hizo amigo de Oliana. Una calurosa noche de finales de verano  en la que Dalí y Oliana estaban sentados en una discreta mesa del restaurante el pintor le preguntó si sabría hacer una pizza surrealista.

 “Bueno –respondió el cocinero-, puedo hacer una pizza cinco estaciones”. Dalí dijo: “Imposible, sólo hay cuatro estaciones. Si lo consigues, Dalí -siempre hablaba de él en tercera persona- te regalará una litografía.”

El día acordado Oliana esperaba a Dalí con varios volúmenes de su biblioteca que demostraban que hasta finales del siglo XVIII los años en España tenían cinco y no cuatro estaciones: primavera, verano, estío, otoño e invierno y así lo describe Cervantes en un pasaje de El Quijote: “La primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua.“

El estío era el periodo más caluroso del año, similar al ferragosto de los italianos, pero acabó imponiéndose la denominación verano. La pizza cuatro estaciones suele llevar champiñones, alcachofas, jamón y anchoas. El quinto ingrediente que añadió Oliana fueron filetes de salmonete de Cadaqués, muy buenos en la época del estío.  Dalí saboreó la pizza con cava rosado, su bebida preferida, y regaló a Oliana una valiosa litografía.

PIZZA BLANCA

Es el nombre de las pizzas con crema de leche en lugar de tomate. La hago un poco al estilo de la fugazzeta argentina.

Extender sobre la bandeja de horno una masa de pizza fresca al vacío (suelo comprar la de Buitoni) sazonar con un poco de aceite de oliva y sal y hornear 5 minutos a 200º. Extender una buena capa de cebolla cortada bien fina. Cuando la cebolla tome color repartir encima de la masa lonchas de bacon y crema de leche. Hornear 10 minutos más y añadir una capa de mozzarella y huevos de codorniz (opcional) terminar de cocer con la rejilla del horno a media altura un par de minutos y a servir.

¡SALUDOS DEL HOMBRE PIZZA!






jueves, 29 de julio de 2021

PAISANOS

 

No había mucha gente en la piscina del hotel ese sábado por la mañana. Sólo dos tumbonas ocupadas por una atractiva mujer cerca de los treinta años y un hombre maduro de aspecto juvenil, aunque delataban su edad los pelos blancos del antebrazo y el hecho de estar leyendo un periódico. En el bar, bajo un toldo amarillo, una chica veinteañera  con un pareo sobre el bañador bebía de un vaso con sombrilla de papel.

Un joven atractivo y bronceado  avanzó rápidamente por el borde de la piscina y se paró frente a la chica. Con el tono entusiasta del que acaba de hacer un descubrimiento le dijo:


 -¡Hola! ¿Eres de Piedrasblancas, verdad?

-¡Sí! –dijo la chica con una cantarina sonrisa musical –media octava-. Tu cara me suena, pero no estoy segura. Me llamo Magenta.

-Yo tampoco soy muy fisonomista –contestó él-. ¡Magenta! Ahora empiezo a recordar… Yo soy Índigo. Mis padres llevaban la tienda de deportes de Piedrasblancas, en la calle mayor.

-¡La tienda Sprinter de Piedrasblancas!  Habré estado allí un montón de veces… tu padre tenía un bigote gris, y gafas…

-¡Eso es!

La mujer de treinta años advirtió que el hombre de la tumbona de al lado parecía escuchar a la pareja,  mirándolos por encima del periódico con una sonrisa burlona, mientras seguían conversando.

-¡Ah, claro! –concedió la chica-… eres un poco mayor que yo y no tuvimos los mismos profesores en el instituto. Seguro que coincidiste con miss Dickinson.

-¡Claro! Mi profesora de inglés. Era una histérica, pero buena persona. ¿Cómo es que nunca nos vimos en la piscina municipal?

 La chica hizo un gesto vago que se podía interpretar de cien maneras y el joven se lanzó a pronunciar una serie de nombres. El hombre maduro los miraba con aire cada vez más despectivo, parecía realmente fastidiado y eso intrigó a su vecina de tumbona. De repente, el joven pareció advertir que el sol empezaba a quemar.

-Magenta ¿damos un paseo hasta la playa?

La pareja se alejaba y el hombre maduro dejó escapar una risita desdeñosa que la mujer de treinta años no supo interpretar. Como si hubiera advertido su curiosidad él sacó un paquete de cigarrillos, le ofreció uno que ella rehusó y al encenderlo le dijo:

-¡Vaya par de comediantes! Está claro que el joven quería ligar con la muchacha. Le soltó lo de Piedrasblancas esperando que ella dijera: “No, no soy de allí” y entonces él respondería: “Ah, es que eres exacta a una chica de mi pueblo”. Pero ella decidió seguirle el juego, supongo que para divertirse o porque le gusta ese panoli, y se han puesto a recitar nombres inventados. ¡Piedrasblancas! –resopló-. Ese pueblo no existe.

-¿Y usted, como lo sabe? –inquirió la mujer.

El hombre maduro desplegó su periódico con un sonoro flop antes de responder:

-¡Porque soy del pueblo de al lado!

FIN

EL PROFESOR SIBELIUS SE VA DE VACACIONES


LA AMANTE GOURMET, Y LA RECETA

Esta es una de las primeras portadas que hice, con la desaparecida Editorial Zendrera. Dos hombres compiten por una mujer cocinándole deliciosos platos griegos (el amor a veces se conquista por el estómago) éste es uno de ellos: BERENJENAS SALÓNICA CON GAMBAS.


Cortar las berenjenas por la mitad, ponerlas con la piel hacia arriba y cocer en el horno a 200º unos 15 minutos. 

Mientras se enfrían las berenjenas, pelar las gambas y freír en aceite las cabezas (para dar sabor) Quitar la carne de las berenjenas con cuidado para no perforar la piel. Freír las gambas en el mismo aceite, añadir la pulpa de berenjenas con ajo picado, alcaparras y 1 copa de vino blanco. 

Rellenar las berenjenas con esta mezcla, cubrir con queso rallado y gratinar 5 minutos en el horno. 

Staikos, el autor, me envío un vídeo que colgó en Youtube. Su padre actuó de extra en la película Los cañones de Navarone que se filmó en Grecia. Esta es su escena. "Es una escena corta -me dijo Staikos-, ¡pero no todo el mundo puede decir que a su padre le disparó Gregory Peck! 




 

 


lunes, 19 de julio de 2021

NIEBLA AFRODISÍACA

 

La Ciudad se escondía bajo la humedad delirante de una niebla espesa y obstinada.  Al llegar la noche empeoró la situación.  Todo parecía abandonado a la viscosidad que empapaba piedras y cuerpos. Las farolas, fantasmales y desprovistas de base, no ayudaban a orientarse. No había cielo, ni sol, ni horizonte, sólo una niebla amarillenta que se estaba volviendo púrpura.

Homero y Diana se movían lentamente por los callejones cogidos del brazo. La visibilidad era prácticamente nula.

-No sé cómo consigues orientarte –dijo Diana que no conocía el barrio.

-Muy fácil: cuento las esquinas.

El sistema era simple pero eficaz. Avanzaban ahora despreocupadamente hasta que otra pareja surgió de repente de una esquina. Homero sintió que Diana era arrancada de su brazo mientras él mismo era proyectado hacia atrás. Vieron formas confusas que intentaban conservar el equilibrio y se sucedieron las exclamaciones:

-¡Perdón!

-¡Maldita niebla!

-¿Os habéis hecho daño?

-No, sólo el susto… ¡Já, já!

 Se lo tomaban con humor. Homero sintió que Diana se le volvía a colgar del brazo y con unas últimas palabras de excusa dieron el incidente por terminado.

Doblaron la esquina y fue entonces cuando Homero sintió una repentina excitación como si estuviera cargado de electricidad. Estaban empapados de sudor en plena calle y nadie podía verles con esa niebla lechosa y sofocante. Ella también debía sentir lo mismo porque atrajo a Homero tirándole del brazo hacia una pared de ladrillo. Homero le abrió las piernas y le levantó el liviano vestido veraniego, le costaba quitarle las bragas que estaban pegadas al cuerpo por el calor, Homero se las arrancó de un tirón y el sonido de la tela rasgada le enloqueció.  Sintió que las piernas de ella le enlazaban por la cintura y cuando oyó un gemido de placer supo que había acertado. La electricidad fluía de uno a otro cerrando el circuito, pasando a una trepidante sucesión de orgásmicos jadeos y gemidos.

-Ufff –Homero suspiró mientras se subía los pantalones. Sudaba copiosamente- … creo que habría que repetirlo más a menudo.

-Pero, oye … –dijo ella aun jadeando- ¡Tu voz no suena igual!

-La tuya tampoco. ¿No eres Diana?

-¿Diana? ¡Me llamo Penélope!!!

Cayeron en un estado de desazón y vergüenza bíblica. Durante un rato no se atrevieron a dirigirse la palabra hasta que Homero rompió el silencio:

-Vamos, hay que intentar encontrarles. Diana no sabe orientarse por este barrio.

No fue difícil encontrarles, la otra pareja estaba en un callejón a unos pocos metros. Homero y Penélope reconocieron inmediatamente los gemidos.

FIN

¡VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO!

QUÉ COSAS TIENE EL PROFESOR SIBELIUS...

LA RECETA: EL GARUM 

 Este dibujo lo hice para la revista estadounidense Options. Se trata de un artículo que Truman Capote escribió en los años sesenta para Harper´s Bazaar. El título alude a una tapita, un snack que Gio, un camarero siciliano del Harry´s Bar servía sobre una tostada con mantequilla y que por entonces causaba furor entre la clientela del famoso local neoyorquino. Por su aspecto lo bautizaron como Caviar de Pobres. El caso es que, según la descripción que el autor de A Sangre Fría nos ofrece en este artículo está claro que el caviar de Gio era exactamente lo que aquí conocemos como garum, un delicioso puré de aceitunas negras y anchoas de origen romano que se prepara en toda la zona mediterránea y que además es sencillísimo de hacer:

Mezclar en un bol aceitunas negras con una cucharadita de orégano, alcaparras, 6 filetes de anchoa, un buen chorro de aceite de oliva y un diente de ajo. Trituramos todo con la batidora y ya está. Es un entrante delicioso sobre tostadas, acompañado de un vino blanco seco y bien frío. También es muy apropiada como salsa para espaguetis alargándola con un poco de aceite.


 


miércoles, 30 de junio de 2021

EL BAR DE LAS BOTELLAS MUSICALES

 

Un misterioso argentino llamado Haffner abrió en Barcelona una sucursal del Bar Infinito. 

Idéntico en sus confines ilimitados, clientes atrapados, músicos, prostitutas… pero un día, repentinamente cerró. 

 Años después, los vecinos se despertaron alarmados al oír de madrugada un ensordecedor entrechocar de vasos y risas estridentes. El local estaba abandonado, aunque el actual propietario sabía que el sótano estaba lleno de botellas.  

Una dotación de policía entró en el bar, se precipitaron escaleras abajo y se encontraron en el sótano con un espectáculo extraordinario. 

Todas las botellas se entregaban a una juerga desenfrenada. En los estantes se había formado una orquesta. Las botellas vacías resonaban como instrumentos de viento, las rotas como palillos y las rajadas imitaban el rasgar de una guitarra. 

 Un agente exclamó “¡Esto es brujería!” y retrocedió tumbando una botella que cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Súbitamente la música se detuvo.  

-¡Vamos, vamos! ¡No estamos en la Edad Media! – vociferó el sargento-. Llevemos algunas botellas a comisaría para que las analicen los expertos. 

En comisaría, en las dependencias donde se guardan las pruebas, los agentes miraban ansiosos las botellas. Había sido un día tenso y un trago no vendría mal. El sargento apartó una botella al azar y leyó la etiqueta: “Licor Legui, el licor argentino de caña… 

 Al abrir la botella salió música. Algo hizo clic y todos quedaron atrapados en su mecanismo. Compás de cuatro por cuatro; un tango. Aquel ritmo embriagador se había introducido en los oídos de los agentes que empezaron a doblarse lentamente y a retorcer las puntas de los pies. 

Los policías bailaban unos con otros, como fundidos en uno, en uno que se movía muy deprisa con inclinaciones muy marcadas y pasos de tuerca. Parejas uniformadas de azul revoloteaban por la severa sala ejecutando cortes, quebradas y firuletes.

De repente cesó el tango y los bailarines cayeron en un estado de desazón vergonzante. Los agentes se dispersaron evitando mirarse entre ellos, pero echando furtivas miradas a las botellas. 

Ahora los vecinos están intrigados por otro extraño suceso. Por la noche se oye desde la comisaría música de tango a máximo volumen y el edificio entero parece latir al ritmo de la música. 

FIN

DON COMPOST, EL LABRADOR POETA

LA RECETA: JOROÑA KE JOROÑA (Cordero a la griega) Foto: Silvina

Necesitaremos: carne de cordero cortada a tacos. Yogurt griego. Cebollas. Berenjenas. Zanahorias. Laurel. Vino blanco.
Sofreír la carne en aceite, retirar cuando se vea dorada y sazonar con sal y pimienta.
Picar 1 cebolla grande, 1 zanahoria y cortar a taquitos 2 berenjenas con su piel. Freír en el mismo aceite.
Añadir el cordero, la hoja de laurel y 1/4 de litro de vino blanco o caldo. Tapar la cazuela y dejarlo cocer con el fuego al mínimo durante 1 hora.
Servir con unas cucharadas de yogurt griego en cada plato.