domingo, 5 de febrero de 2023

UNO PICA, OTRO CAVA

El atento oído del profesor Dinamo –especialista en lenguas eslavas ya jubilado- capta ruido de tallos y hojas cortadas, un golpe seco de pico golpeando la tierra y voces. Dinamo reconoce el idioma: “Es polaco, sin duda”. Por la ventana ve a dos hombres excavando frente a su casa. Uno pica, el otro cava. Sale al jardín y les saluda.

 -Czesc! (Hola) –Los dos hombres agitan los hombros como despertándose de un sueño,  se les ve contentos al oír su lengua en tierra extraña. Dinamo prosigue en polaco -: ¿Están haciendo una piscina? ¿Un parterre?

Los cavadores sonríen, parecen buscar una respuesta. “Ya verá, es una sorpresa”, dice uno apartando un grueso terrón erizado de raíces. Le guiña un ojo cómplice al profesor y éste piensa: “Son simpáticos”.

Dinamo entra en casa. Es un día de calor feroz, el sol parece golpear la tierra levantando ondas de líneas negras. Dinamo compadece a los sudorosos cavadores. Abre la nevera y comprueba que hay botellines de cerveza.

 Una hora después el profesor supone que los polacos han terminado su trabajo. Han clavado sus azadas en vertical sobre el suelo y echan atrás sus brazos para desentumecerlos mientras contemplan el agujero. Dinamo asoma por la puerta y los invita a tomar unas cervezas. Los cavadores aceptan encantados. Cuando entran,  el olor a sudor y tierra removida toma una presencia casi sólida.

 Se presentan: “Roman,  Andrzej”. Charlan animadamente con los botellines en la mano. Andrzej saca una botella de vodka de una mochila, lo toman a la manera polaca, acompañado de zumo de manzana.  Roman se sitúa a la espalda del profesor y le toma las medidas con una cinta métrica. “Niech” (Vamos) dice Andrzej apurando un vaso de vodka.

Salen al jardín y se dirigen hacia la fosa. Andrzej mira con curiosidad al profesor.

 -¿De verdad no sabía usted que estaba usted muerto, señor?

Dinamo medita un momento y sonríe con suavidad.

 -A mi edad se le olvidan a uno las cosas -… responde con un poso de ironía y se acomoda en el foso.

Roman llena su pala y la balancea hacia atrás, ésta se adelanta curvada como un péndulo, cuando la tierra cae hace: ¡plaf!

 Roman y Andrzej terminan de dar sepultura al profesor. Lo despiden a la manera polaca, toman un trago de vodka a su salud, derraman un poco de licor sobre la tumba y rezan una breve plegaria.

Por este orden.

LA RECETA: CALAMARES ENCEBOLLADOS CON GUISANTES (Arvejas)

Pelar y picar en dados los ajos y la cebolleta. Poner a sofreír en un sartén junto con los guisantes y un chorrito de aceite. Rehogar bien. Vierte el vino y dale un hervor.

Añadir a la cazuela los calamares cortados en tiras, separadas las cabezas de las patas, salpimentar y saltearlos brevemente a fuego fuerte en una sartén con aceite. Agrégalos a la sartén de los guisantes y espolvorear todo con un poco de perejil picado. Servir inmediatamente pues no conviene que se enfríe.



 

miércoles, 18 de enero de 2023

VIENEN DE ÁFRICA

 

Berta ya había cumplido el séptimo mes de embarazo el día que Bepo, su marido, volvió de uno de sus frecuentes viajes por África. Era viajante de comercio.

 Esta vez traía como regalo unos raros instrumentos musicales y dos máscaras tribales. Las paredes de la casa estaban llenas de objetos africanos: marfiles, pelos de elefante, dientes de león… Berta sentía una rara aversión por esos objetos. Otra obsesión de Bepo era coleccionar máquinas de fotografías instantáneas.

El mes siguiente,  Bepo le telefoneó desde un país centroafricano y le pidió que buscara unos papeles que se encontraban en el primer cajón de la mesa de su despacho. Berta, tras dar con ellos, proporcionó a su marido los datos que necesitaba. Luego, se entretuvo mirando los cajones de la mesa y entonces descubrió las fotografías.

Eran fotografías polaroid –Bepo siempre se llevaba una cámara de su colección cuando iba a África- y en todas ellas se veía a Bepo desnudo con dos mujeres negras en lo que parecía la habitación de un hotel. Berta distinguió algunos juguetes sexuales y artículos de sado-maso.

Los nervios se apoderaron de Berta  y su vientre produjo un par de contracciones que podrían anunciar un parto prematuro. En ese momento le pareció que los objetos africanos que decoraban la casa eran portadores de algo maligno. Las máscaras, los pelos, los marfiles… todos confabulaban contra ella.

 De repente, la ansiedad desapareció. Berta se dirigió al dormitorio donde Bepo guardaba su colección de máquinas de fotos instantáneas, eligió una Polaroiid SX-70 y se desnudó completamente. Luego se colocó frente al espejo de cuerpo entero y comenzó a hacerse fotos en posturas obscenas que la presencia de la máquina y el abultado vientre convertían en algo grotesco, casi terrorífico.

Tras contemplar las fotografías sonrió malignamente y las colocó junto a las fotografías de Bepo con las mujeres negras.

El tiempo transcurrió y en ningún momento, ni Bepo ni Berta,  mencionaron  lo de las fotografías. Vivían como extraños,  pero estrechamente unidos por la atmósfera de aquella casa invadida por objetos traídos de África.

El niño nació bien, pero resultó ser negro. Desde entonces, los dos fingen no darse cuenta.

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO

PROFESOR SIBELIUS PSICOANALIZANDO 





miércoles, 4 de enero de 2023

CUATRO INFLUENCERS EN UN COCHE

 

-Esta debe ser la casa de la fiesta –dijo Mario señalando al frente.

Aparcó el coche junto a un arcén de hierba. Los otros tres ocupantes levantaron la vista de sus smartphones examinando la casa parduzca y sus ventanas iluminadas.

-¿Seguro que es aquí la fiesta? –Iván tomó a Paula por el hombro notando que su mano aún temblaba. Se habían llevado un buen susto cuando Mario, con un brusco giro de volante, evitó chocar contra un árbol al tomar una curva con demasiada velocidad.

Vaya decoración –advirtió Sandra arrugando su nariz. No esperaban aquel entorno de objetos absurdos, surtidores de imitación y querubines color turquesa. Parecía la mansión de un mafioso ruso.

Mauro acercó su mano al timbre y en ese momento se abrió la puerta como si alguien que estuviera dentro los hubiera visto llegar.

-¡Hola! Adelante - Tras la puerta había un hombre de treinta años estilizado y atractivo, a pesar de su chándal de mercadillo y el peinado mullet. Rezumaba confianza y cordialidad. Se presentó -: me llamo Hugo.

  El tumulto en el interior era increíble. Se hallaban en una enorme sala abarrotada de gente. Los cuatro amigos lanzaron críticas miradas a la imposible ornamentación: candeleros, flores de cera, cuadros con escenas de caza del zorro en una campiña inglesa... Toda una parafernalia del mal gusto, desconcertante y sin armonía. Había una chimenea color rosa pastel donde ardía un fuego sobre una plataforma a pesar de que hacía calor.

Nadie parecía reparar en los recién llegados. Mario tomó la iniciativa y los Influencers le siguieron entre compactos grupos de personas. Todo parecía irreal, como si la gente se disolviera ante ellos. La brillante melena de Mario les orientó hacia un buffet frío rebosante de embutidos y lonchas de queso. Iván se sirvió un vaso de un gigantesco tazón de vidrio.

-Vino rosado – informó a Paula con una mueca-, y muy malo. Se introdujo en la boca una alita de pollo que tenía un sabor indefinido.

Paula no le escuchaba, se había quedado absorta contemplando un rostro amarillento que atisbaba el interior desde una vidriera, estaba royendo algo que parecía una ardilla… o una rata. Paula supuso que era una ilusión óptica causada por los reflejos del fuego de la chimenea.

La multitud aumentaba. La atmósfera se volvía húmeda y cargada. Los Influencers se sentían como flotando en gelatina caliente. Sonaba un disco de Melody.

-Vaya gente rara –observó Mauro.

- ¿Pero conocéis a alguien de aquí? – intervino Sandra-. Yo creo que nos hemos equivocado de sitio… y de fiesta. No es nada de nuestro estilo, en absoluto.

-Lo que me faltaba después del susto en la carretera –dijo Iván-. Esto es horrible, vámonos de aquí.

Se dirigieron apresuradamente hacia la puerta. Hugo, el hombre del chándal y el peinado mullet, les cortó el paso incrementando su confusión. Le acompañaba un hombre gigantesco con media cara hundida, una visión desagradable e increíble acentuada por la  estridente camisa hawaiana adornada con piñas y palmeras que vestía.

-No podéis salir –la voz de Hugo tenía ahora un extraño carácter metálico-. Muchos actúan así, os acostumbraréis,  todos lo hacen.

  Se acercó a un balcón y los cuatro Influencers miraron en la dirección que señalaba su brazo. Había una imponente vista de la carretera y las colinas que la rodeaban.

-¡Mi coche! –exclamó Mauro.

Lo que quedaba de él, más bien. El vehículo estaba comprimido contra un árbol en una curva desagradablemente cerrada. Por una ventanilla asomaba un brazo ensangrentado. Paula reconoció su llamativa pulsera.

-Bienvenidos al Purgatorio de los Influencers –los labios de Hugo se retiraron sobre los dientes amarillos; se suponía que era una sonrisa-. Os espera una larga temporada en esta sala con mala comida y música espantosa. Algunos necesitan su tiempo para habituarse pero aquí hay mucho, mucho tiempo. Después de todo, los cuatro estáis muertos, ¿sabéis?

Por un instante, el salón pareció quedar lleno de ecos hasta que sonó un estallido de música enlatada: La Mandanga, de El Fary.

LA RECETA: POLLO AL CAVA

¿Qué hacer con el cava que ha sobrado por Navidad? El gas de las botellas abiertas ha desaparecido pero queda el sabor para preparar un plato como este:

Pasar los trozos de pollo por harina y freírlos en la sartén. 

Añadir cebolla picada y champiñones lavados y cortados en láminas. Salpimentar, añadir el cava y tapar la sartén o la cazuela con el fuego al mínimo.

Dejar cocer unos 45 m. Rectificar de sal si es necesario. 



jueves, 15 de diciembre de 2022

LA ÚLTIMA VIÑETA DE YOSHIRO TEMPURA

 

Zinc acaba de divorciarse. Su ex mujer se ha quedado con el piso y un gato y tiene que esperar unas semanas para mudarse a un piso que necesita  unas urgentes reparaciones. El abatido Zinc decide alojarse en un Hostel por lo barato de sus precios y porque supone que estar rodeado de alegres  jóvenes –todos estudiantes a los que dobla la edad- aliviará su estado de ánimo.

 Le gusta el aspecto de su habitación. A lo lejos, como un signo de admiración en el horizonte de edificios, se alza la chimenea de una fábrica.

 Una luminosa tarde, al regresar del trabajo se encuentra a un joven japonés de pie en el salón sosteniendo una botella.

-Vaya, vaya, vaya –dice en inglés marcando una escala descendente con su voz aflautada. Su rostro tiene algo especial, una expresión de tristeza risueña que sugiere un payaso sin maquillaje-. Me he equivocado.  El recepcionista ya me dijo que algunas llaves abren distintas habitaciones.

-Sí, a mí también me lo advirtió – recuerda Zinc fijando su mirada en la botella, de panza redonda y cuello muy largo. Lleva una jarrita de porcelana sujeta con un cordel.

-Es sake –dice el japonés anticipándose a la pregunta que iba a hacer Zinc-. Hoy es mi cumpleaños y la verdad es que no sé de nadie con quien compartirla –mira hacia Zinc y sus gafas hacen un destello que parece un guiño.

-¡Ah, pues felicidades y tomemos unos tragos! Me vendrá bien algo de compañía –Zinc extiende su mano y se presenta. El chico lo hace a la manera japonesa, con el apellido delante -: Tempura, Yoshiro. Llámame Yosho.

 Zinc nunca antes había tomado sake y Yosho le muestra cómo ha de prepararlo. En la cocina calienta un cazo con agua y justo cuando empieza a borbotear apaga el fuego e introduce la jarrita con sake. “Es mejor caliente”, dice Yosho.

 Se sientan en una mesita redonda. Una buena idea de los Hostels, en una mesa de ese tipo se siente uno menos solo que en las cuadradas.

Yosho no responde al estereotipo japonés, es animado y conversador. Dice a Zinc que es dibujante de cómics y que ha venido a Barcelona para el Salón del Manga. “¿Te gusta el manga?”

-Soy de otra época, más de Mortadelo y Filemón, Anacleto… –Yosho entrecierra sus almendrados ojos dando a entender que no le suenan esos nombres -¿Astérix? ¿Tintín? – Ahora Yosho asiente y sirve más sake.

Sorben posos de sake con aire. Ya han vaciado los vasos y Zinc se dirige a la cocina para calentar más agua.

Cuando Zinc regresa la ventana comienza a virar al azul, la brisa agita las cortinas y el japonés ha desaparecido. En su lugar hay un álbum de cómic.

 Un año después, Zinc tiene nueva pareja y otro gato y así se lo explicó (a su pareja, no al gato, se entiende):

“Fue como si una presencia invisible tomara mi mano y fui girando las páginas hasta que llegué a la primera.  La primera página para un cómic occidental pero la última de un manga, lo que entonces yo desconocía,  también que se leen de derecha a izquierda. Lo que vi al abrir el libro me dejó helado:

Yo, dibujado al estilo manga, sentado frente a Yosho en la mesita tomando sake -¡vaya narizota me había puesto!-,  hasta aparecía la misma copia de un  cuadro de K. Abbott que estaba colgado en aquella habitación. A la izquierda, en la siguiente y última viñeta, sólo había un texto en japonés sin dibujo.

  Pregunté al recepcionista si había algún estudiante japonés alojado. Claro que los había, siempre los hay en los Hostels. Llamé a la puerta que me indicó y me abrió una simpática chica rellenita con largo pelo negro sujeto con horquilla de marfil. Le rogué que me tradujera al inglés lo que ponía en la última viñeta. Su mirada se iluminó al ver el nombre de la portada: “Ah, Tempura! It´s Great!”. Tradujo:

“Esta es la última viñeta del famoso dibujante de manga y anime Tempura Yoshiro que murió repentinamente en Barcelona el 27 de octubre de 1997; el día de su cumpleaños.

IN MEMORIAM.”

FRODO Y SU INCONFUNDIBLE HUMOR ARGENTINO

EL PROFESOR SIBELIUS Y SU ÚLTIMO DESCUBRIMIENTO

LA RECETA: MINIPIZZA CON BASE DE COLIFLOR Foto: Silvina.
Una pizza apta para celiacos. 
Cortar los tallos de coliflor y rallar. Poner la coliflor rallada en un bol, mezclar con 1 huevo y 1 cucharada sopera de parmesano rallado, sal y pimienta.
Colocar la coliflor con la mezcla sobre una bandeja con papel para horno dándole forma redonda y cocer en el horno 20m. a 200º. 
Sacar las minipizzas del horno, untar con un poco de salsa de tomate y agregar aceitunas, jamón, bacon, verduras... a gusto de cada cual. colocar 1 loncha de queso encima y gratinar 5 m.  







miércoles, 23 de noviembre de 2022

EL QUE MUEVE LOS HILOS

 Basado en el cómic de Alfredo Pons "El manipulador".

Llovía. Cuando el hombre atractivo entró en la sala fue toda una conmoción. El pianista dejó de tocar, los dos borrachos que estaban cantando callaron y toda la gente con cócteles en sus manos le recibieron con entusiasmo.

-¡Hola, Pedro!

-¡Es Pedro!

-¡Pedro!

-¡Hola a todos! -gritó Pedro-. ¡Esta es una gran noche!

 La gente se arremolinó en torno a Pedro. Su vitalidad parecía tener presencia física en la sala haciendo más alegre el ambiente. Abrió los brazos y exclamo:

-¡Oídme todos, por favor! Hemos hecho un gran espectáculo. Al patrocinador le ha encantado y... ¡ha firmado por seis meses!!!

-¡Bien!

-¡Magnífico!

Después de aplausos y murmullos de satisfacción hombres y mujeres comenzaron a rodear a Pedro. Todos trataban de estrecharle la mano, abrazarle... la fiesta se disponía a su alrededor. Pedro gritó por encima de todas las voces:

 -Bueno, ahora un poco de silencio. Todo esto no hubiera podido hacerlo solo y como veo que hay por aquí algunos miembros de la prensa quiero presentarles a esta gente maravillosa... En primer lugar aquí está Alfredo -dijo rodeando con un brazo los hombros de un invitado con chaqueta de terciopelo-, el director de orquesta. Nadie es capaz de manejar un montón de músicos con resaca como él.

Pedro se dirigió a una rubia con un vestido rojo de noche que mostraba sus luminosos hombros desnudos.

-¡La protagonista! ¡Penélope! Has sido lo más grande, preciosa-. La rubia lo besó con su gran boca roja abierta.

Lentamente la sala se tranquilizó un poco con la gente enrojecida por la euforia. Entonces Pedro, el hombre atractivo, anunció:

-Y ahora quiero que conozcáis a mi Manipulador...

Un sobrecogedor silencio se produjo cuando Pedro dejó de moverse y respirar.

El smoking se abrió por la parte de atrás y del interior salió un hombrecillo. Tenía el rostro sudoroso bajo una mata de hirsuto pelo negro. Pedro quedó inmóvil e inerte en medio de la sala.

El hombrecillo era diminuto, casi un enano, iba vestido con una camiseta muy sudada y llevaba pantalones cortos. Algunos lo saludaron cortésmente: "Hola, Max... buenas noches."

 La gente que había en la parte más alejada de la multitud comenzó a darse la vuelta. El hombrecillo se acercó a la barra:

-¡Uf, qué calor hace ahí dentro! Me tomaría una cerveza...

Ahora había mucha gente sentada y algunos se dirigían hacia la puerta. El hombrecillo saludó a Penélope:

-¡Hola, preciosa!

Pero la rubia simuló no haberlo oído y pidió un Stinguer en la barra. El hombrecillo dejó el centro de la sala y se sentó. El director de orquesta y un músico eran los únicos sentados junto a él.

-Bueno, otro espectáculo más -suspiró el hombrecillo apurando la cerveza-. Creo, chicos, que deberíamos pensar en algo para la televisión o...

De pronto el director de orquesta inclinándose hacia delante para ponerle una mano sobre el hombro dijo con seriedad:

-Oye, Max... ¿Porqué no vuelves a meterte dentro?

 El hombrecillo bajó la cabeza y tragó saliva mientras se ponía en pie y dijo:

-Bueno... -acercó una silla al hombre atractivo y abrió cuidadosamente la espalda del smoking-. Sólo quería tomar el aire un rato.

Se oyó un chasquido. Pedro, el hombre atractivo, miró a su alrededor y empezó a sonreír.

-¡Eh, vosotros! ¿Qué pasa con esa fiesta? ¡Qué se oiga la música!

Los rostros se estaban iluminando a su alrededor. El director y el músico se dirigieron hacia la orquesta.

-No tengo nada en contra de Max -dijo el director-. Quiero decir que parece buena persona...

-Sí -respondió el músico-, entiendo que quieres decir.

-Pero lo peor de todo... es esa camiseta sudada.

La fiesta se prolongó hasta altas horas de la noche. Fuera, seguía lloviendo.

LA RECETA: BACALAO MARINADO. Foto: Silvina.

Hoy nos va a dar la receta un invitado excepcional: ¡El Doctor! Se trata de la esqueixada, un plato riquísimo y muy mediterráneo.

Necesitaremos 400 gr. de bacalao troceado sin piel. Se mantiene en remojo dos días y medio. El bacalao siempre ha de conservar el sabor con un punto de sal.
Al día siguiente se cambia el agua. Una vez terminado el tiempo de remojo se escurre bien para que quede lo menos posible de agua en el bacalao. 
Se trocea depositándolo en un plato hondo. Se rallan 4 tomates maduros y se mezclan bien con el bacalao. Se le añade un chorrito de aceite de oliva, unas cuantas aceitunas negras y, por último, un poco de orégano.



jueves, 10 de noviembre de 2022

UNA BARBERÍA DE 1944

 

Durante cuatro años todos los jueves entraba en mi barbería el mayor Stuermer, jefe de las fuerzas de ocupación de la zona, para recortarse el cabello. Ocho centímetros reglamentarios en la parte frontal y rasurado en las sienes y nuca. Una mañana de junio me indicó que se lo dejara más corto que de costumbre pues se iba con su unidad a Normandía. Le esperaba una larga temporada llevando casco de acero y el calor apretaba. Apliqué mi rigor profesional para disimular la incipiente alopecia de su coronilla. Desde ese día nunca más volví a ver a Stuermer.

Un día de finales de julio hacia la hora de comer –cuando no suele haber nadie en la barbería- entró Bouvet muy nervioso y cargado con dos maletas. Bouvet era un colaboracionista que hasta se había dejado crecer un bigotillo igual al de Hitler. Me pidió que se lo afeitara. Cuando terminé me pagó con un paquete de cigarrillos –ya casi no circulaban los Reichmarks- y se fue apresuradamente. Tampoco he vuelto a ver a Bouvet desde entonces.

 Una bochornosa tarde de mediados de agosto se presentaron tres hombres armados portando brazaletes con la Cruz de Lorena.

-Coge tus instrumentos –me dijo uno que, pese al calor, llevaba chaqueta de cuero- .Te esperan cuatro señoritas.

-No trabajo con mujeres –respondí-, esto es una barbería para caballeros…

Se rieron de buena gana y me dijeron que no importaba, que cogiera lo que necesitara y que les acompañara a la plaza mayor.

En un banco del centro de la plaza había cuatro jóvenes sentadas con las cabezas gachas. Una multitud a su alrededor las increpaba.

-Colaboracionismo horizontal -me dijo el hombre de la chaqueta de cuero-. Se han acostado con boches.

Dadas las circunstancias no realicé un mal trabajo. Primero las tijeras, luego la maquinilla. En plena tarea, un corresponsal americano me hizo una foto. Me fijé en el nombre que llevaba sobre el bolsillo derecho de su guerrera: R. Capa. Después juntaron todos los cabellos en un montón como quien barre hojas secas y les prendieron fuego. Un olor acre se extendió por el pueblo.

Por la noche me serví un rebosante vaso de calvados y me senté frente al gran espejo del comedor. Miré hacia mi reflejo y dije: “El Tribunal de Responsabilidades declara abierta la sesión”. Un juicio en el que yo era fiscal y defensor. Todo era confuso. Acababa de prestar mi único servicio a la Resistencia rapando a cuatro muchachas pero antes me había pasado cuatro años cortando con esmero el pelo a Stuermer y había ayudado a escapar a un colaboracionista. Dictaminé el fallo: era un caso de capilaridad consecuente.

A la mañana siguiente, cuando abrí la barbería, soplaba un fuerte mistral. El cabello se arremolinaba sobre el lado izquierdo de mi frente. La parte derecha de mi cabeza –y la zona correspondiente al bigote- estaba completamente afeitada.

LOS VIEJOS ROKEROS NUNCA MUEREN

LA RECETA: STEAK TÁRTARO. (Foto: Silvina)

Receta para muy carnívoros, aunque no creo que sea del agrado de mis amigos argentinos.

Necesitaremos: carne picada de ternera, 1 cebolla mediana, 1 huevo, perejil, mostaza, coñac, alcaparras (opcional) champiñones.

Mezclar bien la carne picada con una cebolla rallada, una yema de huevo, perejil, una cucharada de mostaza, un chorrito de coñac, sal y pimienta. Remover todo con las manos como hacen los buenos cocineros y... ya está. La rapidez es una de las principales ventajas de los platos que no necesitan cocerse. Para un sabor picante se le pueden añadir unas gotas de tabasco.

Presentar el Steak en forma de torta plana adornado con champiñones crudos cortados en láminas. Ese día le añadí la yema de un huevo crudo, para no desentonar.





viernes, 28 de octubre de 2022

A OSCURAS

 

Se cortó bruscamente la luz eléctrica en un rascacielos de la calle Bilenio.

Alfa y Romeo, una joven pareja residentes en el nivel 21, volvían de la compra la mañana siguiente alumbrándose con una linterna. Era una dura subida pues el ascensor –sembrado de vidrios rotos y latas de cerveza vacías- no funcionaba. Igual que el aparato de aire acondicionado y el aire inmóvil del cálido verano se hacía notar en la escalera. Al llegar al rellano 14º encontraron a un vecino que había encendido un fuego con hojas de correo comercial y asaba en un espetón el perro caniche de un vecino del nivel 16. Lo había rellenado con ajo y hierbas. Les guiñó un ojo:

-Si puedes oler a ajo, todo va bien-. Les dijo abanicando las llamas.

-¿No te parece que los vecinos se están comportando de una manera extraña? –dijo Alba mientras Romeo abría la puerta de su apartamento.

 Al día siguiente Alfa y Romeo bajaron por la escalera sintiendo el crujir de botellas rotas bajo los zapatos, los rellanos tenían un aspecto lamentable con bolsas de basura apiladas como si el síndrome de Diógenes se hubiera adueñado de los residentes. Grafitis, muchos, las paredes estaban plagadas de penes pintados y solo una vagina.

-Las vaginas son mucho más difíciles de pintar que los penes- comentó Romeo que era profesor de arte en un instituto mientras se quitaba los pedazos de cristal clavados en las suelas.

Al tercer día de oscuridad los suelos de los rellanos estaban cubiertos de desechos y sobras de comida… además, Alfa y Romeo empezaron a percibir miradas hostiles desde algunas puertas entornadas.  Decidieron no volver a bajar por las escaleras y pedir comida a domicilio. Cenaron frente  a la ventana del salón a la luz de las velas. Aquel intento de cena romántica se vio perturbado por la visión de dos vecinos que se arrojaron al vacío desde balcones superiores.

-Eso tiene que ver con el apagón –dijo Alfa que era profesora de antropología-. En las tinieblas la gente se siente impune y descubre su lado más oscuro y atávico.

-¿Pero porque a nosotros no nos afecta? –preguntó Romeo mojando el sushi en salsa de soja y wasabi.

-Ni idea, cariño.

Al día siguiente pareció flotar en el ambiente una tensión aún más espesa que el hedor de las bolsas de basura amontonadas.  Alfa y Romeo observaron por la ventanilla de la cocina un grupo de residentes de aspecto andrajoso que los miraban beligerantes y hostiles desde el rellano del piso inferior. Como obedeciendo una silenciosa señal se abalanzaron sobre los peldaños cubiertos de deshechos en dirección a la pareja.

Alfa y Romeo cerraron apresuradamente la puerta y la apuntalaron con una improvisada barricada de muebles. “Esto parece La noche de los muertos vivientes” –pensó Romeo.

 La turba descargó sobre la puerta todo el peso de sus cuerpos y derribó la barricada. Alfa los iluminó con una linterna, Los vecinos tenían el rostro ceniciento, del color de las setas de sótano, como si hubieran pasado años a oscuras en lugar de cuatro días. Abrían y cerraban la boca en silencio como los peces exhibiendo un brillo de dientes blancos. Muchos presentaban extrañas heridas: mordiscos, arañazos. La pareja se abrazó y… volvió la luz.

La pantalla de televisión se iluminó –Alfa y Romeo habían olvidado desconectarla- y repentinamente los rostros de los invasores se iluminaron:

-¡La luz…! –jadeó el veterinario del nivel 8.

-¡Televisión! Es una serie sobre los viajes de Cristóbal Colón –exclamó una informática del 19º nivel-. Mirad, el papel de Colón lo hace un actor negro. Claro, como es de Netflix…

Ahora el salón parecía una réplica tridimensional de un cuadro de Hopper con los rostros de los vecinos  iluminados por la pantalla. Entre ellos está el presidente de la comunidad que conservaba algo de influjo a pesar de sus harapos hediondos y algunas heridas de arma blanca.

-Queridos vecinos –dijo-: ahora que estamos cierto número aquí reunidos podríamos hablar sobre la derrama de la azotea.

FRODO Y SUS REFLEXIONES ARGENTINAS

LA RECETA: Pollo a la chilindrón (Foto: Silvina)

Sofreír los trozos de pollo en aceite y retirarlos.

En la misma cazuela freír pimiento verde y rojo cortado fino, cebolla picada y unos taquitos de jamón. Cuando se vean las verduras trasparentes añadir 1 bote pequeño de salsa de tomate.

Reducir un poco y verter 1 vaso de vino blanco.

Tapar la cazuela y dejar cocer a fuego lento media hora.

¡Buen provecho!