jueves, 27 de febrero de 2020

BESOS PARA TODAS. Relato vampírico.


Qué demonios. Después de tres semanas paseando un catálogo de abrasivos en grano por deprimentes edificios industriales me merezco un respiro; no me resigno a pasar mi última noche en una habitación impersonal rellenando sudokus. En una guía de servicios escort encuentro un anuncio sugestivo: Novias de Dracula.com Hotel o domicilio. Solo noches. Y la frase que termina por convencerme: Sensaciones extremas e inolvidables.
Pido tres chicas, el mismo número de contratos importantes que he cerrado. Media hora después se presentan en el hotel. Muy guapas, especialmente la pelirroja. Es ella la que dice:
-¿Tarjeta o efectivo?
 
-Uuuh… tarjeta.
Se presentan: Mircalla, Wandesa y Darwula.
"Centroeuropeas" -pienso-. "He oído que hay muchas rumanas en este negocio".
-Un placer conoceros, preciosas ¿Queréis tomar algo?
 Cuando me dirijo al mueble bar la morena –Mircalla- me detiene poniendo una mano suave pero firme sobre mi hombro. Susurra:
-Es joven y fuerte. Hay besos para todas.
 Mircalla me abre la camisa sin antes desabrochar los botones. Se oye como un ruido de calderilla cayendo al suelo. Las manos de Wandesa y Darwula se deslizan por mi pecho. Me dejo envolver por una niebla vidriosa de brazos que serpentean y bocas rojas que mordisquean. Veo mi reflejo -sólo mi reflejo- en el espejo del salón braceando en un mar de paredes color mostaza. Es agradable. Incluso cuando sus sonrisas se convierten en muecas de convulsión hambrienta y sus ojos centellean con deleite.
Me despierto tumbado en la cama. La cabeza me arde y siento la boca como llena de bolas de algodón. Es casi mediodía y cuando mis ojos se acostumbran a la penumbra veo algo escrito en el espejo con carmín rojo sangre. No se trata de un número de teléfono como en las películas sino de un mensaje: “Gracias por confiar en Novias de Dracula.com Besos”.
Intento levantarme pero las fuerzas me fallan y todo me da vueltas. Está claro que el mensaje no está escrito con carmín.
-Maldita publicidad –…suspiró y me vuelvo a desmayar.
FIN
Marc Ribot y Ortuño no han traído nada, pero el gran Melmoth nunca me falla:
EL ÚLTIMO TRAGO
  Es una lástima que en los tanatorios no se encuentren bares cuando precisamente son los lugares donde más los necesitas, y no por la tristeza del fiambre, sino por el comportamiento de la gente que lo rodea. Para estas ocasiones siempre tengo a mano una preciosa petaca donde le voy dando, subrepticiamente, lingotazos. Una vez, cuando me llevé la petaca a la boca, salió la mano del muerto del ataúd agarrándome del brazo para pedirme desesperadamente que le dejara dar un trago. Según él, también le resultaba insoportable su circunstancia. Le pregunté si era por aquella gentuza que tenía de familia y me respondió que no era eso, sino lo que ya estaba empezando a intuir de lo que era el más allá, de lo que le deparaba de por “vida eterna”. Le pregunté muy entusiasmado que me lo dijera antes de irse del todo, pero me respondió que nanay de la China, que para eso tendría que morirme yo. Percibí en su voz un tono de envidia por encontrarme todavía vivo. Entonces le amenacé con no darle un trago de mi petaca. Está bien, se resignó, tengo mi móvil en el bolsillo. Los idiotas de la funeraria, aparte de haber maltratado mi cuerpo, ni se han dado cuenta de mi teléfono. Podrás llamarme mañana para ser más conciso respecto al gran misterio. Me dio su número y yo le di mi petaca que, por cierto, el tío le dio un buen lingotazo. Su gaznate producía un ruido que temí que los que estaban allí contándose chistes verdes se dieran cuenta del asunto. Me devolvió la petaca totalmente vacía.

  Me dijo que le habían hecho mucho daño al practicarle la autopsia. El día de espera se me hizo eterno. Quería saber a toda costa qué había en el puto más allá. Sería el primero en saberlo de toda la humanidad. Por fin pude llamar y me respondió el fiambre de buena gana:- ¡Hombre! Veo que todavía me recuerdas…
- ¿Estás bien allí donde quiera que estés? – le pregunté con impaciencia -. ¡Cuéntame cómo es ese sitio! ¿Hay que trabajar como aquí? ¿Te dan una paga de por vida, perdón, de por muerte? ¿Las mujeres se hacen de rogar? ¿Hay televisión por cable? ¿Qué hacen allí los que trabajaban aquí de vendedores de seguros de vida? ¿Hay que poner el despertador para madrugar? ¿Hay que caminar o acaso se levita? ¿Llueve cada vez que tienes que ir a la playa…
En fin, que me excedí con mis dichosas preguntas dominado por el entusiasmo y solo pude llegar a escuchar esto tras un brusco silencio:
- ¡Gilipollas! Acabas de agotar mi batería y ya no puedo decirte que…
FIN
Y mi nuevo colaborador: el sabio profesor Sibelius.
LA RECETA: MACARRONES GRATINADOS CON JAMÓN CURADO
A don Salvatore le encanta esta receta lombarda.
Mientras los macarrones se cuecen en agua salada saltear en una sartén con poco aceite unos taquitos de jamón curado a fuego bajo para que no se tuesten demasiado.

Cuando el jamón cambie de color añadir crema de leche, 2 cucharadas soperas de queso parmesano, pimienta y -opcional- nuez moscada.
Escurrir la pasta y mezclar con la salsa. Ponerlo todo en una fuente de horno con queso rallado por encima y unos pedazos de mantequilla ¡y a gratinar!

miércoles, 19 de febrero de 2020

POP, POP, POP... Historia real


Durante un verano trabajé en un restaurante de la costa regentado por Alexei, un bielorruso.
Yo llegaba por la tarde y allí estaba Manel, del turno del mediodía, que me ayudaba a poner en orden la cocina antes de irse. Lo primero que debíamos hacer era encender el horno. Un gran horno profesional que tardaba mucho en calentarse. Al cabo de un rato empezamos a oír un ruido sordo –pop, pop, pop- como de palomitas en un microondas.
-Son las cucarachas que corretean por el horno –me informó Manel-. El calor las hace explotar.
Suena un ¡plouff! Más fuerte que los demás. Manel suspira:
-Esa debía ser de las gordas. Tío, yo no comería aquí por nada en el mundo.
Alexei hacía oídos sordos a nuestros ruegos de que fumigara mientras procurábamos que las cucarachas más intrépidas no se aventurasen por el comedor. Nos convertimos en improvisados exterminadores usando el palo de la fregona. Raja, el pinche hindú, no nos era de gran ayuda pues su religión le prohibía matar animales.
 La clientela escaseaba, el humor de Alexei se agriaba y el jefe de cocina se entregaba al alcoholismo. A menudo hundía el cucharón en una cazuela y simulaba probar un caldo pero en realidad era ginebra lo que había en esa cazuela.
Una tarde, un inspector de sanidad tiró imprudentemente de un mohoso panel de linóleo del techo y una lluvia de cucarachas aterrizó sobre su cabeza. Un par de ellas cayeron sobre el Steak Tártaro que estaba preparando. Frenéticamente se sacudía los bichos con ambas manos mientras corría hacia el lavabo. Entre dos arcadas le oímos gritar: “Esto es un nido de cochambres!!!”.
-Hoy no hará falta que te mates –me dijo Manel al día siguiente cuando me vio entrar-. Mañana precintan el local y Alexei se ha ido por piernas a saber dónde.
Se oían sisear los tubos fluorescentes, reinaba un extraño silencio en la cocina.
-¿Y las cucarachas? –pregunté a Manel señalando el horno.
-¡Se habrán intoxicado! –contestó riendo y me invitó a sentarme en un rincón frente a una botella helada de Pertsovka.
Tuve que reconocer que Alexei tenía buen gusto para el vodka de pimienta roja.
Un bonito número musical:
Y ya que se ha hablado de vodka, así prepara esta pelirroja el Boody Mary:
En vaso mezclador: Hielo. 3/4 de zumo de tomate. 1/4 Vodka. 1gota de zumo de limón. 1 gota de Tabasco. Sal y pimienta.
Mezclar bien y servir en vaso mediano.
Melmoth se ha inspirado esta vez en un caso real:
EL NEGRO DE BANYOLES
El Negro de Banyoles estaba vivo cuando estaba expuesto en el museo. Pero empecemos por el principio. Se desconoce el motivo que le hizo ir a visitar Banyoles, aunque se sospecha que era un turista más. Se introdujo en el museo. En ese preciso momento, los responsables del museo tenían una vitrina, pero no sabían qué introducir en ella. El museo estaba en ese momento vacío (como siempre), y uno de ellos se le ocurrió una brillante idea cuando lo vio. Le instó a este pobre hombre a que entrara en la vitrina porque formaba parte de una atracción del museo. El hombre entró. Se dice que se comportó como José Luis López Vázquez en La cabina durante un largo y angustioso tiempo. 
 Cuando cayó en redondo lo untaron, vaya usted a saber de qué, y le pusieron un taparrabos y una lanza en la mano. Ese médico haitiano que lo descubrió, tiempo después, no era otra cosa que su primo, que lo reconoció de inmediato cuando fue también a Banyoles en calidad de turista. Desconozco el laberinto burocrático por el que tuvo que pasar el primo del Negro de Banyoles. Cuando abrieron la vitrina, Arcelín, que era así como se llamaba el susodicho primo y como buen haitiano, realizó unos encantos y conjuros que el Negro de Banyoles volvió a la vida. Este le dio las gracias aliviado y le pidió que, si le podía pagar el viaje a Botsuana, lugar donde pertenecía, porque no tenía un duro ni para comprarse ropa. Su primo le dijo que se había quedado sin blanca por culpa de los abogados y los constantes viajes a la ONU. El museo, cabreado por haberse quedado sin la atracción principal, no soltó prenda. El Negro de Banyoles se resignó y volvió a su país a pie con el taparrabos puesto y lanza en mano que le sirvió para cazar y comer ante tan largo viaje.
FIN
Mi nuevo fichaje, Ortuño, con la serie "Hablando se entienden los besugos".
RECETA: POLLO A LA POPEYE. (Foto: Silvina)
Sofreìr los trozos de pollo en aceite. Cuando se vean dorados reservar y sazonar con sal y pimienta.
En el mismo aceite saltear espinacas (mucho mejor si son frescas) con un par de dientes de ajo.
En una cazuela volver a poner el pollo, freír con champiñones cortados a láminas y añadir 1 copa de vino blanco. Tapar la cazuela y dejarlo cocer todo 20m. con el fuego al mínimo.
Servir el pollo con las setas y acompañado de las espinacas.





jueves, 6 de febrero de 2020

DESCONÉCTAME, CARIÑO. Relato, y más cosas...


Lo reconozco, soy un depresivo aguafiestas sin remedio, aunque Ona lo expresa de otra manera:
-Tú lo que eres es un pelmazo hipocondríaco que está siempre escuchándose a si mismo.
-Ya...
Además suelo tener unos irreprimibles accesos de melancolía que sacan de quicio a Ona como ahora por ejemplo, que estamos sentados en la mesa de la cocina tomando whisky una lluviosa tarde de domingo en la que me da por hablar sobre la muerte.
-Nunca me dejes vivir en estado vegetativo -le digo a Ona-, no soportaría depender de máquinas y del líquido de una botella. Si me ves en ese estado desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. Preferiría morir.
Ella se levanta con una sincera pincelada de admiración en sus ojos y desenchufa la televisión.
Luego desenchufa el ordenador, el ipod, el smart mail, la play station y por último me quita el vaso de whisky.
Me invade una -hasta ahora desconocida- sensación de paz y abandono. A mi alrededor todo se vuelve más y más oscuro...
Disculpen pero allá al fondo veo una potente luz anaranjada. Algo me dice que he de ir hacia esa luz.
Adiós.
FIN
MELMOTH: MIRADA AZUL
Él se fijó en ella porque leía una novela de George R. R. Martin en el tren. Le gustó que prácticamente no alzara la mirada de la página. Cuando ella se dio cuenta que había llegado a la estación, cerró el libro con urgencia y se precipitó hacia la puerta. Solo entonces, cuando ella lo miró fugazmente sin verlo, él supo que tenía los ojos azules. Aquella misma tarde, él se compró la novela de George R. R. Martin. Empezó a leerlo pensando en la mirada azul de la desconocida, pero al cabo de pocas páginas ya solo tenía en la cabeza a Cersei Lannister. Al día siguiente, cuando volvió a subir al tren, la bella desconocida estaba sentada a unos metros más allá, pero no la vio: estaba demasiado absorto en las tramas por hacerse con el Trono de Hierro. Fueron pasando estaciones en el mismo tren de cada día, pero para él el mundo era solamente el mapa de Poniente. Tan concentrado estaba que ni se fijó en una guapa morena que lo observaba.

 Al día siguiente la morena leía George R. R. Martin con tanta atención que no captó el interés de un hombre triste y solitario que, veinticuatro horas después, empezó a leer la misma novela. Tal era su concentración que una joven con gafas le tuvo envidia y al día siguiente también leía a Larsson. A medida que transcurría el verano la fiebre de Canción de hielo y fuego fue en aumento en el tren, como si fuera una lectura obligatoria.
Cuando la mujer de ojos azules acabó la pentalogía, levantó la mirada y lo descubrió a él leyendo con fruición la tercera novela de George R. R. Martin. Le gustó tanto que imaginó que podría ser el hombre de su vida, pero él estaba demasiado absorto en la lectura para poder captar el alto voltaje de su mirada azul.
FIN
Mi amigo Ortuño ha dicho eso alguna vez y ha colado.
OTRA VEZ CON LA CORRECCIÓN POLÍTICA
Me han rechazado este dibujo para una marca británica de café alegando que era "demasiado colonialista" y podía herir susceptibilidades. 
CHORIZO CRIOLLO CON SAMFAINA
Bueno, puede ser con salchichas, pero la auténtica samfaina (o pisto) es esta:
Cortar en taquitos berenjena, calabacín, pimiento rojo y cebolla.
Sofreír primero la cebolla y el pimiento, luego el calabacín y la berenjena con su piel. Cuando estén tiernos añadir tomate sofrito o concentrado y dejar sofreír todo junto a fuego lento unos 20 m.
Acompañar como guarnición.



jueves, 23 de enero de 2020

EL RUIDO MISTERIOSO DEL ARMARIO. Historia real.


Estaba muy interesado por Anna y cuando me dijo que no sabía cocinar me dije: ésta es la mía. Quedamos en que iría el día siguiente a su casa para preparar la cena.
Nada más abrirme la puerta noté que Anna estaba alterada, la mano que apoyaba en el quicio le temblaba ligeramente.
-Me alegra mucho verte -dijo. Pensé que aquello pintaba bien pero añadió-: Creo que se ha metido una rata en el armario del dormitorio.
Me agarró de un brazo guiándome hacia su cuarto. Continuó diciendo:
-Han hecho obras en el alcantarillado de enfrente y desde entonces se han visto ratas por aquí. Ayer un vecino se encontró una enorme en la escalera.
Entramos. Del interior del armario se oía un ruido chirriante como de algo que estuviera royendo o escarbando en el primer cajón, debajo de la cómoda. Un ruido hostil e inquietante. Estaba claro que Anna esperaba que hiciera de exterminador.
-Supongo que no tendrás un bate de béisbol.
-Tengo un palo de fregona.
 Mientras Anna me observaba desde un rincón del cuarto agarré el palo con fuerza y con la mano libre abrí el cajón lo más rápido que pude. Algo se agitaba ahí dentro... un dildo.
Sí, un dildo, un vibrador como el de la izquierda. La pila del interior había hecho contacto y el aparato vibraba dentro del cajón produciendo esos sonidos. Lo puse en OFF.
-Bueno, al menos no era una rata. Esto tiene cinco velocidades, si quieres hago una mayonesa. ¡Já, já! -le dije a Anna sonriendo para quitar hierro al asunto, pero ella me miraba con expresión de Tierra trágame quiero fundirme.
Durante la cena Anna estuvo tensa y yo acabé sintiéndome incómodo. Nos despedimos con dos fugaces besos en las mejillas. Una velada prometedora arruinada por un cachivache que se puso en marcha cuando no debía.
MELMOTH
Melmoth ha escrito un excelente relato sobre un romántico empedernido. Dice que se basó en el hombre de la foto, y la verdad es que se me parece un poco...
WHODUNIT, MON AMOUR
 Esta es la historia de Bertrand Morane, un hombre maduro y triste que no tenía suerte con las mujeres. A decir verdad, Morane nunca llegó a reflexionar lo suficiente respecto a su vida intensamente azarosa y amorosa. Era un hombre atractivo y lleno de recursos artísticos. Dibujante, doblador de películas y actor circunstancial. Su vida lo había llevado a acumular un sinfín de divertidas y delirantes anécdotas que contaba con gracia cambiando de voces según el personaje aludido. Pero vamos a adentrarnos en lo que nos concierne: Morane era un hombre que había estado con muchas mujeres sin llegar jamás a consolidar una relación estable. Llegaba a desear con todas sus fuerzas vivir para siempre con una mujer. Bertrand Morane empezó a volverse loco o al menos es lo que él creía. ¿Por qué Morane creía que se estaba volviendo loco? Porque hubo un momento que las relaciones que tenía con las mujeres empezaron a cambiar de manera alarmante. Todo empezó con aquella loca que tenía una tienda donde reparaba tostadoras -primer síntoma de locura- ¿quién lleva a reparar una tostadora hoy en día?. Cuando llevaban dos semanas ella, por la mañana, estaba en la cocina de la casa de Morane con la bata puesta y una taza humeante de poleo menta. Cuando Morane  entró en la cocina ella le hizo esta pregunta:

- ¿Qué clase de contrato tienes donde trabajas?
 De repente, ella desapareció. Se esfumó literalmente dejando la bata caída y arrugada sobre la silla. Morane se quedó absorto. Solo había visto una cosa similar cuando moría un Jedi en la saga de La guerra de las galaxias. Fue en ese momento cuando Morane se dijo que se estaba volviendo majara. A la semana siguiente volvió a enamorarse de una mujer divorciada cuatro veces. Tenía una peluquería para perros. Lo mismo. Por una parte,a Morane le salía esa vena romántica que no podía controlar. Pero, por la otra, deseaba una mujer fija en su vida, ver series televisivas en zapatillas con forma de perro y una manta de cuadros cubriéndoles las piernas. Pues bien, la mujer que se pasaba toda su puta vida peinando y haciendo permanentes a perros de cuya raza parecía una broma de la naturaleza, acabó sentada en la silla de la cocina de Morane junto a una taza humeante de poleo menta. Morane entró en la cocina y vio lo mismo que en la mujer que tenía el negocio de reparaciones de tostadoras. Ella le dijo con tono autoritario:
- Quiero que me hagas un hijo.
Y desapareció como un efecto especial de una película de ciencia ficción de serie B de los años cincuenta. A Morane ya no le asombró tanto aquella alucinación, pero pensaba: ¿Cómo voy a tener una mujer para siempre si cuando se presenta la oportunidad desaparece?
No pasó ni dos días cuando el enamoramiento atacó a Morane. Las redes sociales es un no parar. Una mujer que decía tener un pequeño negocio. Él le preguntó de qué. Pero ella (siempre a través del móvil) no acababa de describir con claridad qué tipo de empresa tenía. Entre un montón de emoticonos, ja jás, y más emoticonos tocando las palmas, no había manera de averiguar a lo que se dedicaba. Pero daba igual. Nos saltamos descaradamente lo que ya sabemos y volvemos a estar en la cocina de Morane. Ella desaparece en un corte mal sincronizado por el montador de una película cargado de coca hasta el culo después de decirle ella:
- Quiero presentarte a mis padres.
 Hoy, Bertrand Morane sigue deambulando por ahí, cansado de enamorarse y de los malditos impulsos que ocasiona. Se acabó de tanta tontería.
Como Morane estaba desconectado de todo no pudo enterarse de algunas noticias que acaparaban el panorama nacional e internacional. Se había encontrado en un descampado el cadáver descuartizado de una pobre mujer que tenía un pequeño y modesto taller de reparaciones de tostadoras. Unas semanas después se encontró otro cadáver de una mujer descuartizada flotando en el río. Tenía una peluquería para perros. Y, lo más inquietante; pocos días después se volvió a encontrar otro cadáver de una mujer que todavía no había sido identificada. Por lo visto tenía un rostro muy extraño. Según la policía, cuando la encontraron tirada en un callejón de un suburbio de París, tenía la cabeza afeitada y el rostro muy redondo y amarillo con una sonrisa siniestra, “como un emoticono”, según las palabras
FIN
LA RECETA: POLLO RELLENO DE ESPINACAS Y RICOTA. Foto: Silvina
Usaremos pechuga de pollo cortada en filetes delgados. En una sartén saltear espinacas (mejor si son frescas) con ajo fileteado y ricota u otro queso fresco.
Rellenar los filetes de pollo con esta mezcla, envolver con una loncha de jamón serrano y poner en una fuente de horno.
Hornear 15m. a 200º y ya está. ¿A que es fácil esta receta?

lunes, 13 de enero de 2020

EL PRIMER POTI-POTI DE 2020

1 DE ENERO. Echando un vistazo en mi bola de cristal. No pinta mal el 2020.
¿Creían que este año se libraban de mis chistes malos?
VOZ INTERIOR. Relato.
Estoy practicándome una brutal manicura con los dientes intentando aplacar mis nervios y es que en cualquier momento Carmen Mary aparecerá desnuda -o casi- saliendo del cuarto de baño.
Carmen Mary es la más famosa ventrilocua del escenario. Y la más hermosa. Cuello, manos y boca de bailarina. Podía haber sido bailarina o actriz pero ha triunfado como ventrilocua, la mejor.
Repertorio limitado, sólo dos muñecos: Ponzoñosa, una bruja chapucera y Rapunzela -mi preferida- una paródia de las ñoñas princesas de los cuentos infantiles. Carmen Mary alteraba el tono de voz sin el más imperceptible movimiento de sus labios. Sólo asomaban por un instante sus dientes y su lengua que llegaba hasta el borde de la boca y se retiraba rápida.
Reuniendo todo mi escaso valor la abordé al final de una de sus representaciones para invitarla a tomar algo. Ante mi aturdida sorpresa aceptó: "Sólo tomaré café, el alcohol altera mi voz".
 De cerca aún se veía más hermosa: el color amarillo aceite de sus ojos, el sonido bajo y acariciante de su voz. Reímos al sorber posos de café con aire pues ya habíamos vaciado las tazas, entonces me propuso acompañarla a su casa.
 En el cuarto de Carmen Mary, sentado en una silla, veo la muñeca de Rapunzela sobre la cama mirando fijamente el techo como una momia que resucitará cuando la ventrilocua la tome entre sus brazos. Podría parecer algo inquietante, al estilo de ¿Qué fue de Baby Jane? pero el muñeco no desentona entre aquella decoración damasquinada con un punto irreal.
La puerta del baño se abre y Carmen Mary aparece sonriente y desnuda. Se tumba sobre la cama mirándome fijamente. La estancia ha quedado silenciosa como si todo se hubiera detenido a nuestro alrededor.
-Ven aquí, cariño - susurra.
Sin embargo su boca de labios parejos y carnosos permanece cerrada con sonrisa de Gioconda. Ella abre las piernas de forma harto elocuente y entonces lo veo con claridad.
Los labios de su sexo son horizontales. Siguen pareciendo los de la Gioconda pero como si un bromista le hubiera pintado un bigote por el bozo oscuro que ribetea el labio superior. Carmen Mary sonríe, con todos los labios en graciosa sincronía. Luego vuelven a hablar los labios de abajo:
-Déjate llevar...
Lo dice con la afelpada voz de Rapunzela.
FIN
Curioso: Melmoth y yo hemos coincidido en la ventriloquía: 
EL VENTRÍLOCUO (Melmoth)
El ventrílocuo se preguntó por qué demonios tenía que decir las cosas que no se atrevía a decir por él mismo a través de Habby su grotesco muñeco. Sí, siempre fue muy cobarde para decir lo que sentía y pensaba, y por esta razón, se hizo ventrílocuo. Pero ya era hora de enfrentarse a ello. Salió decidido al escenario con el muñeco. No se había dado cuenta que lo llevaba, por la costumbre. Empezó a decir todo lo que tenía acumulado en su interior de toda una vida de mierda: ira, quejas, trastornos, frustraciones, desengaños amorosos, estupideces cometidas a raudales, miedos y toda la chatarra emocional que lleva el ser humano a cuestas como una ferretería ambulante de tercera. 
 El público empezó a abuchearlo, a silbarlo, a gritarle: "¡Fuera!" "¡Fuera!" "¡Farsante!" El ventrílocuo empezó a odiar al público tanto como a su siniestro muñeco semejante al famoso enano lascivo Hervé Villechaize, el que se parecía a Felipe González e interpretó al villano de la película “El hombre de la pistola de oro”. Al mujeriego. El que se hizo construir la piscina más grande de todo Hollywood y acabó con su vida de un disparo. En ese momento crítico, el muñeco le echó una mano. Introdujo su manita de madera fría por el interior del frac. El ventrílocuo sintió un leve placer en su espalda. Se apagaron los potentes focos del escenario y se encendieron las luces que dejaron ver el patio de butacas que estaba a rebosar de muñecos de ventrílocuos que se parecían a Hervé Villechaize. Todos empezaron a aplaudir con entusiasmo. Habby empezó a decir lo mismo que había dicho el ventrílocuo y la audiencia reía a carcajadas. El ventrílocuo volvió a sentirse bien, hasta que volviera a tener esos arrebatos tan frecuentes e infantiles.
FIN
EL CHUPACABRAS (Marc Ribot)
El chupacabras es una criatura cruel y sanguinaria, dotada de garras, colmillos y una pajita de plástico.
Ayer fui a pescar al muelle. Cuando lancé el sedal saltó del agua una dorada enorme con un lunar azulado que se apoderó de mi reloj y se zambulló de nuevo en el mar. Volví a casa triste pues ese reloj tenía para mí un gran valor sentimental. Frente a mi casa me esperaba un extraño hombre barbudo de dos metros de altura, con impermeable amarillo, y que sujetaba de la cola una gran dorada con una mancha azul. "Toma", me dijo y desapareció calle abajo. En la cocina abrí el pez. Febrilmente hurgué en sus entrañas buscando mi reloj y... Voilà! Nada. Sólo vísceras de pescado. 
-Bueno... al menos me lo haré a la sal. 
Y después de esta chorradilla, la receta:
DORADA A LA SAL 
Advertir en la prescadería que es para cocinar a la sal pues la abren de una manera distinta.
Cubrir el fondo de la bandeja de horno con una capa de sal gruesa y añadir un vaso de agua para que el vapor de la cocción impida que la dorada quede seca.
Cubrir el pescado con la sal dejando fuera la cabeza para saber cuando está cocido.
Cocer en el horno 30m. a 200º. Al sacarla del horno romperemos la costra de sal con un cuchillo y ¡a comer! No hay que dejar la dorada reposando con la sal pues quedaría fuerte de sabor. 


domingo, 29 de diciembre de 2019

OTRO POST QUE SE LEE RÁPIDO

Sí, que aún me quedan algunos platos navideños para preparar.
¿Ya saben qué regalar para Reyes? ¿Qué tal un Orgasmetron?
Y por si se zampan un chuletón...
Vuelve Marc Ribot con ambiente navideño.
Y el gran Melmoth no podía dejarnos colgados en fin de año.

 A los veinte años, Aniceto se fue de su pueblo, donde nunca pasaba nada, para irse a vivir a Australia. Allí vivió cuarenta años. A la edad de sesenta, culminada su existencia, volvió a casa en tren. Mientras se aproximaba a la estación, se preguntaba, no sin emoción, si iba a encontrarse con sus amigos, si lo reconocerían, si le pedirían que les contara sus aventuras. El tren se detuvo en la pequeña estación. Una vez en la calle, Aniceto vio a cierta distancia, un carcamal. A pesar de su figura cheposa y su rostro surcado de arrugas, Aniceto lo reconoció: ¡Pepe, su amigo compañero de clase! Le hizo una seña con la mano, se acercó muy emocionado y con mano temblorosa señaló su propio careto como para decirle: "¡Mira, soy yo!". Pepe alzó sus ojos acuosos, lo miró un instante sin mostrar sorpresa alguna y a continuación le devolvió el saludo con un ligero movimiento de cabeza diciéndole:
-Vaya, Aniceto, ¿qué haces aquí? ¿Te marchas?
FIN

RECETA: POLLO RELLENO. (Foto: Silvina)
Necesitaremos un pollo entero y vaciado, para asar al horno. 
Escaldar un puñado de ciruelas en un cazo con coñac. 
Frotar la piel del pollo con aceite mezclado con sal gruesa. Rellenar con ciruelas, salchichas y 1/2 limón. Cerrar la abertura con palillos. Rociar con el coñac con el que hemos escaldado las ciruelas e introducirlo en el horno a 180º.
Cuando esté dorado verter 1 copa de cava o vino blanco y cocer durante 45m. Rociarlo de vez en cuando con el jugo que va soltando.
RECUERDO: el año pasado publiqué una entrada describiendo la accidentada comida de Navidad que preparamos mi madre y yo. Fue la última Navidad que pasamos juntos. Felices Fiestas, mamá. Te dedico este post con cariño.


martes, 17 de diciembre de 2019

EL ÚLTIMO POTI-POTI DE 2019

¿Qué tal empezarlo con un cuento japonés de fantasmas?
LA MUJINA

Cerca de Tokio hay un camino conocido como Sendero de Kii donde se alzan las imponentes murallas de un palacio imperial en ruinas. Ese lugar es muy solitario por la noche y los caminantes prefieren evitarlo después del crepúsculo pues una Mujina –una mujer fantasma sin rostro- merodeaba por allí.
 Una oscura noche sin luna caminaba presuroso por el Sendero de Kii un comerciante llamado Kiobashi. Al llegar frente al abandonado palacio vio una mujer que lloraba desconsoladamente.  Se encontraba agachada muy cerca del foso y Kiobashi temió que pensara arrojarse.
-O-Jochu! (Señorita) -dijo el comerciante mientras se acercaba-. No lloréis así. Si puedo ayudaros lo haré de buen grado.
Pero ella no cesaba de llorar escondiendo el rostro entre las largas mangas de su kimono.
-O-Jochu! -insistió Kiobashi-. Escuchádme, por favor, este lugar no es adecuado para una joven a estas horas de la noche.
Entonces la O-Jochu se volvió apartándose las manos de la cara. No tenía ojos, ni nariz ni boca. ¡La Mujina! El comerciante huyó gritando aterrorizado.
 Kiobashi corría como perseguido por los demonios cuando vio la luz de una linterna que brillaba en la oscuridad. Un vendedor ambulante de tallarines había instalado su puesto en un cruce del sendero.
-¡Aaaah! ¡Ayudadme! -gritó Kiobashi casi sin aliento.
-¿Qué os ocurre? -gruñó ásperamente el vendedor-. ¿Estáis herido? ¿Han sido los ladrones que rondan por aquí?
-No, no eran ladrones -murmuró Kiobashi temblando como una hoja-. He visto... he visto a una mujer al lado del foso y me ha mostrado... ¡Ay, es demasiado horrible!
-¿El qué? ¿Os ha mostrado algo como esto? -el vendedor echó a un lado su capucha y descubrió su cara que era igual que un huevo.
Y al mismo tiempo la luz desapareció.
FIN
Las ilustraciones son las de el libro Proverbios japoneses que publicará la recién creada editorial mexicana Beleño.
Marc Ribot sigue de vacaciones, así que voy a publicar uno de esos chistes que me hacen reír media hora por lo menos:
Para que esto no degenere Melmoth sube la nota de calidad:
EL MÁS ALLÁ
Un tipo se muere, llega al más allá y se encuentra a un viejo amigo con una joven, que está buenísima, sobre sus rodillas.
-¡Qué sorpresa! -exclama el recién llegado- ¿Es tu premio?
-No, no. Soy su castigo.
LA RECETA: CALAMARES ENCEBOLLADOS. (Foto: Silvina)
Suso, un amigo que tiene una pescadería me dijo: "¡Ya toca poner una receta de pescado en tu blog!" Buena idea, y este plato está riquísimo: 
En tu pescadería habitual te prepararán los calamares quitando el pico parecido al de un loro y el cartílago de dentro antes de cortarlos en rodajas.
Cortar 1 cebolla grande en anillos, freír en aceite a fuego medio y cuando tome color añadir los calamares (2 por persona) Remover, verter 1 copa de vino blanco o de jerez y rociar con 2 cucharadas soperas de crema de leche.
Con el fuego al mínimo añadir perejil cortado y remover para que los calamares se vayan cociendo en esta salsa. En 15m. el plato ya estará listo. Quedará muy bien con una guarnición de arroz blanco.