miércoles, 7 de abril de 2021

¿BLANCO O TINTO? Y UN RELATO DE MELMOTH

 

Cuando tiraron la bomba Berto estaba buscando el vino adecuado.

A Berto le gusta Berta. Pero a Berta no le gusta Berto del mismo modo. Berta le propuso que fueran amigos y Berto aceptó esa amistad de sala de espera confiando secretamente en que el tiempo cambiaría la situación.

 Berta le había invitado a cenar. No sabía cuál era el plato pues era una cena sorpresa; a ella le gustaban esos  juegos. Convinieron en que él traería el vino. Berto se detuvo indeciso frente a la licorería ¿qué vino sería el adecuado, blanco o tinto? Era una cena sorpresa, no podía saberlo. Resolvió llamar a Berta para consultarle que vino acompañaría mejor lo que fuera que había preparado. No le quedaba saldo en el móvil pero había una cabina telefónica en la esquina. Cuando entró en la cabina experimentó una curiosa sensación de salto temporal, hacía años que no telefoneaba desde una cabina callejera. Puso tres monedas de veinte céntimos. Al otro lado descolgaron el auricular y Berto volvió a oír aquel olvidado ruido metálico de monedas deslizándose hacia el interior. Aún llegó a escuchar la voz de Berta “¿Diga?” cuando se oyó una pavorosa explosión, luego la línea se cortó.

Berto miró por entre los anuncios pegados a los cristales de la cabina. Vio un resplandor lejano en otro barrio, a quilómetros de allí. A su alrededor miles de objetos eran arrojados por todas direcciones como en el interior de un huracán. El aplastante ruido se había convertido en un sordo rumor quizás porque ya no cabía en nuestros cerebros. Aquella monstruosa ola de luz blanca que mascaba millones de grados de calor se acercaba babeando, hinchada de electricidad.

Y encima la cabina se había tragado las monedas.

FIN

¡Vuelve Melmoth con un fantástico relato basado en una conocida leyenda urbana!

UN COCODRILO EN EL VÁTER

Iba yo, muy bebido conduciendo mi Renault 5 hacia mi casa por una carretera secundaria para evitar los controles de alcoholemia. Eran las dos de la madrugada. De repente vi en una cuneta a una chica haciendo autostop toda vestida de blanco nuclear. Los focos del coche intensificaron el resplandor de su vestido. No dudé en detenerme para recogerla y así evitar que un loco la recogiera y le hiciera daño. Ella abrió la puerta y se sentó muy decidida. Aceleré realizando bruscas y peligrosas cuervas. Estaba muy borracho. Llevaba encima por lo menos treinta cubatas. La chica me miró espantada y me preguntó por qué había hecho eso. La miré por el rabillo del ojo y supe que se trataba de ese rollo de la chica muerta de la curva y allí estaba para salvarme el pellejo. Así se lo dije y se puso a reír.

 -No me jodas, tío. Estás como una cabra – me espetó -. Solo quería encontrar a alguien que pudiera desatascar mi váter. Hace unos días arrojé por él una asquerosa cría de cocodrilo ya bastante crecidita. Me la regaló el estúpido de mi novio. Ahora cuando cago y tiro de la cadena la mierda sube flotando con el agua amenazando con verterse por toda la puta casa.

- ¿Y estás a las dos de la madrugada al borde de una carretera secundaria buscando a alguien que te pueda desatascar el váter?

-Es que tengo insomnio.

- ¿Por qué no llamas, cuando sea de día, a un fontanero? También podrías llamar a tu novio. ¿La cría de cocodrilo no se come la mierda? Podría servir de desatascador…

-He dejado al idiota de mi novio y no tengo para pagar al puto fontanero. Y, supongo, que el cocodrilo está muerto.

- ¿Vives sola?

-Sí. Por favor, ¿podrías desatascar el váter? Temo que la mierda inunde mi casa y ya tengo demasiada en mi maldita vida.

 Hubiera preferido haber recogido a la chica muerta de la curva. Al menos me hubiera ahorrado trabajo. Giré sin poner intermitente (llevaba mucho tiempo sin funcionar). La chica me indicó la dirección de su casa. Vivía bastante retirada de la carretera. Me adentré por un camino estrecho y lleno de piedras. Temí pinchar una rueda porque nunca llevaba la rueda de repuesto.

Era una casa normal dentro de lo anormal de la situación. No paraba de pensar en mi mujer. Cuando le contara el motivo de mi retraso no se lo creería. Es lo que tiene la verdad; que siempre es increíble y de ahí que tengamos de inventamos constantemente cosas más imposibles para que los demás se las crean. Entramos en la casa. Ella cerró con llave y me dijo que esperara un momento. Desapareció por una puerta. No pasó ni un minuto cuando volvió a acompañada de un enorme cocodrilo caminando como un chulo debido a sus cortas patas. Ella le dijo:

-Venga, Juancho, la cena está servida.

FIN

RECETA DE PRIMAVERA: PASTA CON PESTO VERDE

Aprovechemos que es la época de la albahaca fresca para hacer una rica salsa pesto.

Mientras ponemos al fuego el agua salada poner en el vaso para la batidora 100 gr. de hojas de albaca, 2 dientes de ajo pelados, 2 cucharadas de queso parmesano rallado y un chorrito de aceite de oliva. Saltear en la sartén 50 gr. de piñones y, justo cuando se vean tostados, añadir a la mezcla y triturar en la batidora. Cocer la pasta, escurrir y servir con la salsa por encima.

Existe otra variedad: el pesto rojo. Se prepara igual pero añadiendo unos cuantos tomates secos, de los envasados en aceite y triturar con el resto.



jueves, 25 de marzo de 2021

LA MÁQUINA DE MARCIANITOS DEL BAR LOVECRAFT

De repente me encontré perdido paseando por el laberíntico casco antiguo. Enfrente había un bar tenebroso con un triste neón parpadeante -Bar Lovecraft-, tenía sed y empujé la puerta. Pedí una cerveza y el camarero, lentísimo, me la sirvió caliente y desbravada. Frente a la barra había dos parroquianos, tan tenebrosos que parecían formar parte de la decoración del local. Y, contrastando con todo esto, una máquina tragaperras que no había visto desde los años ochenta con un rótulo luminoso: Invasión marciana. En la parte baja de la pantalla había un cañoncito que disparaba rayos hacia unos marcianos que bajaban en formación militar al ritmo de una extraña musiquilla que recordaba los latidos de un corazón. La diferencia con las máquinas que yo recordaba era que estos marcianos eran los más feos y repulsivos que nunca había visto en esos juegos.

 Introduje una moneda en la ranura. Los marcianos aparecían sin interrupción y con el botón que accionaba un rayo los desintegraba uno por uno. Quise comprobar la puntuación pero me sorprendió ver que no había ninguna casilla de puntos. La formación marciana ya había superado la línea de tiro del cañón y se escurría por la parte inferior de la pantalla. Supuse que había perdido la partida pero seguí disparando por inercia y la máquina –piñao, piñao,- expulsaba marcianitos repelentes por la parte superior de la pantalla y engulléndolos –blub, blub- por la inferior. En ese momento sentí el primer mordisco.

El mugriento suelo estaba cubierto de esos monstruos diminutos y gesticulantes como una invasión de termitas verdes. Salían de la ranura de las monedas con un griterío que se imponía a la musiquilla del aparato. Me mordían; algunos ya se habían encaramado encima de mis zapatos y trepaban por dentro de mis pantalones. Pequeños pinchazos, pero multiplicados por cien, por miles. Los mataba a docenas aplastándolos contra el suelo.

 Me giré suplicante hacia los parroquianos del bar que parecían disfrutar malignamente con mi lucha contra los invasores. Entonces me fijé que los dos clientes y el barman tenían un físico deforme; nariz inexistente con dos agujeros desproporcionados y ojos con una luz espectral de acuario. Piel verduzca y escamosa… estaba claro que tenía que salir de allí.

Me dirigí trabajosamente hacia la puerta. Los bichos ya me llegaban a la altura del pecho y seguían mordiendo sin descanso. Los tres hombres avanzaban hacia mí murmurando un extraño cántico:

-Itx h´mistt heliat´itxsiu haij!!!

Aquel neón del bar pareció iluminarse dentro de mi cabeza: “¡Lovecraft! Esos tres seres que se me acercan extendiendo sus tentáculos y su fétido aliento son los malignos adoradores de Cthulhu!” y me lancé de cabeza contra la cristalera de la puerta.

 Me desperté en un hospital cubierto de cortes y magulladuras. La policía no creyó mi historia, dijeron que las mordeduras de mi cuerpo eran heridas producidas al atravesar el cristal. El resto, delirios de borracho.

Cuando recibí el alta volví donde estaba el bar. Ahora había otro local; uno de esos bares regentados por chinos como muchos otros de la zona. Al entrar distinguí a un oriental detrás de la barra.  Alto, delgado y felino, cara de demonio; el cráneo afeitado y unos ojos rasgados, magnéticos, verdes como los de un gato. Me saludó:

-Hoy inagulamos, señor. La casa invita a un chupito de licol de lagalto –y añadió-: Bienvenido al Bal Fu Manchú.

FIN

EL PROFESOR SIBELIUS ES CRÍTICO DE ARTE

FRODO SE PONE FILOSÓFICO
POR SI SE ANIMAN...
La obra de teatro  MANUAL DE SUPERVIVÈNCIA donde exponen mis dibujos se ha prorrogado dos semanas en el Almeria Teatre, calle Sant Lluís, 64. Barcelona. 
LA RECETA: CHURRASCO DE CERDO ESTILO ORIENTAL. Foto: Silvina

Necesitaremos un costillar de cerdo.  En una fuente o plato hondo poner las costillas y cubrirlas con salsa de soja, un chorrito de zumo de limón, una cucharada de pimentón, cebolleta cortada en rodajas finas y una cucharada de azúcar. Dejar las costillas en la nevera y que reposen durante una noche entera en este adobo dándoles la vuelta de vez en cuando.

Encender el horno a la máxima temperatura durante 15 minutos. Recomiendo usar esos moldes de un solo uso para horno de papel de aluminio pues luego es muy engorroso limpiar el caramelizado.

Poner a hornear las costillas con unos taquitos de piña y que se vayan cociendo unos 30 minutos a 150º. Quedarán caramelizadas, oscuras (parecen teclas de piano) y muy sabrosas.

Ya están listas para comer con los dedos. Quedan muy bien con arroz blanco, aunque quedarás como todo un as de la cocina oriental si bajas al restaurante chino de la esquina a por una ración de pan de gambas para acompañarlas.



 

 

martes, 16 de marzo de 2021

ESAS LEYENDAS URBANAS

 

Leyendas urbanas, caimanes albinos en las alcantarillas... y, ¿porqué no? la famosa chica de la curva:

UNA CURVA MUY PELIGROSA 

 Una chica que hacía autostop apareció de repente iluminada por el haz de luz de las largas del coche. El vehículo frenó y los neumáticos chirriaron. La joven abrió una portezuela y se sentó en el asiento trasero mientras se retiraba la espesa mata de cabellos negros de delante de sus ojos. No dijo ni una palabra, ni siquiera cuando el coche reanudó la marcha. Una lechuza ululó en la distancia extrañamente diáfana por sobre el ruido del motor.

La joven –diminutos ojos azules, labios fruncidos- parecía indagar la oscuridad por la ventanilla Dirigió luego la vista hacia el conductor y su acompañante, una pareja de mediana edad, tratando de observar la ruta ante ellos. Con las manos firmes sobre el volante el conductor le dirigió una sonrisa tranquilizadora a través del espejo del coche.

 Pasaron curvas, montículos y bajadas hasta dar en la carretera. Una impenetrable oscuridad los rodeaba. No se oía nada hasta que la joven rompió su mutismo:

-¡Cuidado con esa curva! – indicó señalando al frente-. Es muy peligrosa.

Y entonces ocurrió. La joven chilló.

Ella estaba sola en el vehículo. El conductor y su acompañante habían desaparecido. El auto, que aún seguía en marcha, botó sobre las gruesas raíces de un enorme roble que sobresalían de tierra antes de estrellarse violentamente contra el tronco.

Ya se lo habían advertido, era una curva muy peligrosa.

FIN 

El pasado 11 de marzo expuse mis trabajos en la librería Jaimes de Barcelona, Calle Valencia, 318. Dibujos para un texto de Boris Vian (Je ne voudrais pas crever- No la voldria dinyar) traducido al catalán por Lluis Anton Baulenas. Fotos: Silvina. 

FRODO Y SU INCOMBUSTIBLE HUMOR ARGENTINO 
...y como prometí a Replicante Nia ya tocaba una receta de pescado
LA RECETA: SALMÓN A LA PLANCHA. Foto: Silvina.
Receta saludable y de las más fáciles que he publicado:

Ponemos a calentar en una plancha a fuego fuerte un chorrito de aceite de oliva. Es necesario echar tan solo un poco de aceite ya que, el salmón es muy graso y se cocinará en sus propios jugos. Salpimentamos el salmón y lo ponemos a cocinar en la plancha. 

Pasados un par de minutos, le damos la vuelta con una espátula al salmón. Que se cocine el otro lado. La idea es sellar sus dos caras

El tiempo exacto, dependerá del gusto de cada uno. Así, si lo quieres poco hecho, con dos minutos por cada cara será suficiente. Si lo quieres bien hecho, necesitará unos 5 minutos por cada cara.

5.- Cuando esté cocinado por sus dos caras y un minuto antes de retirarlo, le ponemos el limón por encima. Al ser un pescado graso, el toque ácido del limón le va a venir muy bien. Dejamos cocinar un minuto más... y a servir. Ese día lo hice con verduras. Espárragos, calabacín y berenjanas también a la plancha.



lunes, 8 de marzo de 2021

CLANDESTINOS

 

¡Cobalto! ¿No te acuerdas de mí? Soy Blanco Nuclear. Fuimos juntos al colegio,

-¡Ah, sí… Blanco! -Cobalto intenta infructuosamente recordar la cara del hombre que tiene delante: pelo castaño con entradas en las sienes, traje color café, lleva una gruesa carpeta roja bajo el brazo. Lánguido apretón de manos. Blanco pregunta:

-¿A qué te dedicas ahora?

-Trabajo de cliente clandestino -Cobalto sonríe ante la expresión atónita de Blanco y cree necesaria una explicación-: Evalúo la cadena de restaurantes Indigo's. Me hago pasar por un cliente anónimo y envío informes a la Casa Central. ¿Qué tal si vienes? De paso podríamos comer juntos.

 Entran en un comedor de diseño funcional decorado en tonos vinagre y siena. El menú resulta mediocre y el servicio bastante inepto. Hay un forcejeo amistoso cuando llega el momento de pagar la cuenta hasta que Cobalto dice:

-No es necesario. Guardo el ticket y la empresa paga las comidas.

-Al menos déjame invitarte a una copa -propone Blanco.

Se sientan en un bar cercano. Blanco deja la carpeta sobre la barra y pide dos coñacs. Cobalto ha dejado su maletín en el taburete vecino y saca de su interior dos folios color lima.

-Ahora he de rellenar este formulario -dice Cobalto y escribe-: "Informe del Cliente Clandestino 081-7A. Nos han preguntado tres veces lo que queríamos antes de traernos la carta. La espera entre plato y plato ha sido excesiva. El nivel de cocina y presentación de los platos es muy deficiente y la limpieza de los aseos deja bastante que desear...

-¿Soy quizás demasiado duro? -pregunta Cobalto.

-Lo cuentas tal como pasó -responde Blanco y con una seña pide otros dos coñacs. Mientras se levantan Blanco pregunta:

-No pinta mal tu trabajo ¿eh? De aquí para allá comiendo gratis.

-¡Qué va! -responde Cobalto con un gesto como espantando a una imaginaria mosca- La verdad es que el sueldo es una basura. Siempre comiendo en la misma cadena que suelen servir una comida infame. Y además mi jefe es un auténtico cabronazo, no creas que es ningún chollo.

 Se despiden amistosamente ante una boca de metro después de intercambiar teléfonos. Hasta se rodean un hombro con una mano -en la otra llevan uno el maletín y el otro la carpeta-. Apenas Cobalto ha bajado medio tramo de escaleras, Blanco ya se dirige apresuradamente de nuevo al bar. Pide un coñac y saca dos folios color lima de su carpeta. Escribe: "Informe del Amigo Clandestino 2701/01. El Cliente Clandestino 081-7A ha expresado opiniones negativas hacia su trabajo e insultantes para con su superior en el mismo. Además me ha invitado a comer a coste de su empresa..."

Cuando termina de redactar su formulario a Blanco le invade una cálida satisfacción. Hacía tiempo que no enviaba un informe interesante. Se acomoda en la barra y pide otro coñac.

Blanco avanza haciendo eses por el pasillo de su casa pero adopta una postura más ortodoxa al ver una sombra a través del cristal esmerilado de la puerta del salón. Su pareja, Ámbar, está sentada frente al televisor viendo un programa en el que todos los invitados gritan a la vez.

-¡Hola, guapo! Hoy vienes algo tarde ¿no?

-He tenido un día muy pesado -Blanco se esfuerza por hacerse oír por encima del griterío del televisor y a una distancia prudente para que Ámbar no note el olor a coñac- Voy a darme una ducha.

Blanco deja la carpeta roja sobre la mesa y se dirige hacia el baño. Cuando Ámbar oye el ruido del agua echa un vistazo a la carpeta, coge su móvil color cereza y escribe un mensaje de texto:

"Informe de la Pareja Clandestina 972-7/C: el Amigo Clandestino 2701/01 ha regresado a casa apestando a alcohol y se ha llevado material confidencial de la empresa, concretamente la Carpeta B-49"

Ámbar pulsa la tecla Enviar y decide que un informe así se merece un gin tónic con mucho hielo.

FIN

VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO

El próximo día 11 a las 19h. se presenta en la librería JAIMES de Barcelona, C/ Valencia 318, el libro "No la voldria dinyar" (No la quiero espichar) de Boris Vian; traducción de Lluís Anton Baulenas. Se exponen los dibujos que hice para la obra de teatro. 
LA RECETA: POLLO AL JEREZ CON ACEITUNAS. Foto: Silvina.

Sofreír en una cazuela los trozos de pollo con dos dientes de ajo, reservar en un plato y salpimentar. En el mismo aceite poner aceitunas tipo Gordal sin hueso cortadas a rodajas. Darles unas vueltas y añadir el pollo, una hoja de laurel (Importante: sin el toque del laurel ya no sabe igual) cubrir lo justo con el jerez y tapar la cazuela. Dejar cocer con el fuego al mínimo durante media hora.

Queda muy bien acompañado de arroz blanco o puré de patatas. 




viernes, 26 de febrero de 2021

AL ESTILO ROALD DAHL

 

Doce de la noche.  Juno esperaba frente la salchichería Baviera como un buen perro cazador, con la nariz manteniendo el olor de su presa. Sabía que los viernes, a las doce, el local cerraba sus puertas y se quedaba un solitario empleado esperando a que el dueño llegara para recoger la recaudación unos quince minutos más tarde.

 Juno trabajó allí durante un breve tiempo hasta que lo sorprendieron robando dinero de la caja, pero antes se había procurado una copia de la llave de la puerta, la guardaba en el bolsillo derecho de la cazadora. En el izquierdo llevaba una pistola P- 38 de imitación, fabricada antes de que la ley obligara a pintar de naranja la bocacha de las pistolas falsas. Imposible distinguirla a simple vista de un arma verdadera.

Los últimos clientes salieron del Baviera. Sólo quedaba en su interior un muchacho de dieciocho años  de cara franca y expresión confiada. “Mauro, el estudiante de medicina” Recordó Juno. Mauro estaba depositando sobre el mostrador una gran bandeja de salchichas congeladas. Aunque las autoridades sanitarias lo prohibían dejaban fuera las salchichas cuando cerraban para que se descongelaran durante la noche.  Mario se sentó a tomar café y leer una novela saboreando su taza caliente y la apacible tranquilidad del restaurante vacío.

 Juno miraba fijamente las puertas del local. Las aceras se veían brillantes y desiertas bajo las farolas. Cruzó la calle a paso ligero. Dio la vuelta a la llave en la cerradura. La puerta de la salchichería se abrió con un leve sonido metálico que repercutió largamente en la calle envuelta en silencio. Juno dirigió con soltura la pistola hacia Mauro que lo miraba con ojos desorbitados a través de sus gafas.

-¡Vamos, rápido! – se impacientó  Juno-.  ¡Dame todo el dinero!

-Sí, ahora mismo…  -dijo Mauro conciliador. Guardó la novela en el bolsillo de su chaquetilla y se dirigió hacia la caja.

Juno no apartaba la vista de  Mauro que pulsaba el botón para abrir la caja registradora. No advirtió que su otra mano agarraba una salchicha de la bandeja  -una Wurstel Selva Negra de 21 centímetros, la mayor de todas-  mientras Juno se repetía “Rápido, rápido” como una silenciosa oración.

Cogiendo desprevenido a Juno, Mauro le lanzó un fuerte golpe en la muñeca con la salchicha. Aquel Wurstel congelado tenía la dureza del acero. Juno, con los ojos desorbitados por el dolor, vio que había dejado caer la pistola. Cuando se precipitó a recogerla Mauro le asestó un segundo golpe de Wurstel en el cráneo. El estudiante sabía dónde golpear: en el centro del hueso frontal. Juno perdió el conocimiento y se sumergió en una profunda oscuridad.

Mauro salió apresuradamente del local, bajó la persiana metálica y sacó su móvil:

-¿Policía? Llamo desde el restaurante Baviera. Tengo un asaltante encerrado. Posible conmoción cerebral. Traigan un equipo médico.

Al día siguiente Mauro comentaba el suceso con sus amigos. “Cuando el ladrón irrumpió en la salchichería yo estaba leyendo Relatos de lo inesperado de Roald Dahl en una edición inglesa, la había comprado para perfeccionar el idioma. En ese momento acababa de leer Cordero asado; un cuento en el que una mujer asesina a su marido usando como arma una pierna de cordero congelada. Un buen libro, aunque no me gusta la ilustración de la portada de un tal Zueras, alias Borgo. “

FRODO Y SU HUMOR ARGENTINO. 


LA RECETA: CHULETAS CON MANZANAS. Foto: Silvina.
Dorar chuletas de cerdo en una sartén y cuando se vean doradas reservarlas en un plato y sazonar con sal y pimienta.
Cortar las manzanas deshuesadas en láminas (yo las prefiero de las verdes y ácidas y con piel) Freír las manzanas en el mismo aceite en que se ha dorado la carne. Cuando han tomado color añadir las chuletas y un vaso de vino blanco.
Tapar la sartén y dejar cocer a fuego mínimo durante diez minutos. 
Aconsejo acompañar el plato con puré de patatas. 





lunes, 15 de febrero de 2021

EL LENGUAJE DE LOS CÓMICS

 

Anacleto se incorpora bruscamente en la cama despertando a Hermenegilda. “¿Qué pasa, Anacleto?” dice una soñolienta voz a sus espaldas.

-¡Herme, oigo roncar a alguien en la habitación! Tú nunca roncas y yo aún no me he dormido.

Anacleto enciende la luz de la lámpara de la mesilla y no puede creer lo que ve. Sobre la alfombra hay un tronco atravesado por una sierra. Sus cortes rítmicos sugieren el ritmo de los ronquidos y del madero surge la letra ZZZZZZZ…

-¿Pero qué es eso? – Exclama Anacleto y en ese momento sus palabras aparecen escritas con letra Comic Sans en un gran globo blanco con un rabito apuntando hacia su boca. Mira alternativamente el tronco y el espejo sobre la cómoda. Su imagen reflejada aparece con una enorme bombilla sobre su cabeza. Ha tenido una idea. “¿Serán las pastillas?”

Anacleto se precipita hacia la cómoda y abre el cajón donde ha guardado las píldoras para dormir, hoy ha tomado la primera. Casi nunca lee los prospectos, ahora lo hace:

Somníferos del Doctor Cataplasma. Posibles efectos secundarios: puede tener alucinaciones con íconos de los comics o tebeos.

 “¡Aaaah… ahora lo entiendo!”-piensa Anacleto-, pero como está frente al espejo ve la frase tal que así: las letras invertidas en un globo en forma de nubecilla y unos evanescentes círculos en lugar del rabito. Hermenegilda se le acerca, Anacleto ve corazones que brotan de sus pechos y giran alrededor de su cabeza.

-Ven, Anacleto… conozco un remedio mejor que los somníferos -. Hermenegilda toma unas píldoras de vitaminas que aumentan considerablemente la libido, pero no lo sabe porque tampoco lee los prospectos.

Anacleto y Hermenegilda se entregan al sexo salvaje. Anacleto se excita muchísimo al ver todas esas onomatopeyas: ¡Aynnsss! ¡Chof! ¡Arf! ¡Chof! revoloteando. Los muelles de la cama chirrían con estrépito.

Zipi, el hijo adolescente, se despierta al oír los ruidos. Zape, su hermano gemelo, tiene el sueño muy profundo. “Es en la habitación de los papás” –piensa-, “allí guardan las joyas. ¿Habrá entrado un ladrón?”

Zipi se calza las zapatillas y se dirige a echar un vistazo. La puerta de la habitación está abierta y Zipi se queda patidifuso al ver a su padre desnudo encaramado a una lámpara. Su madre, también desnuda, está tendida en la cama jadeando como un podenco.

Anacleto mira hacia la puerta. En lugar de su hijo lo que ve son unos enormes zapatones que saltan hacia atrás y un globo con una exclamación: ¡Sapristi!

Este relato se me ocurrió al volver a encontrar esta foto. Yo con 14 años, babeando ante Ibáñez que me está firmando un ejemplar de Mortadelo y Filemón. 

Ésta fue la dedicatoria:

Silvina y yo hemos revisado un cuento infantil a cuatro manos: 
TRES TRISTES TIGRES
Tras mucho trigo tragar en el trigal, tres tristes y sedientos tigres marcharon al bar. 
Hasta las cuatro y media que los tuvieron que echar. 
LA RECETA: HÍGADO ENCEBOLLADO
Como ayer fue 14 de febrero el hígado tiene forma de corazón. Foto: Silvina.
En una cazuela o sartén honda verter aceite de oliva hasta cubrir el fondo.
Cortar fina la cebolla y dejarla pochar en el aceite.
Reservar la cebolla cuando tome color. Saltear los filetes de hígado en el aceite durante 1 minuto. Cuando se vean dorados añadir vino blanco, perejil picado, la cebolla y reducir el fuego para que no se pegue la salsa. 
Cuando la salsa se haya reducido un poco retirar del fuego y servir rápido para que el hígado no quede seco.
Queda muy bien acompañado con ensalada verde.





 


viernes, 5 de febrero de 2021

PALMO MÁS O MENOS

 

Ofidio Villegas era un apasionado de las serpientes. Un amigo le facilitó la dirección de una granja donde vendían clandestinamente especies exóticas, allí tenían una Ophiophagus (literalmente: serpiente que devora serpientes) de casi tres metros de longitud. Quitaron la calefacción del terrario para que la serpiente entrara en letargo y Ofidio pudiera llevársela a casa.

Una noche Ofidio se despertó bruscamente. Dos puntos luminosos brillaban en la oscuridad de la habitación, la serpiente le observaba desde los pies de la cama. No había cerrado bien el terrario. Se acercaba, sus ojos ahora eran como chispas eléctricas que irradiaban agujas luminosas. El animal fue reptando por la cama hasta situarse completamente paralelo a Ofidio. Parecían mirarse frente a frente. Su ancha mandíbula se apoyó en la almohadilla mientras su largo cuerpo escamoso se extendía sobre la colcha dejando la cola enroscada en el suelo. Ofidio no se atrevía a moverse. Los ojos del reptil emitían ahora anillos concéntricos que se desvanecían como pompas de jabón,  se acercó un poco más y sacó su lengua bífida cosquilleándole la nariz.

 -Es una muestra de afecto –pensó Ofidio-.¿Porqué no? Hasta las serpientes pueden demostrar cariño como otras mascotas.

Quizás la serpiente tenía poderes hipnóticos, el caso es que Ofidio entró rápidamente en un dulce y profundo sueño barbitúrico mientras los vidriosos ojos de la bestia seguían observándole fijamente.

Al situarse frente a Ofidio la serpiente ya había comprobado que podría digerirlo sin problemas. Le sacaba un metro, palmo más o menos. Se dijo:

En cuanto esté profundamente dormido me enroscaré en su cuello hasta asfixiarlo y lo engulliré. Será muy fácil.  

FIN

UN CONSEJO DEL PROFESOR SIBELIUS

¡FRODO Y SU INCONFUNDIBLE HUMOR ARGENTINO!

¡MELMOTH Y SUS ENTRAÑABLES PERDIDOS Y EXTRAÑOS!

Un Perdido muy sensible se introdujo por error en un lugar donde colgaba un gran cartel que decía: NO SE RESPONDE DE OBJETOS PERDIDOS. Se marchó cabizbajo y en silencio.

***

Se había preparado tanto aquel Extraño. Estaba tan bien ejercitado para la Vida que de un imponente salto de la dejó atrás.

***

Un Perdido huía hacia un lugar remoto para esconderse del mundanal ruido. Al fin lo encontró en El Confín del Mundo. Pero no llegó nunca a saber de dónde procedían tantas voces.

***

LA RECETA: SARDINAS AL HORNO. Foto: Silvina.

¿No queréis cocinar sardinas por el mal olor que dejan en la cocina? Esta es una buena solución: hacerlas en el horno.
Pedir en la pescadería con tu mejor sonrisa que limpien las sardinas quitándoles la tripa. 
Cubrir el fondo de una fuente con papel de horno y sobre él ponemos una fina capa de sal gorda (las sardinas quedan más sabrosas y no se pegan) mientras majamos en un mortero 1 diente de ajo, perejil picado y un chorrito de aceite de oliva. Precalentar el horno a 200º.
Poner las sardinas en la fuente, rociarlas con el majado  y dejarlas cocinar en el horno no más de 15m. para que no queden secas.