jueves, 30 de abril de 2020

BORGO CUMPLE ONCE AÑOS



Muchísimas gracias a todas y todos por dar vida a este blog con vuestros comentarios siempre tan interesantes de leer. Gracias por opinar, comentar o simplemente echar un vistazo por aquí. Lo que empezó como una ventana donde mostrar mis ilustraciones –esa era la idea- también me ha ayudado para compartir con más gente mis anécdotas, relatos, curiosidades y frikadas varias. Para esto y aún más cosas. Un abrazo desde mi querida Transilvania que es su casa.
He decidido hacer una entrada típica borgiana (de Borgo) con dibujos, receta, un poco de esto y lo otro…
SEIS GRADOS DE SEPARACIÓN
Entre las sábanas Julia mira fijamente a Bepo, su amante, y le dice:
-Tus ojos son como dos auroras boreales.
A Bepo le cuesta contener la risa al oír semejante cursilada pero piensa que podría funcionar con Julieta, su esposa.
Entre las sábanas Bepo mira fijamente a Julieta y le dice: "Tus ojos son como dos auroras boreales". Julieta queda desconcertada y se pregunta qué efecto causaría eso en Zepo, su amante.
 Entre las sábanas Julieta mira fijamente a Zepo y le dice: "Tus ojos son como dos auroras boreales". A Zepo esa frase le deja indiferente pero decide usarla con Julia, su esposa, últimamente se queja de que ya no le susurra palabras dulces en la cama.
Entre las sábanas Zepo mira fijamente a Julia y le dice: "Tus ojos son como dos auroras boreales". Julia se pone furiosa.
-¡Cabrón! -arroja un despertador hacia Zepo que éste esquiva con una finta-. ¡Eso es que has estado con otra!
-¡De acuerdo! -admite Zepo-. Pero si tú también sabías esa chorrada de las auroras es porque también has estado con otro.
Julia, confusa, comprende que se ha delatado a si misma y balbucea lo primero que se le pasa por la cabeza:
-No es cierto. Uh... ¡Lo pillé en los lavabos de un bar!!!
FIN
 PROFESOR SIBELIUS
Melmoth y un relato sobre saltos en el tiempo al estilo Cortázar.
TODA UNA VIDA
 Ya es hora de ir al cole, hay que ir a trabajar. El profesor un tanto déspota lo mira con recelo, es el encargado que siempre anda vigilándole. Suena la campana y sale precipitadamente de clase y hace cola para fichar en el reloj de la fábrica. Todos están eufóricos por salir de allí. Luego no quiere volver a casa todavía. Juega en el parque y libera todas las tensiones y cuando llega un pelín tarde su mujer le increpa porque huele a cerveza. Cae enfermo y se queda en la cama con el termómetro en la boca. Su madre le pone su suave mano en la frente y el médico dice que es la edad, ya tiene ochenta años. Intenta escapar de casa porque no aguanta a sus padres, a la familia que ha creado sin darse cuenta. Corre. Quiere huir de todo; de las primeras experiencias infantiles, las frustraciones de la juventud, los desengaños de la madurez, la ruina final de las ilusiones. Corre el niño y allí lo encontraron a la mañana siguiente. Murió de infarto. Debió subir corriendo por el sendero serpenteante como un muchacho. 
FIN
LA RECETA
¡Nooo, es broma!!! No es una receta de rata al ajillo, sólo quería mostrar mi portada de ¿Qué fue de Baby Jane? con la famosa escena del roedor servido en bandeja.
ENDIVIAS AL ROQUEFORT. Foto: Silvina
Calentar mantequilla en una sartén, cuando esté fundida -¡sin que llegue a hervir!- añadir queso roquefort y desmenuzarlo con una cuchara de madera.
Verter 1 brick (200 ml) de crema de leche y remover hasta que el roquefort se haya deshecho y mezclado con la crema.
Disponer las hojas de endivia sobre un plato y echar la salsa roquefort por encima. Queda muy bien con unas nueces picadas.






miércoles, 22 de abril de 2020

¿SÍ O NO?


-¿Sí o no?
Udo –que aguardaba el autobús que lo llevaría a su casa- estudió brevemente con la mirada a la persona que acababa de hacerle esta pregunta. Aspecto agradable, ni muy joven ni muy mayor, lo único que desentonaba era su chaqueta marrón demasiado holgada, como si no fuera suya.
-¿Sí o no? –repitió el desconocido.
-¿Pero sí o no, qué? – Udo empezaba a inquietarse.
-Sólo diga sí o no –dijo sin severidad pero de manera inapelable.
-Pues, eeer… No.
El desconocido se encogió de hombros y mostró las palmas de las manos.
-¿No quiere mil euros? Bien, como desee, caballero.
El desconocido se dirigió entonces hacia una anciana de aspecto afable que llevaba un carrito de la compra. Estaban demasiado lejos para que Udo pudiera oírles pero vio que la señora asentía con la cabeza, entonces el desconocido introdujo una mano en el bolsillo interior de su chaqueta y le entregó un fajo de billetes; en ese instante llegó el autobús.
 Udo agradecía dejar atrás aquella tarde desconcertante y lluviosa cuando llegó a su casa. Allí se sentía seguro, como rodeado de un líquido ambarino que lo protegía y a la vez lo dejaba visible como fruta en gelatina. Al entrar percibió un agradable olor a pollo al horno que llegaba desde la cocina. Eva, su esposa, estaba en el recibidor y parecía ansiosa por comunicarle algo importante  pero Udo fue el primero en hablar:
-Me ha sucedido algo de lo más curioso –dijo mientras colgaba su chaqueta en el perchero-: estaba esperando el autob…
-¿Sí o no? –le interrumpió Eva.
-¿Sí o no, qué?
-Tú di sí o no.
-Sí.
-¡Pues toma! –dijo Eva y le descargó un puñetazo en la mandíbula.
Udo quedó recostado de espaldas sobre la pared y se dejó deslizar hasta que quedó sentado en el suelo formando un ángulo de 45 grados. Aún aturdido por el golpe murmuró:
-Decididamente, hoy no es mi día.
FIN
EL PROFESOR SIBELIUS SIEMPRE TAN AGUDO.
MELMOTH: CUANDO FUI ABDUCIDO
¿Nunca os he contado que una vez fui abducido? ¿No? Vaya. Si queréis que os lo cuente me tenéis que pagar una copa. Vale.

- ¡Camarero! ¡Otra cerveza!
Estaba completamente borracho en un tugurio de mierda. Perdí la noción del tiempo y cuando desperté me encontraba tumbado en una cama metálica rodeado de mucha luz blanca cegadora. Había unos tipos muy delgados con la cabeza muy gorda. Al principio pensé que llevaban cascos, allí, difuminados por la niebla de luz, pero luego comprobé que se trataba de sus cabezotas originales. Sus ojos eran como los de un gato terrestre pero mucho más grandes. Tenían orejas de trompetilla. Dos diminutos agujeritos por nariz y unas boquitas igualitas a un ojete humano. Os lo digo de verdad. De repente solté una retahíla de estupideces como: ¿Dónde estoy? ¿Qué quieren de mí? Que tenía derecho a realizar una llamada telefónica...
 Luego empecé a llorar. Reconocí que todavía no había hecho la declaración de la renta y que tenía algunas multas por pagar. Que le había sido infiel a mi esposa un montón de veces y que también me había acostado con su hermana. Que a veces había encerrado con llave a mi hijo en el armario como castigo y me olvidada de él hasta que no pasaban unas semanas. Entonces oí dentro de mi cabeza una voz cavernosa, como la de Vicent Price en el videoclip de Thriller de Michael Jackson que me decía: “Gilipollas. Tu especie es estúpida, insoportable, prepotente, primitiva y esquizoide. Queríamos ayudaros a salir de la mierda donde estáis metidos hasta los dientes y hemos cogido a uno al azar para saber si vale la pena. Y tú, como representante de la especie, nos parece que eres un zurullo pinchado en un palo, la raza humana merece la suerte que corre. Como castigo, conservarás la memoria de este momento y serás devuelto a ese mugriento bar para que lo cuentes y te tomen, todavía más, por el imbécil  borrachuzo  que eres.”
Y ya veis. Vuelvo a estar acodado a la barra de este bar que me acoge cada día como el ser que soy; un tipo guapo e inteligente que ahora bebe gracias a las invitaciones de algunos que les hago gracia cuando les cuento mi historia sobre mi abducción. ¡Coño! ¡Se me ha vuelto a olvidar que mi hijo está encerrado en el armario!
FIN
LA RECETA: POLLO A LA PEPITORIA
En mi entrada del pasado 6 de abril mencioné a mi abuela andaluza que me preparaba un plato al que yo llamaba "pollo nevado" por la yema de huevo duro rallada que lo decoraba. Era este pollo a la pepitoria:
 Sofreír los cuartos de pollo en aceite mientras cocemos un par de huevos duros.
Retirar el pollo, sazonar con sal y pimienta y tostar unas almendras en el mismo aceite.
Volver a cocer el pollo y añadir 1 vaso de vino blanco, 1 hoja de laurel y las yemas de los huevos. Remover para ligar la salsa.
Cocer con la cazuela o sartén tapada a fuego mínimo 30m. Servir con la clara de huevo rallada por encima. Queda así de bonito. Foto: Silvina.
Y ya que se ha hablado de huevos duros, una pregunta cinéfila: ¿Título de la película?





miércoles, 15 de abril de 2020

EL MARINO BORRACHO. Relato y más cosas.

Tenía una cita con una mujer, hasta ahí todo normal, ella era la esposa de un marino que llevaba mucho tiempo embarcado pescando atunes en Terranova.
 Un piso bonito. Todo decorado en azul y verde. Me senté en el salón y la oía canturrear desde la cocina mientras preparaba las bebidas. El salvapantallas de su enorme televisor mostraba una foto de su marido en la cubierta de un barco con sus compañeros; eso me intimidó un poco. Todos de frente, parecían mirarme fijamente.
Ella regresó, nos besamos, empecé a desabrocharle la blusa y ella gemía, yo también gemí. Miré de reojo el televisor y me pareció que su marido me echaba una mirada hostil. “Tranquilo, es una foto, te lo estás imaginando”- me dije. Entonces ocurrió.
De pronto centelleó la pantalla de plasma y se vio un naufragio.  Una imagen de una naturalidad perfecta, con un oleaje furioso, un barco desarbolado, con sus marineros corriendo de un lado a otro… No se distinguían los pequeños rostros de los marineros que chocaban entre ellos al correr. La tempestad era terrible e iluminaba la escena con flashes de bombilla que tiene los hilos rotos.
 Ella, como si sintiese en el pecho el frío del mar, se abrochó y yo me  puse en pie.
-¡Vete! –me gritó ella.
Yo continuaba quieto sobre la cubierta de mi vida, sin concebir que no era una película lo que veía, sino lo que estaba pasando en el mar en aquellos momentos.
-¡Vete! –insistió ella-. Si no, morirán todos –gritaba salvando el barco como si fuera su patrona.
La tempestad cedió un poco, pero aún tenía encrespamientos de oleaje, chisporroteando los rayos al caer en el mar como tenacillas ardientes que se meten en el agua.
Antes de salir, me volví un instante para ver que el barco por fin se afianzaba bien sobre las olas y los rayos se convertían en bengalas.
Me dirigí a las tabernas del puerto y acabé siendo el marino borracho de aquella noche. 
FIN
EL AGUDO PROFESOR SIBELIUS
MELMOTH: EL RELOJ DE LA ESTACIÓN
El gran reloj de la estación de ferrocarril estuvo detenido más de veinte años. Esa esfera de hierro forjado que pende de unas gruesas cadenas de la época victoriana tuvo las manecillas detenidas a las diez y veinte. Algunos creían que se detuvo por la mañana, y otros, por la noche. ¿Porqué estuvo tantos años detenido el reloj de la estación? A decir verdad, a nadie le importaba demasiado su avería. Es más nos acostumbramos a mirar el reloj aún a sabiendas de que no funcionaba. ¿Por qué? Tengo la ligera sospecha que era para consolarnos de que allí el tiempo no existía. Cuando arreglaron la estación pusieron en marcha el reloj y creo que una ola de tristeza asoló la provincia. He notado que todo el mundo, tanto si entra como si sale de la estación, ya no mira el reloj por el simple hecho de que todo está en un absurdo movimiento.
FIN
LA RECETA: TIRAMISÚ FÁCIL
Gra, del estupendo blog Música x Favor, me preguntó si también publicaba recetas de postres. Ahí va una:
 Ingredientes: 1 vaso de azúcar, 20 bizcochitos (tipo soletilla) 100 gr. de cacao en polvo, 1 taza grande de café solo frío, 4 huevos, 1 chorro de Cointreau, 1/2 litro de nata líquida, 500 gr. de queso mascarpone.
Echar una parte del azúcar en la nata líquida. Cascar los huevos y separar las claras de las yemas. Montar las claras en un bol hasta que se vean espumosas (a punto de nieve)  y mezclar las yemas con el resto del azúcar y el mascarpona.
Añadir la nata y las claras de huevo y remover bien.
Calentar el café y disolver en él el caco en polvo y un chorrito de Cointreau.
Mojar ligeramente -sin empaparlos- los bizcochos con la mitad de la mezcla de huevo, mascarpone y nata. Luego añadir una nueva capa de bizcochos remojados por encima. Echar el resto de la mezcla sobre esta capa y espolvorear con cacao en polvo.
Guardar este postre al menos un par de horas en la nevera.

lunes, 6 de abril de 2020

UN VOLUNTARIO PARA EL MAGO. Relato gore.


La aparición del mago bajo el foco suspendido sobre su cabeza tuvo algo de estremecedor. Alto, demacrado, anticuado traje negro y una puntiaguda perilla que le daba un toque mefistofélico.
El mago estaba situado a la izquierda del ámbito luminoso del escenario. A la derecha, su joven y bonita ayudante, vestía un ajustado maillot que dejaba al descubierto sus torneadas piernas. Entre los dos había una gran caja elevada sobre una improvisada plataforma de tablones.
 El mago y su ayudante se situaron a ambos extremos de la caja que tenía una bisagra en el centro y con estudiado gesto teatral descubrieron su interior para que el público comprobara que no escondía espejos, trampillas ni doble fondo.
La sonora voz del mago llegó hasta la última fila de espectadores:
-Necesitaré la colaboración de un voluntario. Si alguno de ustedes fuera tan amable de subir...
 Un hombre de aspecto anodino se abrió paso lentamente por entre la multitud, en dirección al estrado
El mago le ayudó a subir los escalones, le guió hacia la caja, abrió la tapa y le indicó que se tumbara de espaldas sobre la sólida madera del fondo.
Mientras el mago cerraba cuidadosamente la tapa se oyeron por los altavoces las vocingleras notas de Mercado persa de Keterbey. El público guardaba un silencio total cuando la sonriente ayudante entregó un serrucho al mago. Cogió la punta de la hoja con dos dedos, la dobló y al soltarla emitió un vibrante sonido metálico.
La música bruscamente cesó. La voz del mago entró en una nueva nota y la audiencia se puso tensa.
-Ahora, damas y caballeros, ruego silencio absoluto.
 El afilado serrucho empezó a abrirse paso por la madera con un rítmico Ris- Ras Ris-Ras. Los espectadores contenían el aliento mientras la aserrada hoja seguía avanzando. El mago ya tendría que haber seccionado la arteria aorta, desgarrado el esófago y empezando a causar estragos en el intestino delgado. Ris-Ras.....
Un escalofrío estremeció al público cuando el mago retiró el serrucho.
Sin dejar de sonreír la ayudante abrió la caja y una cascada de sangre, visceras y fluidos cayó sobre el escenario. Un informe amasijo se desparramaba sobre las tablas salpicando a los espectadores más cercanos.
El público, aún en contra de su voluntad, miraba boquiabierto aquella carnicería. Reinaba un silencio sobrecogedor hasta que desde la sombra, entre los más alejados espectadores, se oyó una estridente risotada.
-¡Fantástico! -gritó un hombre entre regocijadas carcajadas.
Se puso en pie y rompió a aplaudir entusiasmado. Entre el público que lo rodeaba no tardaron en imitarle. Uno tras otro se alzaban de sus asientos gritando ¡Bravo! ¡Bravo! Los aplausos se volvían tan estruendosos como el rugido de una ola gigantesca.
No se había oído una ovación tan entusiasta desde el estreno de Tannhäuser de Wagner.
FIN
Aprovecho para desear feliz Semana Santa que para mí es tan evocadora de la infancia como para otros la Navidad. Recuerdo las exquisitas torrijas que hacía mi madre mientras mi abuela andaluza hacía solitarios y cantaba esta copla que no sé de dónde la sacó:
(*) Fesolet: en catalán "Frijolito". De niño me llamaban así porque era muy moreno y chiquito.


MELMOTH: CUANDO TODO ESTÁ EN SILENCIO.
Lo que realmente me fascina de la noche es cuando de repente suena una voz a través de un interfono preguntando: ¿Quién es? y nadie ha llamado al timbre. Son esas cosas que pasan con nuestras atrofiadas percepciones debido al ruido y la furia que nos da la vida cotidiana. Lo mismo ocurre con el móvil. Suena uno en la lejanía con distinta melodía y echamos mano de inmediato al bolsillo de la camisa. ¿Quién es? Preguntan a través de interfonos de oscuros edificios. ¿Quién es? La voz resuena en toda la calle y se pierde en la negrura de la noche. Siempre suelo sonreír allí, solo, o a veces, acompañado de una hojarasca. Me imagino a la mujer o al hombre sobresaltándose en la cama, mientras su pareja sigue durmiendo, dirigiéndose hacia el interfono, arrastrando los pies dentro de unas zapatillas preguntándose con más esperanza que inquietud: ¿Quién puede ser a estas horas de la noche? A veces las voces masculinas, suenan profundas, imperantes, como surgidas de una caverna: ¿Quién es? ¿Quién es? Es increíble que todo esto ocurra precisamente cuando todo está en silencio.
  La otra noche, sin más, pasé por delante de un insulso edificio barrido por el viento y me sobresalté al oír una voz femenina que surgió de un interfono. ¿Quién es? Me inquietó su voz trémula. ¿Quién es? Más que una pregunta parecía una súplica derivada de una soledad desgarradora. ¿Quién es? Parecía estar a punto de llorar. No podía pasar simplemente de largo. Sabía que tenía que hacer algo al respecto. ¿Quién es? Me acerqué al interfono y os puedo asegurar que se me hizo un nudo en la garganta cuando le respondí: Nadie.
FIN
RECETAS PARA EL CONFINAMIENTO: PLATO CHINO CON LO QUE HAYA
 
 Foto: Silvina.¿Qué hacer con unas verduras, 1 pechuga de pollo, 1 puñado de avellanas, 1 paquete de gambas congeladas, 1 lata de piña y alguna cosilla más? pues un plato oriental.
  En una sartén o cazuela sofreír puntas de espárragos, 1 pimiento rojo, 1 pimiento verde, cebolla, champiñones cortados a láminas, las gambas sin descongelar, las almendras, piña cortada a trocitos y la pechuga de polla cortada en tiras finas.
Dar unas vueltas hasta que todo tome color. ¡No poner sal! Luego añadimos 1 cucharada sopera de curry en polvo y un chorrito de salsa de soja que le dará un sabor intenso.
Remover. Añadir 1 vaso de caldo (el de brick ya sirve) tapar la cazuela y dejar cocer con el fuego al mínimo durante 15 minutos.
Y ya está. Se acompaña con arroz blanco salteado y tenemos un plato digno de la mesa de Fu-Manchú.