jueves, 29 de julio de 2021

PAISANOS

 

No había mucha gente en la piscina del hotel ese sábado por la mañana. Sólo dos tumbonas ocupadas por una atractiva mujer cerca de los treinta años y un hombre maduro de aspecto juvenil, aunque delataban su edad los pelos blancos del antebrazo y el hecho de estar leyendo un periódico. En el bar, bajo un toldo amarillo, una chica veinteañera  con un pareo sobre el bañador bebía de un vaso con sombrilla de papel.

Un joven atractivo y bronceado  avanzó rápidamente por el borde de la piscina y se paró frente a la chica. Con el tono entusiasta del que acaba de hacer un descubrimiento le dijo:


 -¡Hola! ¿Eres de Piedrasblancas, verdad?

-¡Sí! –dijo la chica con una cantarina sonrisa musical –media octava-. Tu cara me suena, pero no estoy segura. Me llamo Magenta.

-Yo tampoco soy muy fisonomista –contestó él-. ¡Magenta! Ahora empiezo a recordar… Yo soy Índigo. Mis padres llevaban la tienda de deportes de Piedrasblancas, en la calle mayor.

-¡La tienda Sprinter de Piedrasblancas!  Habré estado allí un montón de veces… tu padre tenía un bigote gris, y gafas…

-¡Eso es!

La mujer de treinta años advirtió que el hombre de la tumbona de al lado parecía escuchar a la pareja,  mirándolos por encima del periódico con una sonrisa burlona, mientras seguían conversando.

-¡Ah, claro! –concedió la chica-… eres un poco mayor que yo y no tuvimos los mismos profesores en el instituto. Seguro que coincidiste con miss Dickinson.

-¡Claro! Mi profesora de inglés. Era una histérica, pero buena persona. ¿Cómo es que nunca nos vimos en la piscina municipal?

 La chica hizo un gesto vago que se podía interpretar de cien maneras y el joven se lanzó a pronunciar una serie de nombres. El hombre maduro los miraba con aire cada vez más despectivo, parecía realmente fastidiado y eso intrigó a su vecina de tumbona. De repente, el joven pareció advertir que el sol empezaba a quemar.

-Magenta ¿damos un paseo hasta la playa?

La pareja se alejaba y el hombre maduro dejó escapar una risita desdeñosa que la mujer de treinta años no supo interpretar. Como si hubiera advertido su curiosidad él sacó un paquete de cigarrillos, le ofreció uno que ella rehusó y al encenderlo le dijo:

-¡Vaya par de comediantes! Está claro que el joven quería ligar con la muchacha. Le soltó lo de Piedrasblancas esperando que ella dijera: “No, no soy de allí” y entonces él respondería: “Ah, es que eres exacta a una chica de mi pueblo”. Pero ella decidió seguirle el juego, supongo que para divertirse o porque le gusta ese panoli, y se han puesto a recitar nombres inventados. ¡Piedrasblancas! –resopló-. Ese pueblo no existe.

-¿Y usted, como lo sabe? –inquirió la mujer.

El hombre maduro desplegó su periódico con un sonoro flop antes de responder:

-¡Porque soy del pueblo de al lado!

FIN

EL PROFESOR SIBELIUS SE VA DE VACACIONES


LA AMANTE GOURMET, Y LA RECETA

Esta es una de las primeras portadas que hice, con la desaparecida Editorial Zendrera. Dos hombres compiten por una mujer cocinándole deliciosos platos griegos (el amor a veces se conquista por el estómago) éste es uno de ellos: BERENJENAS SALÓNICA CON GAMBAS.


Cortar las berenjenas por la mitad, ponerlas con la piel hacia arriba y cocer en el horno a 200º unos 15 minutos. 

Mientras se enfrían las berenjenas, pelar las gambas y freír en aceite las cabezas (para dar sabor) Quitar la carne de las berenjenas con cuidado para no perforar la piel. Freír las gambas en el mismo aceite, añadir la pulpa de berenjenas con ajo picado, alcaparras y 1 copa de vino blanco. 

Rellenar las berenjenas con esta mezcla, cubrir con queso rallado y gratinar 5 minutos en el horno. 

Staikos, el autor, me envío un vídeo que colgó en Youtube. Su padre actuó de extra en la película Los cañones de Navarone que se filmó en Grecia. Esta es su escena. "Es una escena corta -me dijo Staikos-, ¡pero no todo el mundo puede decir que a su padre le disparó Gregory Peck! 




 

 


lunes, 19 de julio de 2021

NIEBLA AFRODISÍACA

 

La Ciudad se escondía bajo la humedad delirante de una niebla espesa y obstinada.  Al llegar la noche empeoró la situación.  Todo parecía abandonado a la viscosidad que empapaba piedras y cuerpos. Las farolas, fantasmales y desprovistas de base, no ayudaban a orientarse. No había cielo, ni sol, ni horizonte, sólo una niebla amarillenta que se estaba volviendo púrpura.

Homero y Diana se movían lentamente por los callejones cogidos del brazo. La visibilidad era prácticamente nula.

-No sé cómo consigues orientarte –dijo Diana que no conocía el barrio.

-Muy fácil: cuento las esquinas.

El sistema era simple pero eficaz. Avanzaban ahora despreocupadamente hasta que otra pareja surgió de repente de una esquina. Homero sintió que Diana era arrancada de su brazo mientras él mismo era proyectado hacia atrás. Vieron formas confusas que intentaban conservar el equilibrio y se sucedieron las exclamaciones:

-¡Perdón!

-¡Maldita niebla!

-¿Os habéis hecho daño?

-No, sólo el susto… ¡Já, já!

 Se lo tomaban con humor. Homero sintió que Diana se le volvía a colgar del brazo y con unas últimas palabras de excusa dieron el incidente por terminado.

Doblaron la esquina y fue entonces cuando Homero sintió una repentina excitación como si estuviera cargado de electricidad. Estaban empapados de sudor en plena calle y nadie podía verles con esa niebla lechosa y sofocante. Ella también debía sentir lo mismo porque atrajo a Homero tirándole del brazo hacia una pared de ladrillo. Homero le abrió las piernas y le levantó el liviano vestido veraniego, le costaba quitarle las bragas que estaban pegadas al cuerpo por el calor, Homero se las arrancó de un tirón y el sonido de la tela rasgada le enloqueció.  Sintió que las piernas de ella le enlazaban por la cintura y cuando oyó un gemido de placer supo que había acertado. La electricidad fluía de uno a otro cerrando el circuito, pasando a una trepidante sucesión de orgásmicos jadeos y gemidos.

-Ufff –Homero suspiró mientras se subía los pantalones. Sudaba copiosamente- … creo que habría que repetirlo más a menudo.

-Pero, oye … –dijo ella aun jadeando- ¡Tu voz no suena igual!

-La tuya tampoco. ¿No eres Diana?

-¿Diana? ¡Me llamo Penélope!!!

Cayeron en un estado de desazón y vergüenza bíblica. Durante un rato no se atrevieron a dirigirse la palabra hasta que Homero rompió el silencio:

-Vamos, hay que intentar encontrarles. Diana no sabe orientarse por este barrio.

No fue difícil encontrarles, la otra pareja estaba en un callejón a unos pocos metros. Homero y Penélope reconocieron inmediatamente los gemidos.

FIN

¡VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO!

QUÉ COSAS TIENE EL PROFESOR SIBELIUS...

LA RECETA: EL GARUM 

 Este dibujo lo hice para la revista estadounidense Options. Se trata de un artículo que Truman Capote escribió en los años sesenta para Harper´s Bazaar. El título alude a una tapita, un snack que Gio, un camarero siciliano del Harry´s Bar servía sobre una tostada con mantequilla y que por entonces causaba furor entre la clientela del famoso local neoyorquino. Por su aspecto lo bautizaron como Caviar de Pobres. El caso es que, según la descripción que el autor de A Sangre Fría nos ofrece en este artículo está claro que el caviar de Gio era exactamente lo que aquí conocemos como garum, un delicioso puré de aceitunas negras y anchoas de origen romano que se prepara en toda la zona mediterránea y que además es sencillísimo de hacer:

Mezclar en un bol aceitunas negras con una cucharadita de orégano, alcaparras, 6 filetes de anchoa, un buen chorro de aceite de oliva y un diente de ajo. Trituramos todo con la batidora y ya está. Es un entrante delicioso sobre tostadas, acompañado de un vino blanco seco y bien frío. También es muy apropiada como salsa para espaguetis alargándola con un poco de aceite.


 


miércoles, 30 de junio de 2021

EL BAR DE LAS BOTELLAS MUSICALES

 

Un misterioso argentino llamado Haffner abrió en Barcelona una sucursal del Bar Infinito. 

Idéntico en sus confines ilimitados, clientes atrapados, músicos, prostitutas… pero un día, repentinamente cerró. 

 Años después, los vecinos se despertaron alarmados al oír de madrugada un ensordecedor entrechocar de vasos y risas estridentes. El local estaba abandonado, aunque el actual propietario sabía que el sótano estaba lleno de botellas.  

Una dotación de policía entró en el bar, se precipitaron escaleras abajo y se encontraron en el sótano con un espectáculo extraordinario. 

Todas las botellas se entregaban a una juerga desenfrenada. En los estantes se había formado una orquesta. Las botellas vacías resonaban como instrumentos de viento, las rotas como palillos y las rajadas imitaban el rasgar de una guitarra. 

 Un agente exclamó “¡Esto es brujería!” y retrocedió tumbando una botella que cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Súbitamente la música se detuvo.  

-¡Vamos, vamos! ¡No estamos en la Edad Media! – vociferó el sargento-. Llevemos algunas botellas a comisaría para que las analicen los expertos. 

En comisaría, en las dependencias donde se guardan las pruebas, los agentes miraban ansiosos las botellas. Había sido un día tenso y un trago no vendría mal. El sargento apartó una botella al azar y leyó la etiqueta: “Licor Legui, el licor argentino de caña… 

 Al abrir la botella salió música. Algo hizo clic y todos quedaron atrapados en su mecanismo. Compás de cuatro por cuatro; un tango. Aquel ritmo embriagador se había introducido en los oídos de los agentes que empezaron a doblarse lentamente y a retorcer las puntas de los pies. 

Los policías bailaban unos con otros, como fundidos en uno, en uno que se movía muy deprisa con inclinaciones muy marcadas y pasos de tuerca. Parejas uniformadas de azul revoloteaban por la severa sala ejecutando cortes, quebradas y firuletes.

De repente cesó el tango y los bailarines cayeron en un estado de desazón vergonzante. Los agentes se dispersaron evitando mirarse entre ellos, pero echando furtivas miradas a las botellas. 

Ahora los vecinos están intrigados por otro extraño suceso. Por la noche se oye desde la comisaría música de tango a máximo volumen y el edificio entero parece latir al ritmo de la música. 

FIN

DON COMPOST, EL LABRADOR POETA

LA RECETA: JOROÑA KE JOROÑA (Cordero a la griega) Foto: Silvina

Necesitaremos: carne de cordero cortada a tacos. Yogurt griego. Cebollas. Berenjenas. Zanahorias. Laurel. Vino blanco.
Sofreír la carne en aceite, retirar cuando se vea dorada y sazonar con sal y pimienta.
Picar 1 cebolla grande, 1 zanahoria y cortar a taquitos 2 berenjenas con su piel. Freír en el mismo aceite.
Añadir el cordero, la hoja de laurel y 1/4 de litro de vino blanco o caldo. Tapar la cazuela y dejarlo cocer con el fuego al mínimo durante 1 hora.
Servir con unas cucharadas de yogurt griego en cada plato. 




lunes, 14 de junio de 2021

EL BAR INFINITO. Y más cosas

 

Relato compartido con El bar del infierno, de Alejandro Dolina.

 La taberna del Enano Saltarín es un local muy especial. Un bar con un rótulo en el que aparece un enano con un gorrito de mono de organillero y el ajedrezado vestido de polichinela.

El bar es ilimitado. Imposible alcanzar sus confines. Salones, mostradores y pasillos se suceden de un modo interminable y caprichoso.

Nadie ha sabido nunca dónde está la puerta del bar. La mayoría opinan que no hay forma de salir de él; aunque muchos parroquianos buscan la salida. Eligen una dirección y avanzan buscando la puerta de salida pero casi nadie vuelve a verlos. Algunos regresan tiempo después, siempre por el lado contrario que eligieron para irse.

Se cree que no se puede salir del bar porque no hay otra cosa que el bar. El exterior no existe. El camarero, los músicos, los borrachos y las prostitutas están aquí desde el comienzo de los tiempos y aquí permanecerán.

 Pero hoy Lemniscata, un parroquiano, está decidido a intentar salir. Acodado en la barra pide un butano mientras contempla la mesa donde Leonardo, Perenne y Jacinto juegan a un olvidado juego de cartas: El Gato Viejo. Perenne lleva un loro posado sobre su hombro. En un extremo de la mesa Gudrun, una prostituta,  se ensortija con el dedo un mechón rubio de bote.

 -Cuantas veces habéis entrado en un bar y estaba lleno de gente –dice Perenne el farmacéutico mientras reparte cartas- … pues he desarrollado una teoría para resolver este problema: La Teoría del Hueco. Entras a un bar y está lleno de gente, pues sacas un hueco del bolsillo y asunto arreglado. Ya tienes tu hueco en el bar. Eso sí: recordad que debajo de un hueco queda la nada y la nada es peligrosa…

-…porque en la nada no hay nada, ni siquiera un hueco - Prosigue el loro de Perenne dando a entender que aquella historia ya la había contado muchas veces.

 En ese momento entra en el bar un hombre gigantesco vestido de tirolés con prendas que le quedan apretadas. Sostiene un hacha entre sus poderosas manos y en dos zancadas se planta a la derecha de Perenne. Su gesto es tan rápido que sólo se ve brillar un instante el filo del hacha antes de cortar de un certero tajo las dos manos del farmacéutico.

-¡Nueve, diez, jota, reina y rey! – Grita el loro al ver la jugada que sostienen las manos amputadas sobre la mesa- ¡Eso hace un Gato Viejo! Hacía años que nadie lo conseguía .Es mucho más difícil que una escalera de color.

Aún con los codos sobre el mostrador, Lemniscata se dirige al barman:

-Es un lugar interesante, este. Creo que me quedaré  -y asiente cuando el barman le pregunta:

-¿Otro butano, Lemniscata?

FIN

CÓCTEL BUTANO, BUENO Y REFRESCANTE

En mi anterior entrada el cuento La venganza de las palomas a muchos les recordó "Los pájaros" de Hitchcock. ¿Sabían que tiene una precuela? 


¡QUÉ COSAS LE PASAN AL PROFESOR SIBELIUS!!

LA RECETA: TAMAGOKAKE, EL TÍPICO DESAYUNO JAPONÉS 
Facilísimo de preparar. Arroz hervido en un bol, se echa encima un huevo crudo cuando el arroz está aún bien caliente, cuando el huevo empieza a cuajar se remueve ¡y a comer! Yo le añado unas gotas de salsa de soja. Recomiendo acompañarlo con té verde. 






martes, 1 de junio de 2021

LA VENGANZA DE LAS PALOMAS

 

Mi amigo Colombo, compañero de redacción en mi periódico digital, me telefonea para rogarme que me pase por su casa. Parece muy inquieto.  Nada más entrar me pregunta: “¿Has visto palomas en el portal?” Entonces recuerdo su último artículo “Ratas con alas” acerca de las palomas, de la manera como están invadiendo las calles portando enfermedades y empezando a acosar a los transeúntes. “Hay que exterminarlas, como periódicamente se desratiza”; escribió.

 Todo empezó al día siguiente de la aparición del artículo. Colombo estaba sentado en una mesa en la terraza de una plaza cercana tomando una cerveza. De repente, reparó en una paloma que, parada junto a sus pies, lo miraba fijamente de perfil,  con un solo ojo. Se sintió extrañamente inquieto, así que  apuró apresuradamente su cerveza y decidió volver a su casa mientras las palomas –doce, veinte, treinta, cada vez más- avanzaban con rapidez y se situaban a su altura, crac, zlu, zlu, crac.

De golpe, los pájaros se convirtieron en un tupido remolino ascendente y luego en una veloz formación punta de lanza que se abalanzó sobre él, atacándolo furiosamente a aletazos y cagadas. Echó a correr hacia su casa llegando cubierto de excrementos y con un picotazo sangrante en el cuello.

-¡Son ellas! –grita Colombo de repente señalando la ventana.

Al girarme veo a un numeroso grupo de palomas que parecen gigantes con las sombras que el sol de la tarde proyecta sobre las cortinas picoteando  furiosamente los cristales de la ventana.

 Al día siguiente, en la misma plaza, Colombo sufre un ataque de las palomas mucho más cruento. Cuando los transeúntes consiguen ahuyentar a los bichos Colombo apare tirado en el suelo cubierto de cagadas y acribillado a picotazos. Poco después mi amigo fallecía en un hospital a causa de una infección desconocida.

Decido acercarme por el bar de la plaza donde tantas veces coincidía con Colombo. Uno de los habituales de la terraza es un vecino con silla de ruedas que pasa muchas horas allí. Al quedarse inválido, se había convertido en un observador empecinado de la plaza y las palomas. Conversamos, me dice que había presenciado algunos ataques de palomas contra gente que las maltrataba. “Se diría que las palomas los advertían primero humillándoles con sus excrementos; luego venían los picotazos.” Cuando le cuento lo de mi amigo me responde tajante: “Las palomas no leen diarios digitales”. 

Poco después celebramos un acto de recuerdo por Colombo en la sede del periódico.  Es como un velatorio, pero con cerveza y picoteo. Tórtolo, el redactor, me dice: “Nos quedamos su ordenador, ya sabes que andamos cortos de presupuesto. Quizá quieras quedarte esto”-y me entrega el disco duro.

 Cuando salgo a la calle aparece sobrevolando una multitud de furiosas palomas. Quedan un momento suspendidas en el cielo y se lanzan hacia mí en picado. Sus alas producen un terrorífico ruido silbante al rasgar el aire. Entonces reacciono: “¡El artículo! ¡Debe estar en el disco duro!”

Arrojo el disco duro a un contenedor. Cientos de palomas se lanzan histéricas contra el verde recipiente profiriendo chillidos que más parecen de gaviotas picoteando furiosamente la tapa.

Me refugio en un bar, saco el móvil y telefoneo a la policía. Me identifico como director de un diario y les ruego que saquen un objeto peligroso, un disco duro, de un contenedor.

-Las palomas pueden resultarles  un peligro. Vengan con equipo antidisturbios. ¿Cómo? No, ni estoy drogado ni es una broma.

FIN

MELMOTH: EL PISAPAPELES DE NIEVE

Conocí de niño a un viejo que llevaba coleccionando pisapapeles de nieve  desde hacía muchísimos años. Su bola más querida era, precisamente, la que más le había costado conseguir, pagando por ella una fortuna. Fue construida por su inventor el austriaco Erwin Perzy III a principios del siglo XX. Se trataba simplemente de una montaña nevada con una especie de alce en medio de ella. Agitabas la bola y se ponía a nevar. Nada más. Recuerdo que cuando murió el anciano su hijo mayor puso en el ataúd un pisapapeles para que su padre se lo llevara al más allá y lo agitara cuando estuviera aburrido. Una vez la hija menor, mi amiga de la infancia, estaba fregando la habitación de sus padres y cuando introdujo el mocho por debajo de la cama salió rodando una bola cubierta de pelusilla gris. La cogió, sopló y vio en su interior una montañita cubierta de nieve y en medio un reno con las dos patas delanteras levantadas. Subido en él estaba su abuelo a modo de cowboy agitando un sombrero texano y sonriéndole. Se asustó y agitó la bola, nevó haciendo desaparecer a su abuelo. Cuando se aposentó la nieve solo estaba el reno mirándola estúpidamente. La chica agitó la cabeza como queriendo desprenderse de una tonta alucinación y, a petición de su madre, esa bola fue a parar a la basura junto con las demás bolas de nieve.

 Todo esto me lo contó esa chica que ahora ya tiene cincuenta años. Me dijo que cree que su abuelo la estaba saludando a través de la bola de nieve y que hoy se siente culpable por haber hecho caso a su madre tirando todas las bolas a la basura.

FIN 

¡AQUÍ ESTÁ FRODO!

LA RECETA: POLLO CON SALSA DE CEREZAS
¡Vamos a aprovechar la fruta de la temporada! (Foto: Silvina)
Sofreír los trozos de pollo en aceite, retirarlos cuando se vean dorados y sazonar con sal y pimienta.
En el mismo aceite freír 1 cebolla y 1 zanahoria cortadas finas.
Deshuesar 1/4 de kilo de cerezas. 
En el bol de la batidora poner la cebolla, la zanahoria cocidas, las cerezas, 1 cucharada sopera de piel de limón rallada y 1 vaso de vino blanco o jerez.
Triturar todo con la batidora. Volver a poner el pollo en la sartén o cazuela, añadir las cerezas que se habrán convertido en una masa cremosa, tapar y cocer todo junto a fuego mínimo 20m.




martes, 25 de mayo de 2021

NORMA DESMOND TIENE VISITAS

 

Como todos los viernes por la noche Keaton, Warner y Nilsson se encuentran en la casa de Norma Desmond para su partida de cartas. Aprovechando que son cuatro juegan al bridge. Antes jugaban al póker pero pronto se dieron cuenta de que era imposible ganar a Buster Keaton con su sempiterna cara de póker. El salón está escasamente iluminado y no es fácil ver los palos de las cartas, aunque también les evita la visión del pequeño féretro con el cadáver de la última mascota de Desmond; un mono.

 El mayordomo, Erich von Stroheim, acude portando una bandeja con bebidas y se despide con una inclinación de su poderosa testa prusiana. Keaton, que le ha tocado formar pareja en el juego con Desmond, empieza a repartir cartas. De repente se queda extasiado al ver la cara de Norma Desmond resplandeciente, como no la había visto desde que la iluminaban los focos del estudio. Nilsson le devuelve a la realidad cuando dice:

-Está amaneciendo.

Todos se quedan ensimismados mirando los pálidos rayos de sol con infinitas partículas de polvo que danzan por todo el salón hasta que Norma Desmond se levanta dando por acabada la reunión:

-Gracias por esta deliciosa velada, queridos amigos. Hasta el próximo viernes. –Y dirigiéndose al mayordomo-: Max, ya puedes recoger lo que hay en la mesa, por favor…

Como era de esperar ninguno salió por la puerta. Todos, en perfecta procesión fantasmal, atravesaron las paredes.

FIN

MELMOTH: LA APLICACIÓN

Fabián Vadelisto ama su teléfono móvil inteligente, sobre todo cuando le avisa de los cumpleaños, santos y aniversarios de familiares y amigos. Sin embargo, también le encanta cuando recibe los recordatorios de la ITV, declaración de la renta, renovación del DNI, pasaporte, carné de conducir, ofertas del súper, tiempo atmosférico, analíticas, resultados médicos, oftalmología, dermatología, dentista, otorrino, renovación del contrato de desempleo y el tema musical elegido por él para que la alarma lo arranque cada mañana de un sueño que nunca recuerda.

Para Vadelisto era todo un increíble avance el no tener que recordar ni pensar en nada porque los programas y aplicaciones estaban ahí para aligerar todo ese peso innecesario y molesto de hacer servir la cabeza.

 Vadelisto recibe un nuevo recordatorio que dice: “Señor Fabián Vadelisto; le recordamos que dentro de una semana usted fallecerá. Por favor, no haga nada para evitarlo; no pierda el poco tiempo que le queda para evitarlo, porque es inevitable. Empiece a despedirse de sus seres queridos y ponga todos los papeles en orden. Un cordial saludo.”

Vadelisto no puede creer que haya sido víctima de una broma macabra. Entra con su móvil a internet y comprueba que a otros les ha sucedido lo mismo. Incluso se habla de que algunos de ellos, pasada la semana del recordatorio, han fallecido por diferentes causas. Llegado el día, un fulminante infarto acaba con su vida, sin haber realizado lo que buenamente recomendaba aquel recordatorio.

La nueva aplicación para móvil ha sido un rotundo éxito, tras el resultado del experimento llevado a cabo con miles de usuarios elegidos al azar. La gente de Silicon Valley considera totalmente necesaria esta aplicación. Saber con una semana de antelación la muerte y así terminar con la desagradable sorpresa por parte de los familiares. Ahora hace falta a que se adapten y no se preocupen ni piensen en nada. De inmediato se introducirá en todos los móviles del mundo de manera gratuita y sin opción a rechazo a esta nueva e innovadora aplicación.

FIN

RECETA: RABO DE TERNERA AL VINO TINTO. Foto: Silvina

AVISO: es un plato muy fácil de preparar, prácticamente se hace solo, pero requiere tiempo.
En una cazuela alta sofreír los trozos de rabo de ternera. Cuando uno los ve por primera vez piensa ¿pero qué me han dado? ¡Es todo hueso y grasa! pero esa grasa se ira fundiendo durante las 3 horas de cocción y quedara una consistencia muy melosa.
Cuando los trozos de rabo tomen calor, añadir sal, pimienta, cebollas (recomiendo chalotas, de las pequeñas) 1 atado de hierbas (tomillo, laurel, romero...) y echar vino tinto justo hasta cubrir la carne.
Reducir el fuego al mínimo, tapar la cazuela y dejarlo cocer durante 3 horas como mínimo; es uno de esos platos de chup-chup. Yo le suelo añadir una pastilla de chocolate amargo.
Sabe mucho mejor si se deja reposar toda la noche para comerlo al día siguiente.




miércoles, 12 de mayo de 2021

POST TEMÁTICO: ESCARABAJOS

 

LA METAMORFOSIS SEGÚN MELMOTH

Gregorio Asmas había permanecido otra noche en vela debido a su cada vez más incipiente insomnio. La pálida luz del alba empezaba a filtrarse a través de la persiana de su habitación y él seguía siendo un monstruoso hombre. Por lo tanto, le tocaría de nuevo quedarse encerrado en su cuarto durante todo el día.

 La noche que quedaba atrás había sido muy movida. Como cada noche, Gregorio Asmas había salido de su habitación para estirar las piernas aprovechando que sus padres y su hermana dormían en sus habitaciones. Gregorio aquella noche se encontró con una ingrata sorpresa. De debajo de la mesa salió precipitadamente una grotesca sombra cheposa, corriendo a cuatro patas buscando el refugio del sofá para ocultarse. Reconoció de inmediato que se trataba de su madre. Las dos antenas de su cabeza sobresalían por encima del sofá moviéndolas de tal manera que daba la sensación de que intentaba con desesperación capturar señales de otro mundo. Gregorio se quedó paralizado del susto al no esperarse encontrar a esas horas de la noche a su madre debajo de la mesa y con la luz apagada. Automáticamente miró hacia arriba y allí estaba su padre pegado al techo en un rincón y sin moverse, como un siniestro arácnido surgido de la imaginación más enfebrecida de un trastornado.

  Gregorio subió por las escaleras de dos en dos directo a su habitación. En el pasillo se topó bruscamente con su hermana. El ortóptero con sus antenas cortas apenas se movía en mitad del largo y estrecho pasillo. Su hermana allí estaba de pie perfilada y contrastada con la macilenta y enfermiza luz artificial que penetraba por la ventana ubicada al final del pasillo. Gregorio se introdujo en su habitación y se metió en la cama, y allí, seguía todavía, pero con los latidos de su corazón más apaciguados. La puerta se abrió muy despacio hasta dejar entrever un par de brazos verdes y con forma de sierra para depositar la bandeja del desayuno en el suelo. Era su hermana; el único miembro de la familia que todavía se atrevía a cuidarle. Las patas desaparecieron de su vista. Se levantó de la cama y entreabrió un resquicio de la ventana para ver el exterior. Había empezado el trajín cotidiano y obediente de los coleópteros, ortópteros, dípteros, isópteros, himenópteros, lepidópteros, hemípteros, odonatos, en fin, toda esa amplia gama de artrópodos hexápodos que la desquiciada condición social había llevado a cabo a lo largo de su experimental Historia. Gregoria Asmas no sentía ningún tipo de amenaza. El mundo de los insectos, simplemente, aguardaba con paciencia la inminente transformación de Gregorio.

FIN

Este es uno de mis más oscuros relatos: 

-¿Dónde estás, Jorge? ¿Jorge?

-Sí, soy yo –dice Juan desde el umbral.

-Pasa, pasa y siéntate -. Elena es ciega. Desplaza su cuerpo medio abrasado en una silla de ruedas -. Pasa y cierra la puerta.

Cuando Juan cierra la puerta el viento agita un periódico como un ave moribunda sobre la alfombra.

El timbre del teléfono suena. Elena coge el auricular desde su silla de ruedas.

-¿Eres tú, Elsa? ¡Qué alegría! ¡Qué ganas tengo de verte ¿Ahora? ¡Magnífico! Dile al profesor que también puede venir y traerse a su amiguita. Nos divertiremos.

Juan lanza una rápida mirada hacia la puerta.

-Escuche –dice a la mujer -. ¿No oye nada?

-Vendrán Elsa y sus amigos –dice Elena -.Gente muy simpática. Te gustarán. ¿Tienes hambre? Abre una lata de atún.

 Juan abre una lata. El atún desprende un olor marítimo, fresco y jubiloso.

-¿Quién eres tú? –pregunta una joven desde lo alto de la escalera que conduce a la segunda planta. Es morena y guapa. Su único defecto visible es un muñón descarnado.

-¡Elvira, es Jorge! ¡Ha vuelto! Jorge, ella es Elvira.

-Elvira –dice Juan -¿No oyes voces? ¿Gritos? Vendrán, no sé porque pero estoy seguro.

-No -. Elvira escucha atentamente. Ahora se oye un coche detenerse.

-Son ellos –anuncia Elvira como si dijese: “No te asustes. Sólo son ellos”.

-¡Elena! –Exclama nada más entrar el profesor. Su traje almidonado le mantiene rígido pero su nariz ha desaparecido y el corroído labio superior deja al descubierto sus mandíbulas.

-¡Ya estamos aquí! –dice Elsa. Sus brazos fláccidos cubiertos de escamas se bambolean caprichosamente.

-Creo que no conoces a mi amiga Eva –dice el profesor.

-Buenas noches, Elena –saluda Eva. Una oleada de perfume caro acompaña sus palabras. Es una joven atractiva pero a través de su piel azulada y transparente se le ven las vísceras.

-¡Elvira! – dice Elena-. ¡Trae la baraja! ¡Vamos a jugar!

Elsa empieza a subir la escalera. Se dirige a Juan:

-Sube, Jorge, por favor.

 Elsa y Juan se sientan en la cama de un dormitorio del segundo piso.

-Verás, Jorge -empieza Elsa-. Yo…

-No soy Jorge –dice Juan.

-Ya lo sé –dice Elsa-. Todos lo sabemos. Jorge murió. La bomba…

-La bomba acabó con todo.

-¡Falta un as! –Oyen ahora la voz del profesor.

-Jorge… Juan, yo… te quiero –susurra Elsa. Los gritos de Elvira la interrumpen:

-¡Oigo a los hombres! ¡Vienen los hombres!

Juan parece sentirse acorralado. Está dejándose llevar por el pánico mientras por las calles lúgubres y vacías corren hombres uniformados  disparando nubes de color verde.

Juan y Elsa descienden la escalera. Todos miran hacia el exterior por la puerta entreabierta.

¡Venga, que empiece la partida! -les apremia Elena-. Cierra la puerta, Elvira.

Antes de cerrar la puerta Elvira dice:

-¡Otra vez están fumigando la zona!

NOTA ACLARATORIA:

Todos los personajes de este relato son cucarachas. 

En primer plano: Jorge-Juan. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Elena, Elvira, Elsa, El profesor, Eva y alguien no identificado.

 

FIN

¡AQUÍ ESTÁ FRODO!


RECETA: MACARRONES  A LA MALLORQUINA (Tranquilos, no lleva escarabajos)

Sofreír tomates escaldados y pelados en una sartén con cebolla picada fina. 
Añadir sobrasada, alcaparras, atún (opcional) y 1 vaso de vino blanco. Apagar el fuego cuando la sobrasada se vea blanda. Conviene que el atún no llegue a cocer pues quedaría seco.
Cocer los macarrones en agua salada, después de escurrirlos se mezclan con la salsa, se disponen en una fuente con queso rallado por encima ¡y a gratinar! 




lunes, 3 de mayo de 2021

UNA BROCA DEL DIECISÉIS. Y más cosas...

 

-Uno, dos, tres, cuatro… y cinco.

Marcos Cornisa se detuvo al contar cinco pasos. Se apoyó de espaldas en la pared e hizo una señal con la punta de un cuchillo justo encima de su cabeza como suelen hacer los padres para comprobar el crecimiento de sus hijos. Descorrió una cinta métrica y anotó: un metro con setenta y dos. Luego fue a la sala contigua, avanzó otros cinco pasos, volvió a usar la cinta métrica y después de un breve cálculo marcó un punto en la pared con rotulador azul. Se dirigió hacia el teléfono y tecleó el número de una galería de arte.

-¿Galería Gouache? Soy Cornisa, he decidido comprar aquel cuadro. Sí, la litografía de Abercrombie. ¿Podrían enviar a alguien a mi casa para traer el cuadro y colocarlo? No estoy bien de salud. ¿A qué hora? Perfecto.

Los dos empleados de la galería hacían pensar en un dueto cómico pues uno era bajo y rechoncho y el otro flaco y desgarbado. Transportaban una gran caja rectangular. El rechoncho llevaba una placa con su nombre –Black- prendida en la chaqueta y parecía tener dotes para el mando.

-Buenos días, señor –dijo-. ¿Dónde quiere poner el cuadro?

Cornisa señaló el punto marcado en la pared.

-He de advertirles que es un muro bastante grueso. Ya saben, las casas antiguas…

Black se dirigió a su ayudante:

-Decker, acércame una broca del dieciséis.

 El hombre desgarbado abrió un maletín de herramientas y buscó entre un juego de brocas y puntas. Sacó una pieza y se la entregó a Black.

-Disculpen un momento –dijo Cornisa-. Tengo que enviar un mensaje en el ordenador.

-Usted, a lo suyo –respondió Black enroscando la broca en el taladro-. Nosotros ya nos ocupamos de todo.

Cornisa se ausentó. Black, con la punta de la lengua asomando al exterior, apuntó hacia el centro de la marca. El taladró zumbó y la broca perforó la pared como si fuera un bloque de mantequilla entre una nube de partículas de yeso.

- ¡Pero qué dice ese de un muro! –masculló Black-. Esto es un tabique más delgado que un papel de fu…

Black enmudeció repentinamente al retirar el taladro. La broca rezumaba sangre fresca.

Los dos hombres corrieron hacia la habitación del otro lado de la pared. Cornisa se mantuvo en pie unos segundos antes de desplomarse como un saco de patatas. En la pared, un agujero sanguinolento producido por una broca del dieciséis como el que ahora tenía Cornisa en la nuca, justo bajo el occipital.

Su mano derecha sostenía un sobre. Escrito con rotulador azul se leía: Señor Juez.

FIN

MELMOTH: EL NÁUFRAGO DEL BAR

 La de veces que he tenido que ir, no sin temor, a los servicios de algunos bares de Barcelona. Tienes que bajar, en muchas ocasiones, por unas escaleras que parecen que conduzcan al mismísimo infierno. Tienes la sensación de descender y descender sin llegar nunca a pisar el subsuelo.  Luego, sigues por unos pasillos laberínticos de paredes húmedas decoradas con cuadros muy extraños. Si tienes la suerte de dar con el servicio y, una vez con la bragueta ya bajada, retienes en la memoria el camino que has seguido hasta llegar aquí para después poder encontrar la salida. En otros bares siniestros he visto pasillos llenos de objetos que te hacen pensar que los camareros viven allí abajo o que vivieron gestes de otras civilizaciones ya desaparecidas. He visto percheros con sombreros y abrigos que parecen al fantasma de la ópera. He visto juguetes antiguos, caballitos de madera, cajas de sifones cubiertos de polvo que no se utilizan desde hace siglos. Carteles viejos y amarillentos de bebidas que nadie recuerda. Espejos agrietados que si te miras en ellos ves otro rostro que te da miedo. Muebles viejos. Fotografías en sepia de familias fantasmales. Olores extraños.  Una vez entré en un bar del cual nunca había estado. Pedí una cerveza en la misma barra. De repente, salió un hombre andrajoso y despistado de la oscuridad del interior como un muerto viviente. Se parecía a Robinson Crusoe. El camarero se enfureció preguntándole cómo había entrado allí. Para mí la pregunta era totalmente errónea. Debería haberle preguntado cómo ha salido de allí. El pobre hombre miraba a su alrededor muy aturdido. Dijo con voz trémula que por fin había encontrado la salida. Luego miró a la barra, frunciendo el ceño, y le preguntó al camarero:

- ¡Dios santo! – exclamé. ¡Esa bebida dejó de fabricarse en 1990!

FIN

Frodo y su nueva incursión en el ego argentino:

El profesor Sibelius está ahora demasiado ocupado explicando a una alumna la diferencia entre los sistemas atómicos y los subatómicos.

LA RECETA: POLLO A LA PROVENZAL (Foto: Silvina)

Enharinar los trozos de pollo y dorarlos en una sartén con aceite bien caliente y 4 dientes de ajo.
Retirar el pollo y freír en la sartén pimientos, cebolla picada, champiñones y 2 cucharadas soperas de tomate rallado. 
Cuando las verduras tomen color añadir el pollo, 1 vaso de vino blanco y 1 hoja de laurel.
Tapar la sartén y dejar cocer con el fuego al mínimo 30 m.