Después de
profundos sueños negros sin rostros Hugo Fisuras se encontró de improviso en
una sala extrañamente diáfana repleta de gente muy trajeada. Una fiesta de ex
alumnos de un colegio. Hugo se sintió torpe y confuso como si flotara en
gelatina y encima, iba en calzoncillos.
-El típico
sueño recurrente –se dijo Hugo-. Espero que no tarde en sonar el despertador.
Hugo se
introdujo entre el compacto grupo de personas, todo era irreal, como si
caminara a través de la gente que parecía disolverse ante él. Nadie parecía
reparar en su presencia hasta que una cara familiar se le reveló: traje de
buena factura, camisa prolíficamente bordada… el cretino de Índigo. Era de los
que saludaban con una carcajada; una enervante risa de hiena sincopada que Hugo
ya había conseguido olvidar.
-¡Juaaark!
¡Juaaark! ¡Hugo! Viejo… cuánto tiempo.
Índigo se
plantó ante él sonriendo y ágilmente se apoderó de dos copas de martini de la
bandeja de un camarero. Hugo se quedó observando el charco oleoso en el que
flotaba la aceituna.
Índigo sacó
de la cartera la foto de dos niños con idéntica expresión abúlica e inició una
charla trivial. La atmósfera se tornaba húmeda y muy cargada. Hugo se enderezó
y preguntó bruscamente:
-Oye ¿no vas
a preguntarme nada?
-¿Cheguntarte
el ché…? –índigo estaba mascando la aceituna.
-Pues…
porqué voy en calzoncillos.
-¡Juaaark!
¿Pero a qué viene eso ahora? Ay, Hugo, me parto contigo, chaval.
Una mujer se
les acercó, sus pies se desplazaban ágiles calzados con sandalias de tiras
plateadas, el ceñido vestido resaltaba la alarmante sensualidad de su cuerpo.
“¿Qué hace una mujer en una fiesta de ex alumnos de un colegio masculino?” se
preguntó Hugo pero lo más desconcertante fue cuando la mujer apoyando sus
turgentes senos en un brazo de Índigo le susurró:
-Cariño,
rodeada de tantos hombres me siento como una perra en celo. Voy cachonda
perdida.
-¡Juaaark!!!
–Índigo liberaba de nuevo la hiena que llevaba dentro-. Cielo, eres única…
Hugo, ella es Selene, mi mujer. –y añadió confidencialmente-: Lo que me enamoró
de ella fue su nihilismo indomable .
Selene miró
a Hugo con expresión lasciva, el extremo rosado de su lengua asomaba entre sus
labios. “Tranquilo, recuerda que es sólo un sueño” se dijo Hugo notando una
repentina tirantez en la goma de los calzoncillos.
Una voz que
parecía reprimir un estallido de risa se oyó atronadora por la megafonía de la
sala:
-¡Atención,
amigos! Ha llegado el momento de pronunciar unas palabras y ya hemos sacado un
nombre de la lista al azar: ¡Hugo Fisuras!!!
Las sombras
de la sala fueron cercenadas por el haz de luz de un enorme foco iluminando a
Hugo. Éste había bajado los ojos para evitar la mirada de Selene pero ya era
tarde, parecía que alguien estaba levantando una tienda de campaña desde el
interior de sus calzoncillos, además la potente luz revelaba que no estaban
inmaculadamente blancos. De nuevo Hugo suplicó que sonara el despertador pero
sólo oyó una estridente carcajada de hiena sincopada:
-¡Juaaark!!!
¡Me parto contigo, Hugo, chaval!
FIN
MARC RIBOT: TARZÁN CUENTA UN CHISTE
MELMOTH: BIOMBOS, PANELES, MÓDULOS.
Ella trabaja
en casa y él también, por lo tanto, deben apañárselas de tal manera que no se
estorben el uno al otro. Deciden reestructurar el piso y solo encuentran una
solución: comprar biombos para distribuir el reducido espacio a la comodidad de
cada uno. Van juntos a Ikea para comprar biombos, paneles, módulos o como
quiera que se llame. Allí les atrae mucho lo que ven en una exposición de
oficinas con paredes falsas. Parecen paredes de verdad, dicen los dos al
unísono. Fíjate en esa clase de biombo con ruedecillas, le dice ella; con solo
un dedo de mueven con facilidad. No se hable más. Compremos ese modelo de
biombo para oficinas. Empiezan a visualizar en secreto sus espacios personales,
la intimidad esencial, el alejamiento vital de ambos para hacer de la
convivencia algo razonable. Incluso ya se lo están imaginando decorados
personalmente. Cuatro paredes es lo que necesita el ser humano para meter el
resumen de una vida.
Al cabo de
unos días llevaron a su domicilio los grandes paquetes plastificados con flejes
bien apretados sobre cartones de protección las futuras paredes y pasillos
falsos que necesita una pareja.
Empezaron a
distribuir los biombos a modo de guasa; muchas risas, mimos, besos y botellines
de cerveza. Uno empezó por una parte y la otra por otra, hasta que se
encontraron de nuevo.se dieron cuenta de que habíais construido una especie de
laberinto de cuyo centro resultó ser vosotros mismos. Más risas. Sexo
desaforado sobre los cartones esparcidos por el suelo rodeados de los
maravillosos espacios abigarrados, desordenados, llenos de herramientas, planos
de cómo montar los biombos y tornillos, muchos tornillos brillantes. Sin
embargo, no va quedando bien la distribución de esos pasillos que no conducen a
ninguna parte y esos espacios que han quedado vacíos terminando en callejones
sin salida. Al final, ella consigue recrear con los biombos su espacio perfecto
y él el suyo. Cada uno coloca sus cosas de trabajo y lo decora con objetos y
cachivaches muy personales. Cuando ya está acabado se buscan, pero el laberinto
de biombos es tan perfecto, tan borgiano, que nunca más se vuelven a encontrar
en aquel reducido piso.
FIN















