Esta fue la broma más sonada emitida por televisión. El 1 de
abril (April´s Fools) día de las inocentadas en Inglaterra, la BBC emitió un
falso documental en el que mostraba a los habitantes de Ticino (Norte de
Italia) trabajando en su cosecha de espaguetis. Muchos espectadores quedaron
convencidos de que existía un árbol que producía espaguetis, incluso cuando
recomendaron que colocaran un puñado de espaguetis en una lata de tomate y
esperaran a tener uno de esos árboles en casa.
Esto me ha recordado a la célebre Patata de Loveland
(Colorado) de 1894; la primera fotografía trucada de la historia. El señor
Swann presumía que en sus plantaciones se sembraban las más grandes patatas del
mundo. Para publicitar su negocio se hizo esta fotografía. La patata gigante
parecía real, se consiguió el efecto artesanalmente, recortando y pegando y se
tomó en 1894, un siglo antes de que los retoques fotográficos como el Photoshop
existiesen.
PASTAFARISMO.
Volviendo a la pasta: ésta tiene su religión, el
Pastafarismo. En el Año de Gracia del 2005 el físico de Oregon Bob Henderson,
cansado de la polémica sobre la enseñanza de las teorías evolutivas en las
escuelas, decidió crear una nueva religión: el Pastafarismo, exigiendo para
este credo el mismo trato en las aulas que las teorías bíblicas sobre la
Creación. Según esta doctrina destinada a parodiar los argumentos de las
religiones convencionales el universo fue creado por el Monstruo Espagueti
Volador (MEV) Su día festivo es el viernes y hay un cielo con volcanes que
derraman cerveza y salones con strippers. En cambio en su infierno los volcanes
son de cerveza caliente y las strippers más feas que un pecado (nunca mejor
dicho). Su oración: Oh, tallarines que estáis en los cielos. Santificada sea tu
harina. Danos hoy tus albóndigas y perdona nuestras gulas. Ramén.
Lo que empezó como una broma se ha convertido en un
auténtico fenómeno en internet donde sus seguidores o pastafaristas han llegado
a publicar supuestos avistamientos del MEV como este, localizado en la antigua
Unión Soviética.
Sus seguidores llevan un
colador de pasta en la cabeza, uno de ellos, la pastafarista
Lindsay Miller de Massachusetts, vio reconocido su derecho de aparecer
con él en la foto de su carnet de conducir alegando que las leyes del Estado
permiten cubrir la cabeza en las imágenes oficiales por motivos religiosos.
¿Recuerdan mis tallarines para The Wind from
Nowhere de J.G. Ballard? Pues los he vuelto a usar para otro clásico de la
ciencia ficción: El Día de los Trífidos.
…Y LA RECETA. Por supuesto no podía dejar pasar una entrada
sobre la pasta sin publicar una de mis recetas preferidas, y además facilísima
de preparar:
ESPAGUETIS A LA AMATRICIANA
En una sartén con aceite dorar cebolla hasta que se ablande.
Añadir 4 lonchas de panceta ahumada cortada en dados pequeños. Remover y
agregar tomate rallado o 1 tomate de lata entero y pelado. Añadir 1 cucharada
de pimentón picante. Sazonar con sal (poca, la panceta tiene un sabor intenso)
y cocer todo unos 15 minutos.
Cocer los espaguetis en agua salada, escurrir y servirlos
con la salsa. Esta es una de las recetas a las que mejor le sienta el parmesano
rallado.
Y me despido al estilo Mr.Lombreeze, propongo cocinar pasta con fondo operístico, como hacía la família Corleone. La gazza lladra (La urraca ladrona) de Rossini es un tema muy apropopiado. Pero antes, una chorradilla:
LA URRACA LADRONA
Me encantan las urracas con su lustroso plumaje negro y
blanco. Las llaman los pájaros ladronzuelos. Hay una que entra a veces sigilosa
en mi casa, como un intruso entre las sombras, y se lleva algún objeto como
trofeo.
Pero últimamente ese pajarraco está yendo demasiado lejos.
Al principio se llevaba objetos brillantes como botones de metal, espejitos de
mano, abrelatas y cosas así, pero estas últimas semanas se ha llevado mi móvil,
mi cartera, mi televisión de plasma y… ¡ayer se llevó a mi novia Tippi! Qué
cosas tenía mi Tippi… le gustaba hacer el amor a cuatro patas para que yo la
penetrara a lo perrito mientras jugaba al Candy Crush.
Es un día caluroso, he dejado los postigos abiertos y oigo
un aleteo que se acerca. Es la urraca. Viene a por mí, seguro, en casa no hay
nada más que pueda llevarse.
Ya está aquí. Su voz es un matraqueo áspero:
tcha-tcha-tcha-tcha-tcha.






















































