martes, 7 de septiembre de 2021

CUANDO EL DIABLO INVITA A COPAS

 

 El Gambrinus es un tugurio, pero es mi tugurio, y los he visto peores. Me acomodo en un taburete frente a la barra y en ese momento oigo una  voz meliflua a mi izquierda:

-Disculpe, caballero. Soy nuevo en el barrio y no conozco a nadie. ¿Me aceptaría una copa?

Lo examino. Mechones negros pegados a la frente estilo Frankenstein, barba mefistofélica y largo abrigo negro. Me hacen gracia sus modales anticuados que en el Gambrinus se ven tan fuera de lugar como Frodo en un congreso de orcos. Acepto la invitación. Hace una seña al barman:

-¡Chupitos! Absenta Blue Devil para mí y –se dirige a mí con un guiño-: ¿Cuál es su veneno? ¿Bourbon? ¡Bourbon Black Raven!

 El whisky –más caro de lo que me suelo permitir- pasa por mi garganta con un cosquilleo y me invade el plexo como una bomba de plasma etílico. De repente surge un recuerdo como un nubarrón que oculta el sol. Mi abuelo gitano cuando me advirtió: “Chico, si un desconocido te invita a beber no aceptes sin saber antes su nombre pues, en ese caso, es el diablo el que convida. Tendrás que corresponder invitándole a otra ronda y entonces se beberá tu alma junto con el licor.”

Me vuelvo para mirarle de nuevo. Ha apoyado una mano en la barra y sus uñas son negruzcas y muy largas; un centímetro más y podrían llamarse garras. Me invade un pánico que arde, como una llama imposible de extinguir. Balbuceo:

-¡Eeer…! Lo siento. Tengo que irme, es algo urgente.

-¿Urgente? ¿A la una de la madrugada? –dice el extraño-. Vamos, cuando alguien invita a una copa hay que invitar a la siguiente. Es una forma tácita de…

-Soy podólogo de urgencias –señalo mi móvil-, un caso letal de pie de atleta. A la próxima invito yo ¿de acuerdo?

 Me dirijo hacia la puerta, cuando agarro el tirador oigo una potente voz por encima de la estridente música que suena en los altavoces del bar. Es el extraño:

-¡Quien bebe y no convida cría un sapo en la barriga! – y se dobla con una carcajada que suena como tijeras rasgando linóleo.

Un chascarrillo que no oía desde el colegio. Cuando salgo del bar me detengo en la acera y la fresca oscuridad me hace ver la situación más serenamente. “Mira que tomarme en serio las historias del abuelo –pienso-… venga, no quiero parecer descortés, voy a invitar a otra copa a ese hombre.”

Pero al girarme en dirección al Gambrinus siento un bandazo en los intestinos. Algo se remueve en mis entrañas, y desde lo más profundo de mis vísceras oigo un sonoro:

-¡Croac!!!

FIN

NO PODÍA FALTAR EL HUMOR ARGENTINO DE FRODO

UN CONSEJO DEL PROFESOR SIBELIUS

LA RECETA:BERENJENAS A LA SICILIANA. Más fácil imposible. 

Aprovechar que es ahora la época de las berenjenas. Primero: cortar berenjenas por la mitad.

Cocer 20 minutos en el horno a 200º. ¡Qué olorcillo! También se puede añadir queso rallado. 
Foto: Silvina.






 

 


lunes, 23 de agosto de 2021

EL VOCEADOR Y MÁS COSAS

 

Mi abuelo Sento fue voceador en un cine de Valencia. Entonces las películas eran mudas y la trama se narraba mediante unos letreros pero aún bastante gente no sabía leer, así que el llamado voceador describía al público lo que ocurría en la pantalla. Eso me dio una idea para uno de esos relatos que nunca veo el momento de escribir o dibujar. Lo cuento:

 Sento lleva ya un año trabajando como voceador en el cine Alhambra. El negocio va bien y recientemente se ha incorporado un pianista. Una tarde, durante una sesión, Sento vocea que el sheriff se ha cargado a cuatro bandidos cuando este justo acaba de entrar en el salón. El pianista le mira desconcertado y el público murmura mientras, en la pantalla, el sheriff se prepara para desenfundar. Sento carraspea y prosigue pero cuando anuncia que el sheriff se ha casado con la maestra de escuela y fueron muy felices al menos quince minutos antes de que eso ocurra el público estalla en abucheos y Sento huye bajo una lluvia de caramelos y peladillas.

-Tendría que verte el médico -.le dice Márquez, el propietario del cine.

A la mañana siguiente acuerdan una proyección privada con Márquez, Sento y el doctor como únicos espectadores.

-¡Proyector! –grita Márquez.

 Aparecen en pantalla los créditos de Intolerancia, de Griffith. Sento empieza a vocear los acontecimientos de la película. Al mencionar Sento la caída del rey de Babilonia cuando falta aún bastante metraje para que se vea ese episodio el doctor se sitúa a su espalda y le propina un fuerte coscorrón en la cabeza.

-Prosiga -.dice el doctor.

Sento describe ahora la película de forma impecable. El doctor ordena encender las luces y mientras garabatea en un papel le dice:

-Nada preocupante, un ligero caso de desincronización. Tome esas pastillas tres veces al día y nada de café, alcohol ni tabaco mientras dure el tratamiento.

Sento se dirige a la farmacia. A medio camino se fija en unos obreros que están colocando un gran cartel donde se anuncia el estreno de El cantor de jazz; el primer largometraje sonoro.

Sento arroja el prospecto a una papelera y decide irse a tomar un carajillo mientras mira las ofertas de trabajo del periódico.

FIN

Y... ¡AQUÍ ESTÁ FRODO!!!

LA RECETA: POLLO-CONEJO.

Éste era un plato que a veces hacía mi madre cuando en la nevera había porciones de pollo y conejo y había que aprovecharlas:

En una sartén sofreír los trozos de conejo y pollo. Cuando tomen color reservarlos en un plato, sazonar con sal y pimienta y en el mismo aceite añadir 4 dientes de ajo con su piel y 1 cebolla grande picada. 
Incorporar los trozos de pollo y conejo, añadir 1 vaso de vino tinto, tapar la sartén y dejar cocer con el fuego al mínimo 20 m.
Se puede añadir muchas cosas. El último día acompañé este plato con champiñones, pimientos y patatas al horno. 
Foto: Silvina. 





jueves, 29 de julio de 2021

PAISANOS

 

No había mucha gente en la piscina del hotel ese sábado por la mañana. Sólo dos tumbonas ocupadas por una atractiva mujer cerca de los treinta años y un hombre maduro de aspecto juvenil, aunque delataban su edad los pelos blancos del antebrazo y el hecho de estar leyendo un periódico. En el bar, bajo un toldo amarillo, una chica veinteañera  con un pareo sobre el bañador bebía de un vaso con sombrilla de papel.

Un joven atractivo y bronceado  avanzó rápidamente por el borde de la piscina y se paró frente a la chica. Con el tono entusiasta del que acaba de hacer un descubrimiento le dijo:


 -¡Hola! ¿Eres de Piedrasblancas, verdad?

-¡Sí! –dijo la chica con una cantarina sonrisa musical –media octava-. Tu cara me suena, pero no estoy segura. Me llamo Magenta.

-Yo tampoco soy muy fisonomista –contestó él-. ¡Magenta! Ahora empiezo a recordar… Yo soy Índigo. Mis padres llevaban la tienda de deportes de Piedrasblancas, en la calle mayor.

-¡La tienda Sprinter de Piedrasblancas!  Habré estado allí un montón de veces… tu padre tenía un bigote gris, y gafas…

-¡Eso es!

La mujer de treinta años advirtió que el hombre de la tumbona de al lado parecía escuchar a la pareja,  mirándolos por encima del periódico con una sonrisa burlona, mientras seguían conversando.

-¡Ah, claro! –concedió la chica-… eres un poco mayor que yo y no tuvimos los mismos profesores en el instituto. Seguro que coincidiste con miss Dickinson.

-¡Claro! Mi profesora de inglés. Era una histérica, pero buena persona. ¿Cómo es que nunca nos vimos en la piscina municipal?

 La chica hizo un gesto vago que se podía interpretar de cien maneras y el joven se lanzó a pronunciar una serie de nombres. El hombre maduro los miraba con aire cada vez más despectivo, parecía realmente fastidiado y eso intrigó a su vecina de tumbona. De repente, el joven pareció advertir que el sol empezaba a quemar.

-Magenta ¿damos un paseo hasta la playa?

La pareja se alejaba y el hombre maduro dejó escapar una risita desdeñosa que la mujer de treinta años no supo interpretar. Como si hubiera advertido su curiosidad él sacó un paquete de cigarrillos, le ofreció uno que ella rehusó y al encenderlo le dijo:

-¡Vaya par de comediantes! Está claro que el joven quería ligar con la muchacha. Le soltó lo de Piedrasblancas esperando que ella dijera: “No, no soy de allí” y entonces él respondería: “Ah, es que eres exacta a una chica de mi pueblo”. Pero ella decidió seguirle el juego, supongo que para divertirse o porque le gusta ese panoli, y se han puesto a recitar nombres inventados. ¡Piedrasblancas! –resopló-. Ese pueblo no existe.

-¿Y usted, como lo sabe? –inquirió la mujer.

El hombre maduro desplegó su periódico con un sonoro flop antes de responder:

-¡Porque soy del pueblo de al lado!

FIN

EL PROFESOR SIBELIUS SE VA DE VACACIONES


LA AMANTE GOURMET, Y LA RECETA

Esta es una de las primeras portadas que hice, con la desaparecida Editorial Zendrera. Dos hombres compiten por una mujer cocinándole deliciosos platos griegos (el amor a veces se conquista por el estómago) éste es uno de ellos: BERENJENAS SALÓNICA CON GAMBAS.


Cortar las berenjenas por la mitad, ponerlas con la piel hacia arriba y cocer en el horno a 200º unos 15 minutos. 

Mientras se enfrían las berenjenas, pelar las gambas y freír en aceite las cabezas (para dar sabor) Quitar la carne de las berenjenas con cuidado para no perforar la piel. Freír las gambas en el mismo aceite, añadir la pulpa de berenjenas con ajo picado, alcaparras y 1 copa de vino blanco. 

Rellenar las berenjenas con esta mezcla, cubrir con queso rallado y gratinar 5 minutos en el horno. 

Staikos, el autor, me envío un vídeo que colgó en Youtube. Su padre actuó de extra en la película Los cañones de Navarone que se filmó en Grecia. Esta es su escena. "Es una escena corta -me dijo Staikos-, ¡pero no todo el mundo puede decir que a su padre le disparó Gregory Peck! 




 

 


lunes, 19 de julio de 2021

NIEBLA AFRODISÍACA

 

La Ciudad se escondía bajo la humedad delirante de una niebla espesa y obstinada.  Al llegar la noche empeoró la situación.  Todo parecía abandonado a la viscosidad que empapaba piedras y cuerpos. Las farolas, fantasmales y desprovistas de base, no ayudaban a orientarse. No había cielo, ni sol, ni horizonte, sólo una niebla amarillenta que se estaba volviendo púrpura.

Homero y Diana se movían lentamente por los callejones cogidos del brazo. La visibilidad era prácticamente nula.

-No sé cómo consigues orientarte –dijo Diana que no conocía el barrio.

-Muy fácil: cuento las esquinas.

El sistema era simple pero eficaz. Avanzaban ahora despreocupadamente hasta que otra pareja surgió de repente de una esquina. Homero sintió que Diana era arrancada de su brazo mientras él mismo era proyectado hacia atrás. Vieron formas confusas que intentaban conservar el equilibrio y se sucedieron las exclamaciones:

-¡Perdón!

-¡Maldita niebla!

-¿Os habéis hecho daño?

-No, sólo el susto… ¡Já, já!

 Se lo tomaban con humor. Homero sintió que Diana se le volvía a colgar del brazo y con unas últimas palabras de excusa dieron el incidente por terminado.

Doblaron la esquina y fue entonces cuando Homero sintió una repentina excitación como si estuviera cargado de electricidad. Estaban empapados de sudor en plena calle y nadie podía verles con esa niebla lechosa y sofocante. Ella también debía sentir lo mismo porque atrajo a Homero tirándole del brazo hacia una pared de ladrillo. Homero le abrió las piernas y le levantó el liviano vestido veraniego, le costaba quitarle las bragas que estaban pegadas al cuerpo por el calor, Homero se las arrancó de un tirón y el sonido de la tela rasgada le enloqueció.  Sintió que las piernas de ella le enlazaban por la cintura y cuando oyó un gemido de placer supo que había acertado. La electricidad fluía de uno a otro cerrando el circuito, pasando a una trepidante sucesión de orgásmicos jadeos y gemidos.

-Ufff –Homero suspiró mientras se subía los pantalones. Sudaba copiosamente- … creo que habría que repetirlo más a menudo.

-Pero, oye … –dijo ella aun jadeando- ¡Tu voz no suena igual!

-La tuya tampoco. ¿No eres Diana?

-¿Diana? ¡Me llamo Penélope!!!

Cayeron en un estado de desazón y vergüenza bíblica. Durante un rato no se atrevieron a dirigirse la palabra hasta que Homero rompió el silencio:

-Vamos, hay que intentar encontrarles. Diana no sabe orientarse por este barrio.

No fue difícil encontrarles, la otra pareja estaba en un callejón a unos pocos metros. Homero y Penélope reconocieron inmediatamente los gemidos.

FIN

¡VUELVE FRODO CON SU HUMOR ARGENTINO!

QUÉ COSAS TIENE EL PROFESOR SIBELIUS...

LA RECETA: EL GARUM 

 Este dibujo lo hice para la revista estadounidense Options. Se trata de un artículo que Truman Capote escribió en los años sesenta para Harper´s Bazaar. El título alude a una tapita, un snack que Gio, un camarero siciliano del Harry´s Bar servía sobre una tostada con mantequilla y que por entonces causaba furor entre la clientela del famoso local neoyorquino. Por su aspecto lo bautizaron como Caviar de Pobres. El caso es que, según la descripción que el autor de A Sangre Fría nos ofrece en este artículo está claro que el caviar de Gio era exactamente lo que aquí conocemos como garum, un delicioso puré de aceitunas negras y anchoas de origen romano que se prepara en toda la zona mediterránea y que además es sencillísimo de hacer:

Mezclar en un bol aceitunas negras con una cucharadita de orégano, alcaparras, 6 filetes de anchoa, un buen chorro de aceite de oliva y un diente de ajo. Trituramos todo con la batidora y ya está. Es un entrante delicioso sobre tostadas, acompañado de un vino blanco seco y bien frío. También es muy apropiada como salsa para espaguetis alargándola con un poco de aceite.


 


miércoles, 30 de junio de 2021

EL BAR DE LAS BOTELLAS MUSICALES

 

Un misterioso argentino llamado Haffner abrió en Barcelona una sucursal del Bar Infinito. 

Idéntico en sus confines ilimitados, clientes atrapados, músicos, prostitutas… pero un día, repentinamente cerró. 

 Años después, los vecinos se despertaron alarmados al oír de madrugada un ensordecedor entrechocar de vasos y risas estridentes. El local estaba abandonado, aunque el actual propietario sabía que el sótano estaba lleno de botellas.  

Una dotación de policía entró en el bar, se precipitaron escaleras abajo y se encontraron en el sótano con un espectáculo extraordinario. 

Todas las botellas se entregaban a una juerga desenfrenada. En los estantes se había formado una orquesta. Las botellas vacías resonaban como instrumentos de viento, las rotas como palillos y las rajadas imitaban el rasgar de una guitarra. 

 Un agente exclamó “¡Esto es brujería!” y retrocedió tumbando una botella que cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Súbitamente la música se detuvo.  

-¡Vamos, vamos! ¡No estamos en la Edad Media! – vociferó el sargento-. Llevemos algunas botellas a comisaría para que las analicen los expertos. 

En comisaría, en las dependencias donde se guardan las pruebas, los agentes miraban ansiosos las botellas. Había sido un día tenso y un trago no vendría mal. El sargento apartó una botella al azar y leyó la etiqueta: “Licor Legui, el licor argentino de caña…” 

 Al abrir la botella salió música. Algo hizo clic y todos quedaron atrapados en su mecanismo. Compás de cuatro por cuatro; un tango. Aquel ritmo embriagador se había introducido en los oídos de los agentes que empezaron a doblarse lentamente y a retorcer las puntas de los pies. 

Los policías bailaban unos con otros, como fundidos en uno, en uno que se movía muy deprisa con inclinaciones muy marcadas y pasos de tuerca. Parejas uniformadas de azul revoloteaban por la severa sala ejecutando cortes, quebradas y firuletes.

De repente cesó el tango y los bailarines cayeron en un estado de desazón vergonzante. Los agentes se dispersaron evitando mirarse entre ellos, pero echando furtivas miradas a las botellas. 

Ahora los vecinos están intrigados por otro extraño suceso. Por la noche se oye desde la comisaría música de tango a máximo volumen y el edificio entero parece latir al ritmo de la música. 

FIN

DON COMPOST, EL LABRADOR POETA

LA RECETA: JOROÑA KE JOROÑA (Cordero a la griega) Foto: Silvina

Necesitaremos: carne de cordero cortada a tacos. Yogurt griego. Cebollas. Berenjenas. Zanahorias. Laurel. Vino blanco.
Sofreír la carne en aceite, retirar cuando se vea dorada y sazonar con sal y pimienta.
Picar 1 cebolla grande, 1 zanahoria y cortar a taquitos 2 berenjenas con su piel. Freír en el mismo aceite.
Añadir el cordero, la hoja de laurel y 1/4 de litro de vino blanco o caldo. Tapar la cazuela y dejarlo cocer con el fuego al mínimo durante 1 hora.
Servir con unas cucharadas de yogurt griego en cada plato. 




lunes, 14 de junio de 2021

EL BAR INFINITO. Y más cosas

 

Relato compartido con El bar del infierno, de Alejandro Dolina.

 La taberna del Enano Saltarín es un local muy especial. Un bar con un rótulo en el que aparece un enano con un gorrito de mono de organillero y el ajedrezado vestido de polichinela.

El bar es ilimitado. Imposible alcanzar sus confines. Salones, mostradores y pasillos se suceden de un modo interminable y caprichoso.

Nadie ha sabido nunca dónde está la puerta del bar. La mayoría opinan que no hay forma de salir de él; aunque muchos parroquianos buscan la salida. Eligen una dirección y avanzan buscando la puerta de salida pero casi nadie vuelve a verlos. Algunos regresan tiempo después, siempre por el lado contrario que eligieron para irse.

Se cree que no se puede salir del bar porque no hay otra cosa que el bar. El exterior no existe. El camarero, los músicos, los borrachos y las prostitutas están aquí desde el comienzo de los tiempos y aquí permanecerán.

 Pero hoy Lemniscata, un parroquiano, está decidido a intentar salir. Acodado en la barra pide un butano mientras contempla la mesa donde Leonardo, Perenne y Jacinto juegan a un olvidado juego de cartas: El Gato Viejo. Perenne lleva un loro posado sobre su hombro. En un extremo de la mesa Gudrun, una prostituta,  se ensortija con el dedo un mechón rubio de bote.

 -Cuantas veces habéis entrado en un bar y estaba lleno de gente –dice Perenne el farmacéutico mientras reparte cartas- … pues he desarrollado una teoría para resolver este problema: La Teoría del Hueco. Entras a un bar y está lleno de gente, pues sacas un hueco del bolsillo y asunto arreglado. Ya tienes tu hueco en el bar. Eso sí: recordad que debajo de un hueco queda la nada y la nada es peligrosa…

-…porque en la nada no hay nada, ni siquiera un hueco - Prosigue el loro de Perenne dando a entender que aquella historia ya la había contado muchas veces.

 En ese momento entra en el bar un hombre gigantesco vestido de tirolés con prendas que le quedan apretadas. Sostiene un hacha entre sus poderosas manos y en dos zancadas se planta a la derecha de Perenne. Su gesto es tan rápido que sólo se ve brillar un instante el filo del hacha antes de cortar de un certero tajo las dos manos del farmacéutico.

-¡Nueve, diez, jota, reina y rey! – Grita el loro al ver la jugada que sostienen las manos amputadas sobre la mesa- ¡Eso hace un Gato Viejo! Hacía años que nadie lo conseguía .Es mucho más difícil que una escalera de color.

Aún con los codos sobre el mostrador, Lemniscata se dirige al barman:

-Es un lugar interesante, este. Creo que me quedaré  -y asiente cuando el barman le pregunta:

-¿Otro butano, Lemniscata?

FIN

CÓCTEL BUTANO, BUENO Y REFRESCANTE

En mi anterior entrada el cuento La venganza de las palomas a muchos les recordó "Los pájaros" de Hitchcock. ¿Sabían que tiene una precuela? 


¡QUÉ COSAS LE PASAN AL PROFESOR SIBELIUS!!

LA RECETA: TAMAGOKAKE, EL TÍPICO DESAYUNO JAPONÉS 
Facilísimo de preparar. Arroz hervido en un bol, se echa encima un huevo crudo cuando el arroz está aún bien caliente, cuando el huevo empieza a cuajar se remueve ¡y a comer! Yo le añado unas gotas de salsa de soja. Recomiendo acompañarlo con té verde. 






martes, 1 de junio de 2021

LA VENGANZA DE LAS PALOMAS

 

Mi amigo Colombo, compañero de redacción en mi periódico digital, me telefonea para rogarme que me pase por su casa. Parece muy inquieto.  Nada más entrar me pregunta: “¿Has visto palomas en el portal?” Entonces recuerdo su último artículo “Ratas con alas” acerca de las palomas, de la manera como están invadiendo las calles portando enfermedades y empezando a acosar a los transeúntes. “Hay que exterminarlas, como periódicamente se desratiza”; escribió.

 Todo empezó al día siguiente de la aparición del artículo. Colombo estaba sentado en una mesa en la terraza de una plaza cercana tomando una cerveza. De repente, reparó en una paloma que, parada junto a sus pies, lo miraba fijamente de perfil,  con un solo ojo. Se sintió extrañamente inquieto, así que  apuró apresuradamente su cerveza y decidió volver a su casa mientras las palomas –doce, veinte, treinta, cada vez más- avanzaban con rapidez y se situaban a su altura, crac, zlu, zlu, crac.

De golpe, los pájaros se convirtieron en un tupido remolino ascendente y luego en una veloz formación punta de lanza que se abalanzó sobre él, atacándolo furiosamente a aletazos y cagadas. Echó a correr hacia su casa llegando cubierto de excrementos y con un picotazo sangrante en el cuello.

-¡Son ellas! –grita Colombo de repente señalando la ventana.

Al girarme veo a un numeroso grupo de palomas que parecen gigantes con las sombras que el sol de la tarde proyecta sobre las cortinas picoteando  furiosamente los cristales de la ventana.

 Al día siguiente, en la misma plaza, Colombo sufre un ataque de las palomas mucho más cruento. Cuando los transeúntes consiguen ahuyentar a los bichos Colombo apare tirado en el suelo cubierto de cagadas y acribillado a picotazos. Poco después mi amigo fallecía en un hospital a causa de una infección desconocida.

Decido acercarme por el bar de la plaza donde tantas veces coincidía con Colombo. Uno de los habituales de la terraza es un vecino con silla de ruedas que pasa muchas horas allí. Al quedarse inválido, se había convertido en un observador empecinado de la plaza y las palomas. Conversamos, me dice que había presenciado algunos ataques de palomas contra gente que las maltrataba. “Se diría que las palomas los advertían primero humillándoles con sus excrementos; luego venían los picotazos.” Cuando le cuento lo de mi amigo me responde tajante: “Las palomas no leen diarios digitales”. 

Poco después celebramos un acto de recuerdo por Colombo en la sede del periódico.  Es como un velatorio, pero con cerveza y picoteo. Tórtolo, el redactor, me dice: “Nos quedamos su ordenador, ya sabes que andamos cortos de presupuesto. Quizá quieras quedarte esto”-y me entrega el disco duro.

 Cuando salgo a la calle aparece sobrevolando una multitud de furiosas palomas. Quedan un momento suspendidas en el cielo y se lanzan hacia mí en picado. Sus alas producen un terrorífico ruido silbante al rasgar el aire. Entonces reacciono: “¡El artículo! ¡Debe estar en el disco duro!”

Arrojo el disco duro a un contenedor. Cientos de palomas se lanzan histéricas contra el verde recipiente profiriendo chillidos que más parecen de gaviotas picoteando furiosamente la tapa.

Me refugio en un bar, saco el móvil y telefoneo a la policía. Me identifico como director de un diario y les ruego que saquen un objeto peligroso, un disco duro, de un contenedor.

-Las palomas pueden resultarles  un peligro. Vengan con equipo antidisturbios. ¿Cómo? No, ni estoy drogado ni es una broma.

FIN

MELMOTH: EL PISAPAPELES DE NIEVE

Conocí de niño a un viejo que llevaba coleccionando pisapapeles de nieve  desde hacía muchísimos años. Su bola más querida era, precisamente, la que más le había costado conseguir, pagando por ella una fortuna. Fue construida por su inventor el austriaco Erwin Perzy III a principios del siglo XX. Se trataba simplemente de una montaña nevada con una especie de alce en medio de ella. Agitabas la bola y se ponía a nevar. Nada más. Recuerdo que cuando murió el anciano su hijo mayor puso en el ataúd un pisapapeles para que su padre se lo llevara al más allá y lo agitara cuando estuviera aburrido. Una vez la hija menor, mi amiga de la infancia, estaba fregando la habitación de sus padres y cuando introdujo el mocho por debajo de la cama salió rodando una bola cubierta de pelusilla gris. La cogió, sopló y vio en su interior una montañita cubierta de nieve y en medio un reno con las dos patas delanteras levantadas. Subido en él estaba su abuelo a modo de cowboy agitando un sombrero texano y sonriéndole. Se asustó y agitó la bola, nevó haciendo desaparecer a su abuelo. Cuando se aposentó la nieve solo estaba el reno mirándola estúpidamente. La chica agitó la cabeza como queriendo desprenderse de una tonta alucinación y, a petición de su madre, esa bola fue a parar a la basura junto con las demás bolas de nieve.

 Todo esto me lo contó esa chica que ahora ya tiene cincuenta años. Me dijo que cree que su abuelo la estaba saludando a través de la bola de nieve y que hoy se siente culpable por haber hecho caso a su madre tirando todas las bolas a la basura.

FIN 

¡AQUÍ ESTÁ FRODO!

LA RECETA: POLLO CON SALSA DE CEREZAS
¡Vamos a aprovechar la fruta de la temporada! (Foto: Silvina)
Sofreír los trozos de pollo en aceite, retirarlos cuando se vean dorados y sazonar con sal y pimienta.
En el mismo aceite freír 1 cebolla y 1 zanahoria cortadas finas.
Deshuesar 1/4 de kilo de cerezas. 
En el bol de la batidora poner la cebolla, la zanahoria cocidas, las cerezas, 1 cucharada sopera de piel de limón rallada y 1 vaso de vino blanco o jerez.
Triturar todo con la batidora. Volver a poner el pollo en la sartén o cazuela, añadir las cerezas que se habrán convertido en una masa cremosa, tapar y cocer todo junto a fuego mínimo 20m.